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Libros UNAM

Visión de los vencidos. Relaciones indígenas de la Conquista

Visión de los vencidos. Relaciones indígenas de la Conquista

 

ISBN: 9789703244690

Autor(es): León-Portilla, Miguel (compilación e introducción) / Garibay, Ángel María (traducción)

Editor/Coeditor/Dependencia Participante: Coordinación de Humanidades

Formato: Libro Impreso

Disponibilidad: En existencias

MXN$150
ISBN/ISSN 9789703244690
Entidad Académica Coordinación de Humanidades
Edición o Número de Reimpresión 10a reimpresión de la 29a edición, año de reimpresión -2017-
Tema Historia
Número de páginas 314
Tamaño 17.5x10.6x1.6
Peso en Mb 0.182
Terminado o acabado Rústico
Idioma Español
Contenido Contenido. Prefacio. Introducción general. Interés por la historia en el mundo indígena. Relaciones y pinturas nahuas acerca de la Conquista. Valor humano de las relaciones indígenas de la Conquista. Visión de los vencidos. I. Presagios de la venida de los españoles. II. Primeras noticias de la llegada de los españoles. III. Las idas y venidas de los mensajeros. IV. Actitud psicológica de Motecuhzoma. V. Los españoles se ponen en marcha: llegada a Tlaxcala y Cholula. VI. Nuevo envío de presentes y la aparición de Tezcatlipoca en las cercanías del Popocatépetl. VII. El príncipe Ixtlilxóchitl recibe favorablemente a los españoles. VIII. Llegada de los españoles a México-Tenochtitlan. IX. La matanza del Templo Mayor en la fiesta de Tóxcatl. X. Regreso de Cortés: la "Noche Triste". XI. Comienza el asedio de México-Tenochtitlan. XII. Incursiones de los españoles en la ciudad sitiada. XIII. Rendición de México-Tenochtitlan. XIV. Una visión de conjunto. XV. Cantos tristes de la Conquista. XVI. Tlaxcaltecáyotl. Evocación del final de una forma de vida. XVII. Lo que siguió. Apéndice. Referencias bibliográficas. I. Principales textos y pinturas indígenas acerca de la Conquista. II. Principales relaciones e historias de la Conquista escritas por conquistadores, misioneros y otros investigadores coloniales y modernos. Índice de ilustraciones documentales.

Detalles

En palabras de losé Emilio Pacheco la Visión de los vencidos es un gran poema épico de los orígenes de nuestra nacionalidad que nos proporciona la imagen que se formaron los nativos de Tenochtitlan, Tlatelolco, Texcoco, Chalco y Tlaxcala acerca de la lucha contra los conquistadores y la ruina del mundo azteca. Destacan los relatos de los presagios que anunciaron el desastre, los que describen el avance de Cortés, y los de la crónica de la heroica batalla de los antiguos mexicanos en defensa de su cultura. Todo ello, como elegía de una civilización que fue destruida. El capítulo "Lo que siguió" muestra cómo algunos sacerdotes, sabios y sobrevivientes rescataron el recuerdo, en imágenes y palabras de la tragedia y del heroísmo que sostuvo a su pueblo hasta el final de su existencia.

León-Portilla, Miguel (compilación e introducción)

(Ciudad de México, 1926) es el más destacado especialista del pensamiento náhuatl, maya e inca en Iberoamérica. Es doctor en Filosofía por la Facultad de Filosofía y Letras de la U NAM e investigador emérito del Instituto de Investigaciones Históricas. Forma parte de la American Anthropological Association, de la Academia Mexicana de la Historia y de la Academia Mexicana de la Lengua. Ha sido nombrado doctor honoris causa en universidades de México, América Latina, los Estados Unidos y Europa, y ha recibido las más emblemáticas condecoraciones académicas nacionales e internacionales. De su prolífica obra destacan La filosofía náhuatl estudiada en sus fuentes (1956, 2006), Trece poetas del mundo azteca (1967,1978) e Introducción a la cosmografía y las cuatro navegaciones de Américo Vespucio (2007).

Garibay, Ángel María (traducción)

Nació en Toluca, Estado de Mex., y murió en la ciudad de México (1892-1967). Realizó sus estudios de primaria y secundario en la escuela oficial de Santa Fe, Estado de México. En su adolescencia ingresó al Seminario Conciliar de México (1906). Como bibliotecario hizo inició traducciones del hebreo, griego y latín, familiarizándose con los códices y con los manuscritos en náhuatl. Se negó a ir a Roma a continuar estudiando. Fue ordenado sacerdote (1917) y iniciando su ministerio en Jilotepec, Estado de Mex., donde aprendió la lengua otomí recogiendo textos y tradiciones indígenas. Como profesor (1919) del Seminario enseñó humanidades y retórica. Posteriormente volvió a su vida de misionero en San martín de las Pirámides, Huixquilucan, Tenancingo y Otumba (1924-1941). Al lado de sus ocupaciones religiosas se hizo cargo de aspectos educativos, sanitario y agrícolas; en las comunidades indígenas inició pequeñas industrias entre los indígenas y profundizó su conocimiento del náhuatl y del otomí, también llegó a dominar varias lenguas clásicas como el francés, alemán, italiano e inglés. Fue nombrado canónigo lectoral de la basílica de Guadalupe (1941). Realizó algunas traducciones a partir del hebreo, del arameo y del griego sobre las Sagradas Escrituras . A partir de 1940 inició varias publicaciones de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Fue nombrado Doctor Honoris Causa por la UNAM al festejarse el cuarto centenario de su fundación (1951), al año siguiente fue nombrado profesor extraordinario de la Facultad de Filosofía y Letras; más tarde en 1956, fue director del Seminario de Cultura Náhutl, dependiente del Instituto de Historia, formando alumnos como Miguel León-Portilla y Rubén Bonifaz Nuño. Se le designó como miembro de las academias mexicanas de la Lengua (1952) y de la Historia (1962); del mismo modo que el Vaticano lo designó como Prelado pontificio. Es autor de varios escritos: "La poesía lírica azteca; esbozo de síntesis crítica", en Ábside (1937); Llave del náhuatl (1949, revisada en 1961); Poesía indígena de la altiplanicie (1949); Códice de Metepec (1949); La épica náhualt (1952); Reproducciones de texto de los informantes indígenas de Sahagún en Tlalocan (1943-1957); Historia de la literatura náhuatl (1953-1954); Supervivencias de cultura intelectual precolombina entre los otomíes de Huitzquilucan (1957); Veinte himnos sacros de los nahuas (1958); Xochimapictli (1959); Vida económica de Tenochatitlán (1961). Tradujo los textos nahuas de la Visión de los vencidos. Relaciones indígenas de la Conquista (1959); Poesía náhuatl: I Romances de los señores de la Nueva España, manuscrito de Juan Bautista de Pomar, Texcoco (1582); II Cantares mexicanos; III Cantares mexicanos segunda parte. Editó Historia general de las cosas de Nueva España de Bernardino de Sahagún (1956), Relación de las cosas de Yucatán de fray Diego de Landa (1959), Historia antigua y de la Conquista de México de Manuel Orozco y Berra (1960), Historia de las Indias de Fray Diego de Durán (1961); comentario y edición del Códice Carolino (1967).

Introducción Presagios de la venida de los españoles Los documentos indígenas que se presentan en los trece primeros capítulos de este libro comprenden hechos acaecidos desde poco antes de la llegada de los españoles a las costas del Golfo de México, hasta el cuadro final, México-Tenochtitlan en poder de los conquistadores. Los dos últimos capítulos, el XIV y el XV ofrecen a manera de conclusión, la relación acerca de la Conquista, escrita en 1528 por varios informantes anónimos de Tlatelolco, así como unos cuantos ejemplos de célebres icnocuícatl "cantares tristes" de la Conquista. Ordenando los varios textos en función de la secuencia cronológica de los hechos y acciones de la Conquista, se dan en algunos casos testimonios que presentan ciertas variantes y divergencias. Sin pretender resolver aquí los problemas históricos que plantean tales variantes, fundamentalmente interesa el valor humano de los textos, que reflejan, más que los hechos históricos mismos, el modo como los vieron e interpretaron los indios nahuas de diversas ciudades y procedencias. En este primer capítulo transcribimos la versión del náhuatl preparada por el doctor Garibay, de los textos de los informantes indígenas de Sahagún contenidos al principio del libro XII del Códice Florentino, así como una breve sección tomada de la Historia de Tlaxcala de Diego Muñoz Camargo, que como se indicó: en la Introducción General, emparentado con la nobleza indígena de dicho señorío, refleja en sus escritos la opinión de los indios tlaxcaltecas, aliados de Cortés. Ambos documentos, que guardan estrecha semejanza, narran una serie de prodigios y presagios funestos que afirmaron ver los mexicas y de manera especial Motecuhzoma, desde unos diez años antes de la llegada de los españoles. Se transcribe primero el texto de los informantes de Sahagún, de acuerdo con el Códice Florentino y a continuación el testimonio del autor de la Historia de Tlaxcala. Los presagios, según los informantes de Sahagún Primer presagio funesto: Diez años antes de venir los españoles primeramente se mostró un funesto presagio en el cielo. Una como espiga de fuego, una como llama de fuego, una como aurora: se mostraba como si estuviera goteando, como si estuviera punzando en el cielo. Ancha de asiento, angosta de vértice. Bien al medio del cielo, bien al centro del cielo llegaba, bien al cielo estaba alcanzando. Y de este modo se veía: allá en el oriente se mostraba: de este modo llegaba a la medianoche. Se manifestaba: estaba aún en el amanecer; hasta entonces la hacia desaparecer el Sol. Y en el tiempo en que estaba apareciendo: por un año venia a mostrarse. Comenzó en el año 12 Casa. Pues cuando se mostraba había alboroto general: se daban palmadas en los labios las gentes; había un gran azoro; hacían interminables comentarios. Segundo presagio funesto: que sucedió aquí en México: por su propia cuenta se abrasó en llamas, se prendió en fuego: nadie tal vez le puso fuego, sino por su espontánea acción ardió la casa de Huitzilopochtli. Se llamaba su sitio divino, el sitio denominado " Tlacateccan" ("Casa de mando"). Se mostró: ya arden las columnas. De adentro salen acá las llamas de fuego, las lenguas de fuego, las llamaradas de fuego. Rápidamente en extremo acabó el fuego todo el maderamen de la casa. Al momento hubo vocerío estruendoso; dicen: "¡Mexicanos, venid de prisa: se apagará! ¡Traed vuestros cántaros!..."Pero cuando le echaban agua, cuando intentaban apagarla, sólo se enardecía flameando más. No pudo apagarse: del todo ardió. Tercer presagio funesto: Fue herido por un rayo un templo. Sólo de paja era: en donde se llama "Tzummulco".1 El templo de Xiuhtecuhtli. No llovía recio, solo lloviznaba levemente. Así, se tuvo por presagio; decían de este modo: "No más fue golpe de Sol." Tampoco se oyó el trueno. Cuarto presagio funesto: Cuando había aún Sol, cayó un fuego. En tres partes dividido: salió de donde el Sol se mete: iba derecho viendo a donde sale el Sol: como si fuera brasa, iba cayendo en lluvia de chispas. Larga se tendió su cauda; lejos llegó su cola. Y cuando visto fue, hubo gran alboroto: como si estuvieran tocando cascabeles. Quinto presagio funesto: Hirvió el agua: el viento la hizo alborotarse hirviendo. Como si hirviera en furia, como si en pedazos se rompiera al revolverse. Fue su impulso muy lejos, se levanto muy alto. Llegó a los fundamentos de las casas: y derruidas las casas, se anegaron en agua. Eso fue en la laguna que está junto a nosotros. Sexto presagio funesto: muchas veces se oía: una mujer lloraba; iba gritando por la noche; andaba dando grandes gritos: -¡Hijitos míos, pues ya tenemos que irnos lejos! Y a veces decía: -Hijitos míos, ¿a dónde os llevaré? 2 Séptimo presagio funesto: Muchas veces se atrapaba, se cogía algo en redes. Los que trabajaban en el agua cogieron cierto pájaro ceniciento como si fuera grulla. Luego lo llevaron a mostrar a Motecuhzoma, en la Casa de lo Negro (casa de estudio mágico) . Había llegado el Sol a su apogeo: era el medio día. Había uno como espejo en la cabeza del pájaro como rodaja de huso, en espiral y en rejuego: era como si estuviera perforado en su medianía. Allí se veía el cielo: las estrellas, el Mastelejo. Y Motecuhzoma lo tuvo a muy mal presagio, cuando vio las estrellas y el Mastelejo Pero cuando vio por segunda vez la cabeza del pájaro, nuevamente vio allá en lontananza; como si algunas personas vinieran de prisa; bien estiradas; dando empellones. Se hacían la guerra unos a otros y los traían a cuestas unos como venados. Al momento llamó a sus magos, a sus sabios. Les dijo: -¿No sabéis: qué es lo que he visto? ¡Unas como personas que están en pie y agitándose!... Pero ellos, queriendo dar la respuesta, se pusieron a ver: desapareció (todo): nada vieron. Octavo presagio funesto: Muchas veces se mostraban a la gente hombres deformes, personas monstruosas. De dos cabezas pero un solo cuerpo. Las llevaban a la Casa de lo Negro; se las mostraban a Motecuhzoma. Cuando las había visto luego desaparecían. 3 Testimonio de Muñoz Camargo (Historia de Tlaxcala, escrita en castellano por su autor)4 Diez años antes que los españoles viniesen a esta tierra, hubo una señal que se tuvo por mala abusión, agüero y extraño prodigio, y fue que apareció una columna de fuego muy flamígera, muy encendida, de mucha claridad y resplandor, con unas centellas que centellaba en tanta espesura que parecía polvoreaba centellas, de tal manera, que la claridad que de ellas salía, hacia tan gran resplandor, que parecía la aurora de la mañana. La cual columna parecía estar clavada en el cielo, teniendo su principio desde el suelo de la tierra de do comenzaba de gran anchor, de suerte que desde el pie iba adelgazando, haciendo punta que llegaba a tocar el cielo en figura piramidal. La cual aparecía a la parte del medio día y de media noche para abajo hasta que amanecía, y era de día claro que con la fuerza del Sol y su resplandor y rayos era vencida. La cual señal duró un año, comenzando desde el principio del año que cuentan los naturales de doce casas, que verificada en nuestra cuenta castellana, acaeció el año de 1517. Y cuando esta abusión y prodigio se veía, hacían los naturales grandes extremos de dolor, dando grandes gritos, voces y alaridos en señal de gran espanto y dándose palmadas en las bocas, como lo suelen hacer. Todos estos llantos y tristeza iban acompañados de sacrificios de sangre y de cuerpos humanos como solían hacer en viéndose en alguna calamidad y tribulación, así como era el tiempo y la ocasión que se les ofrecía, así crecían los géneros de sacrificios y supersticiones Con esta tan grande alteración y sobresalto, acuitados de tan gran temor y espanto, tenían un continuo cuidado e imaginación de lo que podría significar tan extraña novedad, procuraban saber por adivinos y encantadores qué podrá significar una señal tan extraña en el mundo jamás vista ni oída. Hase de considerar que diez años antes de la venida de los españoles, comenzaron a verse estas señales, mas la cuenta que dicen de doce casas fue el año de 1517, dos años antes que los españoles llegasen a esta tierra. El segundo prodigio, señal, agüero o abusión que los naturales de México tuvieron, fue que el templo del demonio se abrasó y quemó, el cual le llamaban el templo de Huitzilopuchtli, sin que persona alguna le pegase fuego, que está en el barrio de Tlacateco. Fue tan grande este incendio y tan repentino, que se salían por las puertas de dicho templo llamaradas de fuego que parecía llegaban al cielo, y en un instante se abrasó y ardió todo, sin poderse remediar cosa alguna "quedó deshecho", lo cual, cundo esto acaeció, no fue sin gran alboroto y alterna gritería, llamando y diciendo las gentes: "¡Ea Mexicanos! venid a gran prisa y con presteza con cántaros de agua a apagar el fuego", y así las más gentes que pudieron acudir al socorro vinieron. Y cuando se acercaban a echar el agua y querer apagar el fuego, que a esto llegó multitud de gentes, entonces se encendía más la llama con gran fuerza, y así, sin ningún remedio, se acabó de quemar todo. Presagios Funestos (Codice Florentino) El tercer prodigio y señal fue que un rayo cayó en un templo idolátrico que tenía la techumbre pajiza, que los naturales llamaban Xacal, el cual templo los naturales llamaban Tzonmolco, que era dedicado al ídolo Xiuhtecuhtli, lloviendo una agua menuda como una mullisma cayó del cielo sin trueno ni relámpago alguno sobre el dicho templo. Lo cual asimismo tuvieron por gran abusión, agüero y prodigio de muy mala señal, y se quemó y abrasó todo. El cuarto prodigio fue, que siendo de día y habiendo sol, salieron cometas del cielo por el aire y de tres en tres por la parte de Occidente "que corrían hasta Oriente", con toda fuerza y violencia, que iban desechando y desapareciendo de sí brasas de fuego o centellas por donde corrían hasta el Oriente, y llevaban tan grandes colas, que tomaban muy gran distancia su largor y grandeza; y al tiempo que estas señales se vieron, hubo alboroto, y asimismo muy gran ruido y gritería y alarido de gentes. El quinto prodigio y señal fue que se alteró la laguna mexicana sin viento alguno, la cual hervía y rehervía y espumaba en tanta manera que se levantaba y alzaba en gran altura, de tal suerte, que el agua llegaba a bañar a más de la mitad de las casas de México, y muchas de ellas se cayeron y hundieron; y las cubrió y del todo se anegaron. El sexto prodigio y señal fue que muchas veces y muchas noches, se oía una voz de mujer que a grandes voces lloraba y decía, anegándose con mucho llanto y grandes sollozos y suspiros: ¡Oh hijos míos! del todo nos vamos ya a perder... e otras veces decía: Oh hijos míos ¿a dónde os podré llevar y esconder. . . ? El séptimo prodigio fue que los laguneros de la laguna mexicana, nautas y piratas o canoístas cazadores, cazaron una ave parda a manera de grulla, la cual incontinente la llevaron a Motecuhzoma para que la viese, el cual estaba en los Palacios de la sala negra habiendo ya declinado el sol hacia el Poniente, que era de día claro, la cual ave era tan extraña y de tan gran admiración, que no se puede imaginar ni encarecer su gran extrañeza, la cual tenía en la cabeza una diadema redonda de la forma de un espejo redondo muy diáfano, claro y transparente, por la que se veía el cielo y los mastelejos "y estrellas" que los astrólogos llaman el signo de Géminis; y cuando esto vio Motecuhzoma le tuvo gran extrañeza y maravilla por gran agüero, prodigio, abusión y mala señal en ver por aquella diadema de aquel pájaro estrellas del cielo. Y tornando segunda vez Motecuhzoma a ver y admirar por la diadema y cabeza del pájaro vio grande número de gentes, que venían marchando desparcidas y en escuadrones de mucha ordenanza, muy aderezados y a guisa de guerra,y batallando unos contra otros escaramuceando en figura de venados y otros animales, y entonces, como viese tantas visiones y tan disformes, mandó llamar a sus agoreros y adivinos que eran tenidos por sabios. Habiendo venido a su presencia, les dijo la causa de su admiración. Habéis de saber mis queridos sabios amigos, cómo yo he visto grandes y extrañas cosas por una diadema de un pájaro que me han traído por cosa nueva y extraña que jamás otra como ella se ha visto ni cazado, y por la misma diadema que es transparente como un espejo, he visto una manera de unas gentes que vienen en ordenanza, y porque los veáis, vedle vosotros y veréis lo propio que yo he visto. Y queriendo responder a su señor de lo que les había parecido cosa tan inaudita, para idear sus juicios, adivinanzas y conjeturas o pronósticos, luego de improviso se desapareció el pájaro, y así no pudieron dar ningún juicio ni pronóstico cierto y verdadero. El octavo prodigio y señal de México, fue que muchas veces se aparecían y veían dos hombres unidos en un cuerpo que los naturales los llaman Tlacantzolli.5 Y otras veían cuerpos, con dos cabezas procedentes de un solo cuerpo, los cuales eran llevados al palacio de la sala negra del gran Motecuhzoma, en donde llegando a ella desaparecían y se hacían invisibles todas estas señales y otras que a los naturales les pronosticaban su fin y acabamiento, porque decían que había de venir el fin y que todo el mundo se había de acabar y consumir, de que habían de ser creadas otras nuevas gentes e venir otros nuevos habitantes del mundo. Y así andaban tan tristes y despavoridos que no sabían que juicio sobre esto habían de hacer sobre cosas tan raras, peregrinas, tan nuevas y nunca vistas y oídas. Los presagios y señales acaecidos en Tlaxcala Sin estas señales, hubo otras en esta provincia de Tlaxcala antes de la venida de los españoles, muy poco antes. La primera señal fue que cada mañana se veía una claridad que salía de las partes de Oriente, tres horas antes que el sol saliese, la cual claridad era a manera de una niebla blanca muy clara, la cual subía hasta el cielo, y no sabiéndose que pudiera ser ponía gran espanto y admiración. También veían otra señal maravillosa, y era que se levantaba un remolino de polvo a manera de una manga, la cual se levantaba desde encima de la Sierra "Matlalcueye" que llaman agora la Sierra de Tlaxcalla, la cual manga subía a tanta altura, que parecía llegaba al cielo. 6 Esta señal se vio muchas y diversas veces más de un año continuo, que asi mismo ponía espanto y admiración, tan contraria a su natural y nación. No pensaron ni entendieron sino que eran los dioses que habían bajado del cielo, y así con tan extraña novedad, voló la nueva por toda la tierra en poca o en mucha población. Como quiera que fuese, al fin se supo de la llegada de tan extraña y nueva gente, especialmente en México, donde era la cabeza de este imperio y monarquía. 7 1Tzummulco o Tzomolco: "en el cabello mullido", era uno de los edificios del templo mayor de Tenochtitlán. 2 El texto parece preferirse a Cihuacóatl que gritaba y lloraba por la noche. Es éste uno de los antecedentes de la célebre "llorona". 3 Sección tomada de los "informantes de Sahagún": Códice Florentino, cap. I (Versión del náhuatl del doctor Garibay.) 4 La primera parte de la "relación de los presagios de México" manifiesta claramente que Muñoz Camargo conoció los textos de los informantes de Sahagún, que sigue muy de cerca. 5 Tlacantzolli: "hombre estrechados" o como nota Muñoz Camargo, "dos hombres unidos en un cuerpo". 6 La sierra Matlalcueye o "Sierra de Tlaxcala" se conoce hoy día como "la Malinche". 7Historia de Tlaxcala de Muñoz Camargo, lib. II, cap. I.

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