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Libros UNAM

Vidas sucesivas

Vidas sucesivas Mauricio de M. Campos Elguero y Mauricio M. Campos Algara. Dos arquitectos universitarios

 

ISBN: 9786073000864

Autor(es): De Maria y Campos Castelló, Alfonso

Editor/Coeditor/Dependencia Participante: Facultad de Arquitectura

Formato: Libro Impreso

Disponibilidad: En existencias

MXN$400
ISBN/ISSN 9786073000864
Entidad Académica Facultad de Arquitectura
Edición o Número de Reimpresión 1a edición, año de edición -2018-
Tema Arquitectura y urbanismo
Número de páginas 208
Tamaño 24.8 x 18 x 1.7
Terminado o acabado rústico
Idioma español
Contenido Primera parte. Mauricio de M. Campos Elguero (1878-1912) 17
Segunda parte. Mauricio M. Campos Agara (106-1949) 117

Detalles

Pocas veces tenemos la oportunidad de presentar un texto como el que compone el libro Vidas sucesivas, donde el ensayo, escrito por un historiador miembro de la tercera generación de la familia, presenta un hilo muy bien trazado. Dos arquitectos, padre e hijo, que comparten un nombre casi idéntico, fungen como los protagonistas de este ensayo: Mauricio de M. Campos Elguero y Mauricio M. Campos Algara. Resulta evidente la herencia que estos dos arquitectos universitarios lograron transmitir a sus familiares, amigos y compañeros, misma que continúa hasta el día hoy. Muestra de ello es el presente texto, el cual es constancia de dos vidas marcadas por una historia a momentos trágica y en otros emotiva.
A lo largo de las páginas de este libro, el lector podrá conocer una exhaustiva y detallada narración de sus vidas, mediante varias voces, tanto de familiares, amigos y colaboradores; lo cual enriquece esta pesquisa de carácter histórico, que incluye, entre otros elementos: fotografías de archivo y correspondencias originales rescatadas desde la época porfiriana hasta casi mediados del siglo xx. Muchas de las situaciones y las descripciones presentadas nos llevan a experimentar, con sentimientos impolutos, el modo de vivir de ambos.

Marcos Mazari Hiriart

De Maria y Campos Castelló, Alfonso

PRESENTACIÓN Marcos Mazari Hiriart Desde tiempos inmemoriales, los seres humanos se han enfrentado al dilema de la trascendencia: siempre hemos anhelado permanecer. En cierto sentido, el arte es producto tanto de una sensibilidad estética como de ese deseo de legar, de mostrar a las generaciones venideras qué y quiénes las precedieron. Asimismo, otra de las primeras cuestiones que surgió con la civilización humana es la creencia en deidades y designios como el destino y la fatalidad. Baste aquí recordar todos los mitos griegos que nos hablan de ese trágico sino insalvable, como el de Edipo. Pocas veces tenemos la oportunidad de presentar un texto como el que compone el libro Vidas sucesivas, donde el ensayo, escrito por un historiador miembro de la tercera generación de la familia, presenta un hilo muy bien trazado. Dos arquitectos, padre e hijo, que comparten un nombre casi idéntico, fungen como los protagonistas de este ensayo: Mauricio de M. Campos Elguero y Mauricio M. Campos Algara. Resulta evidente la herencia que estos dos arquitectos universitarios lograron transmitir a sus familiares, amigos y compañeros, misma que continúa hasta el día hoy. Muestra de ello es el presente texto, el cual es constancia de dos vidas marcadas por una historia a momentos trágica y en otros emotiva. Las relaciones personales y el contexto en el que se desarrollaron estos dos arquitectos-fueron privilegiados; ejercieron su responsabilidad y siempre se guiaron por sus convicciones y su rectitud. A partir de ello generaron, cada uno en justa medida, cambios positivos en las personas que los rodeaban y, al mismo tiempo, fueron parte de la cimentación de cambios profundos en la estructura social y cultural de sus respectivas épocas. Desgraciadamente, ambos tuvieron una vida demasiado corta, terminada de manera trágica. A través de las páginas de este libro, el lector podrá conocer una exhaustiva y detallada narración de sus vidas, mediante varias voces, tanto de familiares, amigos y colaboradores; lo cual enriquece esta pesquisa de carácter histórico, que incluye, entre otros elementos: fotografías de archivo y correspondencias originales rescatadas desde la época porfiriana hasta casi mediados del siglo xx. Muchas de las situaciones y las descripciones presentadas nos llevan a experimentar, con sentimientos impolutos, el modo de vivir de ambos. Mientras conocemos aspectos de la situación familiar de los De Maria y Campos, también atestiguamos la situación del país en general. La narración detalla con claridad las problemáticas, soluciones y algunos momentos de desesperación dentro de los procesos constructivos de algunos proyectos. Como la superación, en el caso del arquitecto Campos Elguero, de las adversidades enfrentadas sin la presencia directa de José Y. Limantour -ministro de Hacienda durante el porfiriato- en los casos particulares de su residencia, el encargo de la Cámara de Diputados (actual Asamblea Legislativa ubicada en la calle de Donceles) y la Casa del Estudiante; en todos estos casos, apreciamos la correspondencia como única comunicación entre ambos. Es importante apuntar que el lector tiene la oportunidad de complementar con la presente obra, la biografía del propio Limantour -publicada por el mismo autor para el entonces Centro de Estudios de Historia de México Condumex (hoy CEHM-Carso) en 1998-, particularmente por la relación de amistad sincera que sostuvo con Mauricio de M. Campos Elguero, a quien le tenía un gran afecto. Cada uno de los dos arquitectos aquí biografiados representa el espíritu de su propia época: en el primer caso, las cartas a Limantour reflejan un afán de demostrar la grandeza de la arquitectura mexicana frente a la preponderancia de los estilos europeos pues, por ejemplo, "los principales proyectos del Centenario estuvieron en manos de constructores franceses e italianos". En el segundo, se puede identificar con puntualidad a un ideólogo de la arquitectura, decididamente moderno, que peleó contra todo estilismo con ideas precisas sobre el papel que debía jugar la arquitectura mexicana, con el deseo de "lograr en todo el país la dignificación de la Arquitectura y del Arquitecto, ayudando a engrandecer a México por medio de la Arquitectura Mexicana". Igualmente, Mauricio M. Campos Algara introdujo, a lo largo de su prolífica publicación de textos, temas como restauración, arte religioso y vivienda obrera, entre muchos otros. Es muy clara la injerencia de la política y economía mexicanas en las actividades profesionales de ambos arquitectos. Así como la participación, de los dos -sobre todo de Campos Algara, debido a su papel como director de la entonces Escuela Nacional de Arquitectura de la UNAM- en asuntos de interés nacional como temas urbanos, de gobierno, salud, así como del gremio profesional. No podemos dejar de remarcar el gran interés de Campos Algara por el primer proyecto para una ciudad universitaria, así como su deseo de resaltar, visitar y conocer a fondo, partiendo desde la Universidad, con estudiantes y profesores, distintas localidades y edificios en la proviniera, en particular en regiones con arquitectura vernácula, para rescatar los valores que son esencia de nuestra nacionalidad y aplicarlos al quehacer arquitectónico actual. Del mismo modo, como bien dijera nuestro autor Alfonso de Maria y Campos, los temas que abordaba Mauricio M. Campos Algara en sus publicaciones resultan sorpresivamente actuales. Sus esperanzas y tensiones para erradicar las plagas de la Ciudad de México son gran ejemplo de ello. La actitud crítica y reflexiva de este arquitecto, la cual tuvo un papel fundamental en su momento, debe resaltarse y reforzarse hoy entre los estudiantes y académicos universitarios, para servir como ejemplo en la búsqueda actual de mejoramiento de las ciudades alrededor de la República Alfonso de Maria y Campos, al presentar este manuscrito a la Facultad de Arquitectura de la UNAM para su publicación, nos compartió que su motivación como heredero de estos dos grandes arquitectos era transmitir su conocimiento y obras a los estudiantes de la Universidad, por ello su redacción carece de estilos rimbombantes y se presenta en una edición de fácil acceso y muy amable para todos los lectores. Con este ensayo histórico invaluable podemos conocer la vida y el trabajo de dos profesionistas de quienes hasta ahora poco sabíamos y son de relevancia para la cultura mexicana. Esto nos abre un camino necesario para continuar profundizando y estudiando la vida y el que hacer de algunos más. PRÓLOGO Alfonso de Maria y Campos Castelló La vida está llena de sueños. Colmada de lucha, trabajo, amor y grandes oportunidades para ser aprovechadas. Con todo, la vida es también azar: suerte que hace falta encontrar. Los griegos pensaban que para tener suerte había que ponerse en el sitio adecuado -bajo los augurios precisos-, para sólo así recibir la buena fortuna. Fue ese, sin duda, mi caso como autor de este ensayo, apoyado por mis inclinaciones hacia escribir historias y biografías en particular. Sin duda influyeron en mí sustanciosamente mis maestros en la UNAM, como Gastón García Cantú, que siempre nos sugería ver el árbol pero también el bosque. Así, una tarde durante la década de 1970, mientras hurgaba con mi amigo Manuel Subervielle Limantour en el viejo edificio de su bisabuelo, José Yves Limantour Marquet, ocurrió lo inesperado. Encontramos en la gran bóveda del edificio ubicado en las calles de Madero y Bolívar una enorme cantidad de polvosos pero bien ordenados papeles que constituían el archivo del brazo financiero de Porfirio Díaz. Esos 300 legajos de pasta café se convertirían, sin duda alguna, en el archivo personal más completo sobre los años 1876-1919; ¡unto con el de Porfirio Díaz, que conserva hoy la Universidad Iberoamericana. Sólo que el de Limantour jamás había sido leído por historiador alguno. En la actualidad, este rico acervo está custodiado por el Centro de Estudios de Historia de México Carso. Fundación Carlos Slím. Ya en otra oportunidad pude aprovecharlo para un primer ensayo biográfico del propio Limantour, personaje clave del llamado porfiriato En esta ocasión lo hago, sirviéndome de otras fuentes -incluso las familiares- para reconstruir la vida de dos arquitectos mexicanos, padre e hijo. Ambos, mi abuelo y mi padre, surgieron por primera vez ante mis ojos en estos documentos, fue así como leí ávidamente primero todo lo relativo a mi abuelo. Posteriormente, sumando otros archivos, reconstruí la vida de mi padre. A ninguno de los dos los conocí en vida, ni ellos a mí, por la corta vida de tan creativos arquitectos universitarios. Mi conocimiento sobre ellos fue a través de documentos y constituye ante todo una labor histórica. Este trabajo se puede inscribir también en las historias familiares, aunque no por ello deja de recuperar el entorno político, económico y social de una época que abarca desde los comienzos hasta mediados del siglo xx. Cincuenta años de dos vidas que interesan más allá de lo familiar; biografías que protagonizan la formulación de una ideología en los años de gestación de la arquitectura moderna en México. El quiebre de estilos entre el padre y el hijo es natural y progresivo. Del estilo ecléctico y afrancesado pero con aportaciones creativas, al surgimiento del funcionalismo moderno de la posguerra. Regreso, por un instante, al emotivo momento en que pude admirar las obras que construyó mi abuelo paterno entre 1900 y 1912, conservadas gracias a la lente de Guillermo Kahlo. Mientras inspeccionaba el archivo, al llegar al final de la letra C, me quedé con la información trunca debido a la muerte de mi abuelo. Busqué en la E a Luis Elguero, tío de mi abuelo y después, por referencias de éste, a Hugo Scherer banquero amigo de mi abuelo, quien escribió la crónica desgarradora, puntual y transparente de su muerte en una carta dirigida a Limantour, ya en el exilio, en 1912. El descubrimiento fue impactante para mí y para el resto de mis hermanos; en particular, para mi tía Dolores M. Campos Algara de Estrada, la única sobreviviente de mi familia paterna a quien pude tratar. La recompensa fue inmediata ya que recibí de ella un retrato al óleo de mi abuelo, imagen que no tenía a la vista porque a su madre jamás le gustó. Decía que no se parecía a mi abuelo, realidad sólo cierta en parte: le abrumaba su recuerdo. La petite histoire de ese retrato del arquitecto Mauricio de M. Campos Elguero se detallará también en estas páginas. Los intensos y sabrosos intercambios epistolares entre el secretario de Hacienda y su arquitecto preferido se dieron gracias a los largos viajes de Limantour. Primero los de trabajo entre 1900 y 1911 y, posteriormente, desde el exilio. Cuando ambos personajes convivían en México, la información se reduce notablemente. Limantour, se ausentó de México entre julio de 1910 y marzo de 1911, fecha en que regresó rápidamente al país, ante el llamado del presidente Porfirio Díaz para participar en las negociaciones con los maderistas. Después, con la renuncia de Díaz y su gabinete, salió al exilio en mayo de 1911. Los motivos del viaje de Limantour a París, en la segunda mitad de 1910, incluían la salud de su mujer; su ostensible distan- ciamiento del presidente y de sus juegos sucesorios; el terror a las fatigantes fiestas del Centenario y su derroche económico, y también, como era básico en sus frecuentes viajes a Europa, fortalecer el crédito internacional del país. Este ensayo muestra una veta adicional de Limantour y ayuda a retomar el tema central de mis disquisiciones sobre los llamados "científicos": Díaz y el mismo secretario de Hacienda. Arroja luz sobre esas vidas e historias al tiempo que proyecta nuevos temas. Entre éstos, el de la arquitectura en México desde el porfiriato hasta la Segunda Guerra Mundial, es decir, de 1878 a 1949. Surgen así, también, los estudios de familia, por donde transcurrieron las vidas de mi abuelo y mi padre: los arquitectos Mauricio de M. Campos Elguero y Mauricio M. Campos Algara; vidas sucesivas, tema central de este ensayo que contiene dos biografías de universitarios pertenecientes a una misma familia. Ciudad de México, abril de 2013

Vidas sucesivas Mauricio de M. Campos Elguero y Mauricio M. Campos Algara. Dos arquitectos universitarios

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