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Libros UNAM

Verónica Murguía

Verónica Murguía Cuento contemporáneo

 

ISBN: 9786073019668

Autor(es): Verónica Murguía

Editor/Coeditor/Dependencia Participante: Dirección de Literatura

Formato: Libro Impreso

Disponibilidad: En existencias

Special Price MXN$25

Precio Habitual: MXN$35

ISBN/ISSN 9786073019668
Entidad Académica Dirección de Literatura
Edición o Número de Reimpresión 1a edición, año de edición -2019-
Tema Literatura
Número de páginas 48
Tamaño 21 x 11.5 x .3
Terminado o acabado rústico
Idioma español
Contenido NOTA INTRODUCTORIA 3
Geney Beltrán
UNA INFANCIA NORMAL 7

Detalles

Este Material de Lectura contiene el relato Una infancia normal donde la autora, en opinión de Beltrán Félix, “entrelaza las premisas fabuladoras de la narración con el alcance introspectivo del ensayo, todo esto desde la atalaya memoriosa”, y añade: “Tres son los elementos autobiográficos que toman con primacía la escena en Una infancia normal: la familia, la escuela y los libros”. El espíritu de esta narración autobiográfica, apunta Beltrán, es “el amor que en una pequeña hacen nacer los libros de casa de la abuela por la imaginación.”

Verónica Murguía

Historiadora de profesión, Verónica Murguía (Ciudad de México, 1960), novelista, cuentista y periodista, cursó sus estudios en la UNAM. Ha publicado, entre otros libros, Auliya, El fuego verde, Loba (2013, Premio Gran Angular) y El ángel de Nicolás. Es una gran lectora de la obra de Úrsula K. Le Guin y Marguerite Yourcenar.

NOTA INTRODUCTORIA Verónica Murguía (Ciudad de México, 1960) realizó estudios de Historia en la Universidad Nacional Autónoma de México. Sin embargo, su camino ha sido no el de los archivos y la investigación académica sobre el pasado, sino el de la fabulación y la búsqueda de la belleza a través de las distintas veredas que ofrece la pasión literaria. Por un lado, habría que empezar diciendo que Verónica Murguía ha escrito e ilustrado obras de literatura infantil y juvenil, campo en el que obtuvo el Premio Juan de la Cabada del Instituto Nacional de Bellas Artes y en el que ha exhibido un ánimo generosamente lúdico en títulos como Nueve patas (2005), Mi monstruo Mandarino (2007), Ladridos y conjuros (2010) y Luciana la pejesapo (2016). Por otra parte, Murguía ha publicado las novelas Auliya (1997), El fuego verde (1999) y Loba (2013, Premio Gran Angular), así como el libro de cuentos El ángel de Nicolás (2003). Éstas han sido las manifestaciones de una deriva creadora que con audacia transita los ámbitos de la fantasía épica y la Historia. En sus novelas, esta autora mexicana se ha acercado con intuición genial a las pautas de construcción de la identidad femenina en entornos fantásticos de violencia, crueldad y sufrimiento. No son sus personajes elementos pasivos sino, al contrario, seres en quienes un caudal de emociones complejas y vívidas percepciones de lo real los incitan al movimiento y la decisión. En cuanto a El ángel de Nicolás, constituye un impresionante ejemplo de los fértiles encuentros entre la imaginación literaria y el conocimiento histórico. Hay en estos cuentos una lucidez rebelde, la propia de quien busca recuperar del tropel insensible de los hechos pretéritos el orbe más íntimo y sensible de las víctimas del poder. No es una apuesta vana asegurar que textos como "El idioma del Paraíso" o "La mujer de Lot" figurarán en las antologías más exigentes del cuento hispanoamericano del siglo xxi. Verónica Murguía también se ha hecho presente en el periodismo cultural con la columna Las rayas de la cebra, en el suplemento La Jornada Semanal. Ahí ha desmenuzado las miserias y milagros de la vida cotidiana en la Ciudad de México y en el espacio político de nuestro tiempo. Ha sido esta columna una bitácora que, en la vena de Mariano José de Larra y Jorge Ibargüengoitia, combate la amargura de nuestras diarias catástrofes con el humor y la más puntual crítica. Así, entre álbumes para niños y niñas, artículos periodísticos, cuentos de corte histórico y novelas que se suman a la estirpe de la fantasía épica, la trayectoria literaria de Verónica Murguía se ha ido desplegando con paciencia y disciplina, en busca de la profundidad en el conocimiento de los dilemas morales del ser humano, y a partir de una labor exigente en que la prosa conoce un pulimiento expresivo con miras a alcanzar la máxima precisión. Es su prosa, así, una lección de elegancia y sutileza. El sitio de Verónica Murguía en el panorama literario de México es, por esto, el de una autora de obra sólida, cuyo reconocimiento no habrá sino de aumentar con el tiempo. En Una infancia normal, Murguía entrelaza las premisas fabuladoras de la narración con el alcance introspectivo del ensayo, todo esto desde la atalaya memoriosa. Parecería desprenderse, este nuevo texto, de la inquieta mirada, entre cáustica y compasiva, de sus Rayas de la cebra. Pero, por la más privilegiada extensión, y por la concatenación de distintos episodios de la niñez, Una infancia normal se presenta sin más como el generoso umbral de una posible búsqueda del tiempo perdido. No es una casa muy visitada, en la ciudad de las letras de Hispanoamérica, la casa de la memoria. Si bien contamos, por lo menos en la literatura mexicana, con un puñado de ejemplos notables (La estatua de sal, de Salvador Novo; las "autobiografías precoces" de los autores de la Generación de la Casa del Lago; Memorias de España 1937, de Elena Garro; Todo aquí es polvo, de Esther Seligson), nadie vería una exageración si se afirma que Una infancia normal incorpora un renglón brillante a la nómina mexicana de obras autobiográficas, pues su mirada de la infancia logra aliar el ánimo de la recordación con el de la búsqueda de una esquiva verdad. Tres son los elementos autobiográficos que toman con primacía la escena en Una infancia normal: la familia, la escuela y los libros. Con un tono a ratos picaresco, otras veces plenamente conmovedor, la narración esboza las siluetas de los padres de la protagonista, los ambientes ya idos de la casa primigenia, y las venturas y desventuras de hermanos y compañeros del aula y el patio del recreo. En el centro de esta galería de personajes y lugares se hallan los miedos, los descubrimientos, las perplejidades y las derrotas de la voz que narra. Inquisitiva y díscola, la niña que aparece en las páginas de Una infancia normal conoce con parejos grados de heterodoxia y curiosidad lo mismo el maltrato de los padres, las sombras y los ruidos que fomentan el insomnio, los decires aterradores de los chicos de mayor edad, así como el deslumbramiento máximo: los otros mundos posibles que laten entre las páginas de los libros, empezando por la Biblia y la Ilíada y la Odisea. Éste es el espíritu de Una infancia normal: el amor que en una pequeña hacen nacer los libros de casa de la abuela por la imaginación. Elogio de la lectura tanto como ejercicio de la memoria, esta emocionante narración autobiográfica de Verónica Murguía hace justicia, sí, a la ternura de una abuela compadecida por esa nieta que no halla un lugar en el mundo, pero incluso mucho más a esos silenciosos objetos de papel y tinta que hacen la vida tan soportable cuanto liberadora: los libros. GENEY BELTRÁN

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