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Libros UNAM

Ver, oír y callar. Creer en la Santa Muerte durante el encierro

Ver, oír y callar. Creer en la Santa Muerte durante el encierro

 

ISBN: 9786073007467

Autor(es): Yllescas Illescas, Jorge Adrián

Editor/Coeditor/Dependencia Participante: Coordinación de Estudios de Posgrado

Formato: Libro Impreso

Disponibilidad: En existencias

MXN$415
ISBN/ISSN 9786073007467
Entidad Académica Coordinación de Estudios de Posgrado
Edición o Número de Reimpresión 1a edición, año de edición -2018-
Tema Sociología
Número de páginas 240
Tamaño 21 x 14 x 1.5
Terminado o acabado rústico
Idioma Español
Contenido Prólogo
1. El culto a la Santa Muerte y el interés por la investigación 25
La calavera hecha virgen 25
El tema de la Santa Muerte en la mesa de discusión de las ciencias sociales 31
La Santa de los prisioneros 32
2. Ir a la cárcel: entre la burocracia y el contexto carcelario de la Ciudad de México 35
Persistencia ante la burocracia carcelaria 35
El contexto de las cárceles en México 37
Contexto de las prisiones en la Ciudad de México 39
3. Temporalidad y espacialidad en el Centro Varonil de Reinserción Social (Cevareso) 43
La prisión, una institución total 46
Control en el acceso 48
Los de negro y los de beige 50
Espacios para los de negro 53
"La aduana" y el edificio de "Gobierno" 53
Centro de Diagnóstico, Ubicación y Determinación de
Tratamiento (CDUDT) 55
El centro escolar 58
Espacios para los de beige 59
Habitar al ser clasificados 59
Pasillos y estancias 65
Centro cultural y lugares de esparcimiento 67
Tienditas y teléfonos 67
El Cevareso, un centro con características específicas 68
4. Los creyentes cautivos 71
Sobre los internos creyentes 72
Creyentes del Centro Varonil de Reinserción Social (Cevareso) 72
Expresidiarios creyentes 76
Deriva, carcelazo y adaptación 78
La deriva 78
Conocí a La Madrina desde que estaba en la calle 82
El carcelazo 91
Despojados y protegidos 93
La adaptación 102
Habitar la cárcel 103
La hora del "rancho" 105
El genere 108
El lenguaje canero 117
5. Culto canero a la Santa Muerte 127
La importancia de lo material 127
Registro de objetos religiosos 129
Objetos de fe: los altares y las figuras de la Santa Muerte 133
Altares en las celdas 133
Altares en los pasillos 137
Efigies de la Niña Blanca 138
El culto y sus formas rutinarias 140
Hablar con la Santa Muerte por medio de la cartomancia 144
Sincronía entre los tiempos de la cárcel y los tiempos para el culto a La Flaquita 149
Oraciones anuales a la Señora de la Guadaña 153
La Santa Muerte y otras prácticas religiosas 156
La Santa, el diablo y la zarabanda 157
La Santa y el diablo son como uno mismo 161
El cuerpo como altar 165
Pactos encarnados 167
Los tatuajes de La Santa son mí protección 169
Reflexión final 175
Fuentes consultadas 181
Anexos
1. Tabla de internos en el Centro Varonil de Reinserción
Social (Cevareso) 187
2. Esquema utilizado para el registro de los materiales religiosos 191
3. Reglamento sobre Objetos, artículos, electrodomésticos y alimentos prohibidos de ingresar a los centros penitenciarios del D.F.192
4. Oraciones del novenario para rezar a la Santa Muertedurante el encierro 194
5. Registro fotográfico 195

Detalles

El culto a la Santa Muerte destaca por su originalidad como una religiosidad emergente debido a la posibilidad que tienen los creyentes de adaptar sus prácticas al contexto en el que se encuentran sumergidos, así como por sus posibilidades materiales y creativas. Este texto muestra la manera en la que este culto adquiere formas específicas en un contexto carcelario. Se trata de un acercamiento antropológico, producto del trabajo de campo en una prisión de la Ciudad de México, con reclusos y algunos creyentes expresidiarios. Se muestra por medio de las historias de los internos las distintas expresiones materiales del culto a la Niña Blanca, las formas en las que ellos se apropian de los espacios dentro de la cárcel para expresar sus creencias religiosas -ya sea por medio de los objetos o por la multireligiosidad que algunos de ellos practican-, así como la utilidad que le dan al cuerpo como vínculo entre el creyente y lo sagrado.

Yllescas Illescas, Jorge Adrián

Licenciado en Sociología y maestro en Antropología por la Universidad Nacional Autónoma de México. Actualmente cursa el doctorado en Estudios Latinoamericanos en la misma institución.
Es especialista en temas de religión y violencia. Forma parte de la Red de Investigadores del Fenómeno Religioso en México (Rifrem). Ha sido asistente de investigación en el Colegio de México y ha participado en distintos eventos académicos nacionales e internacionales. Sus más recientes publicaciones son: "Los altares del cuerpo como resistencia ante el poder carcelario" en la Revista Encartes Antropológicos; "La Santa Muerte. ¿Un culto en consolidación?" como parte del libro La Santa Muerte: espacios, cultos y devociones; y "Hacer trabajo de campo en un espacio de reclusión" publicado en la revista electrónica Ruta Antropológica.

La cárcel, la celda, el pasillo y la piel: realidades significadas por la fe en la Santa Muerte Ver, oír y callar. Creer en la Santa Muerte durante el encierro no es un libro más acerca de la Santa Muerte. Es una obra que aborda la manera en que la Santa Muerte se simboliza y se encama en el lapso de vida que los recluidos viven en un sistema carcelario. Sorprende la manera en que Jorge Adrián Yllescas logró atravesar los muros de una institución total -esquivando la vigilancia para poder registrar marcas e indicios en muros y celdas-, conquistar la confianza de sus interlocutores, observar agudamente las marcas de fe como símbolos que no sólo habitan la cárcel sino que son practicados y, finalmente, analizar e interpretar la simbología religiosa que en torno a la figura de la Santa Muerte habita, significa, narra y encama la vida diaria de los prisioneros. Sus logros no encuentran recetas en un manual de etnografía, ni siquiera en los libros más clásicos de antropología, sino en una combinación de sensibilidad, capacidad comunicativa y competencias de lectura multicódigos que es extraordinaria. Como el mismo autor describe invocando a Malinowski: ...ahí podía observar los "imponderables de la vida social". Mediante la interacción con los internos dentro de sus espacios cotidianos entendí parte de su lenguaje: percibí gritos, silbidos; observé la manera en que practican sus creencias, sus rutinas de vida; las formas en la que se organizan para comer; la manera en que llevan a cabo sus conversaciones; las miradas entre ellos y de ellos hacia los extraños o hacia el personal del Cevareso. De igual modo, me percaté de los distintos olores; de la forma en la que muchos de ellos caminan de un lado a otro sin tener un sentido claro; de la manera de organizarse para la limpieza personal y la de sus espacios; así: como de la venta de productos, entre muchas otras cosas. Este libro trata sobre la fe en la Santa Muerte. Alguien podría pensar que ya casi es una moda escribir sobre el culto hacia esta imagen enigmática, pues en años recientes no sólo se ha convertido en objeto de altares y rituales, sino que también se ha coronado como una preocupación de un nutrido número de investigadores de las ciencias sociales. Esa imagen esquelética, que los obispos católicos han intentado prohibir y la prensa descalificar como un narco-culto o un culto satánico, es protagonista de una devoción que va ganando adeptos en distintos sectores marginales de la sociedad. Su crecimiento y su carácter disruptivo hacia lo institucional y lo legal despierta muchas inquietudes e interrogantes. Hay algo intrigante en ella que alimenta y motiva a periodistas, escritores, cineastas, e incluso a los investigadores de ciencias sociales, para ir a su encuentro y resolver el enigma de su éxito. Entre los académicos, Elsa Malvido y Katia Perdigón realizaron los estudios pioneros de esta efigie buscando respuesta al origen histórico de este culto. Después, una joven antropóloga realizó su tesis de maestría centrándose en los rituales y sistemas de organización religiosa que tenían lugar en el barrio de Tepito en la Ciudad de México. Posteriormente, un antropólogo de origen estadounidense, pero latinoamericanista de corazón, Andrew Chesnut, se lanzó a difundir qué tiene de especial ese cúmulo de huesos que atrae tanto a sus fieles. Como muestra del interés que tomó la religiosidad en torno a la Santa Muerte se conformó un grupo de trabajo que participa en la Red de Investigadores del Fenómeno Religioso en México (Rifrem) y que se reúne anualmente para compartir y discutir hallazgos en torno a este tema. De estas reuniones se derivó el libro colectivo La Santa Muerte. Espacios, cultos y devociones. En él se encuentran diferentes colaboraciones que muestran la complejidad del caso. Si bien al inicio tenía un tinte local "defeño", e incluso un sabor "tepiteño" -como lo describe Alfonso Hernández, cronista de Tepito- Alberto Hernández muestra que en el presente es un culto que ha migrado hacia la frontera con Estados Unidos, y Antonio Higuera contribuye a pensarlo como un culto transnacional que ya ha llegado a ese país. Guadalupe Vargas buscó entender cómo pasó de ser un culto popular a constituirse en un culto posmoderno. En el camino de la investigación, sus estudiosos se han topado con los rostros multifacéticos de la enigmática figura. Kali Argyriadis descubrió en Veracruz su vínculo con la santería: una mimetización de la flaquita y deshuesada imagen con la voluptuosa y sensual Yemayá. Piotr Grzegorz Michalik, al analizar las mercancías que circulaban sobre esta imagen, se topó con que también se transforma de huesuda figura en un ángel encarnado. Antonio Higuera decidió viajar más lejos y, en el barrio de Queens, Nueva York, encontró que la Santa Muerte es reconocida como la reina de las reinas travestis y transexuales. Caroline Perrée, especialista en estudios estéticos y artísticos, pudo confirmar su vocación transfarmer a partir de su infinita donación estética que la modifica de huesuda a embarazada, de catrina a virgen, de calaca a ángel. Por tanto, definirla en términos estéticos y culturales como un hibrido cultural puede ser atinado, pero no es suficiente. Creo que será mejor pensar a la Santa Muerte como una auténtica representación "entre medio": Obra fronteriza de la cultura [que] exige un encuentro con "lo nuevo" que no es parte del continuum de pasado y presente. Crea un sentimiento de lo nuevo como un acto insurgente de traducción cultural. Este arte no se limita a recordar el pasado como causa social precedente estético; renueva el pasado, refigurándolo como un espacio "entre medio" contingente, que innova e interrumpe la perfomance del presente. El "pasado-presente" se vuelve parte de la necesidad, no la nostalgia para vivir.? Su enigma recae en que es una figura compleja e intersticial, ambivalente que no ambigua, que detona constantemente las clasificaciones. Produce diferencia en la identidad. Articula tiempos del pasado con el presente. Puentea el adentro con el afuera. Genera la inclusión de los excluidos. Su iconografía puede asimilarse como heredera de la cultura de la muerte practicada por los antiguos aztecas, o con el culto católico medieval a los muertos -de ello hay muestras abundantes en templos en Europa-. La podemos ver, por tanto, vestida de penacho como emblema de danzantes aztecas, o como parte del panteón de los orishas de los santeros mexicanos, interpretando a la virgen madre de Jesucristo en su estelar de La Piedad, capaz de incorporar diferentes influencias estéticas y devocionales, pero también con capacidad continua de transfiguración. Por ello, el autor de este texto define de manera magistral a este culto como "homogéneamente diverso", pues si bien puede variar de tamaños y colores, también puede estar presente en diferentes lugares, puede ser practicada mediante múltiples rituales, y puede ser nombrada de variadas maneras: Niña Blanca, Flaquita, Madre Nuestra, Madrina, Huesuda, hasta ser bautizada con los nombres de gente querida. A la vez, su culto tiene elementos propios que homogeneizan y codifican su trato: en México siempre tiene un carácter femenino; se deja personalizar de acuerdo a sus devotos, está mediada por la iconografía y la materialidad de los objetos, el ritual implica un intercambio basado en favores y promesas. Por lo demás, cómo me explicaron en Hanoi, Vietnam, sobre el funcionamiento del tránsito: la única norma es que no hay norma. La Santa Muerte es como una esponja, capaz de absorber todo cuanto sus fieles deseen. Las fronteras no están en ella, aunque puede haber tradiciones religiosas que la prohíban -como los evangélicos y pentecostales-. No obstante, la norma, o al menos la constante, es que hay que cumplirle y ante eso no hay concesiones ni postergaciones, porque es justiciera, y así como cumple espera que le cumplan las promesas. Desde su inicio Jorge Adrián Yllescas nos hace notar dos cuestiones. La primera es que el sentido de la devoción a la Santa Muerte no está ni en los archivos, ni en la arqueología, ni en la historia, ni en los templos, ni con sus "guardianes", sino en las vivencias diarias de sus practicantes. La segunda es que la Santa Muerte, al igual que otros cultos, como la santería -estudiada en México por Juárez Huet- la danza azteca o prehispánica -estudiada por González Torres, De la Peña, De la Torre y Gutiérrez Zúñiga-, ha pasado por un proceso de clandestinidad originaria, popularización mediada por las industrias culturales y las mercancías, y consolidación de su culto. Estas etapas no son exclusivas de este caso, sino de la mayoría de los cultos populares que no son promovidos ni aceptados por las instituciones que resguardan los secretos de salvación dentro de los templos, como sugiere Fierre Bourdieu. Ello hace de esta fe un culto de resistencia. Se resiste al encierro, a la violencia, al maltrato, al abandono, al castigo, a la muerte, a la vida tediosa, al tiempo sin tiempo, al espacio sin territorio. Pero además es un culto de creatividad simbólica para sobrevivir al fatalismo. Después de leer los testimonios que le fueron confiados al autor, me atrevo a decir que la Santa Muerte es una medicina, no sólo para resistir sino también para conquistar simbólicamente la identidad, la diferencia, la memoria y la esperanza en espacios que, como las cárceles, tienden a reducir a las personas a entes despersonificados. El culto o la devoción a la Santa Muerte es un culto transversal. No es un culto de exclusividad dogmática. Su creencia no implica dejar de ser católico, aunque se es un católico a su manera. La Santa Muerte no busca suplir a otras deidades. Es un elemento más de una cosmogonía en continua producción que permite creer tanto en dios, en San Judas Tadeo, en la Virgen de Guadalupe, como en el mismísimo diablo. No obstante, se puede ser también ateo, es decir desafiliado, y practicar la devoción a la Santa Muerte. Más que una religión es una fe que se hace cuerpo en imágenes hechas de jabón o papel macha, pero que a su vez se hace cuerpo al "rayarse" en la epidermis de sus devotos. La fe no está en los libros sagrados, ni tampoco en los templos, ni es propiedad de agentes especializados. La fe es la que se practica en altares, la que se lleva tatuada en la piel, la que se hace con papel, con restos de comida -como son los huesos- o con jabón Zote remojado. La fe es accesible a cualquiera que desee creer y toma forma con cualquier material que esté disponible. Está abierta a la creatividad y al deseo. Es la que se vive en el día a día, en la proximidad y en lo rutinario. Por eso para la fe no hay límites. Para muchos de los reos, la Santa Muerte representa una protección. A veces mágica o imaginada, pero no por ello menos real. Frecuentemente también se manifiesta en actos. A través de ella se construye una diferencia de aquellos que se identifican con ella porque no son bien aceptados por el resto de la sociedad. En esa diferencia se construyen códigos de no agresión: "desde que empiezo a creer en ella, pues me aleja la banda castrosa, me quita los castrosos de lado, y como que toda mi persona, ella hace que cambie".

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