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Libros UNAM

Uixtocíhuatl o el simbolismo sagrado de la sal

Uixtocíhuatl o el simbolismo sagrado de la sal

 

ISBN: 9788415260455

Autor(es): Solares, Blanca

Editor/Coeditor/Dependencia Participante: Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias / Editorial Anthropos

Formato: Libro Impreso

Disponibilidad: En existencias

Special Price MXN$214

Precio Habitual: MXN$306

ISBN/ISSN 9788415260455
Entidad Académica Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias
Edición o Número de Reimpresión 1a edición, año de edición -2012-
Tema Antropología
Coedición Editorial Anthropos
Número de páginas 176
Tamaño 18 x 12 x 1
Terminado o acabado Rústico
Idioma Español

Detalles

El presente ensayo da cuenta del carácter poético de un mito aparentemente pobre ,incoherente y desconcertante pero que, como descubrirá el lector, encierra un rasgo sagrado, iniciático o sapiencial. Reconstruye el mito de Uixtocíhuatl, o la Diosa de la Sal en México Antiguo, desde la perspectiva de la hermenéutica del símbolo (M. Eliade, G. Durand, K. Kerényi, etc.);las raíces de un culto,registradas sobre todo en el siglo XVI por fray Bernardino de Sahagún, pero que perviven hasta décadas recientes.

Solares, Blanca

Realizó estudios de doctorado en Sociología y Filosofía en México y Alemania. Es investigadora titular C de tiempo completo del Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias de la UNAM y miembro del Sistema Nacional de Investigadores nivel III. Sus líneas de investigación son Antropología filosófica del Círculo de Eranos, Estudios de lo imaginario, Hermenéutica simbólica de la cultura, Mitología, religiones comparadas y literatura.

Prefacio En distintas culturas, al margen de estratos sociales y a su indiscutible utilidad múltiple, la sal reactiva antiguas creencias y despierta oscuros temores. Pese al apabullante predominio del proyecto científico y su "razón instrumental", aún en esta segunda década del siglo xxi, resulta curioso que en torno a la sal que cotidianamente consumimos, especialmente en los alimentos, giren una serie de atavismos y supersticiones "irracionales", que no se constriñen exclusivamente a zonas marginadas y que rebasan incluso una cultura específica. Los comensales temen pasarse el salero directamente de mano en mano, porque creen que podrían advenir conflictos. Si accidentalmente se nos cae la sal, asociamos este hecho con un augurio de mala suerte. Los japoneses esparcen sal por su casa tras la partida de una persona detestable, a fin de purificar los lugares y objetos contaminados por su presencia. Los luchadores de sumo esparcen sal por el ring, a fin de que el combate se desarrolle con espíritu de lealtad. En la tradición hebrea, todo sacrificio debe estar provisto de sal, en la liturgia del bautismo, se la evoca como "sal de la sabiduría", pues se cree que la sal aporta un componente de incorruptibilidad y se le considera un símbolo de alianza. En las páginas que siguen, nos ocupamos del simbolismo de la sal en el pensamiento religioso del México Antiguo, vinculado en este caso con Uixtocíhuatl conocida también como la Diosa de la Sal. La importancia de esta Diosa se refleja en las fiestas consagradas a la divinidad en el calendario solar de los aztecas, donde se le rinde culto de manera individual o bien asociada a otras divinidades, principalmente de las aguas y de los alimentos. La Diosa fue honrada, al menos hasta el siglo xvi, especialmente entre los productores y comerciantes de sal, en las costas y en las zonas lacustres; de modo destacado, en la Cuenca de México. Dada la riqueza geográfica del país y su enorme extensión, difícilmente puede considerarse a Uixtocíhuatl, como comúnmente se ha creído, una divinidad secundaria. En la cosmovisión del Altiplano Central forma parte de la geometría del universo, de los nueve pisos inferiores y trece superiores. La Diosa, según el Códice Vaticano Latino 3738, ocupa todo un nivel en el cosmograma nahua. El cuarto "Cielo-lugar de la sal", Ilhuicatl huixtotlan, estaba presidido por Uixtocíhuatl, dice el maestro Alfredo López Austin, "la diosa de las aguas salobres que se levantan como pared circundante hasta tocar los cielos". La superficie de la tierra era concebida como un rectángulo o disco rodeado por las aguas marinas, elevadas en sus extremos para formar los muros sobre los que se sustentaba el cielo. Las aguas del mar rodeaban los cuatro pisos celestes inferiores -el del sol, las estrellas, la luna y la tierra- y soportaban a su vez los otros nueve pisos de arriba. (Ver los planos cósmicos, según el Códice Vaticano Latino 3738 y, en el mismo, el cielo-lugar de la sal.) El culto a la Diosa de la Sal se ha mantenido persistentemente, bajo advocaciones diversas y en múltiples zonas hasta años recientes. No son muchos los materiales que aluden a esta divinidad. No obstante, las escasas referencias con las que podemos contar traslucen un mito y una simbología compleja. Sin duda, adentrarse por estas sendas crípticas de las huellas dejadas por Uixtocíhuatl representa todo un difícil reto de interpretación, la intención de las siguientes páginas. Según el destacado estudioso de las estructuras antropológicas de la imaginación en la historia de la cultura, Gilbert Durand, un mito alude a un "sistema dinámico de símbolos". Tras sus huellas, el estudioso del imaginario medieval Philippe Walter, subraya que el mito tiene al menos tres formas de transmisión posibles: el icono, apalabra y el ritual, expresiones claramente diferenciables pero al mismo tiempo complementarias. La historia del arte privilegia la iconografía y las expresiones gráficas, escultóricas y arquitectónicas; la literatura coloca el acento en la palabra; la sociología -y cercana a ella la etnografía- destaca sobre todo la función ritual del mito en la vida social. Pero para dar cuenta del mito y comprender su sentido no hemos de limitarnos a una sola de las formas de narración semiológica, sino que habrá que apelar entre ellas a un método comparativo o amplificador, no analítico-causal que reduce el símbolo a signo, sino sintético-amplificativo o que resguarde el carácter plurisignificante e irreductible de los símbolos y su sentido en la cultura. Jung habla de una "interpretación" no semiótica, o de tipo meramente sígnico y referencial de realidades estáticas, sino simbólica o hermenéutica-inferencial respecto de la vida o realidad en devenir. El símbolo o como más exactamente lo expresa en este caso la lengua alemana, Sinnbild, refiere una imagen-sentido. Pues como insiste, Andrés Ortiz-Osés, "la existencia es simbólica" y estamos siempre auto-simbolizando nuestra pulsión en imágenes míticas, "impregnadas/pregnantes", de sentido vívido. La vida se desenvuelve, natural y culturalmente, como una mitología vívida en la que recurren los mismos temas, motivos y situaciones pertenecientes a la estructura ancestral de la psique humana si bien diferenciadas en su concreción espacio-temporal o en su contexto local e histórico. La dimensión arquetípica, no excluye a la dimensión histórica y, antes bien, ambas se complementan y enriquecen en el análisis, si sabemos cuidamos de la vaguedad o de convertirlas en abstracciones polarizadas. El presente trabajo surgió a partir de las conversaciones con Philippe Walter, Director del Centre de Recherche sur Imaginaire de Grenoble, Francia, sobre el hada Melusina, un mito clave de la Edad Media. Durante estas pláticas, recordé que en el México Antiguo había, también, una Diosa de la Sal que, como Melusina, era una divinidad de las aguas saladas. Pero, ¿en qué consistía su culto? ¿Cuáles eran sus mitologemas? ¿Qué papel jugaba en las cosmovisiones prehispánicas? ¿Subsisten actualmente vestigios de su culto? ¿Es posible acaso restablecer paralelos entre la Uixtocíhuatl nahua y las diosas salinas de otras culturas? El resultado de la investigación entonces iniciada sobre Uixtocíhuatl, o la Diosa de la Sal, es la que se ofrece aquí al lector, no como la alegoría de una simple sustancia natural, sino intentando captar el núcleo significativo y vivo de su mitologema. Un mitologema, dice K. Kerényi, es la suma de elementos antiguos transmitidos por la tradición que trata de los dioses y de los seres divinos, de combates de héroes y descensos a los infiernos; de elementos contenidos en relatos conocidos y que, sin embargo, no excluyen su continuación en otra historia. "La mitología es el movimiento de esta materia: algo firme y móvil al mismo tiempo, material pero no estático, sujeto a transformaciones. La comparación más cercana con este aspecto de la mitología es la música". Es bajo esta sutil orientación de las expresiones musicales como la mejor forma para hablar de la riqueza de las imágenes de la mitología en el mundo nahua que quieren guiarse las siguientes páginas. La primera parte de este trabajo muestra la importancia de la sal en la vida de los hombres, particularmente, en la cultura prehispánica, que floreció alrededor de lo que fuera el gran lago de Texcoco, en la Cuenca de México. De inmediato descubrimos el lugar central de la sal en la alimentación, la medicina, la salud, el tributo, el comercio y, durante la Colonia, en diversas actividades productivas como la curtiduría de pieles y la fabricación de plata o de pólvora. Se integran aquí algunas de las escasas referencias iconográficas encontradas sobre la sal, vinculadas particularmente con su extracción, procesamiento, comercialización y utilización como tributo. Asimismo, se mencionan, las zonas productoras de sal que aún conservan en su nombre la raíz etimológica náhuatl "uizto" (sal) o "iztac" (blanco). Destaca que, en algunos de estos lugares, pese al asolvamiento y desagüe de la Cuenca, hoy devastada -Cuenca vaciada, diría O. Paz-, sus habitantes persistan no sólo en seguir viviendo en esas zonas salitrosas, sino en continuar con la extracción de la sal de manera tradicional, de la misma forma en que se practicaba quizá hace más de quinientos años. ¿Qué motivos íntimos empujan a sus pobladores a defender su tradición, a resguardar una forma de vida y subsistencia material, pese al avance de una urbanización caótica, que amenaza con la desaparición de los lagos, y una producción industrial de salineras que los reduce a la miseria? La segunda parte destaca la importante presencia de la Diosa de la Sal en el Xiupohualli -el calendario solar y agrícola de los mexicas. Se localizan y exponen los cultos y rituales relacionados con la Diosa, a la par de su desplazamiento, casi imperceptible, a un segundo plano psíquico y social. Este corrimiento, que se acompaña del sacrificio cruento de la representante femenina de la divinidad, de alguna manera, resulta incoherente con su presencia persistente y el conjunto de rituales dedicados a su culto anual, muy entrelazados con la alternancia de secas y lluvias o aguas dulces y saladas. ¿Cuál podría ser la razón de este relegamiento de la Diosa ya durante el predominio mexica? En la tercera, se ofrece la reunión de un conjunto de relatos sagrados relativos a la Diosa de la Sal, persistentemente narrados, recreados y metamorfoseados a lo largo de los siglos, en diversas zonas de México. El lector interesado en el carácter poético de la mitología puede comenzar directamente por aquí, sumergirse en el mar de narraciones aparentemente incoherentes, desconectadas y, ciertamente, desconcertantes. Porque, ¿cómo es posible que una divinidad central en la geografía sagrada pueda asociarse con suciedades como el sudor o los excrementos? Con base en estos materiales, insisto, sólo en apariencia pobres y dispersos, se intenta una reconstrucción del mitologema alrededor de la sal que, como descubrirá el lector, habla, actúa y vale por sí mismo, revelándonos su carácter sagrado, iniciático y espiritualizante, o sapiencial. La resonancia de estos relatos, propios del pensamiento religioso del México Antiguo con divinidades salinas de otras culturas (el hada Melusina, Chiringa o la princesa Toyotama), se hace así familiar. Reúno, al final, algunas referencias sobre las encarnaciones más recientes de la Diosa de la Sal en algunas de las vírgenes de culto "cristiano" -santa Ana, María, la Virgen del Rosario o la Candelaria. Todas estas vírgenes y madres divinas amalgaman un conjunto de cualidades atribuidas antaño a la Diosa de la Sal que se asociaba al agua, el mar, el pez, el maíz, la serpiente y la transformación o posibilidad de la vida bajo una nueva forma. A través de la recopilación etnográfica de ceremonias rituales, mitos y peregrinaciones, podremos descubrir que un motivo, a primera vista arbitrario, esconde en realidad un secreto ancestral: iglesia-pozo-agua-agujero-canoa-sal, una persistente senda de resonancias simbólicas, a través de los siglos, con dirección teleonómica. Como lo advertirá el lector, a la luz de un trabajo hermenéutico o amplificador, este mito -críptico y complejo- se nos descubre con una coherencia simbólica sorprendente; como un arte que se revela, por sí mismo y en su propia conformación, en una materia creadora de la unión inseparable de vida y sentido. Además, tratándose de un auténtico mitologema, descubrimos que su sentido es algo que no se puede expresar plenamente de forma no mitológica -pues la mitología no es un modo de expresar algo en lugar del cual se podría haber escogido otro con facilidad-sino el único medio insustituible de expresar lo que no deberá justificarse con interpretaciones o explicaciones puestas delante de él y al que hay que permitir narrar por él mismo su sentido propio. Según insiste Kerényi, con la mitología sucede como con la música, puede haber épocas en que sólo se sea capaz de expresar con música aquello que se ha experimentado como lo más sublime o, lo que es lo mismo, que lo sublime sólo pueda expresarse a través de la música; generando satisfacciones y procurando un gozo. Esta experiencia, tan difícil de traducir al lenguaje de la ciencia, por la misma razón, sólo puede expresarse de un modo mitológico, intentando restituir, lo máximo posible, las formas genuinas de su expresión. En su conjunto, este intento de reconstrucción de la imagen mitopoiética de la Diosa de la Sal, una divinidad casi olvidada, vuelve a mostrarnos que el mito es el lenguaje del alma, ¿puede aún la mitología resultarnos alcanzable, de forma tal que podamos vivirla y disfrutarla; de manera tal que permitamos que su visión poética ilumine una esperanza y trasluzca otra verdad?

Uixtocíhuatl o el simbolismo sagrado de la sal

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