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Libros UNAM

Tejiendo destinos. La antropología y el diseño en el estudio de los objetos de palma

Tejiendo destinos. La antropología y el diseño en el estudio de los objetos de palma

 

ISBN: 9786070293740

Autor(es): Martínez González, Mercedes

Editor/Coeditor/Dependencia Participante: Escuela Nacional de Estudios Superiores, Unidad Morelia

Formato: Libro Impreso

Disponibilidad: En existencias

Special Price MXN$252

Precio Habitual: MXN$360

ISBN/ISSN 9786070293740
Entidad Académica Escuela Nacional de Estudios Superiores, Unidad Morelia
Edición o Número de Reimpresión 1a edición, año de edición -2017-
Tema Antropología
Número de páginas 372
Tamaño 23 x 17 x 2
Terminado o acabado rústico
Idioma Español

Detalles

Esta obra se centra en el estudio, desde la antropología y el diseño, de la relación entre la persona y el objeto que elabora, usa y comercializa a partir de tres ejes: el simbólico, el corporal y el objetual. El caso de estudio es la comunidad de Santiago Cacaloxtepec —ubicada en la Mixteca oaxaqueña— donde los pobladores se dedican al tejido de palma —específicamente el sombrero— desde que el pueblo tiene memoria. Con historias de vida de los objetos de palma y de fibra de polipropileno, se describen las etapas de producción, los actores involucrados y el grado de explotación del ser humano en el proceso. El eje corporal muestra la percepción de los tejedores sobre el uso del cuerpo como herramienta de trabajo, analizados mediante la oralidad y la imagen en movimiento. El corte de la investigación es cualitativo, cuyos resultados derivan de dos años y medio de trabajo de campo, en los que se utilizaron metodologías híbridas que integran la oralidad a la imagen, elemento primordial del diseño.

Martínez González, Mercedes

Es Licenciada en Diseño Industrial por la Universidad Autónoma Metropolitana Xochimilco, Maestra en Diseño Industrial por la Scuola Politecnica di Design (Milán Italia), Maestra en Arte por Computadora por Thames Valley University (Londres, Reino Unido) y Candidata a Doctora en Antropología por la UNAM.
Ha trabajado en diversos proyectos de diseño industrial y multimedia, en despachos como Design Center Asesores y Corporación Milenio III, además de haber colaborado como profesora para distintas instituciones privadas y públicas del país como la Universidad Tecnológica de la Mixteca, la UAM Xochimilco, la Universidad Claustro de Sor Juana, la Universidad Intercontinental y la Universidad del Valle de México. Ha participado en dos proyectos de desarrollo tecnológico del Fondo Sectorial ASA Conacyt, en uno de ellos fungió como responsable técnico. Ha sido becaria Conacyt y Promep, ha obtenido financiamiento para la elaboración y exhibición de proyectos de arte digital por parte de Conaculta. Su trabajo ha sido reconocido con el premio de diseño Quórum en dos ocasiones.

Los objetos son parte esencial en la vida de la humanidad contemporánea. A tal grado son importantes que en la constante interacción que tenemos con ellos solemos olvidar que existen; sin embargo, en un mundo que está en una acelerada y constante transformación, la diversidad de objetos con la que nos encontramos y la manera en que los percibimos responde, principalmente, a nuestros modelos culturales. Modelos donde, frecuentemente, su origen queda desplazado por su uso; mientras que la comercialización está fuertemente determinada por nuestras aspiraciones individuales y colectivas. En este sentido, en las comunidades indígenas se producen objetos que forman parte de su vida cotidiana, que cubren funciones prácticas, sociales y rituales -en distintos niveles- y que, a su vez, representan una fuente de ingresos para la familia y la comunidad. A través de los objetos se pueden comprender las transformaciones históricas, sociales y culturales del grupo pues, mientras algunos se han elaborado de manera similar desde tiempos remotos, otros están en constante adaptación de manera parcial o total. Para el diseño, la relación entre el ser humano y los objetos debería ser un tema fundamental; sin embargo, los profesionales de esta área nos hemos centrado más en el desarrollo creativo y en los procesos de manufactura, dejando de lado a los humanos, a su entorno y las necesidades reales de distintos grupos o comunidades. Desde la antropología, el estudio de los objetos y su relación con la humanidad ha sido abordado a través de distintas perspectivas; Marcel Mauss (1967) habla sobre el regalo como un don de intercambio aparentemente desinteresado, pero realmente intencionado, cuya finalidad es fortalecer vínculos sociales. Para Appadurai (1986), en los significados de la forma de los objetos están sus usos y trayectorias; Braudillard (1995) estudia los objetos a partir de las relaciones que los humanos establecemos con ellos, y como pauta de las relaciones que generan entre nosotros; mientras Martín Juez (2000; 2002; 2003) conjunta la Antropología y el Diseño como medios para el estudio de los objetos en sociedad, usando como caso de estudio la población de Tepoztlán, Morelos. Siguiendo esta línea han trabajado también Méndez (2009) y López (2010); mientras en el ámbito internacional Gunn, Otto y Smith (2013) se refieren a las posibilidades que ofrece la consolidación de un puente entre la Antropología y el Diseño, y muestran casos concretos de estudio en los cuales se han utilizado metodologías híbridas; en este sentido cabe mencionar también el trabajo de Clarke (2011); Gunn y Donovan (2012); Willems (2013); Gunn y Logstrup (2014); Pink (2014); Dennison (2015); Ventura (2013) e Ingold (2014; 2015; 2016), quienes han hecho importantes contribuciones a esta área. Los objetos elaborados a mano con tecnología preindustrial suelen denominarse "artesanías"; sin embargo, el tejido de palma de Santiago Cacaloxtepec presenta tanto componentes que pueden colocarlo dentro de esta definición como elementos que lo alejan de ella; por ejemplo, el hecho de que exista una división del trabajo para la elaboración de un mismo objeto -que un tejedor no elabora de principio a fin (pues el acabado lo lleva a cabo el intermediario o comerciante)- y el que un sombrero sea siempre exactamente igual -quiero decir, que existan pocas variantes estéticas, técnicas e, incluso, de tamaño entre los modelos-. Dentro de las definiciones de artesanía algunos autores contemplan conceptos más amplios que otros; para Marta Turok (1988) abarca tanto al artesano especializado que firma su obra como a aquel que solamente elabora una parte del proceso; mientras que Victoria Novelo (1993) define las artesanías con base en las herramientas y las relaciones humanas implicadas en el propio proceso, así como a través del vínculo entre el artesano y el comprador, quien valora el objeto en la medida en que es antiguo, elaborado por un campesino y -de preferencia- indígena. Al objeto antiguo lo define Martín Juez (2002: 142) como el de la nostalgia o la veneración. Si pensamos la artesanía en este sentido podríamos ubicarla en un pasado colectivo y comunitario, y este puede ser uno de los motivos por los cuales sea valorado entre los turistas y desvalorizado en el mercado nacional, pues ha dejado de ser un objeto utilitario -en la mayor parte de los casos- para convertirse en un objeto que representa un pasado doloroso o un presente que es preferible omitir. Para García Canclini (1982) y para Pomar (1983) las artesanías se definen a través del sector al cual están dirigidas; son aquellos objetos que responden a los gustos e intereses de los campesinos, a diferencia de aquellos objetos que son destinados a sectores medios proletarios urbanos, independientemente de las técnicas de producción utilizadas para su elaboración. Existen otros conceptos relacionados con el sistema de producción similares a la artesanía; Victoria Novelo (1993) habla de "manufactura", concepto constituido por la elaboración de objetos manualmente, en donde existe un dueño y una distribución del trabajo que permite aumentar el número de piezas. Inclusive, argumenta la posibilidad de que esta manufactura se realice en la casa del productor. Mientras, Littlefield (1976) define "mulada" como un sistema de producción intermedio, entre la artesanía y el objeto industrial, que consiste en que un intermediario proporciona el material a los productores, éstos elaboran el objeto en su casa, lo devuelven casi completo y es el intermediario quien lo termina y lo comercializa. Para Martín Juez (2002: 41-42) "la artesanía y el diseño industrial se han ido acercando, tomando uno del otro. La artesanía se define como tradición, que utiliza técnicas que pasan de generación en generación y materiales regionales; sin embargo, gran cantidad de artesanos en la actualidad utilizan materiales que transportan de lugares ajenos y lejanos''. También existe una tendencia a catalogar como peyorativa la palabra "artesanía", diferenciándola de lo que tradicionalmente se considera arte (Báez Cubero, comunicación personal) y, en este sentido, Layton (1991) dice que ambos conceptos pueden coexistir en un mismo artefacto, ya que en las "pequeñas sociedades" se elaboran objetos con técnicas manuales que tienen una función utilitaria, decorados con motivos o imágenes artísticas. Es así que después de reflexionar sobre el tema he decidido dejar de lado la definición formal de artesanía, arte y demás variantes relacionadas con el sistema productivo, ya que implicaría una discusión que merece un espacio aparte y, dado que no es el objetivo central de esta investigación, he decido referirme a la actividad del tejido de palma por sí misma, alejándome de las posibles categorías en las que pudiera entrar. Este trabajo, en cambio, se centra en la relación entre la persona y los objetos que elabora desde el ámbito socioeconómico, corporal y cultural; trataré, específicamente, el tema desde una comunidad tejedora de la Mixteca Baja, la cual se ha dedicado al tejido de palma desde que el pueblo tiene memoria. Me interesa también determinar de qué manera esta actividad funge como elemento de identidad colectiva al interior de una comunidad que está en constante transformación. El modo en que me involucré en este problema es resultado de los ocho años que viví y trabajé en la ciudad de Huajuapan de León, Oaxaca, en donde comencé a tener contacto con las comunidades aledañas. Al conocer las necesidades y condiciones en las que se encuentran los productores de objetos de la región y al detectar las limitantes de un profesional con una formación tecnológica -ya que soy diseñadora industrial- para poder proponer soluciones que respondan a su propio modo de vida, surgió mi interés por estudiar antropología y, en el camino, busqué la forma de conjugar su estudio con lo que yo conocía hasta entonces -el diseño-. Y es que, usualmente, cuando un diseñador se enfrenta a problemas rurales o de poblaciones indígenas suele recurrir a las estrategias que conoce y generalmente no contempla las necesidades, la cultura y las relaciones sociales de la comunidad a la que pretende ayudar; y con esto, en lugar de aportar soluciones viables, se generan propuestas basadas en su propio modo de vida, lo que deriva en objetos innecesarios o poco factibles de producir: diseña para otros, y no con los otros. El tejido de palma en la región Mixteca es un tema que ha sido relativamente poco abordado a pesar de la visible impresión que han causado las pobres condiciones de los tejedores en distintos momentos y contextos. Sobre este punto, Velasco (1994) hizo un estudio de la artesanía de palma en la Mixteca oaxaqueña en el que describe las técnicas utilizadas a través de un recorrido por las comunidades que se dedican al corte y al tejido y, aunque la información que obtuvo es muy interesante, pretende abarcar una zona demasiado amplia por lo que, a mi parecer, su investigación termina siendo un poco superficial. Steffen (2001) describe, desde la Historia, el tejido de palma en la región Mixteca y, entre otros datos, menciona a Santiago Cacaloxtepec como una de las comunidades que destaca en esta actividad durante la década de los veinte. Benítez (1967-1972) visita Magdalena Peñasco -ubicada en la Mixteca Alta- y, con su característico estilo literario, narra la situación de pobreza en la que encuentra a los tejedores en el momento en que recorre la región, así como parte de las conversaciones que sostuvo con ellos; Atilano (2000) define el tejido de palma en la región como una "actividad de la pobreza y la miseria" más que como una tradición; mientras que Mendoza (1998) y Velázquez (1991) muestran un panorama general sobre la elaboración de sombreros en el contexto de las tradiciones locales; situándose, ambos, en comunidades de la Mixteca Alta. Para los gobiernos también ha sido un problema evidente que ha intentado paliarse mediante la creación de programas asistencialistas. Específicamente, en Santiago Cacaloxtepec la comunidad obtuvo un apoyo económico durante el periodo del presidente Gustavo Díaz Ordaz para crear una cooperativa que acabara el producto y comercializara el sombrero; mientras que, en la ciudad de Huajuapan de León -como en otros sitios de la región y del estado de Michoacán- existió el "Fideicomiso de la Palma" (FIDEPAL), durante el mandato del Gral. Lázaro Cárdenas. Ambos proyectos terminaron en un rotundo fracaso pues no lograron perdurar a lo largo del tiempo y solo unas cuantas personas salieron beneficiadas con estas iniciativas. Aunque el tejido de palma caracteriza a la región Mixteca, los tejedores prácticamente se vuelven invisibles en la ciudad, portadores de un estigma social que los define como "pobres", "marginados", "indígenas" "gente de pueblo" o "migrantes",1 lo cual parece contradictorio en un contexto en donde esta actividad es sumamente representativa y en donde sus objetos están presentes tanto en los eventos importantes como en los cotidianos de la vida; además, se trata de una tradición muy arraigada en comunidades como Santiago Cacaloxtepec donde, como en muchas otras, se realiza desde que se fundó el pueblo. Bajo estas condiciones, actualmente, los tejedores no desean que sus hijos sigan el mismo camino y fomentan un modo de vida diferente al que ellos tuvieron; principalmente mediante la educación escolarizada, lo que ha ocasionado -junto a otros factores- cambios en el modo de vida de las comunidades. La intención principal de este trabajo es comprender, desde la antropología y el diseño, la relación entre la persona y el objeto que elabora, así como la manera en que dicho vínculo es determinado por las características corporales, socioculturales y ambientales del entorno. Adicionalmente, busca conocer de qué manera la actividad laboral contribuye en la formación de identidad de las comunidades tejedoras de palma, y las razones por las que, a pesar de la baja remuneración económica, se sigue realizando. Mi primera aproximación a la comunidad fue a través de un local del mercado del centro de Huajuapan de León en el que venden sombreros. Posteriormente, contacté a dos personas originarias de Santiago Cacaloxtepec que laboraban en la UTM, quienes me refirieron a sus respectivas familias. Mediante la técnica bola de nieve2 establecí poco a poco contacto con otros sectores de la comunidad, como son los tejedores, la curandera del pueblo y la familia de uno de los intermediarios del sombrero. En enero del 2011 cambió el gobierno local y fue elegido como presidente municipal un profesor que creó la Casa de la Cultura Comunitaria, la cual ofrecía talleres para diferentes sectores de la población. Los responsables de esta área me invitaron a participar en un curso de iniciación a la lectura para niños en edad preescolar -al que asistí como cuentacuentos-; y es así que pude establecer contacto con las madres de los infantes y con la maestra. A partir del mes de mayo del 2011, el Presidente Municipal me solicitó impartir un curso para jóvenes en la Casa de la Cultura, para lo cual propuse un taller de video destinado a mayores de 14 años de edad. Posteriormente, trabajé durante dos distintos ciclos escolares algunas sesiones de dibujo y cuento animado con niños de quinto y sexto grado de la escuela primaria local. Por último, durante el trabajo de campo, visité los lugares de donde proviene la materia prima -Santiago Yosondúa (en la Mixteca Alta), y la ciudad de Tehuacán-, sitios en los cuales realicé entrevistas a los actores participantes. El enfoque de la investigación es cualitativo; mediante observación participante en la producción de objetos de palma, y a través de entrevistas semiestructuradas a profundidad -abiertas y cerradas- a diferentes sectores poblacionales de la comunidad (niños, jóvenes, adultos, ancianos, migrantes y autoridades municipales), así como a compradores, vendedores y usuarios de objetos de palma en Huajuapan de León. Además, entrevisté a adultos originarios y habitantes de la ciudad -quienes conocen Santiago Cacaloxtepec- así como a vendedores y compradores de objetos de palma en la Ciudad de México, para comprender, de esta forma, la manera en que se percibe esta actividad desde el exterior. Esta investigación parte del trabajo de campo que realicé en Santiago Cacaloxtepec entre el 2010 y el 2012; por lo tanto, responden a ese momento los relatos y las descripciones que se hacen del lugar y de sus actores en tiempo presente. Las metodologías utilizadas y el trabajo etnográfico en algunos capítulos se muestran a modo de narraciones personales, lo cual no implica una pérdida de objetividad en la investigación sino un intento por dar la posibilidad al lector de comprender mi propia subjetividad. Con la finalidad de respetar la confidencialidad de la información, cuando he considerado necesario, he utilizado un nombre ficticio para las personas entrevistadas. Cabe señalar también que he decidido apelar a los usos locales para nombrar a las personas a las que hago referencia durante el trabajo de campo.' En esta investigación fue sumamente importante la manera en que la información visual complementó los datos obtenidos a través de la oralidad, donde los dibujos infantiles, las fotografías y el video, se configuran en un viaje de ida y vuelta entre la palabra y la imagen. Se llegó, así, al punto de saturación de la información, lo cual determinó el número de entrevistas realizadas y la duración del trabajo de campo, que comenzó en el mes de febrero del 2010 y terminó en julio del 2012. Dado que radicaba muy cerca de la comunidad, mi labor consistió, principalmente, en visitas frecuentes y de corta duración (al menos, de una vez por semana). Para el análisis de la información obtenida me inspiré en la Teoría de las Representaciones Sociales, misma que surge de la Psicología Social, en la cual se interpretan los procesos social y culturalmente compartidos dentro de un grupo de personas mediante el análisis del sentido común y conocimiento comunitario (Martínez, 2011). Durkheim (1898) fue el primero en emplear este término, aunque las Representaciones Sociales surgen formalmente con Serge Moscovici (1961), a partir de un artículo en el cual describe una metodología de investigación para las ciencias sociales basada en un punto de vista psicosocial determinado por el conocimiento del saber común. Jodelet (2000) e Ibáñez (1998) son algunos de los autores que han contribuido al desarrollo de esta teoría, en la que los conceptos o ideas no existen de manera aislada sino que se rigen por las relaciones sociales, por los valores y por la ideología de las comunidades a las que un individuo pertenece; es necesario conocer estas normas para poder entender los objetos socialmente significativos (Tinoco y Bellato, 2006). La metodología que propone Abric (2001: 168 y 169) considera ocho operaciones que pueden ordenarse de manera diferente: - Recolección de datos. - Clasificación de esas producciones en categorías definidas según el criterio de referencia. - Análisis del contenido de cada categoría. - Análisis de las categorías desde el punto de vista de su frecuencia. - Análisis del peso acordado por los sujetos a las diferentes categorías y algunos de sus elementos. - Análisis de los lazos entre las categorías. - Síntesis de las posiciones expresadas en las dimensiones y los lazos entre ellas en términos de significaciones globales y razonamiento mínimo. - Validación de esta síntesis o de algunos análisis junto a los sujetos. Cabe destacar que la Teoría de las Representaciones Sociales es compleja y que la integré posteriormente a la elaboración y aplicación de las entrevistas en el trabajo de campo; por lo cual, en la presente investigación, consideré la metodología de Abric solo como punto de partida para el análisis de la información obtenida. Clasifiqué la información en las siguientes categorías: - Edad (este grupo podría, a su vez, subdividirse en ancianos, adultos, jóvenes y niños). - Sexo. - Personas que viven dentro y fuera de la comunidad. Posteriormente, tomé toda la información de las entrevistas pertenecientes a un grupo como si fueran una sola; por ejemplo: los jóvenes. En primera instancia localicé las palabras que se repetían con mayor frecuencia -de acuerdo a la primera lectura de los resultados obtenidos- para luego analizar con qué conceptos estaban vinculados y, de acuerdo a los mismos, clasifiqué esa información en categorías, respetando el peso acordado por los sujetos. Por último, resumí la información en un cuadro que sintetiza las categorías y los lazos entre las mismas. Finalmente, en los dibujos creados por los niños, mezclé esta teoría con un análisis cualitativo de la imagen apoyado en la Teoría Gestáltica del Diseño, la cual me ayudó a determinar la importancia de los elementos representados, de acuerdo a su peso visual, en la composición. Conforme a la memoria oral de los pobladores, en esta comunidad solamente han trabajado otros dos investigadores: Cowan (Pike y Cowan, 1967) -que era un lingüista estadounidense del Instituto Lingüístico de Verano-, quien publicó un documento sobre las variantes del idioma en esta zona, y Aguirre (2012) -una socióloga que estudia procesos migratorios-, quien hizo trabajo de campo durante un periodo de seis meses, coincidentes con el tiempo en que yo estuve en la comunidad. Los adultos y las autoridades municipales manifestaron una preocupación por la futura pérdida de sus costumbres y tradiciones y, reiteradamente, mencionaron que son solamente los ancianos quienes siguen elaborando objetos de palma -principalmente, sombreros-; sin embargo, más que una pérdida de la actividad, existe una transformación generacional en la misma, lo cual se ve reflejado en la introducción y utilización de diferentes materiales y, por lo tanto, en modificaciones y variaciones en el objeto terminado. En este sentido han existido dos cambios significativos a partir de la memoria oral de los habitantes: hasta los años cuarenta del siglo pasado la población se dedicaba a elaborar el sombrero anicero, tejido con palma de monte, por lo que la comunidad no solo se dedicaba a tejer, sino que también era cortadora para su autoconsumo. El material se hallaba, de manera natural, en los alrededores de la población, aunque el tejedor dependía del intermediario para la venta del objeto. Durante esa época, los "acaparadores"' -familias adineradas de Huajuapan de León, que es el centro urbano más próximo- introdujeron la palma "criolla" proveniente de la Mixteca Alta y, a partir de entonces, se empezó a elaborar un sombrero que es considerado más fino -por ser de una palma más delgada y blanquecina- y que, por lo tanto, requiere de un trabajo más especializado. A este objeto se le denominó sombrero cácalo o cabezón. Sin embargo, ello incrementó la dependencia del tejedor hacia el acaparador, puesto que el material ya no estaba a su alcance. Por último, en los años noventa del siglo pasado, los mismos acaparadores de Huajuapan de León introdujeron la fibra de polipropileno, con lo cual se presentó una diversificación de objetos, formas y colores. Nuevamente, el tejedor depende de terceros, tanto para la obtención de la materia prima como para la venta del objeto; además, este material exhibe una producción de daños ecológicos. La intención principal de este trabajo es estudiar la relación entre el tejedor de palma y el objeto que se elabora en una comunidad de la Mixteca oaxaqueña, analizando el problema, desde tres perspectivas diferentes: En primera instancia, se aborda el tema a partir de la historia de vida del objeto; desde el momento en que es concebido hasta que se desecha, ubicando el papel de los actores involucrados en el proceso y el grado de explotación al que están expuestos. En el siguiente apartado se estudia la relación que existe entre la persona y el objeto desde la corporeidad, en donde la imagen y la palabra juegan un argumento de ida y vuelta que permite definir el significado de esta actividad en función del propio tejedor de palma, los miembros involucrados en la misma y la manera en que utilizan el cuerpo como herramienta de trabajo. Por último, se analiza al tejedor en su entorno social -visto desde el interior y desde el exterior- a partir de la oralidad y de la imagen producida por distintos actores; se pretende conocer tanto aspectos ideológicos culturales como su papel dentro de la comunidad en zonas aledañas, en la ciudad de Huajuapan de León y en el sur de la Ciudad de México. Esta investigación intenta contribuir, desde la antropología y el diseño, al estudio de la relación entre el ser humano y el objeto que usa, elabora y comercializa III>, en el contexto de la Mixteca oaxaqueña. Además de que para el diseño este vínculo es fundamental pues, aunque los teóricos abordan el tema de las necesidades del usuario en su proceso de proyección, no siempre conocen a profundidad a las personas que usarán los objetos en su contexto social. Es muy frecuente, en este ámbito, que se haga referencia a metodologías cuya reflexión parte de los "países de economía central", y es relativamente reciente la inclusión que se hace sobre problemáticas en los "países de la periferia" (Bonsiepe, 1982) aunque sin abarcar las grandes diferencias que existen en su interior. Las comunidades indígenas han pasado por constantes procesos de transformación; sin embargo, a partir de la introducción de los medios de comunicación televisiva y digital, estos procesos han sido mucho más acelerados, por lo que -a través de los ojos de una actividad que utiliza procesos de producción pre-industriales- pretendo mostrar la historia de una comunidad en la que el tejido de palma ha sido la vía para su substistencia principal; actividad que -a pesar de todo- se continua realizando de manera muy parecida a como se hacía en el pasado. De este modo, se hace evidente la posible repercusión que estos efectos tendrán a futuro en el objeto de estudio y, por lo tanto, en la identidad de la población.

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