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Libros UNAM

Silla mexicana

Silla mexicana

 

ISBN: 8626000002014

Autor(es): Mallet, Ana Elena / Vértiz, Jorge (fotógrafo)

Editor/Coeditor/Dependencia Participante: Facultad de Arquitectura / Arquine / S.A. de C.V. / Secretaría de Cultura

Formato: Libro Impreso

Disponibilidad: En existencias

Special Price MXN$315

Precio Habitual: MXN$450

ISBN/ISSN 8626000002014
Entidad Académica Facultad de Arquitectura
Edición o Número de Reimpresión 1a edición, año de edición -2017-
Tema Arquitectura y urbanismo
Coedición Arquine, S.A. de C.V., Secretaría de Cultura
Número de páginas 264
Tamaño 24 x 18 x 2
Terminado o acabado rústico
Contenido 5 Silla mexicana: diseño e identidad /
Mexican chairs: Design and ldentity
Ana Elena Mallet
24 Butacas y butaques: sillas nuevas para el Nuevo Mundo /
Butacas and Butaques: New Chairs for the New World
Jorge F. Rivas Pérez
41 Silla mexicana
229 Catálogo / Catalogue
262 Agradecimientos / Acknowledgements

Detalles

La silla ha sido una de las piezas de mobiliario en las que más se ha pensado en la era moderna del diseño, lo que ha dado lugar a múltiples análisis. Preguntas como: "¿para qué sirve una silla?", "¿por qué una silla se ve así?", "¿es más importante la estética o la funcionalidad?", "¿por qué utilizar esos materiales en un asiento?", han sido contestadas y luego replanteadas en distintos momentos de la historia. En nuestra cultura occidental, la silla no se distingue solamente como una pieza de diseño o una extensión de nuestro cuerpo, sino como un artefacto cultural capaz de revelar las distintas maneras de operar de una sociedad.
La silla ha sido más que una pieza utilitaria dentro de la cultura mexicana. Este libro muestra a través de una línea cronológica la historia de los objetos más propositivos y simbólicos del mobiliario de nuestro país. Su importancia dentro de la vida cotidiana ha transformado algunos en los modelos más icónicos del diseño mexicano. Desde piezas de arte popular, pasando por manufacturas novohispanas y europeas, hasta creaciones de arquitectos y diseñadores contemporáneos que se han convertido en piezas de colección.

Mallet, Ana Elena

(Ciudad de México, 1971) estudió la licenciatura en literatura latinoamericana en la Universidad Iberoamericana y cursa la maestría en historia del arte en la UNAM. Como curadora de arte ha trabajado en el Museo Soumaya, el Museo de Arte Carrillo Gil, curadora en jefe del Museo del Objeto del Objeto y fue subdirectora de programación del Museo Rufino Tamayo. Actualmente trabaja en varias exposiciones sobre diseño latinoamericano que se presentarán en los Estados Unidos entre 2014 y 2017.

Vértiz, Jorge (fotógrafo)

Silla mexicana: diseño e identidad Ana Elena Mallet La silla ha sido una de las piezas del mobiliario en las que más se ha pensado en la era moderna del diseño, lo que ha dado lugar a múltiples análisis. Preguntas como: "¿para qué sirve una silla?", "¿porqué una silla se ve así?", "¿es más importante la estética o la funcionalidad?", "¿por qué utilizar esos materiales en un asiento?", han sido contestadas y luego replanteadas en distintos momentos de la historia. En nuestra cultura occidental, la silla no se distingue solamente como una pieza de diseño o una extensión de nuestro cuerpo, sino como un artefacto cultural capaz de revelar las distintas maneras de operar de una sociedad. La historiadora Galen Cranz, especialista en arquitectura, explica lo anterior en estos términos: "Una silla permite atisbar nuestras ¡deas colectivas acerca del estatus y el honor, el orden y el confort, la belleza y la eficiencia, la disciplina y la relajación". (1) La elección de la silla que usamos o compramos, o simplemente del asiento en que nos sentamos, dice mucho de nosotros, de nuestras necesidades e incluso de nuestras convicciones sociales o estéticas. Los arquitectos y escultores han estado interesados desde siempre en la silla como objeto escultórico y como un universo que, en pequeña escala, puede servir para encontrar soluciones a problemas tanto antropométricos como arquitectónicos. Para los diseñadores, la silla ha sido el campo de experimentación que oscila entre la estética y la ergonomía, el confort y la funcionalidad. En resumen, la silla ha sido un receptáculo de la modernidad. En ella se prueban materiales, se perfeccionan técnicas y se comprueban teorías. En México, si bien la historia de cómo y dónde sentarse se ha ido tejiendo conforme el país avanza, y en cada época han existido asientos adecuados para su momento, lo cierto es que este volumen no se ocupa de contar la historia del asiento en el país ni de historiar sobre el asunto, tampoco de mostrar una lista de asientos conclusiva; lejos de ello, abre la puerta para que se vea cómo ciertas empresas nacionales, diseñadores y arquitectos, en los siglos XX y XXI, han buscado crear piezas de diseño originales y propiciar el gusto de la población mexicana, e incluso resolver problemas de espacio, ergonomía y estética. Planteado cronológicamente, este libro ofrece una suerte de línea de tiempo del diseño de sillería en México, en la que se observa a la silla como marcador de época: al mirar las piezas con detenimiento o estudiarlas, o simplemente al admirarlas, se entra en contacto con el momento histórico en el que se crearon y con la sociedad para la cual fueron diseñadas. En el México del siglo XX, el diseño de asientos tiene dos vertientes. La primera comienza a trazarse en el entorno urbano y se asocia a los estilos artísticos de principios de siglo; la segunda proviene de la tradición popular. El Art Nouveau y el Art Déco fueron los estilos más explotados; en ellos, el asiento encontró expresión en formas nuevas, que se adaptaron a las casonas de las urbes. Es notorio el ejemplo de las sillas de la Casa Requena, talladas con finura en madera y acabadas en el más puro estilo Art Nouveau (pp. 42-43). Los estilos neoprehispánicos, en especial el neomaya y el neoazteca, formaban parte de la iconografía del proyecto nacional posterior a la Revolución de 1910 y alcanzaron su auge en la primera mitad del siglo XX; sus motivos geométricos tenían la ventaja de que se adaptaban con facilidad a los discursos déco de la época. El Pabellón de la Exposición Universal de 1929, diseñado en estilo neomaya por el arquitecto yucateco Manuel Amábilis, fue un importante referente para una buena cantidad de proyectos arquitectónicos posteriores, así como para el diseño de objetos y muebles en estilo neomaya y neoazteca hasta bien entrados los años cuarenta. En esta primera mitad del siglo XX, muchos diseñadores y fabricantes de muebles mexicanos estaban al pendiente de los estilos en boga y de las discusiones artísticas. Por ejemplo, en las Pláticas de Arquitectura de 1933 (2) se generó una acalorada discusión entre los arquitectos de la época en torno a la definición de un estilo nacional. Este discurso permeó hasta el diseño de mobiliario. Como producto de aquellos años se distinguen ejemplos de sillas en varios estilos: neoprehispánico; moderno, con un toque nacionalista (pp. 44-45); moderno, con influencia de la Bauhaus (pp. 46-47) y algunas piezas con reminiscencias coloniales (p. 60). En relación con este último estilo, con referencias coloniales y de reinterpretación de lo popular, el diseñador estadounidense William Spratling, radicado en Taxco, visualizó un mercado en el cual tuviera cabida este tipo de mobiliario. Para los años treinta y cuarenta, Taxco ya era en un hervidero de cultura y el paso de muchos turistas con destino a Acapulco, y el desarrollo de la platería en la región, obra de Spratling, atrajo mucho interés hacia diversos objetos de diseño. Como afirma Daniel Rubín de la Borbolla, Spratling "rediseñó y comenzó a fabricar muebles de tipo regional rural que pronto se popularizaron." (3) (p. 61) Por ejemplo, Spratling fue el primero en revisar y reinterpretar la tipología del butaque (p. 48), pieza de origen popular que data de antes de la Conquista y cuya historia y etimología explica Jorge Rivas Pérez en este mismo volumen. Junto con el Equipal (p. 28) y el Sillón Miguelito (p. 56), al que el arquitecto Luis Barragán integraría en sus interiores, así como la popular "silla de palo", el butaque ha sido una de las formas más estudiadas y reinterpretadas por los diseñadores nacidos o radicados en el país. Cabe señalar que al principio fueron casi siempre los diseñadores extranjeros afincados en México quienes se permitieron releer estas piezas para generar nuevos modelos, sin prejuicios ni simbolismos, utilizando formas y materiales relacionados con el México indígena y tradicional que en aquel entonces aún inquietaba a los diseñadores mexicanos. (1) "The chair offers a glimpse into our collective ideas about status and honor, confort and order, beauty and efficency, discipline and relaxation. As our ideas change, so do our chairs". Galen Cranz, The Chair. Rethinking Culture, Body and Design, Nueva York, W. W. Norton and Company, 1998, p. 15. (2) En octubre de 1933, la Sociedad de Arquitectos Mexicanos (SAM) organizó una serie de pláticas en la biblioteca de la Escuela de San Carlos, sobre la arquitectura moderna y sus caminos y sobre el oficio y la labor del arquitecto. Los arquitectos fijaron sus posturas y quizá en estos diálogos se determinara en gran medida el camino que seguiría la arquitectura moderna en el país. De esta polémica se desprende la categorización que ciertos estudiosos han hecho de los arquitectos funcionalistas mexicanos: los integristas, dispuestos a integrar estilos de otros momentos históricos; los radicales, que despojaban a la arquitectura de todo ornamento y la entendían como una herramienta para obtener soluciones; y los socialistas, que intentaron llevar las premisas de lo funcional urbano al campo. Para más información, véase Georg Leidenberger, "Las pláticas de los arquitectos de 1933 y el giro racionalista y social en el México posrevolucionario", en Carlos lllades y Georg Leidenberger (coords.), Polémicas en la historia intelectual mexicana, México, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes/Universidad Autónoma Metropolitana-Cuajimalpa, 2008, p. 188. (3) Daniel Rubín de la Borbolla, "William Spratling, pionero", en el folleto de presentación de la carpeta de diseños de William Spratling, México, Centro Cultural Arte Contemporáneo, 1987, p. 7.

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