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Libros UNAM

(Re)pensar la ciudadanía en el siglo XXI

(Re)pensar la ciudadanía en el siglo XXI

 

ISBN: 9786073015998

Autor(es): Álvarez Enríquez, Lucía

Editor/Coeditor/Dependencia Participante: Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades

Formato: Libro Impreso

Disponibilidad: En existencias

Special Price MXN$335

Precio Habitual: MXN$478

ISBN/ISSN 9786073015998
Entidad Académica Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades
Edición o Número de Reimpresión 1a edición, año de edición -2019-
Tema Sociología
Número de páginas 240
Tamaño 23 x 17 x 1.3
Terminado o acabado rústico
Idioma español

Detalles

¿Qué significa hoy la "ciudadanía"? y ¿qué significa ésta para las personas comunes, para los millones que se mantienen en tránsito permanente, sin arraigo y respaldo legal que los ampare, para aquellos que habitan las periferias metropolitanas precarizadas e inseguras, para quienes han perdido toda protección laboral y toda certeza sobre el devenir de su sobrevivencia, para quienes sortean cada día la homofobia, el racismo y la violencia intrafamiliar? En nuestras sociedades del siglo xxi, ¿cómo empata la "igualdad formal" de la ciudadanía con la desigualdad real en pleno ascenso? La pregunta sobre la ciudadanía tiene sentido si se formula en relación con la entidad estatal y las instituciones: ¿a quiénes se acredita hoy como ciudadanos?, ¿estamos ante la presencia de democracias y ciudadanías vacías o ante un replanteamiento de fondo de los contenidos y significación de éstas? Una exploración en torno a estas interrogantes es lo que se ofrece en este volumen.

Álvarez Enríquez, Lucía

Es doctora en sociología por la Universidad Nacional Autónoma de México e investigadora en el Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades (CEIICH) de la Universidad Nacional Autónoma de México, en donde coordina el proyecto de investigación: "Construcción de Ciudadanía en la Ciudad de México"; coordina también del Programa de Investigación Ciudades, Gestión, Territorio y Medio Ambiente, en el CEIICH-UNAM, desde 2007.

INTRODUCCIÓN ¿POR QUÉ LA CIUDADANÍA HOY? En un mundo donde la informalidad, las migraciones, la desigualdad y la discriminación, lejos de mitigarse cobran nuevo vigor; donde los despojos, las exclusiones y la violación de los derechos humanos son el pan de cada día; donde las identidades se trastocan y a cada paso pierden los referentes que hasta hace poco las contenían (el Estado, la nación, la comunidad, el barrio, etc.), la pregunta sobre la ciudadanía se vuelve pertinente, porque de varias maneras, en sentido inverso, mucho tiene que ver con estas cuestiones. Esto es así porque el cúmulo de efectos buscados -y también los "no deseados"- del neoliberalismo y la era global no han hecho sino ahondar las heridas de la sociedad desigual y acentuar el horizonte mercantil, trastocando la cultura, la sociedad y la política; donde preciados imaginarios como "el sentido de pertenencia", "la colectividad", "el arraigo", "el bien común", "la vida pública", pierden vigencia a pasos agigantados, mientras el lenguaje del mercado, la empresa, el individualismo y la competencia se posiciona y gana terreno en el día a día. En estas circunstancias, ¿qué significa hoy la ciudadanía? Y, más precisamente, ¿qué significa para las personas comunes?: para los millones que se mantienen en tránsito permanente de país en país, de ciudad en ciudad, de poblado en poblado, sin arraigo y respaldo legal que los ampare; para aquellos que habitan en las periferias metropolitanas precarizadas e inseguras; para quienes han perdido toda protección laboral y toda certeza sobre el devenir de su sobrevivencia; para quienes viven a salto de mata sorteando cada día la homofobia, el racismo y violencia intrafamiliar. En este "planeta de los barrios pobres" (Taylor), ¿cómo viven sus pobladores su "ser ciudadano/a"?, ¿tiene algún sentido para ellos/as reconocerse como tales? Interrogarse sobre la ciudadanía hoy tiene mucho sentido, en primer lugar, si la referimos a la experiencia real de los individuos, los grupos sociales, las poblaciones que en las denominadas sociedades democráticas y en el "mundo político democrático" son nombradas como "ciudadanos/as". En la vida cotidiana de estas sociedades, ¿cómo empata la "igualdad formal" de la ciudadanía con la desigualdad real en pleno ascenso?; ¿cómo se compatibiliza el preciado principio democrático de "la libertad" con el autoritarismo y la censura, y el lenguaje de "los derechos" con las crecientes exclusiones? También tiene sentido si formulamos la pregunta en relación con la entidad estatal y las instituciones oficialmente garantes de la condición ciudadana: ¿a quiénes se acredita hoy como ciudadanos?, ¿quiénes tienen acceso a los derechos y quiénes no?, ¿cuál es el horizonte real de la inclusión que garantizan los regímenes democráticos, cuyo sustento formal radica en la soberanía popular y la ciudadanía? ¿Estamos ante la presencia de democracias y ciudadanías vacías? A partir de estas interrogantes, la motivación central de este texto es problematizar lo que ha sido la expresión conceptual de un sujeto y un fenómeno (la ciudadanía y la construcción de ciudadanía), sobre la base de su correlato real en la experiencia vivida, y en el mosaico multicolor de actores y contextos en que se expresa en el mundo actual. Me interesa reflexionar sobre la pertinencia y actualidad de este referente en las convulsas y multifacéticas realidades de este siglo xxi, donde su enunciación alude con frecuencia indistintamente a individuos, actores y/o procesos diversos que son también a veces discordantes. En función de esto, señalo aquí tres problemas (entre otros muchos) que convocan esta reflexión y al mismo tiempo permiten también ubicarla en planos diferenciados. ABUSO Y PÉRDIDA DE CONSISTENCIA DE LA IDEA DE CIUDADANÍA Como muchos otros términos (pueblo, democracia, sociedad civil, etc.), el de ciudadanía ha sido objeto de diversas interpretaciones y se ha referido también a variados actores, fenómenos y procesos, de aquí que en distintos momentos y contextos haya sido objeto hasta la fecha de intensas polémicas, generando incluso cierta confusión. Su contenido conceptual y normativo está lejos de ser unívoco y por tanto ha dado lugar a una polisemia que lo ha dotado de cierta ambigüedad. Esto se debe en buena medida a una cualidad particular de este término, el cual, al ser el referente de un estatus jurídico-político en los regímenes democráticos, se inscribe al mismo tiempo en una dimensión conceptual y en una inmersa directamente en el ejercicio real de la práctica política; ello lo ubica simultáneamente en el lenguaje y la reflexión académica y en el discurso político. Este paralelismo con frecuencia da lugar a significados que no siempre coinciden y, por el contrario, abonan a la dificultad de definir con claridad sus contenidos. Pero la versatilidad del concepto tiene que ver también con la transformación de sus significados en el tiempo y la condensación en el de numerosas experiencias político-sociales, donde ha experimentado un desdoblamiento entre, por una parte, una dimensión "externa", oficial, institucional que nombra y define a una entidad de referencia (el ciudadano) y una dimensión "interna" que es producto de las subjetividades sociales y se expresa también como identidad propia. En este sentido, existe un "adentro" y un "afuera" que hace uso del mismo referente de manera diferenciada y le otorga una carga discursiva no siempre coincidente. Por una parte, lo que la ciudadanía y los/as ciudadanos/as son desde y para la esfera política del poder (gobierno, instituciones, sistema normativo); por otra, lo que significa la ciudadanía y el "ser ciudadano/a" para los individuos, actores y colectividades que a lo largo del tiempo se han apropiado del término dotándolo de nuevos significados. La dinámica del desdoblamiento se expresa también en otros planos y da lugar a diversos usos de la ciudadanía que se configuran y operan de manera transversal (en el seno mismo del "adentro" y el "afuera"), a partir de los posicionamientos políticos, los intereses en juego y las diversas formas de apropiación por parte de actores y sujetos activos en interacción (instituciones, grupos de interés, elites políticas, comunidades, organismos internacionales, colectivos sociales, etc.), donde están fuertemente implicadas las dimensiones cultural, subjetiva, política e ideológica. De este modo, la ciudadanía multiplica sus significados al condensar diversas expectativas y ser portadora de intereses diferenciados y muchas veces confrontados. La diversidad de usos del término y las cargas políticas e ideológicas involucradas no sólo diversifican sus significados, también los ponen en conflicto: la ciudadanía del discurso político liberal (protección jurídica, legal formal); la ciudadanía del régimen neoliberal (individuo emprendedor, "autónomo", consumidor y autosustentable); la ciudadanía para los organismos internacionales (corresponsabilidad y competencia); la ciudadanía en el discurso académico (expresión de las prácticas sociales); la ciudadanía de los ilegales y excluidos (reclamo de inclusión y pertenencia); la ciudadanía cívica de los sectores medios (convivencia, civilidad, tolerancia), entre otros muchos. Lo que salta a la vista con todo esto es que no existe una versión "oficial" y universalmente válida en torno a la ciudadanía. Difícilmente se puede hablar de una "verdad histórica" o un "deber ser" referencial y unívoco sobre el significado y el uso apropiado del término. La hegemonía alcanzada por la visión liberal en los dos últimos siglos claramente ha perdido solvencia y no resulta suficiente hoy como para sostener que "alguien", una entidad, un sujeto, un discurso, etc., detente la "propiedad" sobre el uso y el significado legítimo de la ciudadanía. En buena medida, hoy por hoy, es parte de un "dominio público" dado que su legitimación no depende únicamente del discurso "oficial", institucional, sino también de entidades externas a éstas que al apropiarse y hacerse eco del término enriquecen, modifican y actualizan sus contenidos. De aquí que existe una permanente disputa por el significado de la ciudadanía y, principalmente, por la "validez" que se le puede actualmente atribuir; esto es algo que flota en el ambiente del día a día y se pone en juego tanto en las interacciones cotidianas como en los grandes procesos de gestión y negociación en la relación Estado-sociedad, al interior de los Estados nacionales y en la relación de los individuos y grupos sociales con entidades estatales y supraestatales (caso emblemático: los migrantes). En todos los casos, los argumentos sobre el "ser" y el "deber ser" de la ciudadanía frecuentemente difieren entre unos y otros sin lograr confluir en un lenguaje "común". La visión normativa institucional choca con las visiones generadas desde las prácticas sociales y, a su vez, éstas son sometidas a juicio por el discurso académico. En el ir y venir de la ciudadanía de un discurso a otro y de un ámbito al contiguo, en algún sentido se podría decir que se ha generado un cierto "abuso" del término al ser atribuido a individuos, actores y fenómenos que muy poco tienen que ver entre sí y que pueden resultar incluso incompatibles. También se podría decir que los usos diversos de que ha sido y es objeto, han hecho difuso y confuso su significado, y que muchas veces distorsionan y hasta pervierten su sentido primigenio. Más allá de que precisamente tal "sentido primigenio" esté actualmente puesto en cuestión, es tangible la confusión vigente en torno a la idea de ciudadanía y también el hecho de que, tanto en el terreno académico como en el político, el propio término ha experimentado una pérdida de potencial descriptivo y analítico. De aquí que ésta sea una problemática y una línea de reflexión central en este libro.

(Re)pensar la ciudadanía en el siglo XXI

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