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Libros UNAM

Poesía romántica

Poesía romántica

 

ISBN: 9786073006651

Autor(es): Chumacero, Alí (Selección de textos) / Martínez, José Luis (prologuista)

Editor/Coeditor/Dependencia Participante: Coordinación de Humanidades

Formato: Libro Impreso

Disponibilidad: En existencias

MXN$140
ISBN/ISSN 9786073006651
Entidad Académica Coordinación de Humanidades
Edición o Número de Reimpresión 5a edición, año de edición -2018-
Tema Poesía
Número de páginas 242
Tamaño 17.5 x 10.5 x 2
Terminado o acabado rústico
Idioma Español
Contenido ÍNDICE
Prólogo, José Luis Martínez FERNANDO CALDERÓN (1809-1845) A una rosa marchita 3 La risa de la beldad 6 El soldado de la libertad 8 ¡Una memorial 13 Brindis en un baile 16
VII

IGNACIO RODRÍGUEZ GALVÁN (1816-1842)
Mi ensueño
Una flor
A la muerte
Adiós, oh patria mía
Suspende el rápido vuelo
Muñoz, visitador de México
Profecía de Guatimoc
IGNACIO RAMÍREZ (1818-1879)
En el álbum de Rosario
Al amor
A Rosario
A sol
El año nuevo
Soneto
Soneto
Después de los asesinatos de Tacubaya
Por los desgraciados
GUILLERMO PRIETO (1818-1897)
Almar
Ensueños
Cantares
VICENTE RIVA PALACIO (1832-1896)
Un recuerdo
Duda y fe
Al viento
Cantares
Hastío
IGNACIO MANUEL ALTAMIRANO (1834-1893)
María
Las amapolas
Al Atoyac
Los naranjos
LUIS G. ORTIZ (1835?-1894)
Mi fuente
Las golondrinas
La última golondrina
La boda pastoril
JUAN VALLE (1838-1864)
Mi historia
Tristeza
El crepúsculo en la presa
MANUEL M. FLORES (1840-1885)
En el baño

Nupcial
Bajo las palmas
Besos
La última flor
Genoveva
En la tumba de la señorita Carmen Z
Eva 89
Hojas dispersas
JOSÉ PEÓN Y CONTRERAS 94 (1843-1907)
Ecos (I-XVIII)
JUSTO SIERRA (1848-1912)
Playeras
A un poeta suicida
MANUEL ACUÑA (1849-1873)
Nocturno
La brisa
La felicidad
Soneto
A una flor
A un arroyo
Gracias
Hojas secas
Ante un cadáver
JUAN DE DIOS PEZA (1852-1910)
A ésa
Tras de los mares
Notas biográficas de los autores

Detalles

La presente selección de poesía romántica, realizada por Alí Chumacero, responde a la necesidad de dar a conocer a los jóvenes estudiantes los mejores momentos de nuestra lírica en el siglo xix. En el presente volumen encontramos manifestaciones poéticas realizadas cuando ya se encontraba cercano el modernismo, y, como ejemplo de esta corriente romántica, Chumacero eligió algunos trabajos de Fernando Calderón (1809-1845), de Ignacio Rodríguez Galván (1816-1842), de Ignacio Ramírez (1818-1879), de Guillermo Prieto (1818-1897), de Ignacio Manuel Altamirano (1834-1893), de Luis G. Ortiz (1835-1894), de Manuel M. Flores (1840-1885), de José Peón y Contreras (1843-1908) y de Manuel Acuña (1849-1873). Esta selección va precedida por un estudio introductorio escrito por José Luis Martínez.

Chumacero, Alí (Selección de textos)

Fue poeta, ensayista, crítico, traductor, editor, corrector y tipógrafo. Su obra poética ha sido considerada en distintos momentos por la crítica (Campos, Pacheco, Escalante, von Ziegler, etcétera) como una prolongación y culminación de la del grupo de Contemporáneos. Desde 1964 fue miembro de la Academia Mexicana de la Lengua. Chumacero es autor de una obra breve y de construcción deslumbrante, hecha de personajes cuyas historias cristalizan en metáforas de profundidad a un tiempo feroz y dulce, en espacios sórdidos donde florece la vida. Sus poemas son estructuras logradas después de muchas destilaciones, y las imágenes y desplazamientos conceptuales son de una dureza y una precisión inmaculadas.

Martínez, José Luis (prologuista)

(1918-2007) comenzó su trayectoria intelectual como poeta, editor y crítico en la revista Tierra Nueva que fundó al lado de sus compañeros de generación. Gracias a libros de crítica e historia literarias, convertidos en obras de referencia y consulta, se encuentra entre las figuras centrales del panorama literario mexicano.

A una Rosa Marchita .- Fernando Calderon ¿Eres tú, triste rosa, la que ayer difundía balsámica ambrosía, y tu altiva cabeza levantando, eras la reina de la selva umbría? ¿Por qué tan pronto, dime, hoy triste y desolada te encuentras tus galas despojada? Ayer viento suave te halagó cariñoso, ayer alegre el ave su cántico armonioso ejercitaba, sobre ti posando; tú, rosa, le inspirabas, y a cantar sus amores le excitabas... Tal vez el el fatigado peregrino al pasar junto a ti quiso cortarte: tal vez quiso llevarte algún amante a su ardoroso seno; pero al ver tu hermosura, la compasión sintieron, y su atrevida mano detuvieron. Hoy nadie te respeta; el furioso aquilón te ha deshojado, ya nada te ha quedado, de tu pasado brillo y tus colores. ¡Oh reina de las flores! La fiel imagen eres de mi triste fortuna: ¡ay!, ¡todos mis placeres, todas mis esperanzas una a una arrancándome ha ido un destino funesto, cual tus hojas arrancó el huracán embravecido! ¿Y qué, ya triste y sola no habrá quien te dirija una mirada? ¿Estarás condenada a eterna soledad y amargo lloro? No; que existe un mortal sobre la tierra, un joven infeliz, desesperado , a quién horrible suerte ha condenado a perpetuo gemir: ven,pues,¡oh rosa! Ven a mi amante seno, en él reposa, y ojalá de mis besos la pureza resucitar pudiera la belleza. Ven, ven, ¡oh triste rosa! si es mi suerte a la tuya semejante, burlemos su porfía; ven, todas mis caricias serán tuyas, y tu última fragancia será mía. Los naranjos Ignacio Manuel Altamirano Perdiéronse las neblinas en los picos de la sierra, y el sol derrama en la tierra su torrente abrasador. Y se derriten las perlas del argentado rocío, en las adelfas del río y en los naranjos en flor. Del mamey el duro tronco picotea el carpintero, y en el frondoso manguero canta su amor el turpial; y buscan miel las abejas en las piñas olorosas, y pueblan las mariposas el florido cafetal. Deja el baño, amada mía, sal de la onda bullidora; desde que alumbró la aurora jugueteas loca allí. ¿Acaso el genio que habita de ese río en los cristales, te brinda delicias tales que lo prefieres a mí? ¡Ingrata! ¿por qué riendo te apartas de la ribera? Ven pronto, que ya te espera palpitando el corazón ¿No ves que todo se agita, todo despierta y florece? ¿No ves que todo enardece mi deseo y mi pasión? En los verdes tamarindos se requiebran las palomas, y en el nardo los aromas a beber las brisas van. ¿Tu corazón, por ventura, esa sed de amor no siente, que así se muestra inclemente a mi dulce y tierno afán? ¡Ah, no! perdona, bien mío; cedes al fin a mi ruego; y de la pasión el fuego miro en tus ojos lucir. Ven, que tu amor, virgen bella, néctar es para mi alma; sin él, que mi pena calma, ¿Cómo pudiera vivir? Ven y estréchame, no apartes ya tus brazos de mi cuello, no ocultes el rostro bello tímida huyendo de mí. Oprímanse nuestros labios en un beso eterno, ardiente, y transcurran dulcemente lentas las horas así. En los verdes tamarindos enmudecen las palomas; en los nardos no hay aromas para los ambientes ya. Tú languideces; tus ojos ha cerrado la fatiga y tu seno, dulce amiga, estremeciéndose está. En la ribera del río, todo se agosta y desmaya; las adelfas de la playa se adormecen de calor. Voy el reposo a brindarte de trébol en esta alfombra de los naranjos en flor.

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