No tiene artículos en su carrito de compras.

Total: MXN$0
Libros UNAM

Población rural y trabajo en México

Población rural y trabajo en México

 

ISBN: 9786070293122

Autor(es): Contreras Molotla, Felipe

Editor/Coeditor/Dependencia Participante: Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades

Formato: Libro Impreso

Disponibilidad: En existencias

MXN$284
ISBN/ISSN 9786070293122
Entidad Académica Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades
Edición o Número de Reimpresión 1a edición, año de edición -2017-
Tema Economía
Número de páginas 232
Tamaño 23 x 17 x 1.5
Terminado o acabado rústico

Detalles

Las transformaciones económicas, sociales y culturales que ha experimentado la población rural de México en las últimas décadas han promovido cambios graduales en la sociedad rural; desde el punto de vista económico han pasado de productores agrícolas a trabajadores rurales. Este proceso se ha expresado con matices regionales particulares a partir de la presencia del empleo rural no agrícola, mostrando una heterogeneidad amplia a lo largo del país
El interés principal de esta investigación es analizar de manera pormenorizada la evolución de la estructura ocupacional rural mexicana en la primera década del siglo XXI. En este libro se puede encontrar el escrutinio de las ocupaciones agropecuarias, no agropecuarias y de las condiciones laborales en las que se insertan hombres y mujeres, y se hace una aproximación a la multiactividad económica de los hogares rurales a partir del tipo de ocupación y la forma de remuneración laboral. ¿Cuáles son las principales características del mercado de trabajo rural de México? ¿Cómo se han organizado laboralmente los hogares rurales a partir de la reestructuración económica? ¿El tránsito hacia ocupaciones no agropecuarias se ha traducido en mejores condiciones económicas para la población rural? Son algunas de las preguntas que intenta responder esta obra.

Contreras Molotla, Felipe

Doctor en Estudios de Población, El Colegio de México. Maestro en Población, Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, Sede Académica México. Licenciado en Sociología, Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, UNAM. Investigador titular A. Académico de Tiempo Completo nivel C. Pertenece al Sistema Nacional de Investigadores nivel I. Adscripción: Programa de Investigación Producción de Bienes y Servicios Básicos.

Como en otros países de América Latina, en las décadas recientes se han registrado en México importantes transformaciones sociales en todos los ámbitos, en especial en los contextos rurales, vinculadas con la reestructuración económica, la expansión de las empresas mineras y agrícolas, la mayor articulación de las ciudades con el ámbito rural por el mejoramiento de la infraestructura, el transporte, el desarrollo de las telecomunicaciones y el crecimiento de las ciudades, los cuales han tenido una influencia de lo urbano en el espacio local, social y cultural. Esto ha permitido mayor interacción y dinámica entre las áreas rurales y urbanas, por lo que los contextos rurales son distintos a los que se conocían hace tres décadas. Los especialistas han señalado que la población rural en México ha transitado de una sociedad de productores agrícolas a una de trabajadores rurales (Saavedra y Rello, 2010; Grammont, 2009; Appendini y Torres-Mazuera, 2008; Appendini, 2008, entre otros). Significa que proliferan actividades económicas no agrícolas y que la organización económica de los hogares ya no gira en torno a la agricultura. Esas transformaciones se consolidaron a partir de la apertura comercial, la reestructuración económica y la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), con el que se pretendía atraer inversión del capital nacional e internacional a la agricultura, lo que generaría empleos asalariados en el sector agrícola y en los servicios demandados por las empresas agrícolas (Rubio, 2004). También se esperaba una movilidad de empleo y de capital, de las actividades no competitivas hacia las competitivas en el mercado interno y externo (Puyana y Romero, 2008). Sin embargo, una cantidad importante de estudios que analizan los resultados del TLCAN, indican que no ha contribuido al desarrollo económico y al bienestar social de la sociedad mexicana (Acosta y Alvarez, 2005). Con la eliminación gradual de los aranceles en los productos agrícolas, un gran número de pequeños y medianos productores quedó excluido del mercado al no lograr competir con los productos del exterior, dado que no contaban con las condiciones y apoyos productivos necesarios para modernizarse y aumentar su productividad. Esta situación polarizó las condiciones económicas de la población rural. La baja productividad y rentabilidad de los pequeños minifundistas propició un aumento en la pluriactividad de los hogares rurales, es decir que sus integrantes combinaran de manera permanente actividades agropecuarias y no agropecuarias (Grammont, 2009). Esta situación es distinta a la que sucedía en el pasado, ya que hasta mediados de los años ochenta podía observarse que los ingresos provenientes de la migración interna e internacional sólo eran un complemento para el consumo, y la producción agrícola permitía el funcionamiento de la economía campesina (Appendini y Salles, 1983), a diferencia de lo que sucedió en décadas recientes ya que los ingresos generados a partir del trabajo agropecuario asalariado y no agropecuario se han vuelto centrales y necesarios para estos hogares. Una manera de ver la diversificación económica en los hogares rurales se refiere a la mayor participación del ingreso no agrícola en el ingreso total del hogar. Esta tendencia se ha incrementado y sostenido a partir de los años noventa, como se ha documentado en algunas investigaciones nacionales e internacionales (Reardon, Cruz y Berdegué, 1998; Berdegué, Reardon y Escobar, 2000; De Jan-vry y Sadoulet, 2002; Dirven, 2004, Losch, 2001). A pesar de que estos estudios consideran la importancia del crecimiento de las actividades no agropecuarias en los contextos rurales, no profundizan en detalle en el carácter que adquieren las ocupaciones agropecuarias y no agropecuarias en el contexto de la reestructuración económica. Por ese motivo, en esta investigación es central la desagregación de la estructura ocupacional para observar en qué actividades económicas se está especializando la mano de obra rural. El objetivo es identificar y analizar las actividades en las que se concentra la mano de obra rural y si se encuentra en la misma dirección de algunos de los pronósticos del TLCAN, en el sentido de proporcionar más y mejores empleos a la población rural. Los resultados de la investigación aportan elementos que contribuyen a la elaboración de un balance sobre dicho planteamiento. Para lograr este objetivo se considera que las fuentes de información estadística más adecuadas para desagregar la estructura ocupacional de los contextos rurales de México son las muestras de los Censos Generales de Población y Vivienda 2000 y 2010. La ventaja del tamaño de muestra con la que cuentan permite desagregar las ocupaciones agropecuarias y no agropecuarias con mayor detalle y sin preocupación de perder representatividad estadística. Además, las dos fechas del levantamiento ayudarán a evaluar las transformaciones ocupacionales en la fase de consolidación de las políticas neoliberales. Algunos estudios señalan que las ocupaciones que se incrementan en los contextos rurales son por cuenta propia, de refugio, autoempleo o subsistencia, y que tienen condiciones laborales precarias debido a que en estos espacios prevalece una baja demanda de mano de obra y un desarrollo limitado de los mercados laborales desde hace varias décadas (Jiménez, 2007; Appendini, 2007; Larralde, 2008). Se ha documentado que las actividades no agrícolas en los contextos rurales son de baja remuneración y precarias, por lo que sólo un pequeño número de la población rural puede acceder a ocupaciones bien remuneradas calificadas con las mejores condiciones laborales; éstas son las que se expanden en menor medida por su baja demanda en los mercados laborales rurales (Szasz, 1990; Pedrero y Embriz, 1992; De janvry y Sadoulet, 2002; Pacheco, 2006; Garay, 2008). Las razones que fundamentan esta suposición están relacionadas con la incapacidad histórica de los mercados de trabajo para absorber la mano de obra en el sector agrícola y la escasa capacidad de generación de empleos no agrícolas en los espacios rurales, ya que las actividades económicas que desempeña gran parte de la población en estos lugares son marginales y no permiten ahorrar o acumular (Cerón, 2012). Una de las características del trabajo agrícola asalariado en el campo mexicano es que sus condiciones laborales son precarias, expresadas por un descenso gradual en su estabilidad, duración y baja remuneración (Larralde, 2008). Incluso, algunos especialistas afirman que se está incrementando el desempleo entre los jornaleros agrícolas, situación que no ocurría (Barrón, 2013); por ello habrá que poner especial atención en sus características bajo el nuevo modelo de modernización neoliberal y la organización de las empresas agrícolas. Los procesos mencionados no aparecen de manera homogénea a lo largo del país, porque históricamente se ha fomentado el desarrollo económico, la infraestructura y la forma de producción de manera diferenciada entre las regiones. Se estima entonces necesaria la incorporación de la dimensión regional para comparar la estructura ocupacional entre las regiones, con lo que identificaremos si la transición hacia ocupaciones no agropecuarias es un proceso homogéneo o característico de la dinámica económica de algunos contextos regionales. Las regiones agrícolas se desarrollaron bajo distintos esquemas en la forma de producción, y esto acarreó diferencias en la oferta y condiciones del mercado laboral: por un lado, la agricultura comercial en los estados del Norte y Noroeste, beneficiados por las grandes obras de infraestructura de irrigación en los cuarenta (CEPAL, 1982). Este tipo de agricultura generó una demanda de fuerza de trabajo que sobrepasaba a la disponible localmente, por lo que se consideraron polos de atracción laboral para la población rural pobre, sin tierra o con pequeños predios de temporal. Por otro, la forma de producción campesina, de temporal, en general, utilizaba mano de obra familiar sin pago; se encontraba principalmente en los estados del Sur. En la época en que no se dedicaban a la producción de sus parcelas, algunos permanecían en su lugar de origen dedicados a la producción de manufacturas artesanales, principalmente para su autoconsumo; otros se empleaban de manera temporal como jornaleros en algunas empresas de los estados del Norte y Noroeste, o emigraban hacia las grandes ciudades en las que se empleaban como trabajadoras domésticas y trabajadores en la construcción; esto permitió la reproducción de la economía campesina. Gran parte de la población rural se concentra hoy en localidades de los estados de México, Chiapas, Guanajuato, Guerrero, Michoacán, Puebla, Oaxaca y Veracruz. Al parecer, su distribución no ha cambiado a lo largo de las décadas recientes (Esquivel, 2009). Se considera que en el territorio nacional no se ha mantenido un desarrollo económico homogéneo, por lo que es necesaria la introducción de la dimensión regional, ya que con ella se logran captar las diferencias económicas y sociales de los distintos contextos rurales. La comparación de la estructura ocupacional desagregada entre las regiones y sus condiciones laborales permitirá observar diferenciadamente el impacto de la apertura comercial, desde el punto de vista laboral. De esta manera podremos conocer cuáles son los principales contrastes regionales en las estructuras ocupacionales rurales de México entre 2000 y 2010, y cuáles las condiciones laborales que predominan en ocupaciones agropecuarias y no agropecuarias en las regiones. Logrado este propósito, se dispone de elementos suficientes para conocer la diversificación de las actividades económicas, desde el punto de vista laboral, por la centralidad que han cobrado los ingresos no agropecuarios en los hogares rurales de México a partir de la reestructuración económica y como respuesta de los hogares frente a estos cambios, lo cual ha dejado a un amplio número de la población rural en condiciones de pobreza, como consecuencia de la exclusión de los pequeños y medianos productores del mercado. Se considera que el trabajo no agropecuario y el trabajo agrícola asalariado no han tenido un efecto determinante en el mejoramiento de las condiciones económicas de la mayoría de los hogares rurales debido a que se insertan en trabajos por cuenta propia de baja remuneración. Para probar este argumento es necesario analizar las características laborales de ocupaciones agropecuarias y no agropecuarias en los hogares rurales. Con este desarrollo tendremos elementos suficientes para señalar la forma en que se han organizado laboralmente los hogares rurales y así clasificarlos según sus principales características ocupacionales. Se espera que con este análisis se pueda profundizar sobre cuál ha sido el carácter de los cambios ocupacionales y de la diversificación de las ocupaciones laborales en los hogares rurales bajo un proceso de reestructuración económica impulsado con las políticas neoliberales, cuáles son las principales características sociodemográficas de los hogares en mejores condiciones económicas a partir del nivel de su ingreso laboral y cuáles los factores más importantes en los hogares rurales para explicar el comportamiento del ingreso laboral. De esta manera, se podrá tener un balance sobre el tránsito hacia ocupaciones no agropecuarias en el ámbito del hogar. Este trabajo se divide en cinco capítulos y sus conclusiones. El primero, "Perspectivas teóricas para comprender los cambios ocupacionales", es una revisión de la literatura referida al cambio en la estructura productiva, el análisis de la mano de obra rural y la organización económica en los hogares rurales. Se presenta una revisión de los antecedentes teóricos sobre el estudio de la población y el desarrollo que involucra la discusión entre los cambios en la dinámica demográfica y la estructura económica. Después, se presenta una revisión de la crítica a estos planteamientos relacionados con la transformación de la estructura agraria, la so-breoferta de mano de obra rural y sus condiciones laborales y, al final, se discuten algunos antecedentes sobre la organización económica de los hogares rurales. El capítulo "El contexto socioeconómico y la dinámica de la población rural" es un marco contextual de la dinámica de la población y la mano de obra rural de México, desde la década de los años cuarenta, con lo que se pretende mostrar cómo ha cambiado la estructura económica a partir de las políticas de desarrollo, basado en distintos sistemas de desarrollo económico, su evolución y relación con la dinámica demográfica, en la que se puede identificar con claridad un desarrollo económico desigual entre las regiones geográficas de México en los contextos rurales, la formación de una estructura dual de producción agrícola, el crecimiento de actividades agrícolas asalariadas y de ocupaciones no agropecuarias, sobre todo del sector terciario. En el caso de la población, se identifica una tendencia en la reducción de la fecundidad, el aumento de la población en edad de trabajar, la persistencia de la migración interna e internacional y la disminución del tamaño del hogar. En el capítulo "Cambios en la estructura ocupacional rural de México", se analiza la información estadística desagregada de la estructura ocupacional de los contextos rurales de México, sus diferencias regionales y la posición en el trabajo entre las dos fechas del estudio. La desagregación de la información por ocupaciones permite observar que las ocupaciones no agropecuarias que se están incrementando están relacionadas con la construcción, comercio, servicios personales, trabajo doméstico y, en menor medida, ocupaciones calificadas, como los técnicos y profesionistas. Entre los principales resultados puede mencionarse que disminuye la proporción de ocupaciones agropecuarias; que los varones permanecen relativamente más en éstas y que las mujeres se insertan principalmente en ocupaciones no agropecuarias. Entre las regiones hay notables diferencias entre el Noroeste, Noreste y Sur, Golfo y Península, ya que las primeras cuentan con mayor presencia de ocupaciones no agropecuarias; en el segundo grupo de regiones continúan siendo muy importantes las ocupaciones agrícolas vinculadas al cultivo de maíz o frijol. En "Características sociodemográficas y condiciones laborales de la mano de obra rural de México", se examinan las principales características sociodemográficas y laborales de la estructura ocupacional por región geográfica de residencia. Entre los principales resultados comprobamos que la población ocupada agropecuaria tiene mayor edad y menor escolaridad en comparación con la población no agropecuaria. La población más joven se inserta en ocupaciones no agropecuarias. En las regiones Noreste y Norte se observaron las edades medianas más elevadas para la población agropecuaria y no agropecuaria. La mediana de escolaridad de la mano de obra rural no se modificó, se mantuvo en seis años. Las medianas de escolaridad más elevadas de la población ocupada, se registraron en el Norte, Noroeste y Noreste, y las regiones con los menores niveles de escolaridad correspondieron al Sur, Golfo y Península. La jornada laboral se reduce entre los dos momentos del estudio, sobre todo en las actividades agropecuarias en el Sur, Golfo y Península. El ingreso de los trabajadores en ocupaciones no agropecuarias fue considerablemente superior al de los trabajadores en ocupaciones agropecuarias, pero ha disminuido la diferencia entre ambos. Las regiones Sur, Golfo y Península ofrecieron los menores niveles de remuneración, mientras que las del Noroeste, Occidente y Norte registraron los ingresos más elevados. El capítulo "La organización económica y laboral de los hogares rurales de México", expone el análisis de las condiciones sociodemográficas de los hogares rurales clasificados a partir de las características laborales de sus integrantes; toma en cuenta el tipo de ocupación y forma de remuneración laboral. Entre los principales resultados registramos la disminución de los hogares nucleares ante el incremento de los hogares ampliados y unipersonales. En las regiones Centro-Norte, Occidente y Península encontramos los porcentajes más elevados de hogares nucleares, en tanto que las proporciones más importantes de hogares unipersonales correspondieron a las regiones Noroeste, Norte y Noreste. También en esas regiones ha disminuido la proporción de hogares que sólo se dedican a actividades agropecuarias y se han incrementado los hogares con actividades no agropecuarias. Las regiones que mostraron las proporciones más elevadas de hogares agropecuarios fueron las del Sur y el Golfo. Las del Centro, Centro-Norte y Noroeste tuvieron las mayores proporciones de hogares no agropecuarios. Los hogares con ocupaciones agropecuarias fueron los que mantuvieron los menores niveles de ingreso. Para conocer los factores que inciden en la explicación del comportamiento del ingreso laboral del hogar, se construyó un modelo de regresión lineal múltiple en el que se encontró que los hogares asalariados, los hogares no agropecuarios, los hogares con ingresos asalariados y no asalariados y los hogares con ocupaciones agropecuarias y no agropecuarias, fueron los factores que tuvieron mayor peso en la explicación del ingreso laboral del hogar. En el apartado final se presentan las principales conclusiones. Destaca que la llamada diversificación económica, desde el punto de vista laboral, se ha dado con el incremento de ocupaciones no agropecuarias en contextos rurales de baja remuneración y que sus condiciones económicas no han mejorado debido a que no se logró observar incrementos reales en los ingresos laborales de los hogares rurales de México entre los dos momentos del estudio.

Población rural y trabajo en México

MXN

MXN$284

0