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Libros UNAM

Notas inauditas

Notas inauditas

 

ISBN: 9786073017381

Autor(es): Ingrid Solana

Editor/Coeditor/Dependencia Participante: Dirección de Literatura

Formato: Libro Impreso

Disponibilidad: En existencias

Special Price MXN$56

Precio Habitual: MXN$80

ISBN/ISSN 9786073017381
Entidad Académica Dirección de Literatura
Edición o Número de Reimpresión 1a edición, año de edición -2019-
Tema Literatura
Número de páginas 96
Tamaño 20.5 x 14 x .6
Terminado o acabado rústico
Idioma español
Contenido Animales que mueren despacio 7
Serpiente hocico de cerdo: olfato 7
Araña ladrona: tacto 8
Chicatanas: oído 10
Sapos bombina: vista 11
Zorros: gusto 12
La historia secreta 15
Desastres negros 33
I. Una mirada sobre la noche 33
II. La génesis de lo oscuro 38
III. La conquista de mercados 41
IV. Renacer 42
Notas inauditas 45
La hora de las moscas 53
El bisonte atrapado (el juego de la inmovilidad) 61
Río de los Remedios (disertación de los dientes) 69
Referencias bibliográficas 83

Detalles

En Notas inauditas, Ingrid Solana conversa a lo largo de siete ensayos con Maurice Blanchot, Hélène Cixous, Jules Michelet, Pascal Quignard, Sara Uribe y María Zambrano, entre otros autores. Dialoga con ellos sobre un tema medular: la escritura, la escritura como "cicatriz del olfato", "puente entre tiempos" o como un "animal que muere despacio". El tejido textual es imbricado, se desdobla y ramifica: parte de experiencias puntuales y cotidianas sólo como pretexto para abordar la contaminación, la literatura después del Boom, la violencia o la historia secreta de las mujeres. Y se pregunta: ¿Por qué escribir se parece a un bisonte detenido en la prehistoria? La voz es rutinaria; la escritura, inaudita, inmóvil como el bisonte en Lascaux o la risa congelada de una dentadura en nuestras manos.

Ingrid Solana

(Oaxaca, 1980), escritora y doctora en Letras por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Autora del libro Barrio Verbo (2014). Miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte del FONCA y profesora en la UNAM en la licenciatura de Letras Hispánicas.

ANIMALES QUE MUEREN DESPACIO SERPIENTE HOCICO DE CERDO OLFATO La actriz hocico de cerdo segrega un líquido maloliente de sus glándulas anales y finge su muerte. El mensaje transmite que hay algo malo en su cadáver, quizá bacterias peligrosas. Así se defiende de sus potenciales agresores. También las zarigüeyas expiden un olor putrefacto que aleja a los enemigos. Estos animales hacen muecas de muerte: mueren despacio. A través del olfato se contempla el silencio y se recupera la memoria: no con el sabor de una madalena, sino con el laberinto oloroso de un pueblo quemado. Silencio y memoria cicatrizan en nuestra carne como las cenizas de nuestros muertos. Morimos con ellos a cuestas y vuelven a morir repetidas veces en nuestros recuerdos. Son cicatrices de olfato. Cuando niña estuve incidentalmente en un anfiteatro y recuerdo el horror de los cadáveres, pero sobre todo su olor: el ardor de la podredumbre, miles de serpientes hocicos de cerdo acumuladas en las planchas de aquellas pieles tumefactas anunciando mi lenta muerte. Aspiré el hedor temprano y no dejé de morir. Los cinco sentidos, al pensar y escribir, olvidan la respiración, el ritmo cósmico de la existencia, la manera en la que el cuerpo es escritura, lectura, pensamiento, acto: muerte lenta. Escribir es una flor siempreviva. Esperanza y muerte en los lápices. Cada vez que las páginas reciben un yo, olfateamos por anticipado nuestro cadáver. La autobiografía es un animal que muere despacio. Dejamos su cadáver futuro reposando en la página; el relato expande su ardoroso hedor. ARAÑA LADRONA TACTO La araña ladrona es una entidad femenina ligada al engaño. El macho le ofrece un obsequio cuando intenta aparearse con ella: un insecto atrapado en seda. Si lo acepta, él finge su muerte y ella se lo lleva con su ofrenda. Una vez alimentada, el macho revive e intenta seducirla. El macho se acostumbra a morir para preservar su especie: una muerte pequeña, mágica treta de seducción. El macho es un don Juan que juega con la muerte y que, tal y como sucede a don Juan, nunca muere. Cada vez que tocamos el otro cuerpo, morimos lentamente, como si presos de la piel, en vez de volar, nos ahogáramos en sus venenos. La seducción es una fuerza inextinguible; persiste en la fascinación del deseo. ¿Es posible oír con la nariz, tocar con los ojos, mirar a través de la voz? ¿Podemos huir a las profundidades de la piel que espera; escribir con el tacto, tocar las letras, acariciar los libros: sentir el pliegue, lo rugoso, la espera del deseo? Mi pensamiento se concentra en los cinco sentidos. Cierro los ojos. Mi piel está encima, la toco con mi pensamiento que pasea los metatarsos. Soy un animal y muero despacio al dormir. Cierro los oídos. Viajo en mis células. La piel historiada lleva y muestra la vida propia o la visible: desgastes, cicatrices causadas por las heridas, porciones de piel endurecidas por el trabajo, arrugas, surcos de antiguas esperanzas, manchas, lunares, eczemas, psoriasis, paños, allí se imprime la memoria, por qué buscarla en otra parte; o la invisible: huellas fluctuantes de las caricias, recuerdos de la seda, de la lana, los terciopelos, las pieles, los fragmentos de roca, las cortezas rugosas, las superficies rasposas, los cristales de hielo, las llamas del fuego, timideces del tacto sutil, audacias del contacto combativo. (Michel Serres, Los cinco sentidos, p. 26) El intelecto esconde las huellas de nuestro cuerpo, cuerpo femenino, masculino: la filosofía olvidó pensar con el cuerpo. Existe una respiración en el texto, lo escrito también tiene piel y seduce. Al leer somos la araña macho, fingimos nuestra muerte para engendrar: morimos despacio. Pero también somos ella, la seducida, la obsequiada, la peligrosa que se permite fecundar. La sensibilidad desapercibida de la araña es origen de tiempo; todo en ella sucumbe al erotismo, muerte breve. El episodio entre las arañas recuerda también el instante del orgasmo, el momento en el que la piel es extensión, campo de fertilidad, juego y treta de la muerte y de la máscara; raíz y tiempo sin tiempo. Semilla noche. La economía de Eros y Tánatos, en la lógica de Bataille, es un vórtice de piel, ritmo de profundidades y orificios. Puede tocarse al pensar su fondo. Profundidad del ano; las partes destinadas al desecho también hablan, es necesario pensarlas. Su piel es abismo. Escuchamos con pánico su fondo, canicas rodando al centro del cuerpo: el ombligo, otro centro hermético que parece no existir. El tímpano se ensordece con los amplificadores y las cerillas; la boca se retrae con los jugos gástricos, su saliva y la mucosa: parecen pozos de cuerpo y no lo son. Son, en cambio, alegres expansiones ocultas que exigen nuestra complicidad, nuestro pensar; a eso hay que acostumbrarnos, a su muerte breve y consciente cada día. Nuestra piel, preciosa rutina de la sensación, en cambio, relata sincera su historia. Las arrugas de una memoria prolija, la enfermedad de un espíritu nervioso, la huella de otro cuerpo. Su olor. Su dolor. Cicatriz de cirugía, de caída, de agresión. Toco las páginas, piel de libro. Piel de cuaderno. Cierro los ojos, palpo la superficie desconocida de un objeto rugoso, elefante, quiero pensar con el tacto. Escribir tacto. Pensar tocando las palabras de mi cabeza. Los pintores/araña atrapan tactos: la pintura es seducida por las manos que revientan los lienzos: action painting. El tacto pinta sus marcas invisibles, deja huellas borradas; íntimamente ligado con la espuma marina, palpa las imágenes del pensamiento, se las lleva, arena blanda, recuerdo barrido. El tacto sabe amar su propia escritura acostumbrado a morir lentamente en su porosidad sin minutos claros. Es una araña que juega una treta de muerte y seduce su paradoja: la fertilidad.

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