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Los yucatecos pintados por sí mismos. Artículos de costumbres de Yucatán en el siglo XIX

Los yucatecos pintados por sí mismos. Artículos de costumbres de Yucatán en el siglo XIX

 

ISBN: 9786070295478

Autor(es): Suárez Turriza, Tatiana (selección, edición, introducción y notas)

Editor/Coeditor/Dependencia Participante: Centro Peninsular en Humanidades y Ciencias Sociales

Formato: Libro Impreso

Disponibilidad: En existencias

MXN$130
ISBN/ISSN 9786070295478
Entidad Académica Centro Peninsular en Humanidades y Ciencias Sociales
Edición o Número de Reimpresión 1a edición, año de edición -2017-
Tema Antropología
Número de páginas 208
Tamaño 21 x 14 x 1.2
Terminado o acabado rústico
Contenido Índice
SEGÚN LAS COSTUMBRES DEL PAYS, LOS PRIMEROS ARTÍCULOS DE COSTUMBRES DE YUCATÁN 9
Avatares de la inauguración del género 17
Los "tipos" de la sociedad yucateca 23
Los cuadros o escenas 32
CRITERIOS DE EDICIÓN 43
Edición anotada
Los yucatecos pintados por sí mismos. Artículos de costumbres de Yucatán en el siglo XIX
Campeche visto desde el mar
ISIDRO RAFAEL GONDRA 51
A las niñas traviesas
JUSTO SIERRA O'REILLY 59
Extravagancias de los enamorados
ANÓNIMO [ATRIBUIBLE A JUSTO SIERRA O'REILLY] 63
Una conversación con un amigo
JUSTO SIERRA O'REILLY 69
A un petimetre
TU PRIMO [ANÓNIMO] 73
A una de tijeras
ANÓNIMO 79
La almohadilla
ANÓNIMO [ATRIBUIBLE A JUSTO SIERRA O'REILLY] 83
Un lance cómico
ANÓNIMO [ATRIBUIBLE A VICENTE CALERO] 89
Las diligencias y la feria de Izamal
JOSÉ. TURRISA [SEUD. DE JUSTO SIERRA O'REILLY] 93
¿Cuál de las tres?
UNO DE TANTOS [ANÓNIMO] 103
Dificultad insuperable
CANUTO CLEYERE 105
Cosas de la época, o sea, la Biblioteca de Toribio DON GIL DE LAS CALZAS VERDES [SEUD. DE MANUEL BARBACHANO] 109
Un quid pro quo
DON GIL DE LAS CALZAS VERDES [SEUD. DE MANUEL BARBACHANO] 117
Tiró el diablo de la manta DON GIL DE LAS CALZAS VERDES [SEUD. DE MANUEL BARBACHANO] 121
¡Vaya un hombre!
DON GIL DE LAS CALZAS VERDES [SEUD. DE MANUEL BARBACHANO] 125
El extranjero en Mérida
BUENAVENTURA Vivó 129
El porqué de mi silencio
DON GIL DE LAS CALZAS VERDES [SEUD. DE MANUEL BARBACHANO] 153
Una de cal y otra de arena DON GIL DE LAS CALZAS VERDES [SEUD. DE MANUEL BARBACHANO] 157
Don Cándido o la piedra filosofal DON GIL DE LAS CALZAS VERDES [SEUD. DE MANUEL BARBACHANO] 161
Una carga concejil
DON GIL DE LAS CALZAS VERDES [SEUD. DE MANUEL BARBACHANO] 167
El Carnaval
VICENTE CALERO 171
La Cuaresma
VICENTE CALERO 177
¿Novedades aquí?
DON GIL DE LAS CALZAS VERDES [SEUD. DE MANUEL BARBACHANO] 181
Los criados de mi tierra
DON GIL DE LAS CALZAS VERDES [SEUD. DE MANUEL BARBACHANO] 185
Un hombre-piedra
DON GIL DE LAS CALZAS VERDES [SEUD. DE MANUEL BARBACHANO] 189
Me voy a los toros
DON GIL DE LAS CALZAS VERDES [SEUD. DE MANUEL BARBACHANO] 193
Entre los malos el peor
DON GIL DE LAS CALZAS VERDES [SEUD. DE MANUEL BARBACHANO] 197
Ni tan calvo que se vean los sesos DON GIL DE LAS CALZAS VERDES [SEUD. DE MANUEL BARBACHANO] 203

Detalles

Los yucatecos pintados por sí mismos recupera los primeros artículos de costumbres de Yucatán publicados durante la segunda mitad del siglo XIX. Seleccionados a partir de las principales revistas culturales de la región (el Museo Yucateco y el Registro Yuca-teco; ambas fundadas por don Justo Sierra O'Reilly), los artículos que integran este volumen constituyen la temprana aportación de los escritores yucatecos al desarrollo de ese género costumbrista en México. Esta obra, además de ofrecer al lector del siglo xxi una edición crítica y anotada de los textos escogidos, presenta un estudio introductorio que invita a la reflexión en torno al proyecto de memoria de los intelectuales yucatecos del siglo antepasado. Más allá de la riqueza de los elementos anecdóticos y culturales de la época (las costumbres, los "personajes tipo"), a través de esta antología se trasluce la intención "presentista" de ese proyecto de memoria decimonónico; la invención de una identidad cuyos rasgos o trazos, a más de siglo y medio de su creación, aún pueden reconocerse en el rostro del presente.

Suárez Turriza, Tatiana (selección, edición, introducción y notas)

Doctora en literatura hispánica por el Centro de Estudios Lingüísticos y Literarios de El Colegio de México. Maestra en literatura mexicana por el Instituto de Investigaciones Lingüístico-Literarias de la Universidad Veracruzana y maestra en literatura hispánica por el Centro de Estudios Lingüísticos y Literarios de El Colegio de México. Licenciada en lengua y literatura hispánicas por la Facultad de Letras Españolas de la Universidad Veracruzana. Profesora de Tiempo Completo, titular "C", de la Universidad Pedagógica Nacional, Unidad 041, sede Campeche. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores (CONACYT), con nombramiento a partir del 1º de enero de 2016.

Según las costumbres del pays. Los primeros artículos de costumbres de Yucatán Al estudiar la construcción de las nacionalidades, Adrián Has-tings concluye que la forja de la "identidad nacional" se debe tanto a los gobernantes como a los escritores del país (2000, 131). En la península de Yucatán, a mediados del siglo XIX, los escritores yucatecos, dirigidos por Justo Sierra O'Reilly, iniciaron el desarrollo de una literatura propia que respondía a un proyecto de identidad cultural, social y política. La Península, como bien afirma Arturo Taracena, "se escribía no sólo como relato histórico-geográfico, sino también como relato literario que buscaba magnificar el comportamiento y las aspiraciones de una elite dirigente" (2007, 36). Justo Sierra O'Reilly contribuyó a crear ese relato literario, en el que se delinea una imagen de la sociedad y cultura yucateca desde la mirada del grupo en el poder. Esos esbozos de una literatura propiamente yucateca los encontramos en los primeros periódicos literarios de la Península, editados por don Justo Sierra O'Reilly: el Museo Yucateco. Periódico Científico y Literario (18411842), impreso en la ciudad de Campeche por José María Peralta, y el Registro Yucateco (18454849), revista editada en Mérida, que retomó y amplió el proyecto cultural iniciado en 1841. A decir de Molina Solís, la labor periodística y literaria de los redactores del Museo Yucateco impactó de modo significativo en la sociedad de su tiempo; tanto es así que puede atribuírsele la formación de un carácter, de un estado de ánimo que se convirtió en rasgo distintivo de la identidad yucateca: Hablad de ruinas, de monumentos, de tradiciones, de historia de Yucatán, en presencia de cualquier yucateco inteligente, y veréis al punto cómo un destello de pasión cruza por sus ojos, cómo su sangre se enardece, su corazón se calienta y el interés y la animación se pintan en su semblante. No le es posible ser indiferente, ni aun cuando se trata de las novelas cuyos protagonistas resucitan los tipos de las edades pasadas, de nuestros empolvados pergaminos, de nuestras rancias costumbres. Ese estado de ánimo social es una creación de los redactores del Museo Yucateco (1898, 86). La empresa cultural del grupo de intelectuales redactores del Museo Yucateco no sólo significó un importante avance para el desarrollo de la literatura en Yucatán, sino que trascendió el ámbito de lo literario y alcanzó el terreno de lo social y político. Esta primera revista literaria de Yucatán fue suspendida por razones de carácter político en 1842. Pero Sierra O'Reilly retomó el proyecto años más tarde y de manera más consistente con la publicación del Registro Yucateco. A la columna de redactores del Museo Yucateco -a saber, Justo Sierra O'Reilly, Vicente Calero y Manuel Barbachano y Terrazas- se unieron para la elaboración del Registro Yucateco: Juan Pío Pérez, Fray Estanislao Carrillo, Géronimo del Castillo Lenard, Mariano Trujillo, José Joaquín de Torres, Rafael Carvajal, Dionisio Alcalá Galiano, Antonio García Gutiérrez, entre otros. En esa ocasión, los hombres de letras convocados por Sierra O'Reilly para formar parte de su empresa periodística, adoptaron un nombre que los definía como una asociación: Sociedad de Amigos; este grupo de letrados yucatecos continuó y desarrolló la empresa literaria iniciada en 1841. Molina Solís describió con precisión el espíritu que animaba a los integrantes de la Sociedad de Amigos, y el hondo sentido social de su labor periodística: Al leerlos siente uno y como que oye y escucha palpitar los corazones de aquellos hombres de virilidad lozana, de plenitud de vida, que han sabido trabajar esforzadamente por el mejoramiento intelectual del país. Ambicionaban la gloria y la alcanzaron, decretada por una inmensa aclamación popular (Molina 1898, 87). Si bien es cierto que durante el siglo xix, en todo el país, las ideas literarias estaban profundamente comprometidas con las circunstancias sociales y políticas, es posible reconocer en la literatura peninsular que se gestó en las páginas de estas dos primeras revistas literarias, un relato que se singulariza respecto del nacional mexicano. La empresa literaria y cultural de estas publicaciones yucatecas no es simple emulación de aquella iniciada por los intelectuales del centro del país; es decir, se trató de un proyecto cultural que adoptó los mismos lineamientos estéticos planteados por los escritores mexicanos de la Academia de Letrán, pero con el fin de forjar o "reinventar" -de acuerdo con Arturo Taracena- una identidad regional que ponderaba la excepcionalidad del pueblo yucateco. Ese "regionalismo exaltado" se puede entender mejor a la luz de las circunstancias sociales y políticas excepcionales por las que atravesaba la península de Yucatán. Mónica Mansour, ha explicado que existe una estrecha correspondencia entre el grado de manifestación de la identidad regional en la literatura mexicana y los sucesos políticos o sociales: las identidades regionales o locales suelen permanecer en estado latente siempre y cuando no exista ningún riesgo, ninguna amenaza en su contra. En el momento en que surge algún peligro para su unidad y diferencia, sin mayor transición, los valores regionales se manifiestan a veces hasta con exageración y exaltación, y dejan latentes los valores nacionales más globales y más ficticios (1999, 36-37). Durante el tiempo que circuló el Museo Yucateco, 1841-1842, la Península se encontraba inmersa en un intenso conflicto político, era el tiempo del llamado "separatismo yucateco". Justo Flores contextualiza el separatismo yucateco en su dimensión política o social; sintetiza los vaivenes políticos que sufría Yucatán en los momentos previos a la aparición del Museo Yucateco: De 1840 a 1841, el poder legislativo yucateco discutió asuntos relativos a la forma de integración de Yucatán a México. Al romper con el gobierno mexicano, las autoridades yucatecas buscaban renegociar el pacto de unión y el reconocimiento de la excepcionalidad, es decir, si no podían implantar el federalismo en la nación, tratarían de obtener privilegios y ser un estado excepcional dentro del sistema central mexicano (2013, 163). Según lo expuesto por el mismo Flores, existía una notoria preocupación de la sociedad yucateca, al menos de la élite política, por negociar la reintegración de Yucatán a México, siempre y cuando se "reconociera su excepcionalidad". Pero esta circunstancia no contraviene que en el ámbito de la literatura de la época, en especial la de corte costumbrista -una literatura creada por los mismos actores políticos yucatecos- se modele una imagen de Yucatán que expone la exaltación de los valores regionales por encima de los nacionales mexicanos. Los intelectuales yucatecos, liderados por Sierra O'Reilly, en plena efervescencia del separatismo político de la Península, emprendieron la labor de originar una literatura yucateca. Es decir, el programa editorial de las dos revistas literarias dirigidas por Sierra O'Reilly -el Museo Yucateco y el Registro Yucateco- se encamina hacia la construcción de una "literatura propia", y esta intención, de acuerdo con los planteamientos de Adrián Hastings, constituye una de las condiciones necesarias para la consolidación de la autonomía política, y para la construcción de una identidad nacional.' Aun cuando los editores del Museo Yucateco, en la "Introducción" firmada por Vicente Calero, aseguraban que no tratarían temas de política, su proyecto editorial entrañaba un fin extraliterario que se vincula con el ámbito político y social de su época. En esa misma "Introducción" se expresa el concepto de literatura que determinó el contenido de la revista; un concepto amplio que enfatiza la "utilidad" social de la literatura: Si el arreglo de nuestras ideas y la buena manera de expresar nuestros pensamientos fuera cosa de poquísima importancia, nosotros' convendríamos [...] en que se desterrasen los principios, los deseos y la marcha que se notan en una sociedad culta; pero no es así, pues los mismos que con más ardor atacan la literatura, porque no conocen su mérito, se esfuerzan con mucha necedad en mostrarse correctos en su estilo, elocuentes en sus discursos (Museo 1841, 1). Cuando los editores afirman que el arreglo de las ideas y la buena manera de expresar los pensamientos es una cualidad que distingue el quehacer literario dan cuenta de la amplitud del concepto de literatura, el cual comprendía casi todo lo "bellamente" escrito. En la "Introducción" del primer tomo del Registro, quienes antes fueran redactores y editores del Museo Yucateco expresan de forma más directa la idea horaciana de mezclar lo "útil con lo bello", que fue el criterio de selección del contenido literario de las dos revistas: Así es que las ciencias y la literatura, haciendo causa común, han marchado unidas por las innumerables sendas que abrió la imprenta a las mejoras sociales, llenando de este modo los deseos del hombre, que no halla completa satisfacción sino en la unión de lo útil y lo bello (Registro 1845, 7). En otro ensayo aparecido también en el Registro, titulado "Consideraciones sobre la situación y el porvenir de la literatura hispanoamericana", el escritor español Dionisio Alcalá Galiano subraya esa amplitud del campo literario: Según la clasificación de la misma escuela moderna a que pertenecemos, no habrá de entenderse por literatura tan sólo la poesía y las bellas letras, sino igualmente la historia, la metafísica, la crítica, la política teórica, y cuantos ramos en fin, hay del saber humano que no entren, como las matemáticas o la química, en la categoría de lo que suele denominarse ciencias exactas (Registro 1845, 60). Esta concepción de la literatura se relaciona con la influencia del naciente romanticismo, movimiento al cual se refiere el autor como la "escuela moderna". Sin embargo, las revistas de esa época solían presentar una suerte de eclecticismo estético; aunque por su novedad temática podían pasar por publicaciones de corte romántico, prevalecía en ellas una fuerte contención neoclásica. En el Museo Yucateco, como en el Registro Yucateco, conviven lo neoclásico y el floreciente romanticismo; el estudio de lo antiguo y de lo moderno se mezclan en sus páginas para forjar una identidad literaria que busca trascender hacia el ámbito de lo social. Este rasgo se anuncia desde la introducción al periódico: Homero no tuvo necesidad de las reglas de Aristóteles para ser un gran poeta, ni Cicerón de los principios de Quintiliano para ser el maestro de la oratoria universal. Mas ahora preciso es que el estudio de las obras clásicas, así antiguas como modernas, se una a la meditación de las costumbres de la época, porque al fin cada uno piensa según el siglo que vive (Museo 1845, 1) (Las cursivas son mías). El fin didáctico de la literatura decimonónica puede apreciarse, de manera especial, en un género que proliferó en las revistas de la época: los artículos de costumbres y literarios. En el Museo Yucateco y en el Registro Yucateco se encuentran los tempranos y valiosos textos que inauguraron ese género en la Península. En la elaboración del "relato literario" peninsular, supeditado a las pretensiones sociales y políticas de la elite letrada, a la que pertenecía Sierra O'Reilly, tuvieron especial relevancia los artículos o cuadros de costumbres. En Yucatán, como en el centro del país, estos géneros de literatura costumbrista fueron medios idóneos para fijar en los lectores el imaginario cultural que se pretendía definir de acuerdo con los intereses sociales y políticos de la "ciudad letrada" yucateca. En forma de cuadros, tipos o escenas pintorescas, con tono ligero, ameno o lúdico, los escritores yucatecos delinearon una imagen singular de su sociedad, se pintaron a sí mismos.

Los yucatecos pintados por sí mismos. Artículos de costumbres de Yucatán en el siglo XIX

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