No tiene artículos en su carrito de compras.

Total: MXN$0
Libros UNAM

Los territorios de Lara Zavala

Los territorios de Lara Zavala

 

ISBN: 9786073009768

Autor(es): Lara Zavala, Hernán / Campos, Marco Antonio (presentación)

Editor/Coeditor/Dependencia Participante: Dirección General de Publicaciones / Dirección de Literatura

Formato: Libro Impreso

Disponibilidad: En existencias

Special Price MXN$175

Precio Habitual: MXN$250

ISBN/ISSN 9786073009768
Entidad Académica Dirección General de Publicaciones
Edición o Número de Reimpresión 1a edición, año de edición -2018-
Tema Audio y video
Colaborador Dirección de Literatura
Número de páginas 64
Tamaño 13.5 x 13.5 x 1
Terminado o acabado pasta dura
Idioma Español

Detalles

La voz de Hernán Lara Zavala está en el CD titulado Los territorios de Lara Zavala que incluye secciones de De Zitilchen, El mismo cielo y Después del amor y otros cuentos. La presentación, en el cuadernillo que acompaña al disco, es de Marco Antonio Campos.

Lara Zavala, Hernán

Es autor de varios libros por los cuales ha obtenido varios premios y distinciones entre los que se encuentran el Premio Latinoamericano de Narrativa Colima por obra publicada con su libro El mismo cielo (1987) y el Premio Nacional de Literatura José Fuentes Mares que otorga la Universidad de Ciudad Juárez por su libro Después del amor otros cuentos (1995). Alfaguara publicó hace diez años (2008) su novela Península, Península la cual le valió que le concedieran el Premio Iberoamericano de Novela "Elena Poniatowska" 2009 y el Premio Real Academia Española 2010; en agosto de 2015 recibió un doctorado Honoris Causa por la Universidad Autónoma de Campeche.

Campos, Marco Antonio (presentación)

Nació en la Ciudad de México el 23 de febrero de 1949. Poeta, narrador, ensayista y traductor. Ha publicado nueve libros de poesía, tres novelas, tres libros de cuentos, ocho libros de ensayo y cuatro de entrevistas. Ha traducido más de treinta libros de poesía, entre cuyos autores están Rimbaud, Baudelaire, Artaud, Trakl, Kunze, Ungaretti, Cardarelli, Saba, Quasimodo, Pavese, Drummond de Andrade y Nuno Júdice. Entre otros premios ha ganado en México el Xavier Villaurrutia (1992) y el Iberoamericano Ramón López
Velarde (2010), en España el Casa de América (2005) y el Ciudad de Melilla (2009) y en Quebec el Levres Urbaines (2014). Es investigador del Centro de Estudios Literarios del Instituto de Filológicas de la UNAM.

HERNÁN LARA ZAVALA O LA HOGUERA DE LOS CUERPOS MARCO ANTONIO CAMPOS Cuando en 1981 Hernán Lara Zavala publicó De Zitilchén nos sorprendieron tres hechos que no son necesariamente concomitantes: Hernán publicaba su primer libro a los treinta y cinco años; las historias tenían como radio un pueblo imaginario del sureste, que bautizó para siempre como Zitilchén, y sobre todo, que en un pequeño bache del cuento mexicano aparecía un libro con un sabor peculiar y con un mundo y un color distintos. En años en que en nuestra narrativa era una moda y una costumbre tener como tema y escenario la Ciudad de México irrumpió un libro fresco y con olor a nuevo sobre un pueblo y el campo. Lara Zavala, dijimos, creó un pueblo imaginario que puede parecerse a un pueblo real de la península: mucho de Campeche, algo de Yucatán. Todos conocen su amplia y honda formación en lengua y literatura inglesas; esos nos hace decirnos que al escribir los cuentos pensaba menos en Macondo y Santa María, las creaciones urbanas de García Márquez y Onetti, que en Winesburg, Ohio, de Sherwood Anderson, y en Yoknapatawpha, el centro irradiador de la saga faulkneriana. Hasta principios del siglo XX las literaturas española y francesa eran el manantial a beberse entre nosotros; los ateneístas, encabezados en este renglón por Pedro Henríquez Urefia revelaron las profundidades y bellezas de la escrita en lengua inglesa; Lara Zavala es uno de los más claros herederos de aquella primera lección secular. Un pueblo latinoamericano puede representar en un tiempo sin fechas la repetición simbólica de todo pueblo latinoamericano en su primitiva y desigual estructura. Zitilchén lo encarna. En a unas cuantas familias preservan desesperadamente los apellidos y el estado de cosas, y una mayoría -indios mayas con un linaje tan antiguo como la tierra- sostiene, como infame mano de obra, la economía del pueblo en aserraderos, en apiarios, en campos henequeneros, en la siembra del maíz, en la explotación de chicle... Lara Zavala hace tan bien la descripción inhumana que nos parece antes el desarrollo de una anécdota literaria que una denuncia política. Todo es elemental y al mismo tiempo sorprendente: Lara Zavala observa personas, cosas, hechos y situaciones y los va presentando lentamente: desde la inocencia deslumbrada de los niños que descubren por primera vez la desnudez de una mujer rubia, la cual creen que es la misma Xtabay ("A la caza de iguanas") -que es el primer cuento seleccionado para este disco-, hasta la declinación y muerte de uno de los personajes importantes del pueblo, y de hecho, el pueblo mismo ("Legado"). Se hilvanan y deshilvanan las historias bajo la superficie de niebla de la vida diaria. Lúdicamente amador de las mujeres, afortunado con ellas, Lara Zavala es gran observador de los misterios y laberintos de su mentalidad y de su alma. De las ficciones más atractivas son aquellas donde la mujer es o parece una brasa ardiente: una mujer puede ser vista desnuda en el río por los tres niños, o vivir intensamente como lejanía inalcanzable en la imaginación de un viejo o de un forastero, o arder en la quemadura salvaje de los hermanos, o en la secreta pero desbordada actividad de un sacerdote. En esto hay una cercanía insistente, lo hayan influido o no, con Lawrence Durrell, Henry Miller y Juan García Ponce. Estilísticamente Lara Zavala busca lo estricto y su estilo tiene una propiedad que llamaríamos física: parece hecho con el cuerpo. Sin embargo hay dos cuentos en que la mujer no aparece y nos tocan especialmente: "Morris" y "Un lugar en el mundo". Son instantes límites de vidas que parecen más animales que humanas (o lo son). El final de "Morris" se detiene prodigiosamente en su ambigüedad. Si la presencia de la mujer en De Zitilchén era una hoguera mental y corporal, en El mismo cielo y Después del amor es una llama más intensa y despiadada. Lo que rodea lo llena de luz, pero si alcanza al hombre lo puede cegar o destruir, o puede cegarse o destruirse a sí misma. Eros se encuentra con frecuencia con Anteros, y a veces es vencido. A excepción de "Cogollito", las mujeres en los cuentos de El mismo cielo son la presencia axial. Eso, y que casi todas las historias suceden en ciudades europeas y asiáticas, da unidad al volumen. En quemantes atmósferas, como necesidad o juego diabólico, el hombre y la mujer se buscan, se encuentran, se desgarran, se rompen, vuelven a buscarse. Las historias pueden acontecer en cualquier lugar del mundo y en cualquier lugar del mundo el cielo es el mismo cielo del cual el hombre o la mujer pueden, en los momentos más críticos, descender al infierno: en Chicago, en París, en Poitiers, en Tokio, en ciudades inglesas, en ciudades del orbe ex socialista. La gran ciudad ausente en el libro, oh curiosidad, oh paradoja, es la Ciudad de México. Varios cuentos de El mismo cielo tienen el punto de vista de la mujer o de las mujeres: "El abrigo azul", "La corneta", "9 rue Arsne Orillard" y "Crucifixión". Los dos primeros, "El abrigo azul" y "La corneta" son la desolada relación del fracaso de la pareja vistos desde una mexicana y una catalana ricas. Es el compromiso amoroso pero también el psicológico y el social. La mujer se juega todo por un amor que acaso no valía tanto la pena. Sin embargo, la ruptura y el vacío interiores son el precio de la aventura. Pese a un exceso de detalles, las páginas de ambos son magistrales. Otros dos cuentos del libro me parecen admirablemente cerrados: uno, "Lejos, en invierno y de madrugada", una suerte de repetición desoladoramente triste de dos vidas en el tiempo con toda su soledad y vacío existenciales, y el otro, "Cogollito", relación alterada de una silenciosa venganza de guerra. En la narrativa mexicana, a falta de héroes en la historia contemporánea, los narradores han tratado de hacer con frecuencia de personajes de medianía personajes representativos: desde Revueltas, Arreola y Elena Garro, hasta narradores de la promoción de Lara Zavala, como Guillermo Samperio, Luis Arturo Ramos, Silvia Molina, Paco Ignacio Taibo II y David Ojeda. En "Lejos, en invierno y de madrugada" -d segundo cuento elegido para este disco-, el tío y el sobrino son figuras extremas del antihéroe, quienes se conforman, sin culpa ni desdicha, con el mínimo lugar que les es dado en el mundo y donde se sienten a gusto: un destino de espejos que se repite en ambos en los hábitos apagados de su vida diaria. En su tercer libro de cuentos, Después del amor, la mayoría de las ficciones, salvo quizá dos, tienen como escenario, en cambio, la Ciudad de México. Aquí Lara Zavala ha logrado un soberbio dominio estilístico, ya en la frase corta o larga, y en la utilización de una diversidad de puntos de vistas. Estos últimos, a veces, se mezclan en la narración para hacer más ágil y expectante la historia. Aún más: Lara Zavala, con cálculo y malicia va soltando, en líneas o entrelíneas, señales que develarán o revelarán al final la historia secreta que corre por debajo de la historia. La mayor destreza de Lara Zavala se da sobre todo en la creación de expectativas, en ese "afán de más" de que hablaba Federico Campbell, que nos va encaminando al desciframiento del enigma o a un final sorpresa. No hay casi cuento de este libro -de buen número de su obra-, aun los que puedan parecer banales, que no leamos con las garras de la angustia en la garganta. En Después del amor, ante todo, son parejas de clase media, cuyas historias terminan en la incomunicación o en la insatisfacción, o en algún caso, en la desesperación o el delirio ("El desesperado", "El puerto paralelo"). Aún hay un cuento, "Las hermanas", uno de los mejores, en que a una adolescente no le importa perder la virginidad sólo por creer que ha triunfado sobre la hermana mayor. Otros, muy bien llevados narrativamente, como "El dilema de Genoveva Montanaro", tratan de la mujer quien descubre que el marido es homosexual y acaba de pareja de un macho pedestre y barato, pero que la enloquece en la cama, o como "La chica de Newton", que es la historia de una hija única de ricos, con novio asegurado, ligera y espléndida, que cambia el color del vestido según se suceden secretamente los amantes, y a veces no tan secretamente, hasta que llega el vestido blanco. El tercer cuento que elige Lara Zavala para esta selección del disco, "Las cuatro heridas", tiene una doble significación: son heridas sufridas por cuatro mujeres o son en general cuatro mujeres heridas. Son mujeres mexicanas de belleza singular, de cuatro épocas distintas y distintivas, que se rebelaron contra el dominio masculino, o al menos, anhelaron más libertad, pero quienes, más temprano que tarde, fueron marginadas o las alcanzó una muerte prematura: Malitzin (la conquista), Sor Juana (la segunda mitad del siglo XVI colonial), la "Güera" Rodríguez (los años de la guerra de independencia y los primeros lustros del México independiente) y Frida Kahlo (el primer medio siglo XX). Todas, salvo Sor Juana, fueron amantes o esposas de hombres decisivos de nuestra historia: Hernán Cortés, Agustín de Iturbide y Diego Rivera. Lara Zavala es autor también, entre otras narraciones, de dos novelas que tienen como escenario Yucatán, las cuales son tan notables como sus cuentos: Charras (1990), acerca de un líder estudiantil sindical (Efraín Calderón Lara), secuestrado y asesinado en 1974 por orden del gobernador Carlos Loret de Mola Mediz, quien primero trató de cooptarlo, y Península, Península (2008), intensa y emotiva relación de la guerra de castas, que estuvieron a un tris de ganar en 1848 los mayas yucatecos a los criollos y mestizos, guerra que se prolongó medio siglo, hasta que fueron reducidos en 1901 por el ejército porfirista. Lara Zavala también ha trabajado con amenidad y conocimiento la crónica y el ensayo. En 1981 empecé a leer su narrativa. Confieso que al releerla lo hago con el mismo interés, a menudo apasionado, de aquel entonces. Hernán Lara Zavala es un narrador tan notable que puede prescindir de los fuegos de artificio de la propaganda y del aplauso de críticos que creen pontificar y mandar al infierno de la nada a escritores muy superiores a ellos. Una decena de sus cuentos se ubican sin duda entre los mejores que se han escrito en las últimas décadas en nuestro país. Con el tiempo los árboles se ven mejor en el bosque.

Los territorios de Lara Zavala

MXN

MXN$250

0