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Libros UNAM

Lo interior afuera. Béla Tarr. Jacques Lacan y la mirada

Lo interior afuera. Béla Tarr. Jacques Lacan y la mirada

 

ISBN: 9786070287985

Autor(es): Bernhard Hetzenauer / Béla Tarr

Editor/Coeditor/Dependencia Participante: Dirección General de Actividades Cinematográficas / Secretaría de Cultura / Cineteca Nacional

Formato: Libro Impreso

Disponibilidad: En existencias

Special Price MXN$161

Precio Habitual: MXN$230

ISBN/ISSN 9786070287985
Entidad Académica Dirección General de Actividades Cinematográficas
Edición o Número de Reimpresión 1a edición, año de edición -2016-
Tema Cine y filosofía
Coedición Secretaría de Cultura, Cineteca Nacional
Número de páginas 142
Tamaño 21 x 15 x 1
Terminado o acabado rústico
Contenido 9 Prólogo: Andreas Ilg
19 Not a real film-maker

La mirada en Jacques Lacan
33 El sujeto del inconsciente
38 La pulsión escópica
42 La pantalla

La mirada en Béla Tarr
49 Y la lluvia sigue
6o Espacios, marcos y ventanas
90 El punto de sutura

Lo interior afuera

109 Todo está dentro de nosotros, nada está afuera
Epílogo de Michael Pilz

115 Bibliografía
121 Fuentes de internet
124 Películas
125 Imágenes
126 Citas/notas
140 Agradecimientos

Detalles

La sutil manera en que Bernhard Hetzenauer explora la mirada en el cine de Béla Tarr, apoyándose hábilmente en la teoría psicoanalítica y sirviéndose tanto de su propia mirada crítica de cineasta como de una pluma ensayística, hace de su libro una obra que, en palabras de Walter Benjamin, es capaz de suscitar sorpresa y reflexión.
Dr. Andreas II.g

Bernhard Hetzenauer

Nació en 1981 en Innsbruck, Austria. Es director de cine, fotógrafo y escritor. Estudió escenografía, terapia Gestalt y cine en Nueva York, Viena, Quito, Buenos Aires y Hamburgo, con Wim Wenders y Pepe Danquart entre otros. Su largometraje documental, Y en el centro de la Tierra había fuego, se estrenó en la Cineteca Nacional de México.

Béla Tarr

Nació en 1955 en Pecs, Hungría, y recibió múltiples premios y reconocimientos internacionales. Su más reciente película, El caballo de Turín, recibió el Oso de Plata en el Festival Internacional de Cine de Berlín en 2011. Durante varios años Tarr fue profesor en la Deutsche Filmund Fernsehakademie Berlin (Academia Alemana de Cine y Televisión en Berlín) y hace pocos años fundó la Film Factory en Sarajevo, Bosnia.
La base de este libro forma la tesis de maestría del autor, realizada en el área de cine de la Universidad de Bellas Artes de Hamburgo HFBK, bajo la tutoría de Hanne Loreck, Pepe Danquart, Monika Zenaty y Gerhard Zenaty.

Prólogo De adolescente, cuando viajaba en tren y miraba por la ventana, me venía seguido el pensamiento de que mi mirada era atrapada por los objetos que a cierta distancia o cierta cercanía pasaban afuera. De este modo me explicaba el movimiento ocular rápido y discontinuo y la sensación de que sólo "perdida" la mirada se mantenía "flotante". Es cierto que podía fijar mi atención y focalizar un objeto, recobrando entonces la ilusión de que yo era el sujeto de mi mirada, pero el golpeteo ocular ín staccato me daba la impresión de estar desposeído de mi mirada -o poseído por una mirada que ya no era la mía. Al mismo tiempo se desdibujaba la sensación de un adentro del vagón claramente diferenciado de un afuera. Y se confundían incluso lo próximo y lo lejano. Yo estaba ahí, en esta mirada que ya no estaba ni aquí ni allá, ni próxima ni distante, ni con los objetos ni conmigo, sino en un espacio "entre" que se expandía infinitamente. Entonces se apoderó de mí una urgencia de moverme, moverme con todo el cuerpo, como un estremecimiento que apremiaba con un cambio de lugar inaplazable. La sutil manera en que Bernhard Hetzenauer explora la mirada en el cine de Béla Tarr, apoyándose hábilmente en la teoría psicoanalítica y sirviéndose tanto de su propia mirada crítica de cineasta como de una pluma ensayística, hace de su libro una obra que, en palabras de Walter Benjamin, es capaz de suscitar sorpresa y reflexión. La anécdota de la experiencia de viaje en el tren, basada en un recuerdo que surgió durante la lectura de Lo interior afuera, es tan sólo un ejemplo de ello. Con el fin de escribir este prólogo hemos hecho una suerte de trabajo en equipo que otro gran cineasta y teórico, Alexander Kluge, ha considerado característica también de su obra literaria. El recorrido que aquí sigue será reflejo de una variedad de ideas que Bernhard ha sido capaz de suscitar en su libro. En la pelicula Satantango de Béla Tarr, película amplia y perspicazmente comentada por Bernhard Hetzenauer, hay una escena en la que la pequeña Estike, tras haber matado a su gato con veneno para ratas, camina con el animal tieso bajo el brazo por un camino que ha ablandado la incesante lluvia. Atraviesa un desolado campo con unos cuantos encinos deshojados. Sopla el viento. La mirada de Estike está perdida. Los ojos de un rostro inmóvil ven hacia adentro, y casi, podría decirse, escuchan el soplo del viento en el interior de su cuerpo. Es un viento helado que atraviesa una tierra baldía. Un viento sin esperanza, en contrapunto con el paso regular de Estike. Es una marcha automática, casi decidida, si no fuera por la impresión de un cuerpo arrastrado hacia un destino inevitable. Sabemos que el lugar al que arriba es una ruina que conjuga el mundo exterior con un espacio interno, que junta un pasado decadente con un porvenir sin esperanza. Allí, Estike se quitará la vida. La escena de la caminata dura aproximadamente tres minutos, durante los cuales el espectador tiene tiempo para ver y leer cada detalle, estudiar y dejarse punzar (en alusión a Roland Barthes) por la mirada perdida de Estike, una mirada que, en palabras de Bernhard Hetzenauer, a causa del passage á l'acte de matar al gato, se desdobla en la mirada de una víctima y en la del victimario.Y "gracias a esa mirada finalmente reconoce la catástrofe de la comunidad del pueblo" (69). Más tarde será Irimiás, el profeta, quien en la ruina se hincará como si quisiera rendirle respeto a este último acto, con el cual Estike trató de "liberarse de la intolerable red de la repetición" (p. 69). Como todos los personajes de la película, ella también espera "algún pequeño gesto de reconocimiento, que nunca se da". Hetzenauer comenta que este gesto no aparece, "porque -como escribe Lacan- 'nunca me miras desde donde te ved" (p. 65). Hemos llegado, pues, al tema central del libro: Béla Tarr, Jacques Lacan y la mirada. Aquí es la mirada del otro, esa mirada que constituye al ser como un ser con y por el otro, que requiere de este gesto de reconocimiento de su existencia. Pero, en relación con el sujeto, también es una mirada que no coincide con lo que ve. Lo que Lacan plantea es constitutivo de toda mirada, una suerte de extrañeza y una forma de incógnita que tiene que ver con la mirada como "objeto a". Hetzenauer relata una anécdota narrada por Lacan en su seminario sobre Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis. Se trata de un viaje a sus 20 años "en un pequeño barco con unas pocas personas que eran miembros de una familia de pescadores de un pequeño puerto". Entre estas personas se encontraba un tal "Petit-Jean" que dirigía la mirada de Lacan hacia un objeto resplandeciente que flotaba en la superficie de las olas, diciéndole "¿Ves la lata? ¿La ves? Pues bien, ¡ella no te ve!" Lo que a "Petit-Jean" le pareció gracioso, para Lacan se volvió una enseñanza: si esta lata efectivamente no lo ve, es porque lo mira (Lacan, p. 102, s.; Hetzenauer, p. 32, s.). Esta mirada produce un cuadro en el cual Lacan se imagina como "mancha", "mancha extraña" entre estas personas. La mirada del objeto era entonces la que le permitía "verse verse", y dar cuenta de una "ilusión (...) en la que se elide la mirada" (Lacan, p. 91). Esta anécdota de Lacan aparece citada al comienzo del capítulo sobre "La pantalla" y se conjuga con un pasaje extraído de un texto de Slavoj Zizek, pasaje que enfoca lo que Lacan designa como "mancha", "mancha extraña", y que Hetzenauer cita al final del capítulo anterior sobre "La pulsión escópica". Según Zizek, se trata de una "mancha" que desdibuja la frontera entre el afuera y el adentro, frontera que "nos proporciona nuestra sensación de seguridad". Zizek evoca el viaje en automóvil o en tren o estando en casa cuando se observa una tormenta en el exterior, y dice: "aunque estamos muy cerca de la 'cosa real', la ventana actúa como una pantalla que nos protege del contacto inmediato." Sin embargo, plantea Zizek, "la intrusión de una mancha destruye esta distancia segura: el campo visual es invadido por un elemento que no pertenece a la realidad diegética, y nos vemos obligados a aceptar que la mancha punzante que perturba la claridad de nuestra visión es parte de nuestro ojo, y no parte de la realidad que miramos". (Zizek, p. 175; Hetzenauer, p. 30). En la anécdota de mi experiencia en el tren, el desdibujamiento de "la frontera entre el afuera y el adentro" no sólo se debe a que esta mancha punzante sea "parte de nuestro ojo", como dice Zizek, es decir, una suerte de "escotoma" o "punto ciego", sino a que también forma parte de lo que es ajeno a nosotros. Los objetos que supongo ver en un afuera allende la ventana, ya no son tan sólo objetos de mi mirada sino que la extrañan en el sentido de una pérdida de propiedad, fenómeno que coincide con la experiencia adolescente de la sensación de que la mirada ya no me pertenecía.

Lo interior afuera. Béla Tarr. Jacques Lacan y la mirada

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