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Libros UNAM

Las artes y la filosofía

Las artes y la filosofía

 

ISBN: 9786070284274

Autor(es): Alcaraz, María José / Bertinetto, Alessandro

Editor/Coeditor/Dependencia Participante: Instituto de Investigaciones Filosóficas

Formato: Libro Impreso

Disponibilidad: En existencias

MXN$385
ISBN/ISSN 9786070284274
Entidad Académica Instituto de Investigaciones Filosóficas
Edición o Número de Reimpresión 1a edición, año de edición -2016-
Tema Arte
Número de páginas 512
Tamaño 21.5 x 14 x 3
Terminado o acabado rústico
Idioma Español
Contenido Introducción, María José Alcaraz y Alessandro Bertinetto; María José Alcaraz, El arte de ver-en: reflexiones sobre la naturaleza de la pintura; Francisca Pérez-Carreño, La escultura. Un arte del espacio; Remei Capdevila Werning, La dimensión estética de la arquitectura; Alessandro Bertinetto, El arte de los sonidos. Reflexiones sobre significado y expresividad de la música; Inma Álvarez, El cuerpo en movimiento: aspectos de la identidad y la evaluación de la danza; Matilde Carrasco Barranco, Naturaleza y valor de la literatura; Salvador Rubio, Fotografía y filosofía: reflexiones en torno al significado fotográfico; Gabriel Ródenas, Cine y filosofía: notas para una filosofía en imágenes; Marta Tafalla, Belleza natural. La estética más allá del arte.

Detalles

Las artes y la filosofía aspira a ofrecer una perspectiva sobre las artes que, además de ahondar en los problemas filosóficos planteados en el seno mismo de las actividades artísticas, enfoque filosóficamente aspectos que definen la especificidad de cada una de esas prácticas. Los capítulos que componen este volumen abordan problemas filosóficos propios de las distintas artes con el fin de dar una visión rigurosa sobre límites que acotan no tanto el arte como categoría general, sino los ámbitos de lo pictórico, lo escultórico, lo literario, lo musical, etc. De ahí que el interés de estos trabajos supere la curiosidad filosófica y alcance también el ámbito de la reflexión que a menudo surge en torno a la práctica artística propiamente dicha.

Alcaraz, María José

Es licenciada y doctora en filosofía por la Universidad de Murcia, donde también es profesora. Es especialista en estética y teoría de las artes, su trabajo se ha centrado en abordar cuestiones relativas a las emociones que causan las obras de arte en la población y, especialmente, emociones "problemáticas o contrarias a las emociones que podríamos sentir en la vida real". En 2012 obtuvo el Premio Jóvenes Investigadores de la Región de Murcia por la Fundación Séneca en 2012.

Bertinetto, Alessandro

Es profesor asociado de filosofía teórica en la Universidad de Turín. Obtuvo el doctorado en filosofía por la Universidad de Padua. Ha sido becario de las universidades de Heidelberg, Múnich, Viena, Autónoma de Madrid y Murcia. Ha sido profesor visitante en las universidades Complutense de Madrid, Murcia, Valencia, FU Berlín y en las de Luxemburgo y Toulouse. Ha sido becario Alexander von Humboldt en la FU Berlín y profesor asistente de estética en la Universidad de Udine, Italia. Es miembro de comité ejecutivo de la Sociedad Europea de Estética y del comité científico del Coloquio Internacional Evian de Filosofía.

DILUCIDAR LA NATURALEZA del arte ha constituido, junto con la reflexión sobre la belleza, uno de los problemas centrales de la disciplina estética desde su nacimiento. Ya en el siglo xviii, el Abad Batteaux trataba de unificar todas las artes bajo el principio común de "la imitación de lo bello en la naturaleza". Pronto resultó evidente que dicho principio, y quizá cualquier otro, era problemático y que prometía una unicidad difícilmente alcanzable cuando se trataba de reunir objetos tan dispares como un poema, una danza, un puente o una pintura. La imitación, fuera de lo bello o de lo anodino, resultaba inadecuada para caracterizar la música (especialmente lo que ha llegado a conocerse como música pura o "absoluta") o la arquitectura. Y, sin embargo, el arraigo del concepto de mimesis facilitó que algunas artes que se consolidaron entre los siglos xviii y xix, por ejemplo, la danza, trataran de asimilar el principio imitativo como carta de legitimidad de su estatus artístico. La idea del arte como imitación fue sustituida por una concepción expresiva del arte a partir de la lectura romántica de Hegel. No toda obra de arte es imitación pero, prometía la concepción romántica, toda producción artística expresa un contenido espiritual. Aunque la música halló en esta concepción un entorno favorable, ésta pronto se volvió insuficiente como definición de lo artístico. Si entendemos la noción de expresión en un sentido muy amplio, no sólo el arte es expresivo. Y si adoptamos una noción más restringida, esa concepción resulta inadecuada para delimitar el territorio de lo artístico, pues no es evidente que toda obra de arte sea expresiva en un sentido sustancial del término; basta con pensar en las obras de arte producto de un encargo o en objetos artísticos cuyo carácter expresivo no sea esencial a su estatus artístico como, por ejemplo, una obra arquitectónica de carácter predominantemente funcional. El debate sobre la definición de lo artístico ha llegado, así, hasta nuestros días, no sin antes gozar de una promesa de felicidad en la concepción estética del arte, de raíces kantianas pero desarrollada en diferentes direcciones durante el primer cuarto del siglo xx. La experiencia estética o el valor estético parecía no sólo proporcionar un rasgo común de lo artístico, sino una explicación del valor artístico y una justificación de la idea de la autonomía del arte. Sin embargo, el desarrollo del arte a partir de los años 1960 (y aun antes, de manera muy evidente con la aparición del ready-made durante la vanguardia clásica) hizo posible que arte e indiferencia estética pudieran coexistir, y frustró las expectativas de una caracterización estética del arte. Desde entonces, la estética contemporánea no ha dejado de enfrentarse al problema, agudizado por la inclusión de obras que tienen por horizonte la negación de cualquier definición del arte asentada, de proporcionar una caracterización de lo artístico. En la segunda mitad del siglo xx, algunos filósofos del arte inspirados en la obra de Ludwig Wittgenstein rechazaron la pregunta misma por la definición del arte y defendieron el carácter "abierto" del concepto de arte. Tratar de hallar una propiedad o un conjunto de propiedades que todas y sólo las obras de arte compartan es un empeño irrealizable. La propia naturaleza abierta del concepto de arte conlleva esta imposibilidad de proporcionar una definición de lo artístico. Ello no implica que no podamos identificar, apreciar y valorar el arte. Podemos realizar estas actividades perfectamente porque lo que nos permite identificar algo como arte no es que posea una determinada propiedad sino, según ciertos filósofos wittgensteinianos, que reconozcamos un cierto "aire de familia" entre los objetos, actividades, etc., que tradicionalmente identificamos como arte y las nuevas obras que se proponen para nuestra apreciación. El recurso neowittgensteiniano de solucionar el problema abandonándolo, o señalando que es un falso problema, se vio contrarrestado por una creciente producción teórica que retomó con energía la cuestión de la definición del arte. La teoría del arte como "significado encarnado" de Arthur C. Danto, la teoría institucional de George Dickie, la teoría histórico-funcionalista de Robert Stecker, o la teoría intencional-histórica de Jerrold Levinson son sólo algunas de las propuestas que han trazado el debate sobre el arte a finales del siglo xx, en el marco de la estética analítica angloamericana. La centralidad del debate sobre la naturaleza de lo artístico y el afán de proporcionar una caracterización comprehensiva del arte ha ensombrecido hasta cierto punto la importancia de otros problemas filosóficos que surgen en el seno de las artes y que han determinado, en algunos casos, la propia evolución de las prácticas artísticas. La preocupación por lo artístico en general ha restado, así, centralidad a la exploración de lo específico de cada una de las artes; y, sin embargo, los problemas filosóficos sobre la naturaleza de la pintura, la literatura, la arquitectura, la danza, o la música tienen, si cabe, una historia más longeva que la historia del problema de la definición del arte. La naturaleza de la música ya era objeto de discusión entre los griegos de los siglos iv y ni a.C. Los problemas relacionados con la arquitectura se encontraban ya recogidos en los Diez Libros de Arquitectura de Vitruvio (siglo I a.C.) y las discusiones filosóficas sobre el carácter mimético de las artes plásticas alimentaban el rechazo platónico. Existe, pues, una tradición de discusión filosófica en torno a las artes que la preocupación por la cuestión del arte en general en cierto modo ha eclipsado, excepto quizá en las últimas décadas en que las cuestiones de estética de la música han tenido un desarrollo notable. Las artes y la filoso fía surge así con el ánimo de ofrecer una perspectiva filosófica sobre las artes que, evitando el debate general acerca de la naturaleza de lo artístico, ahonde en los problemas de índole filosófica que se han planteado en el seno mismo de las actividades artísticas. Así, el interés que ha motivado esta compilación es ofrecer una aproximación filosófica sobre los problemas y aspectos que definen la especificidad de cada una de las prácticas artísticas. Los capítulos que lo componen abordan los problemas filosóficos que acompañan a cada una de las artes con el fin de ofrecer una visión rigurosa sobre algunos de los límites que acotan no tanto el arte como categoría general sino los ámbitos de lo pictórico, lo escultórico, lo literario, lo musical, etc. De ahí que el interés de estos trabajos supere la curiosidad filosófica y alcance también el ámbito de la reflexión que a menudo surge en torno a la práctica artística propiamente dicha. No es por ello infrecuente encontrar cómo los problemas que definen a cada una de las artes, así como las soluciones teóricas que se plantean en torno a su naturaleza, tienen una contrapartida en la evolución misma de la práctica en cuestión y se han encarnado en los movimientos que han conformado su historia.

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