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Libros UNAM

La metrópoli viciosa: alcohol, crimen y bajos fondos

La metrópoli viciosa: alcohol, crimen y bajos fondos

 

ISBN: 9786073013376

Autor(es): Rojas Sosa, Odette María

Editor/Coeditor/Dependencia Participante: Coordinación de Estudios de Posgrado

Formato: Libro Impreso

Disponibilidad: En existencias

Special Price MXN$364

Precio Habitual: MXN$520

ISBN/ISSN 9786073013376
Entidad Académica Coordinación de Estudios de Posgrado
Edición o Número de Reimpresión 1a edición, año de edición -2019-
Tema Sociología
Número de páginas 376
Tamaño 21 x 14 x 2.3
Terminado o acabado rústico
Idioma Español

Detalles

Desde tiempos antiguos se ha vinculado el consumo de alcohol con el vicio y los delitos de sangre. Este trabajo analiza las visiones de especialistas -criminólogos y médicos- y de los gobiernos posrevolucionarios, así como aquellas que se plasmaron en el cine, la literatura y algunas publicaciones periódicas, alrededor de las prácticas etílicas, el crimen y los bajos fondos en la Ciudad de México. También se examina el desarrollo de la campaña antialcohólica auspiciada por las autoridades entre 1929 y 1946. Por último, se revisan expedientes de los procesos judiciales por riña en los que se vieron involucradas personas en estado de ebriedad. El análisis de estos temas resulta pertinente para contextualizar el debate actual en torno a la problemática del consumo de sustancias como el alcohol y las drogas, su control y su relación con la criminalidad.

Rojas Sosa, Odette María

Licenciada en Historia por la Universidad Iberoamericana y maestra y doctora en Historia por la Universidad Nacional Autónoma de México. Ha publicado artículos en las revistas Historia y Grafía, Estudios de Historia Novohispana, e Historias e Iter Criminis. Ha participado en obras colectivas como Vicio, prostitución y delito. Mujeres transgresoras en los siglos XIX y XX, coordinado por Elisa Speckman Guerra y Fabiola Bailan Vásquez (UNAM-IIH, 2016). Es autora de las obras Instituto Nacional de Ciencias Penales, 40 años de historia (Instituto Nacional de Ciencias Penales, 2016); El caso de Joaquín Dongo. Ciudad de México, 1789: un acercamiento a la administración de justicia criminal novohispana (Ubijus, 2017); y Retrato del artista decadente (Siglo XXI / UNAM / El Colegio de Sinaloa, 2017).

Odette Rojas Sosa invita a sus lectores a conocer la metrópoli viciosa y los conduce en un recorrido por los bajos fondos. Su geografía del vicio les permite conocer la ubicación de los locales, su aspecto y a sus moradores. Durante la noche, el consumo de alcohol, los vicios, la amoralidad y la criminalidad se asociaban a los cabarets y a los salones de baile, caracterizados por la música, los espectáculos y las variedades. Durante el día se les vinculaba a cantinas y pulquerías, centros de sociabilidad de hombres y mujeres que gastaban gran parte de su tiempo en las áreas comunes de la vecindad o en las calles del barrio. Sitios diversos entre sí, tan diversos como sus propietarios, sus cabareteras, sus meseras, sus parroquianos y, en general, la población de la capital del país. El acercamiento que la autora ofrece a la metrópoli viciosa es amplio, podría decir que también su acercamiento a las otras ciudades, viciosas o no, que integraban a la gran Ciudad de México, una mancha urbana en expansión, compleja, contradictoria, complementaria y plural. Una urbe que participaba de su época: del presidencialismo mexicano y la centralización política, del desarrollo económico acentuado pero desigual, del corporativismo social y el fomento a las instituciones públicas, del crecimiento y remozamiento urbano, del cuestionamiento a los valores tradicionales y de la creciente incorporación de las mujeres al ámbito público. Transitando entre el plano social y el ámbito cultural, Odette Rojas Sosa examina ideas, representaciones, temores, expectativas, fantasías y prejuicios de los habitantes de esa ciudad, quienes oscilaban entre la fascinación de la modernidad y los miedos que ésta despertaba. Preocupaban la transgresión femenina y el debilitamiento de las instituciones, como la Iglesia o la familia, que tradicionalmente habían controlado la moral y las costumbres. Preocupaba también el aumento de la criminalidad y la violencia. Estas preocupaciones, por la transgresión, la amoralidad o la delincuencia, se vinculaban, precisamente, con el consumo de alcohol, con la noche, con los centros nocturnos y con los expendios de bebidas embriagantes. La vinculación entre consumo de alcohol y otros vicios, la enfermedad física y mental, y la comisión de actos criminales, presente desde el siglo XIX, no solamente no perdió fuerza en las décadas de 1930 y 1940, sino que cobró brío y se actualizó con nuevos argumentos. También se puso al día el catálogo de los sitios considerados como propiciatorios del vicio, el pecado y el crimen: si en el siglo XIX las pulquerías encabezaban el listado -y, por ende, al consumo de alcohol por parte de sectores populares-, en el XX los centros nocturnos de espectáculo y bailes se colaron en los primeros lugares de la lista -eran frecuentados por públicos diversos, con lo cual el vínculo alcohol-vicio rebasó el nexo alcohol-miseria-. Odette Rojas Sosa analiza las continuidades y los cambios en los discursos que establecían un nexo alcohol-amoralidad-delito. Discursos en plural, pues presenta ideas y visiones de diversos sectores de la sociedad, como autoridades, médicos, criminólogos, literatos, guionistas, periodistas y caricaturistas. Se ocupa también de la repercusión de estas concepciones en políticas públicas -mostrando la creciente presencia del Estado en la regulación de las costumbres o el tono moralizante de regímenes postrevolucionarios-, en leyes -dirigidas a los establecimientos que vendían alcohol, pero también a quienes en estado de ebriedad cometían un delito- y prácticas -desde la implementación de las medidas por parte de los inspectores hasta el peso que los jueces concedía al consumo de alcohol-. En términos más amplios, estudia campañas -moralizantes y antialcohólicas- y regulaciones -de la venta de alcohol y de los cabarets, salones de baile, cantinas y pulquerías-, sin dejar de lado su implementación -considerando mediaciones y las resistencias- y las posturas de otros sectores de la sociedad. Su estudio inicia en 1929, año en que empieza la campaña antialcohólica nacional y que coincidió, no casualmente, con la expedición de un código penal que, por vez primera, sancionó el consumo de alcohol -cuando el consumidor lo hacía en la vía pública y era ebrio consuetudinario-. La investigación concluye en 1946, pues a partir de entonces el Estado relegó la lucha antialcohólica. Es importante señalar que este libro ayuda a cubrir una laguna historiográfica, pues existen pocas publicaciones sobre la historia de la criminalidad y la transgresión en esta época, un periodo que ha atraído la atención de los historiadores interesados en el ámbito político pero ha generado menos interés a los investigadores dedicados a la sociedad y la vida cotidiana. Su obra resulta también importante para los estudiosos del momento actual, pues permite entender problemas que no han perdido vigencia. Por último, puede trazar la ruta de otros trabajos históricos. Sirve como ejemplo del abordaje de temas sociales desde la perspectiva de la historia sociocultural, la cual admite la imposibilidad de entender las manifestaciones culturales sin atender al contexto histórico y la identidad de sus redactores, o bien, de comprender las acciones y resoluciones de los individuos sin tomar en cuenta su bagaje cultural. Además, parte de la importancia de estudiar la construcción cultural o la representación de los hechos sociales, suponiendo que solamente la suma de estas representaciones permite vislumbrar su complejidad. Por lo mismo, La metrópoli viciosa da cuenta de la multiplicación de inquietudes de investigación, temas, preguntas y fuentes que caracterizan a los estudios actuales sobre la criminalidad y el vicio. Está sustentada en un amplio cúmulo de documentos gubernamentales -conservados en acervos de las secretarías de Gobernación y de Salud, así como en archivos administrativos relativos a la concesión de licencias y a la inspección de los establecimientos-, leyes -códigos y leyes administrativas-, expedientes judiciales y publicaciones de la época -obras de especialistas, revistas, novelas y películas-. Por sus méritos, el trabajo fue propuesto por el sínodo de doctorado para participar en un concurso auspiciado por la Coordinación General de Estudios de Posgrado y resultó seleccionado para publicarse en la Colección Posgrado. No es la primera obra de Odette Rojas Sosa que merece un reconocimiento, ni el primer trabajo publicado en el cual aborda temas similares al que desarrolla. Es autora de un libro sobre el asesinato de Joaquín Dongo y sus empleados domésticos en 1789, caso que se hizo célebre por la posición social del comerciante y por la violencia involucrada en el crimen (Editorial Ubijus, 2017). Y de un artículo sobre otro homicidio igualmente célebre, el cometido por Luis Romero Carrasco a fines de la década de 1920, asunto que nuevamente llamó la atención de la sociedad por la violencia empleada en su comisión, a lo cual se sumó la personalidad del homicida (Historia y Grafía, 2008). En esta ocasión, analiza crímenes menores, registrados en las dos décadas siguientes, 1930 y 1940. En conjunto, estos tres trabajos brindan un panorama general del crimen y de su concepción en diversas épocas, del derecho penal, el sistema de justicia y las prácticas del castigo. Por otra parte, la autora ha escrito obras literarias, sobresale la novela Retrato del artista decadente, premiada y publicada por la editorial Siglo XXI, la UNAM y el Colegio de Sinaloa (2017). En la obra relata la historia de vida de un aspirante a la actuación. Con gran dosis de humor, acompañado de un devastador realismo, en pocos trazos dibuja sus rasgos de carácter, sus aspiraciones, sus frustraciones, sus acciones -y las de los personajes que lo acompañan-. La metrópoli viciosa se beneficia de estos trabajos, en sus dos líneas, la historia y la literatura. Odette Rojas Sosa estudia el pasado del crimen y la transgresión con el mismo rigor teórico y metodológico que empleó en sus obras de historia, pero escribe el relato con la pluma que caracteriza sus trabajos literarios. Con la misma finura, analiza situaciones y personajes -ficticios o rescatados del pasado-, permitiendo que sus lectores los conozcan y los comprendan. Lo que hace verosímil a la ficción, hace comprensible a la historia. Elisa Speckman Guerra Instituto de Investigaciones Históricas, UNAM

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