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Libros UNAM

La economía de las actividades creativas: una perspectiva desde España y México

La economía de las actividades creativas: una perspectiva desde España y México

 

ISBN: 9786070295409

Autor(es): Valdivia López, Marcos (coordinador) / Cuadrado-Roura, Juan R. (coordinador)

Editor/Coeditor/Dependencia Participante: Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias / Universidad Alcalá de Henares

Formato: Libro Impreso

Disponibilidad: En existencias

Special Price MXN$130

Precio Habitual: MXN$185

ISBN/ISSN 9786070295409
Entidad Académica Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias
Edición o Número de Reimpresión 1a edición, año de edición -2017-
Tema Economía
Coedición Universidad Alcalá de Henares
Número de páginas 626
Tamaño 23 x 17 x 4
Terminado o acabado rústico
Idioma Español

Detalles

La obra presenta una visión contemporánea de la economía de las actividades creativas en Iberoamérica, analizando la manera en que estas actividades están presentes e impactan en el crecimiento y desarrollo económico de las regiones de España, México y otros países afines. Tales actividades económicas, denominadas creativas, se han convertido en uno de los ejes centrales del desarrollo regional en múltiples y diversos territorios del planeta. Por lo que el libro reúne textos en los que se discuten aspectos relacionados con la economía de las actividades creativas: medición; aglomeración y localización; actividad empresarial y exportaciones; mercados laborales; productividad y externalidades, y gobernanza, creatividad mediterránea y transculturación. Con el objetivo de contribuir a su conocimiento en regiones que pertenecen al ámbito iberoamericano y motivar el debate sobre las coincidencias y divergencias en las dinámicas que prevalecen en países desarrollados del norte hemisférico.

Valdivia López, Marcos (coordinador)

Doctor en economía por la New School for Social Research (Nueva York), es investigador de tiempo completo del Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias (CRIM) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), profesor y tutor del campo de conocimiento de Economía Urbana y Regional del posgrado de Economía de la UNAM y miembro del Sistema Nacional de Investigadores del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) en México. Es autor y coordinador de diversos libros y artículos académicos. Sus áreas de interés son el crecimiento económico local, externalidades, economía computacional y ciudades creativas, entre otras.

Cuadrado-Roura, Juan R. (coordinador)

Doctor en economía por la Universidad Complutense de Madrid, es profesor emérito y catedrático de economía aplicada en la Universidad de Alcalá, donde fundó el Instituto Universitario de Análisis Económico y Social; cuenta con la distinción doctor honoris causa por las universidades de Jaén (2012) y Málaga (2009), y es miembro correspondiente de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas en España. Además ha fungido como presidente de la European Regional Science Association (1995-2000), forma parte del Consejo Mundial de la Regional Science Association International, es director de la revista Investigaciones Regionales y autor de decenas de libros y artículos académicos.

Introducción Marcos Valdivia López Juan R. Cuadrado-Roura Este libro presenta una visión contemporánea de la economía de las actividades creativas en Iberoamérica, en particular desde España y México. El estudio de las actividades económicas denominadas como creativas se ha centrado primordialmente en países desarrollados, principalmente aquellos localizados al norte de Europa y en la región anglosajona de Norteamérica. Ha sido sólo hasta años recientes que otras regiones desarrolladas no centrales han sido objeto de estudio para analizar las actividades creativas de sus economías; por ejemplo, las regiones mediterráneas de Europa, los países asiáticos desarrollados (Japón) y sus economías emergentes dinámicas (China, Corea, Singapur, etc.) empiezan a ser cada vez más estudiados por expertos y especialistas en temas de creatividad. Los estudios sobre creatividad en regiones asociadas a países emergentes o en vías de desarrollo son todavía muy escasos, si no es que inexistentes en muchos de los casos. Al respecto, los países que integran Latinoamérica no han sido una excepción y también son muy pocos los estudios que han abordado el tema de las actividades creativas en sus economías. Es hasta muy recientemente que organismos internacionales promotores del monitoreo de las actividades creativas en las economías, como la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (Unctad, por sus siglas en inglés), han puesto la atención a lo que está aconteciendo en los países en desarrollo (Creative Economy Report 2013). Pero todavía falta mucho por investigar en materia de economía urbana y regional dentro de estas regiones. Esta obra es un primer paso hacia esa dirección. Primero, es importante señalar qué debemos concebir por economía creativa. Por este término entendemos en general toda aquella actividad sectorial o ocupacional cuyo propósito central es añadir valor en la producción de bienes y servicios a través de contenido creativo. En esta definición gruesa que proponemos se cruzan varias nociones (y discusiones) que han sido adelantadas en las últimas dos décadas y entre las cuales destacan las de industrias creativas, clase creativa, economía cognitiva, economía cultural, por citar sólo algunos de los motes o acuñaciones más socorridos. Tradicionalmente, el binomio cultura y economía ha causado siempre posicionamientos críticos y que pueden hallarse desde visiones de izquierda, por ejemplo, las postuladas por teóricos de la escuela de Frankfurt como Theodor Adorno —quien criticó la noción de “industria cultural”—, hasta aquellas provenientes del mainstream económico, que conciben a las actividades económicas asociadas con la cultura como improductivas —pues el modelo de bienestar asume que son más los recursos que estas actividades consumen que los que generan para la economía (Potts y Cunningham 2008). El concepto de cultura en la ciencia económica tiende a ser escurridizo o su uso es poco claro, lo que tiende a ocasionar imprecisiones en su tratamiento, sobre todo cuando se trata de medir su efecto en las actividades económicas. Por ello es importante contar con una definición de cultura que sea útil para la discusión de la economía creativa. Throsby (2001) sugiere que el concepto de cultura tiene esencialmente dos definiciones: la primera proviene de la antropología y la sociología y está formulada para entender al conjunto de actitudes, creencias, costumbres, valores y prácticas que son comunes o compartidos por cualquier grupo social; mientras que la segunda acepción tiene una orientación más funcional, dirigida a analizar las actividades que son llevadas a cabo por la gente y a los productos de estas actividades, los cuales tienen que ver con aspectos intelectuales, morales o artísticos de la actividad humana. En esta segunda definición la cultura está asociada —dice Throsby— a las “actividades basadas en la iluminación y capacidad de la mente más que en la adquisición de habilidades técnicas o vocacionales” (2001, 4). Y es precisamente en esta última acepción de cultura, más como adjetivo que sustantivo, que la economía la incorpora para estudiar a los bienes culturales, las industrias culturales o al sector cultural de la economía. En específico, para Throsby, estas actividades culturales —desde una perspectiva económica— se caracterizan por i) envolver alguna forma de creatividad en su producción; ii) generar y transmitir contenido simbólico; y iii) incorporar alguna forma de propiedad intelectual en los bienes producidos por estas actividades (Throsby 2001, 4). Si consideramos la definición de Throsby, actividades como la industria editorial, del cine, la televisión y la radio, el periodismo, la publicidad, el diseño, etc., se ajustan muy bien a cada una de las características anteriormente señaladas (i.e. creatividad, contenido simbólico y propiedad intelectual). Sin embargo, esta definición en la perspectiva de Throsby es muy restrictiva para considerar a otras actividades que, aunque dependan de la creatividad y sean capaces de producir derechos de autor (o patentes) —como la actividad científica y la innovación tecnológica—, no generan o transmiten contenido simbólico. Lo anterior ha llevado a un interesante debate sobre la relevancia de considerar otras actividades creativas que no se circunscriben sólo al ámbito de las industrias culturales —siendo estas últimas las únicas que en principio se ajustarían a los criterios antes señalados por Throsby—. Al respecto, durante la década de 1990, el Departamento de Cultura, Medios y Deportes de Gran Bretaña (dcms, por sus siglas en inglés, 1998, 2001) popularizó el concepto de industrias creativas —distanciándolo así de la noción de industrias culturales—, como una forma de mostrar la relevancia que éstas estaban teniendo en la esfera económica británica y también como un ejemplo del tipo de actividades que se percibían como centrales en la era posfordista. Al hacer esto, el dcms involucraba —además de las actividades ligadas a las artes— a la industria del software como parte de las industrias creativas (dcms 2001, 5). En esta misma dirección, los reportes de la Unctad (2008, 2010) enfatizaron todavía más el papel del conocimiento e innovación al definir a la economía creativa, por lo que además propusieron incluir a la investigación y desarrollo en general (r&d, por sus siglas en inglés) e incluso a los servicios de ingeniería; de esta manera, y como enfatizan Boix y Peiró en este libro, la Unctad proveyó de una clasificación de productos intangibles que fungen como servicios creativos a las industrias. En ella se consideran actividades como la editorial, la audiovisual, la radio y televisión, el software, la arquitectura, ingeniería, la investigación y desarrollo, la publicidad, el diseño, la fotografía, las artes y el entretenimiento (incluyendo deportes). Sin embargo, esta definición de economía creativa —basada en la idea de industrias creativas— no ha estado exenta de críticas, ya que al dar un énfasis mayor al conocimiento y la innovación se nubla de alguna manera la relevancia del contenido simbólico y del papel que la cultura en general tiene sobre la economía. Esto ha llevado a que en las discusiones más recientes de esa clasificación se trate de distinguir entre actividades culturales (literatura, artes) e industrias creativas (cine, video, fotografía), e incluso de aquellas industrias relacionadas (arquitectura, diseño, publicidad), lo que ha derivado en utilizar modelos de clasificación de tipo concéntrico, donde al centro se encuentran las actividades culturales nucleares con fuerte contenido simbólico y fuerte protección de propiedad intelectual, y en los círculos subsecuentes se van degradando dichos elementos (simbólico y propiedad intelectual) conforme se van involucrando el resto de las actividades económicas (Unesco 2013). En cualquier caso, lo anterior nos habla de que la economía creativa tiene una serie de interrelaciones complejas con el resto de actividades económicas (incluyendo a las manufactureras), y que las cadenas de valor que generan estas actividades pueden ser muy relevantes para la economía en general. Finalmente, en estos esquemas de clasificación de la economía creativa (Unesco 2013) ha prevalecido un sesgo sectorial, en el sentido de que el agente que genera el proceso creativo queda en un segundo plano; de esta forma, algunos enfoques de clasificación han enfatizado el aspecto ocupacional (Markusen 2008) y están fuertemente asociados con el enfoque de clase creativa impulsado por Florida (2002) para mostrar la relevancia de las ocupaciones que están orientadas a resolver problemas complejos. En este sentido, en los reportes recientes del dcms (2013) se enfatiza la proporción de empleo creativo que prevalece en cada industria para clasificar qué industria es creativa; esto abre la posibilidad de involucrar al empleo creativo, más allá de si pertenece a los sectores que se consideran creativos, tal como lo hacen los enfoques tridentes que consideran a los trabajadores creativos, los especialistas y el empleo de soporte que requieren las actividades creativas (Bakhshi, Freeman y Higgs 2013). Dado lo comentado anteriormente, la definición que adelantamos de economía creativa como aquella cuyo propósito central es añadir valor en la producción de bienes y servicios a través de contenido creativo, es en realidad una definición näive que debe leerse en el marco de discusión y controversia que genera el intento por definirla. En cualquier caso, hay un aspecto que consideramos central comentar en la discusión de creatividad —independientemente de la controversia que genera su definición y su clasificación—, y que cruza a los trabajos que la presente obra compila, y es el relativo a los impactos y aspectos regionales que conllevan estas actividades, pues existe —tal como indican Pareja y Pradel en este libro— un consenso acerca de la capacidad de la economía creativa como eje de desarrollo regional y local en múltiples territorios. En este sentido, es importante mencionar el aspecto de economía regional que conlleva la discusión de creatividad. A raíz de la transformación del tradicional modelo industrial de corte fordista hacia uno más flexible (Sabel y Piore 1984), las actividades creativas son consideradas, cada vez más, como un componente central en este nuevo modelo de organización industrial (que además tiene que adaptarse intensamente a las exigencias de la actual era de globalización económica). En este marco, geógrafos económicos como Allen Scott sugieren que la era posfordista del capitalismo se caracteriza por tener una fuerte dimensión cognitiva y cultural en su sistema de producción (2007). De igual manera, la discusión sobre las ventajas competitivas de las regiones y del papel de los distritos industriales, por ejemplo, la propuesta por autores como Porter o Becattini (para el caso italiano), quienes fungen como herederos reconocidos de la tradición marshalliana, ha dado pauta para valorar el papel relevante que la actividad y el contexto cultural tienen sobre las economías de aglomeración (Sacco 2014). Incluso el factor creativo (o de las ideas) ha sido incorporado de manera “robusta” en modelos teóricos (microfundamentados) que explican la creación y difusión de nuevo conocimiento, y que además pueden ser analizados bajo la óptica de los modelos genéricos de la nueva geografía económica (Fujita 2007). Las actividades económicas consideradas como creativas están cruzadas fuertemente por la dimensión cultural y regional de las sociedades donde se generan, por lo que —desde una perspectiva de economía regional— se vuelve muy relevante analizar si dichas actividades creativas desarrollan un impacto heterogéneo sobre el sendero de crecimiento y desarrollo económico de las regiones que a su vez tienden a diferir en su entorno cultural. Es así que esta obra se presenta como una cuya motivación responde a los siguientes dos propósitos de investigación. Primero, los diversos capítulos que componen el libro dan elementos para evaluar si lo que podemos denominar como región iberoamericana (y afín) tiene rasgos comunes en su interior respecto a la presencia y caracterización de las actividades creativas y de cómo impactan en el desarrollo regional, y en segundo lugar, la investigación recopilada en esta obra permite a su vez analizar qué tanto la presencia e impacto de estas actividades en la región iberoamericana se diferencian de las que están operando en los países desarrollados centrales (norte de Europa y Estados Unidos). Lo anterior permite a este volumen ponerse en contacto con una discusión reciente en la literatura, la cual argumenta que debido a que regiones específicas (o grupos de países) comparten una herencia cultural y de habitus, las actividades creativas —que por definición están fuertemente asociadas a la cultura— tenderán a desarrollar capacidades heterogéneas entre los diversos actores creativos. Esto es relevante porque puede producir prácticas de innovación y desempeño empresarial diferentes (y no por ello peores) a las prevalecientes en países centrales y que son producto de adaptaciones locales (de conocimientos) dentro de un patrimonio cultural e histórico compartido. Por lo que respecta a Europa, algunos autores han argumentado a favor de una región mediterránea de la economía creativa que se distinga de la que prevalece en el norte de Europa (algunos de sus protagonistas comparten su reflexión en la parte vi de este libro). Este tipo de caracterizaciones incluso son coincidentes con discusiones paralelas en otros ámbitos de los estudios regionales; por ejemplo, Camagni y Capello (2013) sugieren que la creatividad es fundamental para definir uno de los componentes de la taxonomía de innovación regional en Europa e indican que existe un área inteligente (smart) y creativa conformada principalmente por países localizados en el mediterráneo, con una fuerte dotación de atractivos en forma de amenidades para atraer gente talentosa que permite absorber conocimiento (producido en otras regiones) y adaptarlo a las necesidades de innovación local. De manera análoga, si se argumenta por la existencia de una región mediterránea de creatividad, lo mismo podría decirse para los países que integran Latinoamérica, los cuales incluso comparten una herencia cultural e histórica fuertemente vinculada a los países que integran la región mediterránea (principalmente con España). Los capítulos que integran este libro pueden dar una primera visión de la situación de la economía creativa en algunos países de Latinoamérica. En el reporte anteriormente mencionado de la Unesco (2013) se señala que Latinoamérica es una región fuertemente diferenciada en materia de industrias culturales, situación que es producto de la influencia de una visión prevaleciente en la región que observa a los temas culturales y de herencia patrimonial como independientes del circuito económico. Y sólo ha sido hasta años recientes que un grupo de países ha tratado de replantearse este modelo de interacción entre cultura y economía.1 La Unctad diagnostica que Argentina, Brasil, Chile, Colombia y Cuba tienen ya en marcha un marco de economía creativa; mientras que México, Perú y Uruguay apenas están empezando a reconocer el potencial de ese sector. En contraste, otros países como Bolivia, Ecuador, Venezuela, Paraguay y los países de Centroamérica, todavía no entran en este debate (2010, 79). Es interesante observar que este último conjunto de países se caracteriza por tener una fuerte presencia multiétnica y cultural. El tema de las actividades creativas dejaría de ser relevante —en términos económicos— si no fuera porque se consideran como un factor que contribuye al crecimiento económico de las regiones y las ciudades. Un aspecto importante de las actividades creativas es que son un componente crucial en la generación de nuevo conocimiento y un vehículo eficaz en su transmisión-difusión; en particular, la teoría de crecimiento endógeno de Paul Romer (1994), que enfatiza la inversión en r&d y educación como factores esenciales en el crecimiento, es colateral a esta discusión. Boix y Peiró, en su contribución a este libro, precisamente se basan en un modelo Romer-Jones de cambio tecnológico endógeno para analizar el impacto de las industrias creativas en la productividad del trabajo, e introducen en el modelo genérico una descomposición del factor trabajo (L) para incluir tanto la producción de ideas en el sector creativo como la proveniente del resto de las otras industrias o servicios. En este sentido, la creación del conocimiento depende fuertemente de las externalidades o derramas de conocimiento (spillovers) de los agentes creativos a través de sus interacciones interpersonales (cara a cara), que son muy probables de ocurrir bajo contextos locales (i.e., ciudades) con fuerte dotación de amenidades urbanas (Scott y Storper 2009). Asimismo, la literatura cada vez discute más la relevancia del conocimiento translocal y la forma en la que los agentes creativos lo interrelacionan a través de diversas plataformas con los saberes locales (Bathelt y Cohendet 2014). Incluso este punto es coincidente con el expresado más arriba por Camagni y Cappello para definir lo que sería un área de creatividad mediterránea. De igual manera, la creación de conocimiento está fuertemente relacionada con lo que se denominan intangibles, y que hoy en día constituyen (sobre todo en los países desarrollados) un factor de capital adicional al humano y físico que añade valor en muchos de los procesos productivos. Entre los intangibles se consideran: 1) la información digitalizada; 2) la propiedad de la innovación; y 3) las competencias económicas (Mas et al. 2014). Muchas de las actividades creativas que discutimos en este libro están presentes en las tres categorías. Por ejemplo, dentro de la primera puede considerarse al diseño de software o a las películas de animación digital (i.e., Disney); en las segundas, a las actividades artísticas y de diseño, y en las terceras a empresas consultoras orientadas a mejorar los modelos de organización de las empresas. En el capítulo de García Tabuenca y Molina se analizan directamente estos componentes de intangibilidad en las mipymes de España. Este libro está estructurado en seis partes que responden a temas que hemos considerado relevantes en la discusión de la economía creativa en España y México (y otras regiones asociadas). En la primera parte se discute la medición y estadística que es generada sobre las actividades creativas y culturales de España y México a través de las instituciones gubernamentales encargadas de contabilizar y producir dicha información en estos dos países. El propósito es iniciar el libro precisamente con una mirada desde la óptica de las agencias estadísticas de los gobiernos, para que después el lector tenga la oportunidad de contrastarla con la forma en la que la investigación empírica sobre el tema es realizada por académicos e investigadores. En este sentido, la construcción de la cuenta satélite de la cultura, tanto en España como en México, se convierte en un propósito central de dichas agencias oficiales para desarrollar estadísticas económicas de las actividades creativas y culturales. En esta primera parte, María Ángeles Pérez Corrales y Manuel Pérez Tapia, quienes son responsables de las cuentas satélite de España y México respectivamente, presentan su visión de la problemática en el marco de discusión de las actividades económicas creativas. La segunda parte del libro está conformada por contribuciones que discuten el tema de la aglomeración y la localización de las actividades creativas. El cometido de esta sección es mostrar los patrones de distribución territorial que generan las actividades económicas creativas, las cuales reflejan el fuerte nivel de interacción espacial que estas actividades desarrollan con otros agentes económicos e instituciones en el entorno urbano o regional correspondiente. En esta parte, Eva Coll y Josep Arauzo, ambos de la Univesitat Rovira i Virgili de Cataluña, discuten la localización espacial de las industrias creativas específicamente en la provincia de Cataluña, España. Por su parte, Ana Isabel Escalona Orcao, Luis Antonio Sáez Pérez y Belén Sánchez-Valverde García de la Universidad de Zaragoza, analizan los clusters que las actividades económicas creativas desarrollan en las áreas no metropolitanas de España. De igual manera, Ivan Boal y Luis César Herrero, de la Universidad de Valladolid, examinan, a partir de técnicas de estadística espacial, la distribución de las actividades culturales y creativas en Castilla y León. Finalmente, Luis Quintana y Manuel Lecumberri, de la Universidad Nacional Autónoma de México, analizan las aglomeraciones económicas que producen las industrias creativas en la región de Norteamérica que incluye a Estados Unidos y México. La tercera parte del libro está dedicada a las actividades emprendedoras y las exportaciones que generan los servicios creativos. El cometido de esta sección es mostrar la capacidad que tienen las actividades creativas para detonar el ámbito organizacional y productivo de las empresas en España; por otra parte, mostrar que las actividades creativas pueden fungir ya sea como un componente importante del capital intangible de las empresas o también como servicios comerciables en forma de exportaciones. Al respecto, Juan Ramón Cuadrado- Roura, de la Universidad de Alcalá, analiza el papel de las exportaciones de servicios de las actividades económicas creativas en España, y descubre que tienen una contribución relevante en el conjunto de exportaciones de servicios de las empresas españolas. Asimismo, Javier Molina y Antonio García Tabuenca, de la Universidad de Alcalá, analizan el papel de los intangibles en las pequeñas y medianas empresas de España. En la cuarta parte del libro se abordan algunos aspectos centrales del mercado laboral de las actividades creativas. El objetivo de esta parte es doble: por una parte, mostrar que las actividades creativas no pueden entenderse cabalmente sin su componente ocupacional, por lo que es fundamental introducir éste en el análisis para entender lo que son y representan las actividades creativas en la economía; por otra, es también indicar que las actividades económicas creativas —que en principio pueden considerarse como altamente cualificadas— están sujetas a fuertes dinámicas de disparidad salarial tanto hacia su interior como cuando se contrastan con los salarios de otros sectores de la economía, revelando con ello no sólo condiciones de precariedad y segmentación ocupacional en el sector ocupacional creativo, sino también el ser un componente que puede aumentar la desigualdad salarial en el conjunto de las actividades económicas. De esta manera, Simón Sánchez-Moral y Alfonso Arellano, de la Universidad Complutense nos ofrecen un análisis del comportamiento del empleo y los salarios de las actividades económicas creativas de las áreas metropolitanas de España, poniendo énfasis en lo que aconteció durante la pasada crisis económica. Por su parte, Luis Quintana y Blanca Garza, de la unam, analizan la desigualdad salarial que producen las actividades creativas en México a nivel estatal. Finalmente, Ricardo Méndez, Simón Sánchez-Moral y Jorge Malfeito analizan el impacto de las políticas de austeridad sobre los empleos intensivos en conocimiento en las principales aglomeraciones metropolitanas de España. La quinta parte de este libro está intitulada “Productividad y externalidades de las actividades creativas”, y el objetivo, como su nombre lo indica, es también doble: por una parte, se intenta mostrar que las actividades creativas en términos de sectores son una fuente real de contribución al crecimiento económico regional no sólo en la Comunidad Europea, sino también en regiones de Latinoamérica, y por otra, se corrobora que dichas actividades también son generadoras de externalidades no pecuniarias que tal como la literatura sugiere, deben producir estas actividades económicas. En este sentido, Rafael Boix y Jesús Peiró Palomino, de la Universidad de Valencia, analizan los efectos de las industrias creativas sobre la productividad laboral a lo largo de la Comunidad Europea a nivel de nomenclatura común de unidades estadísticas 2 (nuts 2, por sus siglas en francés). Por su parte, Marcos Valdivia, de la unam, analiza la difusión y creación de nuevas ideas que producen las actividades creativas contrastando los casos de España y México a nivel de ciudades. De igual manera, Miguel Ángel Mendoza y Marcos Valdivia, de la unam, también estudian los efectos de las industrias creativas sobre la productividad laboral pero ahora para el caso de las zonas metropolitanas de México. Finalmente, Ronny Correa y Francisco Ochoa de la Universidad Técnica Particular de Loja (Ecuador), investigan los efectos de las actividades creativas sobre el crecimiento económico de las provincias de Ecuador poniendo atención en los componentes asociados al talento, la tecnología y la tolerancia. Finalmente, la sexta parte de este libro está dedicada a los nuevos tópicos de discusión en el tema, que han emanado cuando los referentes empíricos de estudio son casos regionales como los de España o México; y en particular, en esta parte final del libro se discuten los temas de gobernanza, mediterraneización y transculturación. El propósito de esta sección es sugerir que es factible (y analíticamente apropiado) pensar en una creatividad mediterránea o latinoamericana y que ésta tiene sus diferencias respecto a la que prevalece en los países centrales o del norte de Europa o en América anglosajona (Estados Unidos y Canadá). En este sentido, Montserrat Pareja-Eastaway y Marc Pradel i Miquel, de la Universidad de Barcelona, ofrecen una discusión sobre los aspectos de gobernanza y de redes sociales que desarrollan los sectores creativos en la ciudad de Barcelona, España. Por su parte, Luciana Lazzeretti, Francesco Capone, e I Erdem Seçilmis, de la Universidad de Florencia (Italia), discuten el papel de las industrias creativas en la región mediterránea. De igual manera, Pau Rausell y Raúl Abeledo, de la Universidad de Valencia, presentan una plataforma virtual —denominada Creative med Toolkit, para el análisis de las industrias y actividades creativas para la región mediterránea—. Finalmente, Ricardo Macip, Desireé González Otero y Marcos Valdivia, de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (buap), los primeros y de la unam el último, analizan el caso de las industrias creativas para la ciudad turística de Puerto Vallarta, poniendo con ello en perspectiva los elementos de adaptación cultural que desarrollan las actividades creativas en regiones en desarrollo. ¿Cuál es la enseñanza que nos deja este libro al estudiar el tema de la economía creativa desde las regiones de España y México principalmente? Una respuesta va encaminada, sin duda, a entender las coincidencias y divergencias que los estudios de caso analizados en este libro generan respecto a lo que ha acontecido en países centrales (o de primera generación como Estados Unidos, Gran Bretaña, Canadá y Australia) donde surgió y ha revolucionado este tema. En primer lugar, es importante destacar que las actividades creativas son un fenómeno translocal y que pueden emerger y estar aconteciendo en regiones aparentemente distantes al radar regional tradicional de estudio, tal como se muestra en los capítulos de los casos de Ecuador, Turquía y Puerto Vallarta en México. Es decir, los mecanismos por los cuales las actividades económicas creativas se vuelven relevantes para el desarrollo económico (por ejemplo, difusión del conocimiento, innovación, empresarialidad, etc. ) son comunes entre las regiones, y sería un error no considerar que estos fenómenos no puedan ocurrir en regiones periféricas o “tropicalizadas”. Más aún, si las actividades creativas están fuertemente influenciadas por la dimensión cultural debido al papel que el contenido simbólico tiene en la producción de bienes y servicios creativos, entonces no debería sorprender tampoco que éstas puedan surgir en lugares con fuerte identidad musulmana o indígena, por ejemplo, tal como lo demuestran los capítulos de Correa y Ochoa y el de Lazzeretti, Capone y Seçilmis en este libro, para el caso de Ecuador y Turquía. Pero el hecho de que esto último sea así revela a su vez que la economía creativa tiene una dimensión local fundamental en su origen, por lo que se vuelve relevante analizar cómo estas actividades se están llevando a cabo, no sólo en las regiones tradicionales sino también en las emergentes, del sur planetario u orientales (China, India). En este sentido, el caso de España es paradigmático porque si bien es un país desarrollado y actor fundamental en el motor económico de la Comunidad Europea, a su vez marca distancia cultural del norte de Europa y comparte —por razones históricas obvias— fuertes rasgos culturales con los países latinoamericanos, en especial con México, que es el otro caso de estudio eje en nuestro libro. Por lo tanto, se ha hablado de una región mediterránea de economía creativa —de la cual forman parte España, el sur de Italia y la región mediterránea de Francia— que tiene un particular potencial y capacidad creativa asociada a una riqueza patrimonial histórico-cultural y particulares estilos de vida relativamente compartidos en la región (ver el capítulo de Rausell y Abeledo). Los resultados de investigación que presentan los capítulos del libro muestran en general que esa capacidad creativa asociada a lo hispano también puede considerarse para el caso de México. Finalmente, es importante mencionar que este libro es producto de un seminario internacional que se realizó en la Universidad de Alcalá los días 25 y 26 de junio del 2015, sin el cual no hubiera sido posible su elaboración. Este seminario contó con la participación de reconocidos expertos en el tema para el caso de España y de la región Mediterránea, provenientes de diversas universidades de España e Italia, así como de un grupo de investigadores de la unam y la buap, expertos en estudios regionales que han empezado a analizar este fenómeno para el caso mexicano. La realización de este libro fue en gran parte posible gracias al apoyo financiero que se recibió de la unam, a través del Programa de Apoyos para la Superación del Personal Académico (paspa) para la estancia sabática en el extranjero (2014-2015); y del Programa de Apoyo a Proyectos de Investigación e Innovación Tecnológica (papiit IN304214 e IN304017), así como del Centro Internacional de Formación Financiera (ciff) de la Universidad de Alcalá. Nuestro agradecimiento especial a Desireé González Otero e Isabel Rodríguez, quienes en diferentes fases colaboraron en la edición y compilación de esta obra. También agradecemos la excelente labor editorial realizada por el Departamento de Publicaciones del crim; no obstante, la responsabilidad sobre el contenido y las posibles omisiones es exclusiva de sus coordinadores y autores. Agosto de 2017 Referencias Bakhshi, Hasan, Alan Freeman y Peter Higgs. 2012. A Dynamic Mapping of the UK’s Creative Industries. 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Nueva York: pnud; Ginebra: Unesco. 1 Esta visión, por supuesto, no está exenta de crítica por parte de un sector de académicos que consideran a este tipo de planteamientos de las industrias creativas como visiones importadas que solamente distorsionan las políticas que fomentan los derechos y el patrimonio culturales de las ciudades (Rubens Bayade 2013).

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