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Libros UNAM

La democracia como problema (un ensayo)

La democracia como problema (un ensayo)

 

ISBN: 9786074627848

Autor(es): Woldenber, José

Editor/Coeditor/Dependencia Participante: Dirección General de Publicaciones / El Colegio de Mexico / A.C.

Formato: Libro Impreso

Disponibilidad: En existencias

MXN$155
ISBN/ISSN 9786074627848
Entidad Académica Dirección General de Publicaciones
Edición o Número de Reimpresión 1a reimpresión de la 1a edición, año de reimpresión -2015-
Tema Política
Coedición El Colegio de Mexico, A.C.
Número de páginas 175
Tamaño 21 x 14 x 1
Terminado o acabado rústico
Idioma español
Contenido INTRODUCCIÓN 15
1. EL CAMBIO DEMOCRÁTICO Y EL MALESTAR SOCIAL 19 UNA BREVE RECAPITULACIÓN 19
LA MEDICIÓN DEL MALESTAR. CONOCIMIENTO, VALORACIÓN, SATISFACCIÓN 20
2. LA DEMOCRACIA COMO PROBLEMA 25
CONTRADEMOCRACIA, POSDEMOCRACIA, ESTADO DE PARTIDOS 25
Pierre Rosanvallon y la contrademocracia 25
Colin Crouch y la posdemocracia 28
Klaus von Beyme: el Estado de partidos 31
PARADOJAS 33
MALESTAR CON EL PLURALISMO EQUILIBRADO 36
TRANSFORMACIONES DEL RÉGIMEN DE GOBIERNO 43
LA DEVALUACIÓN DE LOS PARTIDOS Y LA EXALTACIÓN
DE LOS CIUDADANOS 50
Los partidos: arietes, producto y usufructuarios de las reformas políticas 51
El malestar con los partidos. Pluralismo o sociedad sin fisuras 52
La retórica antipolítica 55
La tortuosa política democrática 57
Economía petrificada, sociedad escindida 58
Una legislación cada vez más restrictiva 59
El porcentaje para el registro 62
Candidatos independientes 65
3. LOS PROBLEMAS QUE DEBE ATENDER LA DEMOCRACIA 71 INFRAVALORACIÓN DEL TRÁNSITO DEMOCRÁTICO Y ESPACIO PÚBLICO 71 Anteayer 72 Ayer 74 Hoy 77
Políticos e intelectuales 80
DÉFICIT DE ORDEN DEMOCRÁTICO 85
DÉFICIT DE CIUDADANÍA Y DE SOCIEDAD CIVIL 91
Dos ensueños peligrosos 91
Más allá de los ensueños 92
Los nutrientes de los ensueños 95
Fortalecer al Estado, los partidos y la sociedad civil 96
Déficit de ciudadanía y elecciones 100
Ciudadanía y cultura política democrática 104
Los PARTIDOS: SU LENGUAJE, SU COMPORTAMIENTO 106
Identidad y pragmatismo 108
No es un juego de suma cero 110
Los MEDIOS Y EL DISCURSO ANTIPOLÍTICO 112
La televisión 113
Libertad 115
Responsabilidad y especulación 116
Supercherías 117
Erosión del espacio privado 119
La función social 120
Cadena de medios públicos 122
POBREZA, DESIGUALDAD, FRÁGIL COHESIÓN SOCIAL 124
PNUD, pobreza y desigualdad 124
CEPAL: cohesión social 129
53.3 millones de pobres 132
Nuestra desigualad 134
El mundo del trabajo, la desigualdad y la asimetría de poder 135
El salario mínimo 138
Discriminación 140
Hacia un pacto social 141
EL ESTANCAMIENTO ECONÓMICO, LA DESIGUALDAD Y SU SECUELA 144
LA CORRUPCIÓN Y LA IMPUNIDAD 154
¿Alemanismo a destiempo? 154
Desconfianza 156
LA VIOLENCIA 158
Tipos de violencia 160
Las movilizaciones 162
El Estado 162
Hacia una política de Estado 163
Momento cargado de promesas e incertidumbre 164
La movilización, la violencia, la antipolítica 165
La necesidad de una agenda 167
BIBLIOGRAFÍA 171

Detalles

A lo largo de varias décadas pensamos a la democracia como una solución…
Hoy resulta claro que la democracia, en efecto, resuelve algunos problemas: el de la convivencia y competencia entre diversas corrientes políticas e ideológicas, el del relevo gubernamental, el de la expansión de las libertades. Asimismo, resulta que por ser un régimen en el que compiten diferentes opciones políticas, hace más compleja la gestión de gobierno.
Si a ello le sumamos que la democracia no se reproduce en el vacío, entonces debemos agregar a la reflexión todas aquellas realidades que influyen en su marcha y el aprecio (o desprecio) hacia sus instituciones. Así, el débil e inestable crecimiento económico, la petrificada y ancestral desigualdad, la precaria cohesión social, el déficit monumental en términos del Estado de derecho, la disímil y polarizada ciudadanía, la espiral de violencia, la corrupción, no sólo impactan en la percepción sobre nuestra incipiente democracia, sino la calidad de nuestras relaciones políticas y sociales. Es el momento de pensar a la democracia como problema, y también los problemas que debe enfrentar la democracia, si deseamos su consolidación.

Woldenber, José

Doctor en ciencias políticas, maestro en estudios latinoamericanos y licenciado en sociología por la Universidad Nacional Autónoma de México. Profesor de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales desde 1974. Fue presidente del Instituto de Estudios para la Transición Democrática de 1989 a 1994. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores, nivel 3. Fue Consejero Ciudadano del Consejo General del IFE de 1994 a 1996, y designado por la Cámara de Diputados Consejero Presidente del Consejo General del mismo Instituto, cargo que desempeñó del 31 de octubre de 1996 al 31 de octubre de 2003. Actualmente es colaborador semanal del periódico Reforma.
Autor, entre otros libros, de “Historia Documental del SPAUNAM”, Ediciones de Cultura Popular-UNAM.1989. “Las ausencias presentes”. Ed. Cal y Arena. 1992. “La reforma electoral de 1996. Una descripción general”, en colaboración con Ricardo Becerra y Pedro Salazar, FCE. México 1997. “Memoria de la Izquierda”. Ed. Cal y Arena. México 1998. “La mecánica del cambio político en México”, en colaboración con Ricardo Becerra y Pedro Salazar, Ed. Cal y Arena. 2000, “La construcción de la democracia”, Ed. Plaza y Janés, México 2002, “Después de la transición. Gobernabilidad, espacio público y derechos”. Ed. Cal y Arena. México, 2006, “El desencanto”. Ed. Cal y Arena. 2009. “Nobleza obliga. Semblanzas, recuerdos, lecturas.” Ed. Cal y Arena. 2011. “Historia mínima de la transición democrática”. El Colegio de México. 2012. “Política y delito y delirio. Historia de tres secuestros”. Cal y Arena. 2012.

A lo largo de varias décadas pensamos la democracia como una solución. Era la receta para desmontar una pirámide autoritaria construida durante la posrevolución, dar vida al equilibrio entre los poderes constitucionales, hacer realidad el federalismo diseñado en la Constitución; permitiría además el ejercicio de las libertades, la convivencia y competencia de la pluralidad política, la alternancia en los diferentes niveles de gobierno, los pesos y contrapesos en el entramado estatal. Las expectativas incluso fueron más allá, como si la democracia fuera una varita mágica y no un régimen de gobierno. Con democracia desaparecería la corrupción, la ilegalidad en el ejercicio del poder, los abusos, las violaciones a los derechos humanos. La invasión de la pluralidad política al mundo de la representación solamente tendría efectos virtuosos: al convertirse unos en los vigilantes de los otros, los actos arbitrarios, ilegales, despóticos deberían seguir una tendencia a la baja. Incluso, en el extremo, no faltaron los que pensaron que la democracia lo podía todo. A partir de ella se desataría el crecimiento económico, se atenderían las oceánicas desigualdades que modelan el país, el Estado de derecho seria la casa que daría abrigo a todos (y no solo a unos cuantos), y súmenle ustedes. La democracia era una especie de edén terrenal en el que se ejercerían las libertades, el conjunto de la sociedad participaría en la toma de decisiones y paulatinamente el país sería una comunidad de iguales, no solo en el ejercicio de los derechos políticos sino también de los económicos y sociales. Esa sobreventa de expectativas tuvo (quizá) dos fuentes fundamentales: las derivadas de la contienda política (las fuerzas opositoras al PRI sintieron la necesidad de subrayar las bondades del proyecto democratizador de cara al autoritarismo imperante) y las de cierta academia y cierto periodismo proclives a reducir los graves y profundos problemas del país a una variable fundamental (en este caso, la falta de libertades, el verticalismo estatal, el monopartidismo fáctico). Hoy resulta claro que la democracia, en efecto, resuelve algunos problemas: el de la convivencia/competencia entre diversas corrientes políticas e ideológicas, el del relevo gubernamental sin tener que acudir a la violencia, el de la expansión de las libertades y el ejercicio de derechos políticos, entre otros. Pero también resulta inescapable que la democracia, por su propia complejidad, por ser un régimen en el que coexisten y compiten una diversidad de opciones políticas, tiende a hacer más compleja la gestión de gobierno, la relación entre los poderes constitucionales y entre éstos y los grupos de interés. Y que la ampliación de las libertades genera en buena hora la expresión de muy diferentes agendas no siempre concurrentes -más bien enfrentadas- que sobrecargan la lista de los reclamos que no siempre pueden ser atendidos con prontitud y eficiencia. Se trata de un régimen de gobierno que al ampliar las libertades, construir pesos y contrapesos estatales y sociales, al intentar que sea el "imperio de la ley" el que regule las relaciones entre las personas y entre éstas y las dependencias públicas, hace difícil no sólo su funcionamiento, sino tortuosa la ruta por la cual se toman y ejecutan las decisiones. Por ello, quienes pensamos que no existe un régimen superior de gobierno al democrático estamos obligados a reconsiderar en público la democracia no sólo como solución sino como problema... para asentarla, reforzarla, fortalecerla. Resulta imprescindible socializar su cara virtuosa pero no debemos cerrar los ojos ante el cúmulo de dificultades que la misma implica de manera natural. Si a ello le sumamos que la democracia -como cualquier otra fórmula de gobierno- no se reproduce en el vacío, entonces debemos agregar a la reflexión todas aquellas realidades que influyen en su marcha y el aprecio (o desprecio) hacia sus instituciones. Así, el débil e inestable crecimiento económico, la petrificada y ancestral desigualdad, la precaria cohesión social, el déficit monumental en términos del Estado de derecho, la disímil y polarizada ciudadanía, la espiral abrumadora de violencia, la corrupción, no sólo impactan la percepción -la imagen- sobre nuestra incipiente democracia, sino la calidad de nuestras relaciones políticas y sociales. Es el momento de pensar la democracia como problema y también los problemas que debe enfrentar la democracia, si deseamos su consolidación y no su paulatina e inclemente erosión. Las siguientes páginas intentan eso. Recupero lo que diferentes autores han señalado al respecto y los cito a pie de página; igualmente me apoyo en los más que relevantes informes que han confeccionado el PNUD, por un lado, y la CEPAL por el otro. Buena parte de los materiales que integran el libro aparecieron originalmente como artículos, pero he intentado presentar una exposición armónica, para lo cual he tenido que hacer retoques, recortes, agregados. Lamento, sin embargo, algunas repeticiones que me parecieron necesarias y algunos desarrollos marcadamente desiguales. La pretensión no es ser original sino ofrecer una aportación para pensar en un régimen de gobierno que por su propia naturaleza es complejo y contradictorio, y que además entre nosotros tiene que hacer frente a graves y profundos problemas, si es que deseamos su consolidación. Agradezco a Francisco Gómez, director de Publicaciones, su invitación para dar a la luz el presente libro en la colección Grandes Problemas de El Colegio de México y la UNAM. Agradezco también a Antonio Bolívar y Eugenia Huerta su muy pulcra y puntual revisión.

La democracia como problema (un ensayo)

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