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Libros UNAM

Habla. Los hombres me explican cosas-La voz pública de las mujeres

Habla. Los hombres me explican cosas-La voz pública de las mujeres

 

ISBN: 9786070297670

Autor(es): Solnit, Rebecca / Beard, Mary

Editor/Coeditor/Dependencia Participante: Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias / Ediciones Antílope

Formato: Libro Impreso

Disponibilidad: En existencias

Special Price MXN$84

Precio Habitual: MXN$120

ISBN/ISSN 9786070297670
Entidad Académica Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias
Edición o Número de Reimpresión 1a edición, año de edición -2017-
Tema Estudios de género
Coedición Ediciones Antílope
Número de páginas 104
Tamaño 14 x 11 x 1.8
Terminado o acabado Rústico
Idioma Español

Detalles

Los dos ensayos feministas que conforman este libro —“Los hombres me explican cosas” y “La voz pública de las mujeres”— fueron publicados originalmente en inglés por Rebecca Solnit y Mary Beard. Ambas autoras provienen de una formación académica, pero su intención es, por medio de la literatura, hacer accesible la discusión feminista a todas las mujeres.

Solnit, Rebecca

(Estados Unidos, 1961) ha escrito veinte libros sobre feminismo, historia, insurrección, fotografía, medio ambiente, poder popular, el acto de caminar, el surgimiento de comunidades en el desastre, la importancia de la esperanza en medio de la oscuridad, así como una trilogía de atlas de ciudades. Educada desde la guardería hasta el posgrado en el sistema de educación pública de California, es historiadora, periodista, defensora del medio ambiente y crítica de arte. En sus propias palabras: "A veces digo que soy ensayista". El ensayo "Los hombres me explican cosas" se publicó originalmente en TomDispatch.com en 2008.

Beard, Mary

(Reino Unido, 1955) es profesora de letras clásicas en la Universidad de Cambridge, además de ser una reconocida feminista en la arena pública. Sus libros sobre la Antigüedad buscan acercar el conocimiento sobre la historia clásica occidental a un público general. Su interés por el tema se detonó cuando tenía cinco años y su madre la llevó de visita al Museo Británico en Londres, donde se percató de que el mundo es considerablemente más complicado de lo que parece. Ahí mismo, varias décadas después, dictó la conferencia que dio origen al ensayo "La voz pública de las mujeres", que apareció en el London Reznew of Books en 2014.

Los años sesenta del siglo xx fueron testigos del surgimiento de la llamada segunda ola del feminismo en el mundo. En ese momento, millones de mujeres alrededor del planeta comenzaron a exigir ser tratadas con igualdad y en apego a sus derechos humanos, los cuales, a reserva de ser reiterativa, son también derechos de las mujeres. A más de cuarenta años de iniciados esos movimientos, hoy en día miles de activistas y académicas feministas siguen trabajado para identificar las fuentes de opresión femenina que promueven y mantienen las desigualdades de género. Transitando distintos territorios, estos esfuerzos renuevan y reinventan de forma constante manifestaciones sociales y culturales cuyo propósito es erradicar las causas de la opresión, buscando generar una sociedad fundada en la justicia y la igualdad. Así, en pleno siglo xxi -y cada vez con más fuerza- las voces que exigen la observancia de los derechos de las mujeres mantienen vigencia y ganan espacios. Hoy, los debates alrededor de la igualdad de género se han multiplicado. Abundan los foros y espacios en donde se discuten estrategias para continuar con las luchas feministas. En este contexto, resulta esencial difundir las ideas y los aportes conceptuales que se realizan en los ámbitos académicos -tanto nacionales como internacionales- para hacerlos llegar a las mujeres, incluso más allá de estos espacios. Así, la difusión del conocimiento, más que una tarea universitaria primordial, se convierte en un deber universitario. Acercar a las generaciones más jóvenes elementos que les permitan conocer y entender las raíces de estos movimientos contribuye a repensar estrategias a futuro, incitando a la construcción de sociedades sostenibles, justas e igualitarias. Los dos ensayos feministas que conforman este libro -"Los hombres me explican cosas" y "La voz pública de las mujeres"- fueron publicados originalmente en inglés por Rebecca Solnit y Mary Beard. Ambas autoras provienen de una formación académica, pero su intención es, por medio de la literatura, hacer accesible la discusión feminista a todas las mujeres. Rebecca Solnit, nacida durante la década de los años sesenta, es escritora, historiadora, activista, feminista y ambientalista estadounidense. Su ensayo "Men Explain Things to Me", publicado en TomDispatch y traducido en esta edición como "Los hombres me explican cosas", se convirtió desde el momento de su publicación en 2008 en un hito del movimiento feminista contemporáneo. Solnit ejemplifica con ironía la forma en que los hombres utilizan un discurso condescendiente para silenciar y ejercer poder sobre las mujeres, incluso en el ámbito cultural, de aparente igualdad y apertura. La popularidad del ensayo dio pie al término mansplaining -un neologismo con traducción incierta, que se ha trasladado al español como machoexplicar, hombre-explicar, manxplicar e incluso androplicai-. El concepto se utiliza hoy en día como moneda corriente para describir el tono pedagógico que utilizan ciertos hombres al hablar de temas sobre los cuales sus interlocutoras mujeres poseen mayor conocimiento, mientras ellos se asumen como expertos. Mary Beard nació a mediados de los años cincuenta y es profesora de estudios clásicos en la Universidad de Cambridge. Una de las historiadoras más relevantes del mundo contemporáneo, fue galardonada con el Premio Princesa de Asturias en Ciencias Sociales en 2016. "Oh, Do Shut Up Dear!" es el título original de la conferencia que la historiadora inglesa dictara en el Museo Británico en 2014, que posteriormente se publicara en el London Reviera of Books como "The Public Voice of Women", y que aquí se traduce como "La voz pública de las mujeres". En este texto, Beard se remonta a la Odisea, una de las obras literarias fundacionales de la cultura occidental, para señalar la escena en la que Telémaco, hijo de Odiseo, calla en público a su madre, Penélope. Desde este punto de partida, el texto rastrea hasta nuestros días esta imagen del hombre que calla a la mujer, reflexionando sobre la idea, todavía preponderante, de que las mujeres tienen derecho al chisme, pero no al discurso. Ambos ensayos denuncian la violencia que se ejerce sobre la voz de las mujeres, como una forma más de subordinación -el primero señalando la dominación de la voz de los hombres, el segundo denunciando el silenciamiento de la voz de las mujeres-. El derecho de las mujeres al ejercicio del habla, el diálogo, el debate y la discusión sigue siendo violentado en las sociedades contemporáneas. Ante esta situación, ambas autoras otorgan herramientas que permiten identificar tanto la arrogancia aparentemente cariñosa como el silencio impuesto con premeditación. En México, como en otros países del mundo, en los últimos años hemos visto a grupos de mujeres jóvenes que insisten en hacer pública su voz, que buscan denunciar y transformar la misoginia que todavía subordina, calla y relega. A través de las redes sociales, movimientos como #RopaSucia, #ClubDeTobi y #MiPrimerAcoso y #SiMeMatan por nombrar algunos, se han convertido en manifestaciones de mujeres jóvenes que reclaman su lugar en la sociedad, que exigen derechos y defienden la pertinencia de su voz. Ediciones Antílope se caracteriza por publicar en gran parte a autoras y autores jóvenes, dirigiéndose a un público joven, con un diseño estético atractivo que busca dar voz a una nueva generación y aportar a la circulación de sus ideas. La importancia de este libro -que reúne estos dos ensayos gemelos, ilustrados por la artista tamil Renuka Raliy- radica, entre otras cosas, en una búsqueda por otorgar a jóvenes mujeres mexicanas herramientas y contexto para librar sus propias batallas por hacerse escuchar. Para el Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias (CRIM) de la Universidad Nacional Autónoma de México, resulta crucial apoyar esfuerzos de divulgación que incidan en la construcción de mejores sociedades. Por ello, en coedición con Ediciones Antílope -joven proyecto editorial conformado por cuatro mujeres y un hombre-el "Programa de género y equidad" del CRIM decidió apoyar este proyecto que busca visibilizar un tema en extremo relevante para nuestra sociedad actual. Esperamos, con ello, aportar no sólo a la difusión de materiales académicos dirigidos a mujeres jóvenes, sino apoyar también esfuerzos editoriales de las y los jóvenes, buscando contribuir a la igualdad de género y la justicia social. Cuernavaca, Morelos, México Abril de 2017 PREFACIO TANIA TAGLE No existe en la historia de la humanidad un sometimiento -político, económico e incluso religioso o espiritual- que no inicie con un silenciamiento. La desaparición de cientos de lenguas como consecuencia del colonialismo y el nacionalismo da cuenta de ello desde hace siglos. No hay régimen totalitario que no se encuentre sostenido por el silencio de todos aquellos sobre quienes se erige. El derecho a la vida y a la dignidad siempre ha estado determinado por el derecho a la palabra. A la palabra pública, vale aclarar, porque debemos entender que las palabras valen dependiendo quién las dice. En el patriarcado, la palabra pública -aquella que debe ser escuchada, que tiene autoridad para silenciar a otras mientras se ejecuta- les pertenece sólo a los hombres. Regresemos al término "autoridad". En nuestra cultura, la voz de los hombres es, casi axiomáticamente, una voz autorizada, en principio, para hablar por el resto de la especie humana. Es por eso que la producción discursiva de los hombres tiende a universalizarse mientras que la de las mujeres queda sujeta a categorías como "temas de género", "literatura femenina", "cosas de mujeres", chismes y otras nimiedades. En segunda instancia, la voz de los hombres está autorizada para enseñar. A ellos les fue dado -por razones tanto históricas como estructurales- el papel de descubrir el mundo, nombrarlo, conquistarlo y, además, instruirnos al respecto de estas hazañas. Por supuesto, cuando la enseñanza debe ir adjunta a una labor de cuidado, como es el caso de la educación de los niños, se convierte de forma automática en una tarea femenina. Como en todo, existen excepciones, pero sabemos que las excepciones, en una cultura patriarcal como la nuestra, se cobran caro. Una mujer que habla en público sin pudor es un blanco, no sólo de críticas insidiosas sino de todo tipo de violencias, desde los insultos hasta las amenazas y las persecuciones. ¿Qué autoriza la voz de los hombres sobre la de las mujeres?, se pregunta Mary Beard, una de las clasicistas más importantes en la actualidad, ¿de dónde viene este mandato que nos enseña a callar y a escuchar? En su ensayo, La voz pública de las mujeres, Beard sitúa un momento fundacional de este silenciamiento en la Odisea. Telémaco, siendo apenas un muchacho adolescente, manda callar a Penélope, su madre, y la insta a ocuparse de la servidumbre y otros asuntos femeninos. En ausencia de Odiseo quien, habríamos de recordar, se encuentra peleando una guerra que inició con el rapto de una mujer como si se tratara de una mercancía, Telémaco ha asumido el papel de "hombre de la casa". No importa que sea apenas un chiquillo, su voz ya tiene mayor autoridad que la de su madre. Cuenta Homero que Penélope, después de ser reprendida, le obedece y se retira. Para la tradición griega, el silencio no sólo es un castigo moral, es una característica esencial de la condición femenina. En Grecia, las mujeres no eran consideradas ciudadanas, y eso significaba que no podían hablar ante tribunales o en el ágora. El efecto resultaba similar a lo que ocurre con la ninfa Eco, quien es condenada a sólo poder repetir lo que dicen otros, ¡qué metáfora más atroz del adoctrinamiento! Aun así, había excepciones, las mujeres podían hablar por otras mujeres o sobre asuntos que "les correspondían", como los hijos y la crianza. Incluso hubo mujeres poetas, filósofas, sacerdotisas y también regentes y abogadas. Pero cuando se impuso la religión cristiana las mujeres fueron silenciadas definitivamente. En el tránsito entre uno y otro régimen, no hubo mensaje más claro que el destino de Hipatia de Alejandría, desollada y desmembrada viva. Para la tradición cristiana, se volvería obsceno que una mujer hablara en público. En I Corintios 14:34-35, se lee: "Vuestras mujeres callen en las congregaciones porque no les es permitido hablar, sino que estén sujetas, como también la ley lo dice. Y si quieren aprender algo, pregunten en casa a sus maridos, porque es obsceno que una mujer hable en la congregación". Y en Timoteo 2:11-12: "La mujer aprenda en silencio, con toda sujeción. Porque no le es permitido a la mujer enseñar ni ejercer dominio sobre el hombre, sino estar en silencio". Corintios y Timoteo son cartas del apóstol Pablo cuya finalidad era regir y unificar el comportamiento de las primeras iglesias cristianas, y continúan siendo vigentes y tomadas como "palabra de Dios" en todas las congregaciones (católicas, por supuesto) del mundo en la actualidad. Ésa es la tradición que rige en Occidente y sobre la que se sostiene su moral, seamos o no creyentes: la mujer calla, el hombre enseña. El machoexplicar, fenómeno que describe por primera vez Rebecca Solnit en Los hombres me explican cosas es, en principio, un mandato divino asimilado con tal profundidad en la cultura, que continúa operando sin cuestionarse, incluso en contextos laicos. No importa cuánto avancemos en materia de derechos, mientras permanezcan intactos estos gestos aprendidos, casi supersticiones a las que damos categorías de verdad, el patriarcado se mantendrá a salvo. De ahí la importancia de que, en contextos como el mexicano, donde la violencia en contra de las mujeres es brutal, no sólo nos ocupemos de recuperar la potestad sobre nuestros cuerpos y sobre el espacio público, sino también sobre nuestras voces. Fenómenos como las cuentas de trolls en internet revelan cómo la violencia patriarcal, que es una violencia normativa cuya función es la preservación del sistema, muta y se adapta a los nuevos formatos. No sólo las activistas, sino cualquier mujer con una voz pública en la actualidad es atacada y amenazada con "castigos" y "escarmientos", porque la voz femenina, cuando es escuchada, representa una trasgresión inaceptable. Los ensayos de Mary Beard y Rebecca Solnit hablan de esa trasgresión al mismo tiempo que la ejercen. Desobedecen e invitan a la desobediencia, porque, en nuestro contexto, la obediencia significa muerte. En México hoy, defender el derecho a la voz es defender el derecho a la vida. Tlatelolco, Ciudad de México, México Mayo de 2017

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