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Libros UNAM

Filósofos después de Freud

Filósofos después de Freud

 

ISBN: 9786079699970

Autor(es): Martínez Ruiz, Rosaura (coordinadora)

Editor/Coeditor/Dependencia Participante: Facultad de Filosofía y Letras

Formato: Libro Impreso

Disponibilidad: En existencias

Special Price MXN$189

Precio Habitual: MXN$270

ISBN/ISSN 9786079699970
Entidad Académica Facultad de Filosofía y Letras
Edición o Número de Reimpresión 1a edición, año de edición -2015-
Tema Psicología
Número de páginas 414
Tamaño 23 x 16.5 x 2
Terminado o acabado rústico

Detalles

Para Freud, sus investigaciones, como las de Copérnico y las de Darwin, hirieron el narcisismo de la humanidad. Pero el golpe más ofensivo a la autoestima humana, dice, es el que asesta el psicoanálisis, al despertarla del sueño del “yo”, de ser “dueño de su propia casa”. La revolución freudiana es definitiva; el “efecto Freud” no cesará y no dejaremos de ocuparnos de las reacciones frente a los descubrimientos freudianos, así como del significado real de sus contribuciones a la filosofía que podríamos llamar contemporánea, que parece haber dado un “giro psicoanalítico”; ya no se puede pensar filosóficamente sin Freud. El objetivo principal del proyecto que origina este volumen fue hacer un recorrido por el trabajo de los filósofos a quienes el psicoanálisis les permitió hacer una crítica de la cultura, así como revisar los compromisos ontológicos de la tradición filosófica occidental. Los autores esperan contribuir con una reflexión que habite y se interrogue sobre los límites entre la filosofía y el psicoanálisis freudiano, en cuanto a disciplina frontera. Igualmente, cuestionan la viabilidad de pensar ciertos problemas, propios de la filosofía, sin recurrir al psicoanálisis. Promueven también la discusión de temas éticos, morales, políticos, estéticos, ontológicos, sociales e, incluso, ecológicos, con relación a problemas donde el cruce entre la filosofía y el psicoanálisis sea productivo.

Martínez Ruiz, Rosaura (coordinadora)

(1974) es filósofa, investigadora, académica y activista mexicana. Se especializa en la investigación y el estudio de la filosofía de Jacques Derrida, la deconstrucción, el pensamiento Freudiano y la teoría crítica, temas sobre los cuales ha escrito artículos y libros. Estudió su licenciatura en la Facultad de Psicología de la UNAM, su maestría en The New School -donde tomó clases con el profesor Jacques Derrida-, su doctorado en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM y su posdoctorado en el Instituto de Investigaciones Filosóficas de la UNAM.

La presente investigación es producto -como todos los proyectos que vale la pena continuar- de una conversación entre amigas en un contexto no académico. Hace ya un par de años conversábamos Mariflor Aguilar, María Antonia González Valerio y yo sobre Freud y la filosofía. En ese contexto, Mariflor Aguilar tuvo la idea brillante de hacer un libro, uno que fuera la otra cara de la moneda de Freud y los filósofos de Paul-Laurent Assoun. Yo no pude menos que entusiasmarme, pues mi principal línea de investigación desde hace ya poco más de una década ha girado alrededor de las intersecciones entre el psicoanálisis freudiano y la deconstrucción. Ilusionada le respondí que sí, que era urgente hacerlo. Tomamos muy en serio dicha idea y las tres comenzamos a pensar en qué autores tendrían que aparecer en ese volumen. Un día Mariflor me dijo que tenía demasiado trabajo, por lo que -muy generosamente- me "regalaba" su idea para que la coordinara yo. A partir de entonces vivo agradecida con mi amiga por ese regalo. Presenté pues un proyecto al Programa de Apoyo a Proyectos de Investigación e Innovación Tecnológica (PAPIIT) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), en la que orgullosamente trabajo desde hace unos 10 años. En diciembre de 2012 el proyecto fue aprobado, y tras recibir esa buena nueva, en enero de 2013 comenzamos a reunirnos en un seminario de investigación quincenal. Lo primero que decidimos fue hacer una lista de los filósofos cuya presencia en la futura obra considerábamos fundamentales; luego hicimos una lista de colegas expertos en esos pensadores con miras a pedirles su colaboración. La mayoría de los autores de este libro participaron en el proyecto de investigación; otros sólo fueron invitados a escribir y a exponer sus textos en el Coloquio Filósofos después de Freud que tuvo lugar el pasado noviembre de 2014 en la UNAM. El objetivo principal de este proyecto fue analizar cómo influyó el psicoanálisis freudiano en el pensamiento de cada filósofo estudiado. Decidimos este itinerario y no otro -por ejemplo por tema, por problemática filosófica o uno que comprendiera las influencias de la filosofía en la obra de Freud-, porque la investigación que llevé a cabo sobre el estado del arte de este diálogo en español, inglés y francés mostró que esos estudios estaban ya hechos, en cambio éste que aquí ofrecemos, no. Después apareció la pregunta acerca de "quiénes", es decir, de qué filósofos habría que escoger. Elegimos como punto de partida a los filósofos de la Escuela de Fráncfort, tanto a aquellos cuyos escritos muestran una constante interpelación de la historia del pensamiento occidental como a aquellos que permiten leer a Freud desde su historicidad. ¿Qué quiero decir con esto? Nos interesó hacer un recorrido por el trabajo de filósofos a quienes el psicoanálisis les permitió hacer una crítica de la cultura así como de los compromisos ontológicos de la tradición filosófica occidental. Me parece importante resaltar el doble gesto de este proyecto: el interés por la influencia del pensamiento freudiano en los discursos de algunos filósofos, pero también la convocatoria a filósofos para que escribieran sobre este tema. Se trata por lo menos de dos lecturas de dos tiempos: filósofos que escriben sobre otros filósofos que escriben con Freud. Está por demás aclarar que, dados los compromisos metafísicos a los que Freud también estuvo anclado, fueron asimismo convocados esos filósofos para quienes el psicoanálisis fue un aliado intelectual más conservador que revolucionario. Fue también solicitado Gadamer, para quien Freud estuvo prácticamente ausente, salvo, como dice María Antonia González Valerio, en sus respuestas a Habermas y a Ricoeur. En el capítulo sobre Gadamer y Freud, la pregunta que sirvió de hilo conductor tuvo que hacerse en negativo, esto es, no qué le dijo Freud a Gadamer, sino por qué el padre del psicoanálisis estuvo ausente en la obra de Gadamer, y específicamente: ¿En qué sentido el proyecto hermenéutico de Gadamer se ve interpelado negativamente por un llamado a la sociología y a la efectividad de una práctica marcada por un fin específico? ¿Cuál es la idea de "interpretación" que hay en la hermenéutica gadameriana para ver en el psicoanálisis freudiano no una anticipación de sus planteamientos sino una posición teórica con la que no necesitaba medirse más que a posteriori, es decir, a través de los discursos de Habermas y Ricoeur? ¿Qué dice la ausencia manifiesta de Freud en la hermenéutica gadameriana? La lista de filósofos fue muy larga y no encontramos suficientes colegas que pudieran escribir en español sobre algunos autores. Aunque también es cierto que de haber incluido a todos el volumen hubiese quedado poco manejable. Así pues, decidimos hacer el corte que aquí presentamos con la promesa de que, en la medida de lo posible, buscaremos expertos en el pensamiento de los aquí ausentes para una segunda entrega. En nuestra lista estaban, sin ningún orden de prelación: Philippe Lacoue-Labarthe, Jean-Francois Lyotard, Georges Bataille, Emmanuel Lévinas, Michel de Certeau, Ludwig Wittgenstein, Max Horkheimer, Cornelius Castoriadis, Peter Sloterdijk, Jürgen Habermas, Herbert Marcuse, Luce Irigaray y Maurice Blanchot. Sobre este último, Sergio Hernández (autor del capítulo sobre Néstor Braunstein) me dijo: "Pese a que no suele mencionar a Freud, pese a que casi siempre omite sus referencias, Blanchot me parece una delicia para renovar el pensamiento de Freud". Otra cuestión que estará ausente en este libro, pero que no debemos olvidar, es la herencia filosófica sin la que el pensamiento, el discurso y los "descubrimientos" freudianos no hubieran sido posibles. Me refiero a ese legado que recupera Paul-Laurent Assoun en el libro que sirve de espejo para el que ahora el lector tiene en sus manos. Como bien lo señaló nuestra querida colega Greta Rivara en una sesión del seminario de investigación suscrito al Proyecto "Filósofos con Freud" (PAPIIT 1N403413): "Freud es un heredero de la filosofía, su vocabulario y muchos de los problemas que le ocuparon son filosóficos y no científicos". El camino que recorre la relación entre filosofía y psicoanálisis es de doble sentido. En palabras de Jean-Luc Nancy: Contrario a la lectura habitual de Freud como terapeuta, el "retorno a Freud" significa la lectura de un Freud que era "en realidad" un pensador y escritor, quien, para promover estos fines, había descubierto un recurso en el material de la neurosis y la "cura por el habla" -corno a través de un ardid de la razón (0 del inconsciente?)-. La invención de Freud era poética y filosófica -de ninguna manera era terapéutica, y de hecho (y por las mismas razones) no científica-. La cura por el habla fue quizás, básicamente, ni siquiera un método, pero el acceso a la verdad, que se impuso a Freud en vez de que Freud la hiciera. Esa verdad no era ni una verdad del hombre ni de la historia ni tampoco de la sociedad (que era, sobre todo, no una "verdad del hombre moderno"), sino una verdad del pensamiento. Esto significa, por lo menos, que esta verdad manifiesta, sobre todo, que la verdad no es ni del hombre ni de la historia ni de la sociedad; la verdad no es la verdad de cualquier cosa. Esa verdad era el inconsciente. Así pues, la revolución freudiana es definitiva; el "efecto Freud" no cesará aunque sus textos dejen de leerse. En este sentido, resulta interesante pensar en las reacciones frente a los descubrimientos freudianos y en el significado real de la contribución intelectual de Freud para la filosofía y, en particular, para el trabajo de algunos filósofos. La filosofía que podríamos llamar contemporánea (de la Escuela de Fráncfort hasta nuestros días) parece haber dado un "giro psicoanalítico". Ya no se puede pensar filosóficamente sin Freud. En su artículo intitulado Una dificultad del psicoanálisis (1917), Freud describe cómo tres científicos hirieron fuertemente el narcisismo de la humanidad: Copérnico, Darwin y él mismo. Copérnico nos desengañó cuando comunicó a la humanidad que la Tierra, su hábitat, no era el centro estático del universo. Este primer golpe al narcisismo humano es para Freud el "cosmológico". Después de Copérnico, Darwin asesta el segundo golpe, el "biológico". La teoría de la evolución darwiniana borra el abismo entre el ser humano y los otros animales que habitan la Tierra, y cuestiona la presunción del primero de ser un descendiente divino. El tercer golpe -y, desde la perspectiva freudiana, el más ofensivo para la autoestima humana- es el "psicológico". Para Freud, el psicoanálisis despierta a la humanidad de un sueño, del sueño del "yo" de ser "dueño de su propia casa". En sus propias palabras: [...] esos dos esclarecimientos [del psicoanálisis]: que la vida pulsional de la sexualidad en nosotros no puede domeñarse plenamente, y que los procesos anímicos son en sí inconscientes, volviéndose accesibles y sometiéndose al yo sólo a través de una percepción incompleta y sospechosa, equivalen a aseverar que el yo no es el amo en su propia casa. El texto de Zenia Yébenes resulta particularmente interesante ya que aporta juicios esclarecedores sobre el tema de la sexualidad en Freud. En su artículo, Zenia hace un ejercicio peculiar: argumenta que la crítica de Foucault a la interpretación freudiana de la sexualidad -interpretación comprometida, según el pensador francés, con el "dispositivo sexualidad" en cuanto poder que organiza y se apodera de los cuerpos- puede objetarse con una metodología precisamente foucaultiana. En pocas palabras, para Yébenes, en la genealogía de la histeria o neurosis "el concepto 'sexo' [...] funciona de otra manera [...] y abre la posibilidad de una nueva formación discursiva". Y agrega: Foucault entiende el psicoanálisis como la práctica discursiva que consolida la noción moderna de que la sexualidad es la esencia del individuo, lo cual, en lugar de liberar, fija y limita los cuerpos y los placeres de los sujetos a quienes se les insta a identificarse. Sin embargo es posible otra lectura en la que el sexo, como concepto discursivo, juegue otro papel. Un análisis minucioso de Arnold I. Davidson en torno al primero de los Tres ensayos para una teoría sexual, advierte así que todo el planteamiento de Freud es que ninguna zona particular del cuerpo ni ningún objeto particular son especialmente adecuados para la excitación por lo que el concepto freudiano de pulsión sexual queda separado de un objeto y fin natural desligándose así del concepto funcional y teleológico de instinto sexual. Así como ya no se puede pensar sin tener presente la teoría de la evolución, o en una tierra cuadrada o centro del universo, tampoco podemos imaginar al ser humano como un sujeto plenamente presente a sí mismo, fuera de su animalidad, ni a la cultura como un proceso civilizatorio sin dolor, esto es, sin malestar y sin crueldad. En este punto fue una pena no contar con un capítulo sobre Marcuse, quien en Eros y civilización hace un análisis pionero de las posibles directrices para diseñar culturas menos represivas y, por lo tanto, menos crueles y más eróticas. Sigmund Freud, como todo gran revolucionario intelectual, cambió nuestra manera de pensar, planteó nuevas preguntas y siguió caminos inéditos para responderlas. El psicoanálisis es ahora un saber y un discurso que ha permeado lo mismo el pensamiento intelectual que la vida cotidiana e íntima; gran parte de su vocabulario ha invadido contextos que rebasan el ámbito de la reflexión erudita. Ya lo preveía Ortega y Gasset cuando dijo: "Edipo, para Freud, es el género humano entero. ¡Y eso sí que es noticia! Si las ideas de Freud llegan a triunfar en la ciencia -cierra el articulista- ¿no podemos prever las transformaciones que impondrán a la pedagogía, a la historia, a la moral?". En el terreno de las ciencias, las artes y las humanidades, el psicoanálisis -como teoría y como discurso- es una herramienta crítica. Por un lado, el freudismo sigue ofreciendo un interesante acercamiento al problema de la subjetividad; por otro, el descubrimiento de efectos negativos de ciertas producciones culturales sobre la vida psíquica, tanto a nivel individual como social, ha estado en total consonancia con la tarea crítica de la filosofía. Entre otras aportaciones a la teoría crítica, Freud parece haberle otorgado el puente intelectual entre las estructuras "legaliformes" de la sociedad y el individuo. En el capítulo sobre Adorno, Jorge Armando Reyes explica que el camino para comprender cómo participamos con la "razón" en la institución no puede ser antropológico, pues eso implicaría asumir una proposición metafísica; no puede tampoco ser hermenéutico, pues no podemos trazar una línea continua entre los conceptos universales que operan en la sociedad y su traducción en acciones individuales. Así, Reyes afirma: El problema sólo puede responderse con el mismo lenguaje de la autorreflexión: explicando de qué manera se articulan dos niveles de estructuras legaliformes: la sociedad y el individuo. Esto último es precisamente lo que Horkheimer y sus colaboradores creyeron encontrar en Freud. En ese sentido, es válido afirmar que para la teoría crítica Freud complementa a Marx. En primer lugar, esta relación es posible porque el psicoanálisis comparte la estructura general de la autorreflexión: se refiere a lo concreto, pero con el propósito de indagar cuál es la legalidad que constituye su inteligibilidad. Así, la comprensión de la vida psíquica en términos de "tópica" proporciona, cuando se la juzga desde la perspectiva de la filosofía, un modelo de subjetividad que, por un lado, hace referencia a procesos empíricos que, a final de cuentas, remiten a estudios de caso clínico-patológicos; pero, por otro lado, aquéllos sólo se tornan inteligibles en la medida en la cual se constituyen como un orden en el cual se establece la forma necesaria de su operación, de ahí que Freud insista en que "el psicoanalista se distingue por una creencia particularmente rigurosa en el determinismo de la vida anímica". Y la lectura de Ana María Martínez de la Escalera acerca de la influencia del pensamiento freudiano en la obra de Walter Benjamin parece coincidir en este mismo punto: Citando primero a Proust y después a Valéry, Benjamin parece apropiarse literariamente del texto freudiano y desde allí trazar una relación entre lo individual y lo colectivo: la noción de historia desprendida de la lectura de Valéry lo hace posible. El poeta es quien se ha interesado en "el modo del funcionamiento de los mecanismos psíquicos en las condiciones actuales de vida". Como sea que pensemos lo particular del cuestionar filosófico, nos parece indiscutible que el diálogo con el psicoanálisis resulta en un dispositivo de-constructivo de problemáticas ético-políticas, epistemológicas y estéticas. El intercambio de miradas entre ambas disciplinas despliega una fuerza heurística que es importante atender. A no ser que identifiquemos el pensamiento con sus errores, no podemos desechar el psicoanálisis, aun cuando, desde la filosofía, hayamos encontrado fallas de razonamiento en el discurso freudiano. En términos historiográficos, no fue sino hasta después de la segunda guerra mundial y el Holocausto que los filósofos dirigieron sus reflexiones con la mirada puesta en el psicoanálisis. Según parece, cualquier disciplina resultaba insuficiente para comprender la barbarie de esas décadas.

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