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Libros UNAM

Escultura Olmeca de San Lorenzo Tenochtitlán

Escultura Olmeca de San Lorenzo Tenochtitlán

 

ISBN: 9786073000468

Autor(es): Ann Cyphers

Editor/Coeditor/Dependencia Participante: Instituto de Investigaciones Antropológicas / Coordinación de Humanidades

Formato: Libro Impreso

Disponibilidad: En existencias

MXN$930
ISBN/ISSN 9786073000468
Entidad Académica Instituto de Investigaciones Antropológicas
Edición o Número de Reimpresión 2a edición, año de edición -2018-
Tema Antropología
Colaborador Coordinación de Humanidades
Número de páginas 305
Tamaño 28.5 x 26.5 x 2.5
Terminado o acabado pasta dura
Idioma Español
Contenido PRESENTACIÓN A LA PRIMERA EDICIÓN 11
PREFACIO 13
AGRADECIMIENTOS 19
ESCULTURA Y SOCIEDAD 21
ANTECEDENTES 21
UNIVERSO DE ESTUDIO 24
SISTEMATIZACIÓN DE DATOS 27
GLOSARIO DE LA INDUMENTARIA 33
CONCEPTOS DE ESCULTURA Y SOCIEDAD 34
IMÁGENES DE PODER Y RITO A NIVEL REGIONAL 36
SECCIÓN I
Los MONUMENTOS DE SAN LORENZO 39
SECCIÓN II
Los MONUMENTOS DE TENOCHTITLÁN 227
SECCIÓN III
Los MONUMENTOS DE EL REMOLINO 237
SECCIÓN IV
Los MONUMENTOS DE LOMA DEL ZAPOTE 241
SECCIÓN V
Los MONUMENTOS DE ESTERO RABÓN 275
APÉNDICE
RELACIÓN DE MONUMENTOS, SU LOCALIZACIÓN
ACTUAL Y CATEGORÍA 287
BIBLIOGRAFÍA 293

Detalles

La civilización olmeca nació y prosperó en la costa sur del Golfo de México. La primera capital de este pueblo fue San Lorenzo, Veracruz, la cual ejercía un dominio entre 1400 y 1000 a.C. bajo el mando de gobernantes hereditarios quienes ocupaban el ápice del sistema político y social y contaban con el respaldo de la ideología. Esta ideología se plasmó en magníficas esculturas de piedra como, por ejemplo, las cabezas colosales, los inmensos tronos y las figuras humanas, entre otras obras.
En esta obra se proporciona un registro actualizado de 165 esculturas de esta gran capital y de cuatro centros menores en su sistema de asentamientos: Loma del Zapote, Estero Rabón, Tenochtitlán y El Remolino. Estas obras escultóricas guardan información sobre las raíces más remotas de esta cultura, los mensajes que los gobernantes y sacerdotes querían transmitir, los cambios ideológicos a lo largo de su desarrollo cultural y las jerarquías en el patrón de asentamiento.

Ann Cyphers

es doctora en historia, por la Facultad de Filosofía y Letras, UNAM. Es investigadora titular C del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM. Pertenece al Sistema Nacional de Investigadores, nivel III. Sus líneas de interés son: Culturas preclásicas, olmecas.

PRESENTACIÓN A LA PRIMERA EDICIÓN Libros como éste que tiene el lector en sus manos, no necesitan "presentación". Muestran en sí mismos su calidad erudita y de investigación certera y regular. Para ponderar algunas de sus cualidades haré sólo breves comentarios. Es para mí estimulante y no poco sorprendente el escrito que a continuación tengo el honor de reseñar. Se trata, sin duda, de un texto que sugiere y envuelve, no sólo a los entendidos en el arte y la arqueología olmecas, sino también a los nuevos estudiosos que se inician en estos quehaceres. En lo personal me ha estimulado porque asegura que investigaciones futuras y originales se ponen en marcha para dar respuestas más próximas y concretas a lo que son y a lo que conservan las esculturas monumentales olmecas. El paso de los años es experiencia acumulada, con ello, la memoria histórica se enriquece y posibilita una mejor comprensión del pasado. Por otra parte, los avances tecnológicos inciden favorablemente en las fronteras de la comprensión. Así en lo que va desde los años treinta del siglo xx a nuestros días, el entendimiento en torno al pueblo olmeca ha sido considerable, es lo que transcurre entre ignorar una cultura y los intentos por reconocerla e interpretarla a través de la lectura, un tanto arbitraria, de sus esculturas. No hay código que permita su justa valoración icónica. En un principio, después del asombro y la consecuente ofuscación al descubrir portentosas esculturas gigantescas y objetos de menor tamaño en translúcidas piedras verdes -jade y jadeíta-, se pusieron los afanes en encontrar identidad cultural a estas obras que guardaban una fuerte unicidad, pero que no correspondían a otras culturas por entonces conocidas. Entre los pioneros, incipientes arqueólogos, buscaron parecido con pueblos que habitaban otros sitios de las zonas tropicales de la costa del Golfo, y hubo algunos que se aventuraron a proclamar que los olmecas fueron mayas. No se sabía, como aún no se conoce, cuál era y si esta civilización tenía nombre específico. El término olmeca derivó de unos grupos muy tardíos, contemporáneos de los mexica y próximos al contacto español, más en ningún momento se ha aclarado quiénes fueron los creadores -que en muchos siglos los antecedieron de las tallas colosales y de las breves esculturas en piedra verde. Tampoco se sabe qué lengua hablaban, aunque hay inciertos estudios hipotéticos que rastrean el pasado de las lenguas y de los pueblos de esta región. No obstante, los avances en torno a esta mal llamada "cultura madre", por ser supuestamente la primigenia, han sido esclarecedores gracias a estudios analíticos y cuidadosos como éste, que acerca de la escultura monumental da a conocer Ann Cyphers, después de varios años de investigación. Como dije antes, ha sido también para mí sorprendente, ya que la autora establece racional y objetivamente un orden en las obras de arte que clasifica. De modo tal que organiza y etiqueta las esculturas olmecas para que, una vez catalogadas, resulten asequibles a la mente humana contemporánea. Me llama la atención, y me gusta su meticuloso análisis de las obras maestras que han estrujado por décadas a los interesados y estudiosos en la arqueología y en el arte del México antiguo. Los trabajos previos al de la doctora Cyphers se ocuparon en catalogar, describir y hacer algunas sugerencias sobre el significado de estas obras. Hoy día, la autora exhibe propuestas novedosas de nomenclatura y, con ello, de interpretación. Así, presenta una visión diferente y se concatena en el proceso histórico de la justa comprensión. En su manera analítica y mesurada, Ann Cyphers hurga y da nombres explícitos a los aspectos externos de las grandes tallas pétreas, de acuerdo con sus percepciones personales, ordenadas y sintéticas. Las esculturas olmecas -y los fragmentos de ellas- han estado sujetas durante tres milenios a la degradación temporal y humana. Lamentablemente, este proceso sigue su curso sin barrera que lo limite. Se puede apreciar con notoriedad en las esculturas de La Venta, expuestas a la intemperie en el Parque-Museo de La Venta, y en menor grado en San Lorenzo, ahora protegidas bajo techo en los museos comunitarios. Sin embargo, aún en los trozos menores y carentes, por su estado fragmentario, de la energía expresiva de las grandes esculturas, se reconoce la impronta sensual y naturalista del escultor olmeca que dominó sobremanera la piedra en San Lorenzo. Ann Cyphers centra su investigación en las piedras labradas de los sitios que ha explorado desde que inició en 1990 el Proyecto Arqueológico San Lorenzo Tenochtitlán: San Lorenzo, Tenochtitlán, El Remolino, Loma del Zapote y Estero Rabón. La autora hace una breve historia de las vicisitudes arqueológicas de los sitios, incluyendo el hallazgo -por ella y su equipo- en 1994 de la décima Cabeza colosal de San Lorenzo y de los beneficios culturales que los pueblos de Tenochtitlán y Potrero Nuevo han obtenido con la creación de sus respectivos museos comunitarios. Éstos albergan algunas de las piezas más notables de los sitios y fueron creados con fondos de la Universidad Nacional Autónoma de México; en la actualidad están a cargo del Instituto Nacional de Antropología e Historia. Cyphers propone una nueva clasificación y numeración, además de describir los nombres que utilizó en la sistematización de sus cédulas. Cada cédula tiene una amplia descripción y discusión sobre el objeto al que se hace referencia. El cúmulo de datos cuidadosamente registrado, será de ayuda al estudioso o especialista interesado en tales afanes. A mayor información, mejores resultados en la comprensión. Seguramente los datos registrados por la autora causarán admiración entre los lectores: "el volumen de la roca necesaria para tallar los 159 monumentos registrados antes del 2002 en el presente corpus es de una cantidad mínima de 150 metros cúbicos de piedra, con un peso aproximado de 525 toneladas". Esto implica que sin recursos de tecnología de transporte avanzada, pero con un gran potencial humano, se realizaron los colosos de piedra olmecas. La escultura olmeca de San Lorenzo Tenochtitlán es un avance significativo para el conocimiento de ese pueblo vigoroso y creativo escultóricamente, que hoy, a falta de otro nombre, llamamos olmeca. Beatriz de la Fuente

Escultura Olmeca de San Lorenzo Tenochtitlán

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