No tiene artículos en su carrito de compras.

Total: MXN$0
Libros UNAM

El origen de las especies

El origen de las especies

 

ISBN: 9786072003859

Autor(es): Charles Darwin / Antonio de Zulueta (Traducción) / Juan Comas (Estudio introductorio)

Editor/Coeditor/Dependencia Participante: Coordinación de Humanidades

Formato: Libro Impreso

Disponibilidad: En existencias

Special Price MXN$161

Precio Habitual: MXN$230

ISBN/ISSN 9786072003859
Entidad Académica Coordinación de Humanidades
Edición o Número de Reimpresión 2a reimpresión de la 2a edición, año de reimpresión -2018-
Tema Biología
Número de páginas 759
Tamaño 11.5 x 19 x 4.5
Terminado o acabado Rústico
Idioma Español

Detalles

Después de su viaje de circunnavegación a bordo del Beagle, y de revisar los informes recabados por otros colegas, jardineros, horticultores y ganaderos, el naturalista inglés Charles Robert Darwin publicó El origen de las especies por medio de la selección natural. La primera edición, de 1250 ejemplares, se puso a la venta el 24 de noviembre de 1859 y ese mismo día se agotó. Las reimpresiones se sucedieron rápidamente y, en 1869, en la última edición revisada y ampliada por el autor, se incluyeron respuestas a las críticas hechas durante una década. Por vez primera en español se recogen en un solo tomo los dos volúmenes de esa última edición considerada como definitiva.

Charles Darwin

Nació en Shrewsbury, Shropshire el 12 de febrero de 1809 en el seno de una familia acomodada de la Inglaterra Victoriana, era hijo de un médico prestigioso, nieto por parte de padre del también médico y Naturalista Erasmus Darwin, y por parte de madre del famoso fabricante de porcelanas Josiah Wedgwood. Es una de las personalidades que más han representado para el avance de la ciencia en la historia de la Humanidad, sus estudios sobre la Evolución y sobre todo, el descubrimiento de la Selección Natural, marcó el nuevo rumbo de la Biología.

Antonio de Zulueta (Traducción)

Barcelona, 7.III.1885 – Madrid, 31.I.1971. Naturalista, genético, herpetólogo, citólogo. Siguió los estudios de la licenciatura en Ciencias Naturales entre las Universidades de Madrid, Barcelona y París, licenciándose en la de Madrid en 1909, con premio extraordinario de fin de carrera. Durante esos años, recibió algunas pensiones con objeto de ampliar estudios. Así, en 1906 siguió el curso práctico de biología, que dirigía José Rioja Martín, en la Estación de Biología Marítima de Santander, y el verano de 1907 lo pasó en el Laboratoire Arago en Banyuls-sur-Mer, donde llevó a cabo investigaciones sobre los copépodos parásitos de los celentéreos. El curso siguiente amplió su estudios zoológicos y embriológicos en la Faculté des Sciences de la Sorbona, en París.

Juan Comas (Estudio introductorio)

Nació en Alayor, Baleares, España, a principios de siglo; llegó a México a fines de 1939. Su vida profesional inició con la pedagogía y la educación pública. Realizó estudios de antropología en Madrid y Ginebra; a la caída del gobierno republicano y en medio de muchas vicisitudes, completó en 1939 el doctorado de antropología en la Universidad de Ginebra. Formado en el campo de la antropología física, en la época de esplendor de la orientación morfológica de la antropología europea, Comas encuentra en México una rica temática que propicia sus afanes científicos. Aborda en seguida el estudio de los grupos indígenas de México, los del pasado prehispánico y los actuales, incorporándose así a la tradición de la antropología física mexicana, iniciada en los albores del siglo por Nicolás León, y va a convertirse en uno de sus principales sostenes científicos: produce valiosos estudios sobre materiales óseos humanos de origen arqueológico, con los que trata de resolver las incógnitas del poblamiento antiguo de Mesoamérica y de los pueblos que sustentaron el desarrollo cultural de esta región.

INTRODUCCIÓN Cuando estaba como naturalista a bordo del Beagle, buque de la marina real, me impresionaron mucho ciertos hechos que se presentan en la distribución geográfica de los seres orgánicos que viven en América del Sur y en las relaciones geológicas entre los habitantes actuales y los pasados de aquel continente. Tales hechos como se verá en los últimos capítulos de este libro, parecían dar alguna luz sobre el origen de las especies, este misterio de los misterios, como lo ha llamado uno de nuestros mayores filósofos. A mi regreso al hogar ocurrió-seme, en 1837, que acaso se podría llegar a descifrar algo de esta cuestión acumulando pacientemente y reflexionando sobre toda clase de hechos que pudiesen tener quizás alguna relación con ella. .Después de cinco años de trabajo me permití discurrir especulativamente sobre esta materia y redacté unas breves notas, ampliadas en 1844, formando así un bosquejo de las conclusiones que entonces me parecían probables. Desde este periodo hasta el día de hoy me he dedicado invariablemente al mismo asunto; espero que se me puede excusar el que entre en estos detalles personales, pues lo hago para mostrar que no me he precipitado al decidirme. Mi obra está ahora (1859) casi terminada; pero como el completarla me llevará aún muchos años y mi salud dista de ser robusta, he sido instado para que publicase este resumen. Me ha movido especialmente a hacerlo el que míster Wallace, que está actualmente estudiando la historia natural del Archipiélago Malayo, ha llegado casi exactamente a las mismas conclusiones generales a que he llegado yo sobre el origen de las especies. En 1858 me envió una Memoria sobre este asunto, con ruego de que la transmitiese a sir Charles Lyell, quien la envió a la Linnean Society y está publicada en el tercer tomo del Journal de esta Sociedad. Sir C. Lyell y el doctor Hooker, que tenían conocimiento de mi trabajo, pues este último había leído mi bosquejo de 1844, me honraron, juzgando prudente publicar, junto con la excelente Memoria de míster Wallace, algunos breves extractos de mis manuscritos. Este resumen, que publico ahora, tiene necesariamente que ser imperfecto. No puedo dar aquí referencias y textos en favor de mis diversas afirmaciones, y tengo que contar con que el lector pondrá alguna confianza en mí exactitud. Sin duda se habrán deslizado errores, aunque espero que siempre he sido prudente en dar crédito tan sólo a buenos testimonios. No puedo dar aquí más que las conclusiones generales a que he llegado con algunos hechos como ejemplos, que espero, sin embargo, serán suficientes en la mayor parte de los casos. Nadie puede sentir más que yo la necesidad de publicar después detalladamente, y con referencias, todos los hechos sobre que se han fundado mis conclusiones; y espero hacer esto en una obra futura, pues sé perfectamente que apenas se discute en este libro un solo punto acerca del cual no puedan aducirse hechos que con frecuencia llevan, al parecer, a conclusiones directamente opuestas a aquellas a que yo he llegado. Un resultado justo sólo puede obtenerse exponiendo y pesando perfectamente los hechos y argumentos de ambas partes de la cuestión, y esto aquí no es posible. Siento mucho que la falta de espacio me impida tener la satisfacción de dar las gracias por el generoso auxilio que he recibido de muchísimos naturalistas, a algunos de los cuales no conozco personalmente. No puedo, sin embargo, dejar pasar esta oportunidad sin expresar mi profundo agradecimiento al doctor Hooker, quien durante los últimos quince años me ha ayudado de todos los modos posibles, con su gran cúmulo de conocimientos y su excelente criterio. Al considerar el origen de las especies se concibe perfectamente que un naturalista, reflexionando sobre las afinidades mutuas de los seres orgánicos, sobre sus relaciones embriológicas, su distribución geográfica, sucesión geológica y otros hechos semejantes, puede llegar a la conclusión de que las especies no han sido independientemente creadas, sino que se han originado, como las variedades, de otras especies. Sin embargo, esta conclusión, aunque estuviese bien fundada, no sería satisfactoria hasta tanto que pudiese demostrarse cómo las innumerables especies que habitan el mundo se han modificado basta adquirir esta perfección de estructuras y adaptación mutua que causa, con justicia, nuestra admiración. Los naturalistas continuamente aluden a condiciones externas, tales como clima, alimento, etcétera, como la sola causa posible de variación. En un sentido limitado, como veremos después, puede esto ser verdad; pera es absurdo atribuir a causas puramente externas la estructura, por ejemplo, del pájaro carpintero, con sus patas, cola, pico y lengua tan admirablemente adaptados para capturar ,insectos bajo la corteza de los árboles. En el caso del muérdago, que saca su alimento de ciertos árboles, que tiene semillas que necesitan ser transportadas por ciertas aves y flores con sexos separados que requieren absolutamente la mediación de ciertos insectos para llevar polen de una flor a otra, es igualmente absurdo explicar la estructura de este parásito y sus relaciones con varios seres orgánicos distintos, por efecto de las condiciones externas, de la costumbre o de la voluntad de la planta misma. Es, por consiguiente, de la mayor importancia llegar a un juicio claro acerca de los medios de modificación y de adaptación mutua. Al principio de mis observaciones me pareció probable que un estudio cuidadoso de los animales domésticos y de las plantas cultivadas ofrecería las mayores probabilidades de resolver este obscuro problema. No he sido defraudado: en éste y en todos los otros casos he hallado invariablemente que nuestro conocimiento, aún imperfecto como es, de la variación en estado doméstico proporciona la guía mejor y más segura. Puedo aventurarme a manifestar mi convicción sobre el gran valor de estos estudios, aunque han sido en general muy descuidados por los naturalistas. Por estas consideraciones, dedicaré el primer capítulo de este resumen a la variación en estado doméstico. Veremos como es, por lo menos, posible una gran modificación hereditaria, y, lo que es tanto o más importante, veremos cuán grande es el poder del hombre al acumular por selección ligeras variaciones sucesivas. Pasaré luego a la variación de las especies en estado natural, pero, desgraciadamente, me veré obligado a tratar este asunto con demasiada brevedad, pues sólo puede ser presentado adecuadamente dando largos catálogos de hechos. Nos será dado, sin embargo, discutir qué circunstancias son más favorables para la variación. En el capítulo siguiente se examinará la lucha por la existencia entre todos los seres orgánicos en todo el mundo, lo cual es consecuencia inevitable de la elevada razón geométrica de su aumento. Es ésta la doctrina de Malthus aplicada al conjunto de los reinos animal y vegetal. Como de cada especie nacen muchos más individuos de los que pueden sobrevivir, y como, en consecuencia, hay una lucha por la vida, que se repite frecuentemente, se sigue que todo ser, al variar, por débilmente que sea, de algún modo provechoso para él bajo las complejas y a veces variables condiciones de la vida, tendrá mayor probabilidad de sobrevivir y de ser así naturalmente seleccionado. Según el poderoso principio de la herencia, toda variedad seleccionada tenderá a propagar su nueva y modificada forma. Esta cuestión fundamental de la selección natural será tratada con alguna extensión en el capítulo IV, y entonces veremos cómo la selección natural produce casi inevitablemente gran extinción de formas de vida menos perfeccionadas y conduce a lo que he llamado divergencia de caracteres. En el capítulo V discutiré las complejas y poco conocidas leyes de la variación. En los cinco capítulos siguientes se presentarán las dificultades más aparentes y graves para aceptar la teoría; a saber: primero, las dificultades de las transiciones, o cómo un ser o un órgano sencillos pueden transformarse y perfeccionarse, hasta convertirse en un ser sumamente desarrollado o en un órgano complicadamente construido; segundo, el tema del instinto o de las facultades mentales de los animales; tercero, la hibridación o la esterilidad de las especies y fecundidad de las variedades cuando se cruzan; y cuarto, la imperfección de los datos geológicos. En el capítulo XI consideraré la sucesión geológica de los seres en el tiempo; en los capítulos XII y XIII, su clasificación y afinidades mutuas, tanto de adultos como en estado embrionario. En el último capítulo daré un breve resumen de toda la obra, con algunas observaciones finales. Nadie debe sentirse sorprendido por lo mucho que queda todavía inexplicado respecto al origen de las especies y variedades, si piensa en nuestra profunda ignorancia respecto a las relaciones mutuas de los muchos seres que viven a nuestro alrededor. ¿Quién puede explicar por qué una especie se extiende mucho y es numerosísima y por qué otra especie afín tiene una dispersión reducida y es rara? Sin embargo, estas relaciones son de suma importancia, pues determinan la prosperidad presente y, a mi parecer, la futura fortuna y variación de cada uno de los habitantes del mundo. Todavía sabemos menos de las relaciones mutuas entre los innumerables habitantes de la tierra durante las diversas épocas geológicas pasadas. Aunque mucho permanece y permanecerá largo tiempo obscuro, no puedo, después del más reflexivo estudio y desapasionado juicio de que soy capa; de abrigar duda alguna de que la opinión que la mayor parte de los naturalistas sostuvieron hasta hace poco, y que yo mantuve anteriormente -o sea que cada especie ha sido creada independientemente-, es erróneo. Estoy completamente convencido de que las especies no son inmutables y de que las que pertenecen a lo que se llama el mismo género son descendientes directos de alguna otra especie, generalmente extinguida, de la misma manera que las variedades reconocidas de una especie son los descendientes de ésta. Además, estoy convencido de que la selección natural ha sido el medio más importante, pero no el único, de modificación.

El origen de las especies

MXN

MXN$230

0