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Libros UNAM

El gobierno militar de Manuel A. Odría en Perú (1948-1956)

El gobierno militar de Manuel A. Odría en Perú (1948-1956)

 

ISBN: 9786070297939

Autor(es): López Portillo T., Felícitas

Editor/Coeditor/Dependencia Participante: Centro de Investigaciones Sobre América Latina y el Caribe

Formato: Libro Impreso

Disponibilidad: En existencias

MXN$200
ISBN/ISSN 9786070297939
Entidad Académica Centro de Investigaciones Sobre América Latina y el Caribe
Edición o Número de Reimpresión 1a edición, año de edición -2017-
Tema Estudios Latinoamericanos
Número de páginas 157
Tamaño 21 x 13.7 x 1
Terminado o acabado rústico
Idioma Español
Contenido Presentación 9
I. El gobierno de José Luis Bustamante y Rivero (1945-1948) y el golpe militar 15
El gobierno democrárico de José Luis Bustamante y Rivero (1945-1948) 16
La Junta Militar de Gobierno, 1948-1950 34
Relaciones internacionales de la Junta Militar de Gobierno 59
II. El régimen del general Manuel A. Odría (1950-1956) 69
La problemática del asilo, censura y represión 79
Lazos diplomáticos de México y Perú durante el periodo 84
Las relaciones internacionales de Perú 90
Fin de la bonanza económica 102
III. El rumbo constitucional 127
Las elecciones de 1956 131
El gobierno de Manuel Prado, 1956-1962 140
Epílogo 145
Fuentes consultdas 153

Detalles

Un vistazo diplomático da cuenta de un periodo de la historia peruana muy poco conocido en nuestro país, e inclusive en el mismo Perú. El régimen encabezado por el general Odría fue catalogado, sin mayor explicación, bajo el paradigma de dictatorial, y dejado de lado por la historiografía, por ello el interés de la autora en rescatar sus principales aportes a través de la revisión de los informes confidenciales enviados por los diplomáticos mexicanos acreditados en Lima.
Este libro examina el gobierno de Manuel A. Odría, dictadura legitimada con procesos electorales y la anuencia de Estados Unidos, sin olvidar que fue pionero en muchas cuestiones sociales que después fueron retornadas por los gobiernos que le sucedieron, como el encabezado por el general juan Velasco Alvarado (1968-1975), ése sí bien estudiado y rescatado del baúl de la historia como progresista, nacionalista y antiimperialista.

López Portillo T., Felícitas

Es investigadora Titular del Centro de Investigaciones sobre América Latina y el Caribe. Pertenece al Sistema Nacional de Investigadores, sus líneas de investigación son Historia de América Latina e Historia diplomática. Entre sus publicaciones más recientes se encuentran Tres intelectuales de la derecha hispanoamericana: Alberto María Carreño, Nemesio García Naranjo, Jesús Guisa y Azevedo; "La labor periodística de Leopoldo Zea (1933-1960)", en El pensamiento latinoamericano y el centenario de Leopoldo Zea (1912-2012); "El viejo mundo y el nuevo mundo en la era del diálogo", en Leopoldo Zea y la democratización del escenario político mexicano y "María Elena Rodríguez Ozán (1928-2017)", en Cuadernos Americanos, Nueva época, núm. 160.

El presente trabajo examina el gobierno del general Manuel A. Odría, quien fue la figura dominante de Perú durante los años de 1948 a 1956. A pesar de la importancia de su gobierno, éste no ha sido favorecido por el interés de los estudiosos, quizá por tratarse del consabido régimen militar que es calificado rápidamente con la etiqueta de represor, proimperialista y desnacionalizador. Si bien estas afirmaciones son verídicas en sentido general, no debemos olvidar que el régimen del general Odría fue pionero en muchas cuestiones sociales que después fueron retomadas por los gobiernos civiles que le sucedieron, y también por el gobierno encabezado por el general Juan Velasco Alvarado (1968-1975), ése sí bien estudiado y rescatado del baúl de la historia como progresista, nacionalista y antiimperialista. Como se trata de un estudio desarrollado a partir del contexto mexicano, decidí revisar los informes reservados que la embajada de México, acreditada en Lima, enviaba a la Secretaría de Relaciones Exteriores sobre el contexto de ese país sudamericano. La información rescatada del Archivo Histórico "Genaro Estrada" de la cancillería sería una fuente más, a la par que la bibliografía existente al respecto y la información emanada del mismo gobierno odriista. Con todo, es necesario aclarar que no se trata propiamente de un trabajo de relaciones internacionales, sino más bien de un acercamiento a la historia de una nación hermana a través de los documentos contenidos en uno de los repositorios más importantes para este objeto en nuestro país. A pesar de la retórica latinoamericanista presente en estos casos, el devenir histórico de estas naciones es prácticamente desconocido para la mayoría de los mexicanos. Debo aclarar también que los expedientes consultados son los que se encuentran disponibles; quizá no sean ni los más importantes ni los más adecuados, pero es lo que se puede conseguir. Lo mismo puede decirse del archivo del Ministerio de Relaciones Exteriores de Perú, cuya pesquisa no fue fácil habida cuenta de la secrecía que aún encierran estos asuntos en Latinoamérica. Si el trabajo remite a la historia diplomática entre ambos países, es justo señalar algunas características de sus relaciones exteriores. Como es bien sabido, durante el siglo pasado la Secretaría de Relaciones Exteriores basó su actuación internacional en la aplicación principista de la no intervención, la igualdad jurídica de los estados y la autodeterminación de los pueblos, por señalar los más importantes. Con ello no se metía en problemas de calificación a los diversos regímenes que en nuestra América han sido, sobre todo, dictaduras militares o satrapías personalistas violadoras de los derechos humanos. Tan frecuentes habían sido éstos "que México decidió abandonar la doctrina llamada del reconocimiento para guiarse, internacionalmente, por la Doctrina Estrada, nacida al calor de innumerables revueltas, asonadas, cuartelazos y golpes de Estado"? También la citada Doctrina servía para encubrir los aspectos antiliberales del Estado mexicano, a fin de que no se ventilaran internacionalmente. El entonces embajador peruano acreditado en la capital mexicana, Oscar Vásquez Benavides, resumió como sigue las principales directrices de la cancillería mexicana de la época: En la actualidad la política internacional de México no trata de obtener espectaculares victorias diplomáticas, sino se basa en una cooperación amistosa, para encontrar métodos efectivos y prácticos en soluciones armoniosas de los problemas; procura a todo trance afirmar el principio fundamental de que ningún Estado tiene derecho de intervenir en los problemas internos y externos de otro Estado; el derecho de toda nación de manejar sus propios asuntos libre de cualquiera intervención extranjera; el principio de soberanía e igualdad de los Estados sea cual fuere su tamaño y poderío; el sincero respeto a la ley y a la palabra como base de un orden internacional; el amistoso y colectivo esfuerzo para fomentar y mantener la paz, y el intercambio económico para beneficio mutuo. Como fuere, si las relaciones geoestratégicas de verdadera importancia para el país fueron y son con Estados Unidos, la relación con los países latinoamericanos se amparó bajo el manto del Libertador.' Es decir, sin casi relaciones comerciales, y sin un verdadero vínculo de interés nacional con ninguno de ellos, excepción hecha del área centroamericana y del Caribe, sólo nos quedaba el consuelo de la historia y de la matriz cultural compartida. Máxime con un país como Perú, también heredero de sofisticadas culturas prehispánicas y competidor fuerte del virreinato de la Nueva España como el más importante de los tres siglos coloniales. Las diferencias también eran notables, pues la Revolución mexicana eliminó la oligarquía liberal agroexportadora surgida durante el último tercio del siglo XIX, mientras Perú sufrió una situación social más estamental y rígida, con el dominio de las míticas "cuarenta familias" prácticamente hasta los años sesenta del siglo pasado. Ello no quiere decir que la oligarquía fuese una clase homogénea como un todo, pues ha tenido transformaciones a través del tiempo. Con las interrupciones militares, por supuesto, que en términos generales buscaban la modernización y la integración nacional y social para hacer frente a los diversos desafíos que se les presentaban, entre los cuales se destacaba, en su percepción, el pleno reconocimiento de los países vecinos a la definición fronteriza. Como parte de una institución estatal de carácter nacional, y portadoras de sus propios intereses corporativos, las fuerzas armadas buscarán la seguridad y la defensa territorial, junto a la garantía del orden interno como bases de su actuación, por lo que señalarlos únicamente como el brazo armado de la oligarquía es una exageración ideológica. La cancillería peruana se dedicará, sobre todo, a negociar los tratados que delimitarán las fronteras con sus cinco vecinos: Bolivia, Brasil, Colombia, Chile y Ecuador, a la par que sostenía una clara vocación bolivariana desde sus orígenes republicanos, muy similar a lo acontecido en México. El interés en las fronteras estaba dado por las derrotas sufridas en la centuria decimonónica a cargo de Chile, la más remota colonia española, que sin embargo pudo derrotar al país surgido del poderoso virreinato de Perú, aunado al desinterés de la Metrópoli española por delimitar con claridad las fronteras de sus unidades administrativas. En 1922 se celebró el tratado Salomón-Lozano que finiquitó los diferendos territoriales con Colombia, o así lo parecía, pues años después esta problemática seguía en pie. En 1929, se firmó el tratado que dio fin a la disputa con Chile sobre Tacna y Arica, y el Protocolo de Río de 1942, que dio fin (aparente) a la disputa con Ecuador, del que se derivó un conflicto bélico en 1941, que ganó Perú. Una muestra de la preocupación de este país acerca del reconocimiento de la soberanía territorial lo da su batalla a favor de las 200 millas marítimas a partir de la plataforma continental, "una posición innovadora que eventualmente ganó apoyo suficiente a nivel mundial como para incorporarla al derecho internacional actual". Por último, no me queda más que externar mi agradecimiento al maestro Hugo Martínez Acosta, quien accedió a consultar los archivos del Ministerio de Relaciones Exteriores y de otras instancias diplomáticas de la capital peruana, y lo mismo para los pasantes José Luis García Hernández y Martín López Gallegos. El primero tuvo a su cargo la revisión de la hemerografía del periodo, y el segundo realizó un exhaustivo examen de las Memorias editadas por la Secretaría de Relaciones Exteriores y los informes presidenciales comprendidos dentro del marco temporal de este trabajo. No puedo dejar de mencionar la amabilidad y buena disposición del personal que atiende el archivo histórico "Genaro Estrada" de la Secretaría de Relaciones Exteriores, así como el auxilio y atención que siempre me dispensaron los miembros del Departamento de Cómputo, de Publicaciones y de la Biblioteca del CIALC. A todos ellos mi profundo agradecimiento.

El gobierno militar de Manuel A. Odría en Perú (1948-1956)

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