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Dinastía de tinta y papel: los Zúñiga Ontiveros en la cultura novohispana: 1756-1825

Dinastía de tinta y papel: los Zúñiga Ontiveros en la cultura novohispana: 1756-1825

 

ISBN: 9786073017466

Autor(es): Suárez Rivera, Manuel

Editor/Coeditor/Dependencia Participante: Instituto de Investigaciones Bibliográficas

Formato: Libro Impreso

Disponibilidad: En existencias

Special Price MXN$389

Precio Habitual: MXN$555

ISBN/ISSN 9786073017466
Entidad Académica Instituto de Investigaciones Bibliográficas
Edición o Número de Reimpresión 1a edición, año de edición -2019-
Tema Bibliotecología y cultura del libro
Número de páginas 306
Tamaño 23 x 16.5 x 2
Terminado o acabado rústico
Idioma Español

Detalles

Sin duda, una de las familias más activas en el mundo del libro novohispano durante las últimas décadas del régimen virreinal fue la de los Zúñiga Ontiveros. Esta dinastía se involucró en el negocio del libro en todas las vertientes en las que se podía en esa época: fueron autores de los almanaques más influyentes de su momento; establecieron una imprenta con gran éxito y con un perfil "científico"; abrieron tres librerías, una en el famoso mercado de El Parián, otra de devocionarios y finalmente un establecimiento con obras importadas directamente desde España. Todas estas peculiaridades son ampliamente estudiadas en la obra Dinastía de tinta y papel. Los Zúñiga Ontiveros en la cultura novohispana (1756-1825). Asimismo, el libro destaca los agentes en los que se apoyó esta familia para convertirse, junto con los Jáuregui, en los impresores más destacados de su momento, personajes sin los cuales el éxito editorial no hubiera sido posible: Manuel Antonio Valdés, Francisco Sedano, Pedro de la Rosa y Gabriel de Sancha, entre otros. Así, esta obra representa un acercamiento a la cultura novohispana en sus últimas décadas, desde la perspectiva de la historia de la edición y con un marcado énfasis en sus aspectos empresariales.

Suárez Rivera, Manuel

Doctor en Historia por la Universidad Nacional Autónoma de México. Investigador Asociado C, T. C. en el Instituto de Investigaciones Bibliográficas, UNAM.

INTRODUCCIÓN Esta investigación fue presentada originalmente como tesis doctoral en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México. Su objetivo es estudiar el negocio de libros en la ciudad de México durante los últimos 70 años del régimen virreinal desde la experiencia de una familia: los Zúñiga y Ontiveros. A partir de su defensa, he replanteado algunas nociones, afinado datos y mejorado la estructura inicial. No obstante, en esencia este libro es la suma de las investigaciones que he desarrollado durante varios años en torno a esta familia de impresores. En ese sentido, los resultados pretenden ser una aportación a nuestro entendimiento sobre la circulación del libro en Nueva España. Por desgracia, carecemos de estudios que aborden de modo integral el circuito de transmisión de ideas en su conjunto, es decir, la producción de impresos, su distribución, consumo y recepción. En realidad, resulta sumamente complejo acercarse al mundo de la palabra impresa si no es a través de uno solo de los eslabones mencionados. Por ejemplo, hay investigadores que han dedicado su vida y obra al estudio de la imprenta en Nueva España, pero, dada la inmensidad de datos, no se han podido referir a las formas de intercambio mercantil entre Europa y América. De esta forma, contamos con algunos estudios que tienen al tipo bibliografía como su objeto exclusivo de estudio. En épocas recientes, las familias de impresores novohispanos han despertado el interés de algunos historiadores y gracias a ello tenemos trabajos muy interesantes sobre este sector social poco atendido por la historiografía novohispana. En menor medida, algunos autores se han esforzado por descifrar las redes mercantiles que hicieron posible el flujo comercial de libros entre España y Nueva España. Por otra parte, los libreros han sido menos favorecidos por la historiografía, si bien contamos con estudios que describen el funcionamiento de algunas librerías novohispanas del siglo xviii. Por su parte, las bibliotecas representan otro medio por el cual es posible conocer el fenómeno de posesión del libro, tanto a nivel particular como institucional. El paradigma sobre el cual se han realizado la mayoría de las investigaciones relativas a la cultura impresa durante las últimas décadas tiene su punto de partida en los años cincuenta del siglo xx. En ese sentido, la obra de Lucien Febvre y Henri-Jean Martid debe considerarse un parteaguas en la historiografía del libro. En cuanto al ámbito de los estudios hispanoamericanos, los investigadores reconocen a Irving Leonard y a su libro Los libros del conquistador como la inauguración formal de la metodología y enfoque actual de los estudios de la cultura escrita en la época virreinal. A partir de la publicación de los trabajos antes señalados, los historiadores han centrado sus esfuerzos en establecer una nueva comprensión de la producción de la palabra impresa -su circulación y recepción-, más allá del afán bibliográfico por enumerar todas las ediciones posibles; precisamente allí radica la esencia de este enfoque y la razón por la cual se convirtió en el arquetipo actual. Por tal motivo, la influencia de Roger Chartier es incuestionable y de hecho se ha convertido en uno de los autores paradigmáticos de los estudios culturales en donde se inserta, en efecto, el libro.' Por su parte, la figura de Robert Darnton no puede ser omitida, ya que sus textos le han dado un sentido diferente a la manera de aproximarnos a la historia de los libros y la lectura gracias a los ejes temáticos que ha planteado. El mayor aporte de la propuesta de Darnton consiste en comprender la historia del libro como un "circuito de comunicación que va del autor al lector pasando por el editor, el impresor, el expendedor, el librero y a veces el bibliotecario". Como he señalado, los investigadores "separan un segmento del circuito de comunicación y lo examinan conforme a los procedimientos de una sola disciplina"." Sin embargo, la historia del libro debe asumirse como un trabajo colectivo y que "sólo obtendrá una plena significación si lo relacionan con todos los elementos que forman el circuito destinado a la transmisión de textos". Esta propuesta metodológica es precisamente la que he decidido utilizar para guiar mi investigación. De acuerdo con el modelo de historia social del libro -heredado de la escuela francesa-, debemos entender al libro como un "medio de difusión" que involucra a la historia económica, "atendiendo a las condiciones de producción, a la producción misma de los libros y a su difusión" y que se vuelve también una "historia de la cultura y las prácticas culturales". Un acercamiento de esta clase evidencia que todas las etapas del circuito de comunicación de la palabra impresa están afectadas por las condiciones imperantes en cada región y época. Por ende, el estudio de la circulación de textos entre Flandes y Madrid durante el siglo xvi, tanto en la Francia ilustrada como en las colonias americanas durante y después del libre comercio, claramente implican formas diferentes de aproximarse al objeto de estudio. En fechas recientes Carlos Alberto González Sánchez, Pedro Rueda y Teodoro Hampe han publicado revisiones historiográficas que recogen los trabajos más sobresalientes de los últimos años y deben ser considerados consulta obligada para cualquiera que se interese en descifrar la circulación de la cultura impresa en la etapa colonia1. Los asuntos son muy variados y consideran el estudio de bibliotecas institucionales y particulares, impresores, distribución del libro y librerías, por mencionar sólo algunas materias. Todas estas vetas históricas forman parte de un mismo fenómeno social que Darnton comprende como "circuito de comunicación" y resulta muy complejo estudiar en su conjunto. Por ello, pretendo analizar el mayor número posible de eslabones del circuito y presentar un panorama más completo que permita comprender de qué forma podía utilizarse el libro como medio de vida en la ciudad de México en la segunda mitad del siglo xviii y las primeras décadas del XIX; el concepto que propongo para centrar mi enfoque es el negocio del libro. El estudio de los mecanismos y las condiciones que permitieron el intercambio mercantil de libros en la ciudad de México presupone un acercamiento sistemático tanto desde el punto de vista legal del libro como del comercio, pasando por el funcionamiento de las prensas locales, las librerías, los cajones de libros, los libreros peninsulares, los agentes de ventas, los comerciantes del Consulado que trataban con libros, los pequeños y medianos intermediaros, los intereses del consumidor potencial, e incluso a los autores de libros que, en muchas ocasiones, se convirtieron en los principales promotores de sus textos a través de la prensa local o la venta por entregas." El comercio del libro es un entramado que debemos intentar estudiar en su conjunto, ya que aún estamos lejos de comprender el cabal funcionamiento de un mercado tan relevante para el desarrollo cultural novohispano. Es necesario comenzar a vincular las investigaciones disponibles sobre autores, impresores, libreros y comerciantes de libros, con el propósito de construir una visión más completa en torno al mundo del comercio de impresos, una tarea necesariamente colectiva e interdisciplinaria. Todos estos trabajos" son un excelente punto de partida para intentar descifrar el fenómeno global en el cual estaban insertos; finalmente, lo que unía a autores, impresores, libreros y comerciantes era su deseo de hacer llegar al lector un producto a fin de obtener un ingreso. La historiografía actual ha favorecido determinados temas y enfoques, pero al mismo tiempo ha dado pautas para emprender nuevos caminos. Estamos ante una disciplina histórica sumamente compleja; por tales circunstancias debemos empezar a replantear nuestro conocimiento sobre las redes mercantiles y culturales. El comercio de libros en la ciudad de México durante el siglo xviii involucró a los estratos sociales más diversos. Existe evidencia documental que ubica a los mercaderes más poderosos en Nueva España en redes que comprendían el trato con la palabra impresa; de igual forma, tenemos testimonios que demuestran que los sectores económicos más bajos de la sociedad también comerciaban con impresos." Es claro que existían diferentes mecanismos de venta como la consignación, el ambulantaje, los cajones y librerías establecidas. Este marcado contraste social entre las personas dedicadas al comercio del libro se desprende de su naturaleza misma, ya que podía adquirirse en cantidades mínimas y obtener ganancia de su venta en menor escala; incluso, un solo volumen podía ser objeto de lucro. En realidad, dicha situación se ha mantenido igual durante varios siglos; actualmente observamos grandes emporios libreros que lucran en gran escala con la venta de textos, pero también es común encontrar pequeños cajones, incluso mantas en el suelo en donde cualquier persona puede ofrecer o encontrar títulos de su interés. Al parecer, la situación funcionaba de manera muy similar ya desde el siglo xviii novohispano. Así pues, parto de preguntas específicas como: ¿cuáles eran las formas en las que el libro podía ser empleado como mercancía y convertirse en un negocio rentable en la ciudad de México durante los últimos 70 años del régimen virreinal?, ¿el libro funcionaba como cualquier otro objeto de venta? Para responder a estas interrogantes he dirigido mi análisis al estudio de una de las familias novohispanas más visibles respecto de la producción, importación y distribución del libro: los Zúñiga y Ontiveros. El objetivo central es demostrar -a partir de un caso concreto- algunas de las formas en las cuales un novohispano podía emplear al libro como medio de obtención de ganancia económica durante la última etapa de dominación española y, en la medida de lo posible, descifrar las estrategias comerciales que les permitieron tener éxito en sus negocios. Decidí centrar mi análisis en la familia Zúñiga y Ontiveros debido a que me he acercado a sus labores con detenimiento desde hace ya varios años." Mi tesis de licenciatura tiene a la imprenta de Felipe y Mariano Zúñiga como objetivo principa1, en tanto que la de maestría aporta un estudio pormenorizado de la librería de Cristóbal Zúñiga y su oferta temática. Como resultado de ambas investigaciones, el panorama en torno al papel de la dinastía Zúñiga en el comercio de libros en la ciudad de México a finales del siglo XVIII se ha ampliado significativamente. Ahora sabemos que Cristóbal, Felipe y Mariano lograron construir un negocio exitoso con base en la venta, producción y distribución de impresos. Sin embargo, como he destacado, el fenómeno del comercio del libro en su conjunto se diluye cuando la investigación se concentra en una de las vertientes de la circulación de la palabra impresa o en un solo personaje. Así, pretendo aportar información que ayude a entender el negocio del libro en la ciudad de México, tomando en cuenta su producción, importación, distribución y venta directa. En ese sentido, debo precisar que esta obra parte de trabajos previos que me permitieron advertir un fenómeno mucho más complejo, visible sólo a partir de la perspectiva de una familia involucrada en todos los ámbitos del negocio librero. En otras palabras, este libro debe ser considerado el resultado de varios arios de investigación sobre los Zúñiga y Ontiveros, familia clave para comprender el entorno tipográfico durante el siglo XVIII novohispano. Ahora bien, es de mi particular interés articular la historia de la familia Zúñiga con el contexto general de Nueva España; en ese sentido, pretendo que a partir del estudio del desempeño de una dinastía librera del siglo XVIII se pueda entender mejor la forma en la cual se ejercía el comercio de libros y, por ende, cómo se cubrían los requerimientos de consumo de lectura de la sociedad novohispana y cuáles eran dichas necesidades. Por una parte, los libros producidos en las imprentas locales nos hablan de un sector social que demandaba permanentemente una clase específica de lecturas (devociones, sermones y catecismos, por mencionar algunos) y de impresos (bandos, cédulas y papelería oficial), en tanto que los volúmenes de importación de libros revela una sociedad novohispana con un consumo de textos suficientes como para generar un mercado trasatlántico y, por tanto, atractivo para algunos comerciantes europeos y americanos. Nueva España representaba, evidentemente, un mercado potencial muy relevante para los comerciantes de libros europeos.22 Tan sólo la ciudad de México tenía una población que en 1740 oscilaba alrededor de los 98 000 habitantes, y pasaba los 232 000 en 1790, contaba con universidad y tenía un buen número de colegios. Si agregamos ciudades como Guadalajara, Puebla, Valladolid y Querétaro, veremos que en realidad Nueva España difícilmente podía ser despreciada en tanto mercado potencial de lectores, al mismo tiempo que contaba con condiciones comerciales muy específicas que determinaron la forma de participación en el comercio. A partir de estas premisas, aportaré elementos que dejen conocer la oferta y demanda de libros en la ciudad de México desde una perspectiva empresarial, es decir, la operación (proveedores y compradores), crecimiento (inversiones y ganancias monetarias) y funcionamiento de los negocios que hicieron posible la circulación de la palabra impresa. Me interesa estudiar los factores que permitieron a un negocio como el de los Zúñiga tener éxito económico. Así, en la medida en que las fuentes lo permitan, destacaré las estrategias comerciales necesarias para que un negocio subsistiera, e incluso creciera, situando a sus dueños en un nivel económico y social muy alto. Por lo que toca a los Zúñiga, considero pertinente destacar que a lo largo de 70 años los integrantes de esta familia participaron de manera activa en casi todas las vertientes que el mundo de la palabra impresa tenía: autores con privilegio real, libreros, impresores, importadores de libros y distribuidores al interior del reino. Es cierto que su presencia en la historiografía especializada se concentra en su faceta de impresores; sin embargo, la labor de Cristóbal, Felipe y Mariano no se limitó sólo a un taller tipográfico. Su éxito empresarial se debió en gran medida a factores tales como la diversificación de sus negocios, la buena administración de las ganancias, estrategias empresariales acertadas y una serie de privilegios reales que favorecieron un rápido crecimiento económico, como se verá a lo largo de estas páginas. El involucramiento de la familia Zúñiga con el comercio de libros comenzó a mediados del siglo XVIII con la apertura de un cajón en El Parián por parte de Cristóbal, continuó con el establecimiento de una imprenta que Felipe logró consolidar y alcanzó su máximo apogeo cuando Mariano la heredó y fundó una librería surtida directamente desde Madrid. Por desgracia, el legado empresarial de los Zúñiga se diluyó con la muerte de Mariano, al fallecer sin descendencia en 1825. Dicho de otra manera, los límites temporales en los cuales se desarrolla esta empresa familiar coinciden casi de forma exacta con el inicio de una serie de reformas políticas impuestas por la dinastía Borbón en sus dominios de ultramar y concluye con la desaparición de Nueva España y el nacimiento de una nueva nación. Esta peculiaridad me permite advertir algunos cambios políticos y su impacto en el desarrollo de la vertiente librera del comercio atlántico y local, al igual que de la producción doméstica de impresos. Los Zúñiga lograron consolidarse entre los empresarios del libro más importantes debido a factores específicos que supieron aprovechar. Entre ellos, debo destacar a algunas de las personas con las cuales interactuaron. Es imposible comprender el funcionamiento de un negocio si no tomamos en cuenta que hay un grupo de individuos que lo hacen posible. En el caso de los Zúñiga, es de vital importancia la presencia de Manuel Antonio Valdés, Francisco Sedano, Pedro de la Rosa y Gabriel de Sancha, por mencionar a los más visibles. Ya he mencionado que mi investigación pretende dar a conocer las condiciones del comercio de libros en la ciudad de México en las últimas décadas del siglo XVIII y primeras del xIx a través del estudio de una familia en concreto; sin embargo, ello resultaría imposible si no se comprendieran las redes mercantiles y sociales que lograron tejer los Zúñiga. En ese sentido, pretendo otorgar un peso específico a los personajes que colaboraron en algún momento con los negocios de esta familia y que por sí solos merecerían un estudio individual. Es precisamente aquí donde encontramos un primer acierto empresarial de Cristóbal, Felipe y Mariano: supieron rodearse de gente capacitada y destacada en su ámbito. De ahí que la comprensión de los negocios de los Zúñiga obligue también a estudiar con detenimiento a sus colaboradores. Con base en lo anterior, el libro está estructurado atendiendo la propuesta del circuito de comunicación de la cultura impresa de Robert Darnton. El objetivo es ofrecer al lector una visión clara de cada uno de los eslabones en los cuales la familia Zúñiga estuvo involucrada directamente como autores de almanaques, productores de impresos (impresores) y comercializadores de libros (importadores, distribuidores y libreros). Así, he dividido mi investigación en cuatro partes. En términos generales, la primera ofrece los datos biográficos esenciales que permiten ubicar socialmente el origen y posición de la familia Zúñiga en Nueva España, al igual que su faceta de autores de los Calendarios manuales y las Guías de forasteros. La segunda parte está dedicada a la producción del impreso; en ella analizo la oficina tipográfica de la calle de la Palma y posteriormente del Espíritu Santo. La tercera parte tiene como objeto de estudio la comercialización de impresos; aquí me refiero tanto a los producidos domésticamente como a los importados por Cristóbal Zúñiga, en un primer momento, y por Mariano Zúñiga, eventualmente. La cuarta parte proyecta un análisis de los ingresos que Felipe Zúñiga reportó en una serie de bitácoras personales que revelan los montos de ganancias netas entre 1752 y 1787. A su vez, cada una de las cuatro secciones está integrada por capítulos que estudian cómo se fue posicionando la familia Zúñiga en el ámbito del comercio del libro en la ciudad de México. En cada uno de ellos destaco los elementos que considero relevantes para explicar el fenómeno del comercio en general y las estrategias que utilizaron los miembros de la familia Zúñiga para lograr el crecimiento de sus negocios de manera paulatina. De esta forma, la primera parte integra los dos primeros capítulos: el primero analiza las condiciones de vida de la familia Zúñiga desde que tenemos evidencia documental del nacimiento de Cristóbal y Felipe en la villa de Oaxtepec, hasta su posterior cambio de residencia a la capital del virreinato. La llegada de los hermanos a la ciudad de México puede explicarse por el deseo de obtener un mejor acomodo familiar en el escalafón social novohispano. Sin embargo, no conocemos los detalles del cambio de residencia de Oaxtepec a la ciudad de México, pero sin duda Felipe dedicó algunos años de estudio a las matemáticas y Cristóbal comenzó a incursionar en el comercio, ya que finalmente el origen de ambos es precisamente el de una familia de comerciantes de la región que hoy ocupa el estado de Morelos. El segundo capítulo de esta parte destaca el factor que influyó decisivamente en el éxito económico de los Zúñiga: los Calendarios y las Guías de forasteros. En efecto, la mayor parte de las ganancias del taller tipográfico de los Zúñiga se obtuvo a partir de las ventas de estos libritos -que ellos preparaban-y que a partir de 1774 lograron producir con exclusividad en toda Nueva España hasta 1821, con el inicio del México independiente; esta fue una verdadera mina de oro para Cristóbal, Felipe y Mariano, que supieron cuidar y explotar al máximo. La aparición de autores que preparaban lunarios, almanaques y calendarios crecía de forma sostenida y alcanzó su punto más álgido a mediados del siglo xviii; es justamente en ese contexto cuando Felipe de Zúñiga obtuvo el privilegio de exclusividad. Por ello, es necesario conocer en profundidad la clase de información que contenía y cuáles eran las características de una de las lecturas más accesibles al público en general durante los casi 70 años que los produjo la familia Zúñiga. La relevancia de estos libritos obliga a reflexionar de modo más agudo sobre su naturaleza, contenido y relevancia social. La segunda parte comienza con el tercer capítulo, en donde destaco los componentes esenciales del marco jurídico y el contexto general en el cual estuvo inmersa la palabra impresa en la ciudad de México. Además, analizo el establecimiento tipográfico de los hermanos Zúñiga y Ontiveros: su fundación, desarrollo y consolidación. De acuerdo con la información contenida en la primera parte, es claro que la relación familiar entre Cristóbal y Felipe era muy estrecha y ambos contaban con un capital importante para invertirlo en la diversificación de sus negocios. Al respecto, una de las características más comunes de los empresarios del siglo xviii en Nueva España fue la marcada variedad de actividades económicas que realizaron, pues sus ingresos tendían a concentrarse en más de una actividad comercial. La práctica más común para preservar la riqueza era la diversificación, ya que representaba la mejor manera de evitar el riesgo de pérdida total. Por otra parte, la familia fue un factor fundamental para el éxito de una empresa de pequeño, mediano o gran tamaño. Al respecto, John Kicza advierte que "la empresa típica del período colonial tardío no estaba encabezada por un especialista individual sino que formaba parte del imperio económico diversificado de una extensa familia". Lo que Cristóbal hizo en compañía de su hermano fue aprovechar las condiciones de ambos para obtener un beneficio monetario seguro. Por una parte, él contaba con un negocio de libros en El Parián y Felipe era autor de una obra que se vendía bien" y dejaba pingües ganancias. El crecimiento lógico apuntaba a la eliminación de intermediarios y a la producción y distribución directa del libro de Felipe, situación que por supuesto llevaron a cabo con éxito los hermanos Zúñiga. La muerte sorprendió a Cristóbal y la situación cambió de forma drástica. Felipe se vio en la necesidad de ocuparse personalmente del negocio que, de acuerdo con la actividad registrada, cada vez producía más textos y, por tanto, mayores ingresos. En ese contexto se dio la expulsión de los jesuitas y con ello arribó al taller tipográfico un personaje que sería clave en toda la vida empresarial de los negocios de Felipe y su hijo: Manuel Antonio Valdés. En efecto, Valdés había sido el impresor del taller del Colegio de San Ildefonso, por lo cual perdió su trabajo en 1767 y fue acogido en la oficina de los Zúñiga. Ambas partes se verían beneficiadas: Felipe encontró su mano derecha en la imprenta, mientras que Manuel Antonio pudo continuar su oficio con el apoyo evidente de Zúñiga; el resultado de la asociación fue "una tienda de devocionarios" y la publicación de la Gazeta de México. Poco antes del fallecimiento de Felipe, el relevo generacional estaba ya preparado. Mariano Zúñiga asumiría el control de la imprenta, pero además disfrutaría de una mejor posición social y económica que su padre y su tío. La situación para él fue mucho mejor; pasó de habitar una vivienda en muy mal estado de una zona periférica de la ciudad a ser dueño de una casa junto al convento del Espíritu Santo, lugar donde podía codearse con la más alta clase social novohispana. De esta forma, en el cuarto capítulo me dedico a investigar la exitosa gestión de Mariano al frente de los negocios. Fue precisamente Mariano Zúñiga quien impulsó significativamente la empresa familiar, ya que en 1785 heredó en vida la librería de su padre y logró surtirla directamente desde España a través del importante librero madrileño Gabriel de Sancha. Así pues, los frutos del esfuerzo de Cristóbal y de Felipe serían cosechados por Mariano, quien además supo llevar aún más lejos los negocios familiares, convirtiéndose en impresor real, importador de libros y dueño de una de las tiendas más visibles de la ciudad de México a finales del siglo xviii. El objetivo familiar finalmente estaba realizado, de Oaxtepec a los más altos escalafones sociales de la ciudad de México, gracias al negocio del libro. La tercera parte se concentra en la comercialización del impreso, de tal modo que los capítulos cinco y seis tienen como objetivo estudiar los elementos que integraron las ventas directas al público novohispano a partir de la librería de Cristóbal en 1756 y la de Mariano en 1785. Para comenzar el quinto capítulo incluyo información que permite comprender los mecanismos mercantiles en los cuales se insertó el libro. Es fundamental para mi investigación establecer las diferencias entre el sistema de flotas, navíos sueltos y el libre comercio que prevaleció como medio de transporte entre Sevilla y Cádiz hacia América entre los siglos xvi y xix. De esta forma, estos primeros apartados están dedicados a ofrecer al lector elementos que le permitan comprender el comercio del libro entre España y el territorio novohispano. En ese tenor, continúo destacando las condiciones en las que Cristóbal estableció una librería en uno de los cajones de El Parián. De acuerdo con la evidencia documental, el mayor de los hermanos Zúñiga firmó en 1756 una notificación del Santo Oficio en donde se obligaba a los libreros a presentar una serie de memorias de los libros que poseían." Gracias a estos trámites, contamos con información valiosa sobre la oferta y demanda del acervo bibliográfico de la tienda de Cristóbal. Así, a lo largo del capítulo ofrezco una reconstrucción de las condiciones físicas de una librería inserta en El Parián; además, presento un análisis de las peculiaridades de la oferta del cajón de libros con una serie de cifras y datos que permiten advertir la entrada y salida de algunos títulos y del volumen de ventas parcial que obtuvo Cristóbal. Todas estas particularidades me sirven para afirmar que el negocio de Cristóbal creció de forma significativa, al grado que permitió establecer la imprenta en compañía de su hermano Felipe. El sexto capítulo relata la consolidación de los negocios de la familia Zúñiga a través del establecimiento de otra librería en 1785, en esta ocasión administrada por Mariano Zúñiga y Ontiveros. A partir de una serie de facturas de libros enviados desde Madrid por Antonio de Sancha fue posible elaborar una reconstrucción de la mercancía que llegó al establecimiento del Espíritu Santo para su venta directa al público. Así, el capítulo estudia a los proveedores y las estrategias de la librería que estaban dentro de la imprenta de la familia Zúñiga entre 1785 y 1825. La cuarta parte la integra finalmente el séptimo capítulo, resultado del análisis de una serie de bitácoras que Felipe redactó desde 1754 sobre las ganancias que le producían sus actividades matemáticas, la imprenta y la impresión de devocionarios. La información contenida en estas fuentes es muy rica para el estudio empresarial de la familia Zúñiga y por ello dedico un capítulo completo al análisis de las utilidades netas que produjeron los negocios de Felipe Zúñiga. Por desgracia, estas bitácoras fueron desapareciendo conforme su autor se acercaba a la muerte y hasta el momento no he podido localizar una fuente similar para Mariano. Sin embargo, los datos que generosamente reportó don Felipe "para beneficio de sus hijos" han llegado hasta nuestros días y permiten aportar datos concretos y reales sobre la situación económica que presentaban sus negocios en un lapso de casi 30 años. Los hechos que acaecieron a lo largo de su vida son fielmente reflejados en estos documentos y, gracias a algunas fechas, sabemos, por ejemplo, que la muerte de su hermano Cristóbal lo sorprendió cuando llegaba de practicar una diligencia de agrimensura. La intensidad de sus actividades como agrimensor, el cariño a sus "insaciables labores nocturnas" observando el cielo y preparando sus Efemérides, así como el amor por sus hijos, se perciben claramente en estas fojas, situación que sería imposible sin un conocimiento más o menos profundo de su vida y obra, razón por la cual cierro con este capítulo. Gracias a sus bitácoras, estamos en la posibilidad de percibir un lado más humano de Felipe e, incluso, podemos identificamos con el cariñoso padre cuya principal preocupación fue el bienestar de sus queridos hijos. En cuanto a las fuentes empleadas, el mayor aporte documental se obtuvo del AGN. En particular, el ramo Inquisición resguarda la mayoría de los pases de salida de cajones de libros tramitados por Mariano Zúñiga, las peticiones para publicar los calendarios de Felipe y los permisos que Manuel Antonio Valdés gestionaba para imprimir novenas. En ese sentido, el control de la circulación de impresos que ejerció el Tribunal del Santo Oficio es fundamental en la reconstrucción histórica de los circuitos de distribución del libro. La información contenida en estos documentos aporta elementos valiosos para conocer la magnitud de los negocios de la familia Zúñiga Ontiveros; sin embargo, debido a la naturaleza de la institución que los demandaba, es necesario revisar cuidadosamente los datos contenidos y tener en cuenta que el motivo que originó toda esa masa documental obedeció a una política de censura que estuvo vigente durante varios siglos. Por tanto, la posesión de impresos prohibidos pasa desapercibida, ya que difícilmente un librero declararía tener un libro de forma ilegal porque, al ser descubierto, sería confiscado. Por lo que toca a la reconstrucción biográfica de la familia Zúñiga fue indispensable la consulta del Archivo Histórico de Notarías de la Ciudad de México (en adelante AHNCM). Allí pude localizar varios testamentos que me permitieron establecer las relaciones familiares de los miembros de la familia. Los datos contenidos en estas fuentes me condujeron también a información sobre la compraventa de la casa de la calle del Espíritu Santo -lugar donde se estableció la imprenta durante más de 40 años-, al igual que el valor de los libros que poseía Mariano y los muebles de su imprenta. En menor medida, tuve acceso a documentos resguardados por la Universidad de Texas en la Colección Genaro García y en la Biblioteca Sutro, los cuales fueron particularmente valiosos para mi investigación, pues en ellos Felipe Zúñiga asentó las ganancias netas que le significaron la imprenta, la tienda de devocionarios, sus actividades de agrimensura y matemáticas" Por su parte, la Biblioteca de Madrid también posee documentos de suma importancia. Una de las "Efemérides de Ontiveros" se encuentra en ese recinto y fue transcrita por Ángeles Rubio Argüelles, así como algunos papeles sueltos que ahora están disponibles en línea. Las bases de datos para el estudio de los libros impresos y comerciados en las librerías fueron elaboradas a partir de los repertorios bibliográficos novohispanos. La obra de José Toribio Medina fue fundamental para la mayoría de ellos; sin embargo, los catálogos en línea también facilitaron la labor de reconstrucción bibliográfica. El Catálogo Colectivo de Impresos Latinoamericanos (en adelante CCILA) concentra todas las bibliografías novohispanas y su consulta sintetiza enormemente la labor de búsqueda, por lo cual fue una herramienta indispensable para el desarrollo de la investigación. El Catálogo Colectivo del Patrimonio Bibliográfico Español (en adelante CCPBE) me ayudó a reconstruir los títulos de los libros que tenía en venta la librería de Cristóbal Zúñiga; por último, también fue de gran utilidad el Online Public Access Catalog (OPAC, por sus siglas en inglés).

Dinastía de tinta y papel: los Zúñiga Ontiveros en la cultura novohispana: 1756-1825

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