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Libros UNAM

De literatura e historia de México

De literatura e historia de México

 

ISBN: 9786070257865

Autor(es): Montes García, Sergio

Editor/Coeditor/Dependencia Participante: Facultad de Estudios Superiores Acatlán

Formato: Libro Impreso

Disponibilidad: En existencias

Special Price MXN$154

Precio Habitual: MXN$220

ISBN/ISSN 9786070257865
Entidad Académica Facultad de Estudios Superiores Acatlán
Edición o Número de Reimpresión 1a reimpresión de la 1a edición, año de reimpresión -2017-
Tema Historia
Número de páginas 360
Tamaño 22.5 x 14.5 x 1.8
Terminado o acabado rústico
Idioma Español
Contenido PRÓLOGO
Amar la literatura, amar la historia. Unas palabras
Rubén D. Medina
Nota introductoria
Sergio Montes García
DE LITERATURA
La suave patria
Ramón López Velarde
Detrás de la reja
Amparo Dávila
Cuarto año
Mauricio Magdaleno
La canción de la lluvia
Guillermo Jiménez
El final de un idilio
Amado Nervo
No oyes ladrar los perros
Juan Rulfo
La mañana de San Juan
Manuel Gutiérrez Nájera
La escuela de Angelita
Ramón López Velarde
El examen de física
Antonio Castro Leal
El niño y los gansos
Beatriz Espejo
El colgado
Ramón Rubín
La pantera
Sergio Pitol
Un cuento de Navidad
Emilio Carballido
Recuerdos de mi infancia
Renato Leduc
Las niñas Raúl Prieto
Lenin en el futbol
Guillermo Samperio
A esa edad era un niño
Guillermo Fadanelli
Un grano de arroz
Sabina Berman
Tras las bambalinas del manicomio
Óscar de la Borbolla
Paco Omaña Alejandro Montes
Las batallas en el desierto José Emilio Pacheco
Mujeres de escritores Rosa Montero
Platero
Juan Ramón Jiménez
La guerra y la paz Mario Benedetti
El anciano del puente Ernest Hemingway
La vida sexual de Immanuel Kant
Jean-Baptiste Botul
Ustedes están condenados, nosotros estamos salvados
Doris Lessing
Las pequeñas memorias
José Saramago
El rechazo Woody Allen
Historias de nuestro barrio
Naguib Mahfuz

DE HISTORIA DE MÉXICO
Origen del Nuevo Sol en Teotihuacán
Informantes de Sahagún
Los milenios del México Antiguo
Miguel León-Portilla
Moctezuma II. Señor del Anáhuac
Francisco Monterde
Cuauhtémoc
Manuel Payno
El pensamiento interrumpido de la América india
J. M. G. Le Clézio
Humboldt, la Güera Rodríguez y la inauguración del "Caballito"
Artemio de Valle-Arizpe
Decreto de Hidalgo contra la esclavitud, las gabelas y el papel sellado
Miguel Hidalgo y Costilla
Sentimientos de la Nación o puntos dados por Morelos para la Constitución
José María Morelos
Heroínas de la Independencia
Luis González Obregón
Carta a Maximiliano Benito Juárez
Juárez y Margarita. Epistolario
Ángeles Mendienta Alatorre
Visita de Juárez al cadáver de Maximiliano
Agustín Rivera
Bandidos ambiciosos: desorden igual a progreso
Paul J. Vanderwood
Los esclavos contratados de Valle Nacional
John K. Turner
Alba y ocaso del Porfiriato
Luis González y González
Tiempo de México. Las fiestas del Centenario
Plan de San Luis Potosí
Francisco I. Madero
Madero y la educación
Enrique García y Moisés
Francisco Villa, justiciero
José G. Montes
Pancho Villa, estrella de cine
Aurelio de los Reyes
Oro, caballo y hombre
Rafael F. Muñoz
Pacto de Xochimilco
¡Vaya, hasta que cayó este bandido!
Gregorio López y Fuentes
Combatiendo la ignorancia
John W. E Dulles
Protagonista: eI Niño Fidencio todos los caminos llevan al éxtasis
Carlos Monsiváis
Plan sexenal
Guerra en el paraíso Carlos Montemayor

Detalles

De literatura e Historia de México reúne una serie de textos de autores en su mayoría de reconocimiento universal, elaborado con la intención de utilizarlo como auxiliar bibliográfico para los alumnos de las asignaturas de Historia de la educación en México y Política educativa de México 1, que se imparten en la Facultad de Estudios Superiores-Acatlán. Con las lecturas de la sección literaria, se pretende coadyuvar en la formación humanística del pedagogo, indispensable para el ejercicio de su profesión docente, mientras el contenido de la sección histórica ofrece temas que han de favorecer la mejor comprensión del contexto político y social en que se desarrollan los acontecimientos educativos importantes en las distintas etapas de la Historia de México, desde el México prehispánico hasta el periodo correspondiente a la Revolución Mexicana, como lo indican los programas de las asignaturas antes mencionadas. El deseo del autor es que se cumplan los objetivos aquí señalados.

Montes García, Sergio

(Tlaltenango, Zacatecas, 1940) es licenciado en Pedagogía por la Facultad de Filosofía y Letras de [a UNAM. Profesor de Carrera, imparte las asignaturas de Historia de la Educación, Historia de la Educación en México y Política Educativa de México en la carrera de Pedagogía de la FES Acatlán. Edita, desde 1994, LA HOJA VOLANDERA, publicación quincenal que reproduce breves textos de autores clásicos antiguos y contemporáneos. De su autoría son La Universidad Nacional en el tiempo (2007), La educación jesuita en la Nueva España (2012) y las antologías Clásicos de la pedagogía (2003). Lecturas mexicanas sobre educación (2005), De educación y otros temas (2008), De literatura e historia de México (2014), Páginas de La Hoja Volandera I (2014) y Páginas de La Hoja Volandera II (2014). Está incluido en los libros colectivos Las humanidades en Acatlán (1997), Discurso y persuasión (2003), Cuatro miradas a la circunstancia y obra de José Vasconcelos (2015) e identidad universitaria. La UNAM deja huella (2017).

AMAR LA LITERATURA, AMAR LA HISTORIA. UNAS PALABRAS Resuenan aún en mí, en mi entonces acelerada cabeza veinteañera, las palabras del maestro Agustín Yáñez (a quien tanto he admirado desde mis lecturas de estudiante de secundaria). Cuando era secretario de Educación solían acercarse a él aspirantes a profesores, prófugos de las más disímiles procedencias profesionales, contadores, ingenieros, abogados y aun médicos -todos ellos de nervadura académica más bien enclenque- con la intención de solicitarle intervención para incorporarse a la docencia. "¿Y de qué quisiera usted dar clases?" les preguntaba. Ante la respuesta: "De lo que sea, de literatura, por ejemplo", asumía la actitud grave, terminante, del que ha forjado una carrera de escritor y de profesor al amparo de los libros y de las letras: "Usted podrá impartir clases de lo que quiera, de cualquier materia; lo que sin duda le queda vedado es precisamente la literatura". No es de otra manera. Acercarse a la literatura (no "enseñar literatura", porque eso no existe) constituye una actitud comparable a la del místico, esto es, a la del exegeta del misterio. ("El alma que entra allí debe ir desnuda, / temblando de deseo y fiebre santa, / sobre cardo heridor y espina aguda: / así sueña, así vibra y así canta." Rubén Darío). El ingreso a esa ara, a la del arte construido con palabras, debe practicarse con el corazón hincado, como el del elegido que se apresta a experimentar la epifanía o como el del enamorado que se dispone a la ceremonia del encuentro. Y con "el alma llena de recogimiento, mudos los labios" (López Velarde). Lo demás, el conocimiento y la memoria, el discernimiento y el examen y hasta el gusto y el juicio son, a semejanza de la máxima evangélica, regalo por añadidura. Resulta paradójico: el texto histórico es, dicho con propiedad, un material literario dado su carácter escritural; la expresión artística, en prosa o en verso, gráfica u oral, constituye, también dicho con propiedad, la poesía. El amor por la obra escrita, sin embargo, parece incluir a ambas, a la literatura y a la historia. Y a la filosofía, hermana de la poesía, también. Tal amor por la obra escrita representa con seguridad, además, un gesto definitorio del ser humano en tanto que significa un verterse en el uso de la inteligencia y de la sensibilidad. ¡Lo que tuvo que cambiar la especie humana a partir del gesto, en apariencia irrelevante, de fijar el pensamiento por escrito y lo que tuvo que evolucionar cuando tal materia sobrevino objeto de culto! Lo mismo, representado el arte de escribir en el artífice egipcio que talla la piedra, que en el profeta que perpetúa la ley en el papel, que en el Cristo que graba en la tierra, con el índice, un poema. La devoción y la fe en la escritura indican, como reloj que marca la hora en punto, el momento del giro del uso pragmático de la fijación de las ideas al umbral de la comunicación cristalizada para el resto de los tiempos por efecto de la belleza. En ese mismo instante de la historia, la escritura artística hace patente otra condición suya aparte de la hedonística (ya suficiente en sí misma, en tanto que el disfrute numinoso de lo bello es coto exclusivo del humano y desarrolla en él la capacidad de la sensibilidad y, por ello, de la solidaridad de especie). En ese momento hace evidentes también sus cualidades pedagógicas. Convertida la literatura, por obra de los artificios estéticos que le son inherentes, en recurso de enseñanza, la educación con base en la lectura de textos artísticos representa un itinerario seguro para lograr el fin primero y último de la instrucción académica: el desarrollo de cualidades humanas a fin de modificar la naturaleza y, sobre todo, de implantar el imperio del bien y de la equidad. Sobre la base del principio de que lo bello es bueno, de que nada bello puede ser malo, la educación que proceda según el objetivo de cultivar en niños y jóvenes la experiencia estética habrá de garantizar para su comunidad el predominio de la razón. "Y la equidad se sentará en el trono / de que huya el egoísmo, / y a la ley del embudo, que hoy impera, / sucederá la ley del equilibrio" (Salvador Díaz Mirón). El "eureka" que resulte será el himno a la alegría con que los hombres volverán a ser hermanos. Nada más ajeno a la substancia literaria, por todo lo anterior, que un carácter esquemático; inclusive el perfil metodológico de la ciencia de la literatura que la estudia, centra sus propósitos en explicarla a fin de comprenderla, de reconocer en ella estrategias y técnicas que hacen real la virtualidad de la hermosura. La ciencia literaria, no obstante sus procedimientos objetivos y sus acrobacias analíticas, debe fijarse el fin primordial de fomentar el amor a la literatura. La escuela, por su parte, habrá de seguir empleándola como medio básico para procurar aprendizajes. "Ocio en el negocio y negocio en el ocio", según la máxima latina, la lectura asegura a sus fieles la adquisición de conocimientos de toda laya y constituye el recurso pedagógico de mayor eficacia. La competencia que representan los medios electrónicos modernos debe ser derrotada por la escuela, por lo profesores, echando mano del ingenio. Sin la aprehensión absurda de querer abolir los nuevos mecanismos de investigación y de comunicación, es necesario, ahora más que nunca, ponerlos al servicio de los fines más nobles de la educación, convirtiéndolos en dispositivos de introducción a la lectura de escritos artísticos, históricos, de reflexión filosófica, y aun en vasos recipientes de esos mismos textos. Ala escuela superior, a la institución universitaria, le compete de manera señalada ese objetivo. La historia milenaria del hombre que lee y escribe (a diferencia del ágrafo, cuya forma de aprendizaje y de conocimiento suele anclarse en saberes colectivos y en la memoria) ha hecho palmaria la realidad de que las luces y la razón provienen en exclusiva de la letra. A ella habrá que rendirle veneración en las aulas de altos estudios de todas las especialidades. Lo mismo el ingeniero que el abogado o el filósofo, todo estudiante debe labrar su formación en las páginas de los libros y debe troquelar en las bellas letras su espíritu (bastión que habrá de hablar por nuestra raza, según preconizaba el maestro Vasconcelos), sobre todo en esta hora crítica en que a las universidades se les requiere la generación de mano de obra especializada o la creación de técnicos de alta competencia, orillándolas a soslayar su objetivo primordial, que no es otro más que el cultivo de la inteligencia y de la capacidad crítica de una nación. Tan breve el paso del ser humano por esta vida (o con palabras del poeta azteca: "Lloro y me aflijo cuando recuerdo / que dejaremos las bellas flores, los bellos cantos... / Un breve instante aquí al lado de los demás"), sólo "los bellos cantos" (la poesía) pueden melificar sus acritudes (cito al clásico). A encontrarnos gozosos con las letras invita el libro que tiene usted frente a sus ojos. Y a amar el texto y a dejarse cautivar por sus encantos. El profesor Sergio Montes, a quien me une una sólida amistad y el apego por las empresas universitarias, me ha cedido este espacio de su antología. Es un privilegio abrir esta puerta a una selección de escritos artísticos e históricos en que se encuentran trabajos literarios e históricos de cuidadosa manufactura y de crecido valor. Y se hallan escritores de diversa laya, desde los clásicos hasta los que pertenecen a las más jóvenes generaciones, todos ellos valiosos. Muchos de esos materiales, además, extraídos de una biblioteca personal -la del profesor Montes- que da testimonio de su amor por la literatura. Como pedagogo de recia formación, por otro lado, con esta selección hace palmaria su fe en el poder de liberación que poseen estas dos vertientes del conocimiento humano: el arte literario y el cultivo de la memoria histórica. Del mismo modo que en cualquier elección antológica, subyace a la labor de la selección que aquí da principio una postura teórica e ideológica, un concepto de la historia y de la literatura en este caso. Júzguela cada lector y participe en el diálogo. Sin embargo, la escogencia de las flores (etimológicamente antología significa eso: "escoger flores"), que a mí me parecen excelentes, se propone agradar al público a quien se ofrece en forma privilegiada: a la comunidad estudiantil universitaria. ¡Que del placer de ese ocio recojan los jóvenes la cosecha de un negocio tan fructífero! Rubén D. Medina

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