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Crónicas españolas. Estampas de viaje y luces de España

Crónicas españolas. Estampas de viaje y luces de España

 

ISBN: 9786073001991

Autor(es): null

Editor/Coeditor/Dependencia Participante: Dirección General de Publicaciones / PLI121901

Formato: Libro Impreso

Disponibilidad: En existencias

MXN$700
ISBN/ISSN 9786073001991
Entidad Académica Dirección General de Publicaciones
Edición o Número de Reimpresión 1a edición, año de edición -2018-
Tema Crítica Literaria
Colaborador PLI121901
Número de páginas 490
Tamaño 23 X 15 X 3
Terminado o acabado RÚSTICO
Idioma ESPAÑOL
Contenido Advertencia editorial V
Estudio preliminar IX
Experiencias y tribulaciones de un viandante mexicano en España XI
ESTAMPAS DE VIAJE
Entre dos bahías 7
El delirio de Wall Street 12
Un minuto de Nueva York 17
El peligro de los monitores y las noticias de a bordo 25
Cádiz 32
Gibraltar 37
Barcelona la vieja. I 44
Barcelona II. La extravagancia de la piedra 50
Barcelona se divierte. III 53
En Barcelona I. Aliadófilos y germanófilos. Fiesta de niños y flores 60
En Madrid 1. La guerra y la política, en las mesas de café 66
La huelga, la guerra y el pueblo español. II 75
Una página de novela. El suicidio de Felipe Trigo 84
El Madrid del género chico. Verbenas y tradiciones 91
Mendigos y guitarras 99
La última visita. Don José Echegaray 107
Valle-Inclán 122
Alrededor de los asesinos. Don Nilo y Pasos Largos 135
La fiesta roja 141
Los literatos españoles y los ruiseñores americanos. Iglesias y Guimerá 146
En Madrid. La exposición de Anglada 152
En Toledo I. Una noche toledana 158
En Toledo II. Sol de Castilla 167
LUCES DE ESPAÑA
ARTE Y ARTISTAS
De Fígaro a Gómez de la Serna. Aspectos de la crónica moderna en España I 183
Lope de Vega y Rubén Darío 204
La Señora Condesa I 212
La tragedia de Sarah 225
Amado Nervo y el Palacio Real 235
Los ensueños de la Armería Real 242
Un problema de historia del arte. ¿Quién es el cardenal de Rafael? .... 251 Don Francisco de Goya y Enrique Díez Canedo. Las conferencias del Museo del Prado 264
Perfiles literarios. Los Machado 272
Marquina y su pavo real 278
Margarita Xirgu a bordo 288
Loreto Prado y su público 295
Apuntes sobre el Teatro Real. Los dos públicos 303
VISTAS DEL MADRID FRÍVOLO
Madrid en verano 315
El verbenero Madrid. La alegría popular 320
El "Cielito lindo" y "La Cucaracha" 325
CONTEMPLACIONES Y SENSACIONES
Una hora con Ramón y Cajal 335
Siluetas parlamentarias 345
Madrid por fuera y Barcelona por dentro 352
La tristeza heroica 357
El shah de Persia en Madrid 363
El fracaso de las huelgas burguesas. La catástrofe postal española 369
En torno del problema de Marruecos 376
Boceto de Ávila 384

ÍNDICES
I) Índice de nombres LXIX
II) Índice de obras LXXIX
III) Índice de lugares LXXXVII

Detalles

El periódico es el anotador de tiempo de la historia que pasa, todo es historia: lo insignificante y lo significativo, lo pequeño y lo grande, lo oscuro y lo resplandeciente, lo mismo el hallazgo en el arroyo de un recién nacido que el descubrimiento de una flamante estrella; lo mismo una riña callejera que un conflicto europeo [...] Y la crónica habla, y hurga con la fantasía, como el trapero con su palo, la basura de acontecimientos que amontonan hora por hora, el cable, la noticia, el editorial. Y encuentra, algunas veces, el diamantillo de un recuerdo, la perla diminuta de una observación, un atisbo imprevisto, el viejo collar lírico que perdió la vida en sus saltos y correrías. Porque la virtud de la crónica, el secreto de su supervivencia, estriba en la fuerza de su expresión. Cable, editorial, noticia, eco de sociedad, son elementos impersonales. Son voces sin boca; palabras del viento. La crónica es personal. Es un yo que charla. Tiene la simpatía de la sinceridad. Es responsable de lo que afirma y de lo que niega. Trabaja, por cuenta propia, en la complicada mecánica de un periódico [...] No desdeña el periodismo moderno a esta antigualla que se rejuvenece y cobra bríos. La crónica regresa de su largo destierro, ágil, experta, y audazmente ataviada a la moda.
(Excélsior, 19 de marzo de 1922)

Luis G. Urbina

Nació en la Ciudad de México en 1864 y murió en Madrid en 1934. Profesor de la Escuela Preparatoria y director de la Biblioteca Nacional. Secretario particular de Justo Sierra. Vivió en Argentina, Cuba y España, y perteneció a la Comisión Investigadora de Asuntos Mexicanos en el Archivo de Indias. Redactor de El Siglo Diez y Nueve. Colaborador de El Mundo Ilustrado, El Imparcial y la Revista Azul.

ADVERTENCIA EDITORIAL LOS MATERIALES Este volumen reúne los dos libros publicados por Luis G. Urbina sobre su experiencia en tierras españolas. El primero, Estampas de viaje (1920), conjunta las crónicas que el escritor mexicano realizó por encargo del Heraldo de Cuba, país en el cual vivió tras su salida de México durante una corta estancia (1915-1916). El segundo, Luces de España (1923), recopila los textos escritos para Excélsior; en ambos, Luis G. Urbina realizó una selección y una revisión de materiales. Para la presente edición crítica se cotejó con las fuentes originales (las publicaciones periódicas mencionadas), además de señalar las variantes respecto a otras revistas de la época donde estas crónicas también aparecieron: Revista de Revistas. El Semanario Nacional y Cervantes. Revista Mensual Ibero-Americana. Se da aviso también de las once crónicas incluidas en Luces de España que aparecieron en la 4a sección de los domingos dedicada a roto-grabados, y una más en la sección española. Todas las demás fueron publicadas dentro de las páginas ordinarias del periódico. LAS NOTAS AL PIE DE PÁGINA La nota primera de cada crónica incluye las fuentes hemerográficas en orden cronológico, el título completo, así como la fecha de aparición. Acorde con los propósitos de la edición crítica, las notas de variantes dan cuenta de los cambios en las distintas publicaciones, así como de la supresión de algunos párrafos. La fijación del texto original permite advertir que dichos cambios no sólo obedecieron a cuestiones de estilo o de espacio; al trasladar las crónicas al libro Luis G. Urbina revisa su labor con varios propósitos: primero, superar la fugacidad del periódico, rescatar su obra del olvido; segundo, "reconquistar" el lugar que como escritor tenía ya en México y, por último, tal como él mismo señala en Estampas de viaje: "En las páginas que siguen [...] me queda el anhelo de lograr algún día [...] rendir a la raza en verdad y en belleza, el filial tributo que le debo en nombre' de mi patria americana". La mayoría de las notas se abocan a reconstruir, en la medida de lo posible, el contexto histórico, político y cultural en el cual fueron publicadas las piezas periodísticas. Proporcionan información acerca de personajes políticos, músicos, pintores, escritores y amigos de Luis G. Urbina; más allá de los datos que cualquier lector puede encontrar en Internet, se hizo énfasis en las actividades de dichos personajes en el momento de escritura de la crónica, sin indagar en aspectos biográficos posteriores. Se realizaron notas de carácter lexicográfico pues éstas revelan, con frecuencia, las particularidades del habla coloquial, además de que muchas de estas expresiones han caído en desuso y pueden resultar desconocidas para el lector actual. Gran parte de las notas se refieren a los lugares citados o visitados por Urbina, la mayoría de los cuales han cambiado de nombre o de uso, algunos más han desaparecido, por lo que su mención nos pareció fundamental en la reconstrucción espacio-temporal de la España de los años veinte. ACTUALIZACIÓN ORTOGRÁFICA1. Se actualizó la ortografía en cuanto al léxico se refiere, ej. Obscuro por oscuro; substancial por sustancial. También se actualizaron los nombres propios. 2. En los nombres de lugares se mantuvo el uso dado por el autor, ej. Puente de Brooklyn, Quinta avenida, etcétera. 3. Se mantuvo la puntuación del autor. 4. Los extranjerismos se señalaron en cursivas. AUXILIARES TÉCNICOS Se elaboraron tres índices con el objetivo de facilitar las búsquedas de información por parte del lector. a) De personas: nombres de personajes históricos o de la vida cultural de España y otros países. b) De obras: literarias, pictóricas, musicales, escultóricas y cinematográficas. En cada caso se agrega la abreviatura correspondiente: Pintura (P), Música (M), Escultura (E), Cine (C). Para las esculturas y estatuas que se conocen con dos nombres se consigna cada uno, con envío al nombre real, ej. La libertad iluminando el mundo/La estatua de la libertad. c) De lugares, calles y edificios: generalmente de España, Barcelona, así como de Estados Unidos (debido al fugaz paso de Luis G. Urbina por ese país). Con el fin de evitar confusiones se utilizaron las siguientes abreviaturas: Plaza (P), Calle (C), Glorieta (G), Fuente (F), Museo (M), Teatro (T), Iglesia (I), Edificio (E), Puerta (PT), Puente (PN), Paseo (PS), Café (CF), Parque (PQ), Palacio (PL), Monasterio (MN) y Cementerio (CM). El lector tiene así entre sus manos no sólo una muestra de la escritura de uno de los mejores cronistas mexicanos, sino la oportunidad de viajar de la mano de Luis G. Urbina, a través del tiempo y el espacio a la España de los años veinte. EXPERIENCIAS Y TRIBULACIONES DE UN VIANDANTE MEXICANO EN ESPAÑA PINCELADAS DE UNA VIDA En un México convulso que asistía, fluctuante entre la novedad y el estupor, a la conformación de un Segundo Imperio Mexicano decretado desde Europa por una Junta de Notables, nacía, el 8 de febrero de 1864, el poeta y periodista Luis G. Urbina. Tras el ir y venir de Santa Anna en el poder, endeudado hasta los topes, en rijosa contienda entre liberales y conservadores, el país asumía parcialmente el designio: México se regiría por una monarquía moderada, hereditaria, encabezada por un príncipe católico: Fernando Maximiliano de Habsburgo, archiduque de Austria. El emperador y su joven esposa, Carlota de Bélgica, arribaron al puerto de Veracruz el 28 de mayo de aquel 1864, cuando Luis, huérfano de madre y casi se podría decir que también de padre -éste no se ocupó de él al enviudar-, comenzaba su vida en medio de grandes carencias al lado de su abuela paterna, quien, dada la situación política y su insuficiencia de recursos, se veía en aprietos para mal vestir y peor alimentar al pequeño, que, si comía escasamente y vestía ropa de segunda mano otorgada por la generosidad de algún alma piadosa, no le faltaban, sin embargo, lecturas con las cuales nutrir el espíritu, debido a que su abuela, a cambio de la vivienda que usufructuaba, estaba al cuidado de una biblioteca particular en la que el niño tuvo muy pronto contacto con las gloriosas aventuras de don Quijote de la Mancha en una edición ilustrada, hecho que lo marcó de forma indeleble. Como puede notarse, Urbina creció en uno de los momentos más interesantes de la historia de México: el desarrollo y caída del Segundo Imperio, la República Restaurada, los treinta años del Porfiriato, la Revolución mexicana y la cauda de gobiernos emanados de ella hasta llegar al mandato de Abelardo L. Rodríguez. Maravilloso hubiera sido que el Viejecito se hubiera dado a la tarea de escribir sus memorias, pero no fue así. Alfonso Reyes lamenta la falca de un texto que diera cuenta de esta evolución acelerada y poliédrica de la vida del país que le tocó en suerte: "Nadie entre nosotros -apunta Reyes- hubiera podido escribir las memorias que él nos debía. Nunca logré de él que las escribiera, y sólo sé que en los últimos años había comenzado unas cuartillas que pensaba irme remitiendo poco a poco; aunque ni siquiera esas reliquias han podido llegarme".' En el mismo tenor se expresa Genaro Estrada cuando rememora los días que convivió en Madrid con el poeta de Los últimos pájaros: En aquel sitio de Villa Camila -así llamaba a la casa una cartela de cerámica que había en la entrada- departimos, una vez más, de tantas cosas que eran temas inevitables de nuestras conversaciones; insistí todavía con el poeta en que escribiera y publicara sus memorias, en las que podía haber referido tantas cosas de la vida mexicana, de sus amistades literarias, de sus andanzas de cronista teatral, de sus trabajos en el periodismo, de las personalidades que él había conocido de cerca. El argumento de Urbina era contundente al respecto: "Las memorias sirven para conocer a los grandes hombres o a los vanidosos que buscan de exhibir su egoísmo y sus pequeños chismes". El joven Urbina fue, por lo general, un personaje bien aceptado en el medio cultural mexicano, en donde se desenvolvió desde su adolescencia; en gran medida, esto se debió a la protección decidida de Justo Sierra, a quien conoció por intermediación de Juan de Dios Peza en una famosa tertulia que se organizaba en la Botica Francesa. Gracias al espaldarazo de Sierra, Urbina comenzó a ganarse un sitio en el panorama literario de su tiempo. La crítica decimonónica consideraba como inseparables la figura del creador de la manufactura de la obra; texto y autor formaban una unidad indivisible, puesto que la diafanidad del producto estaba en íntima relación con la luminosidad de la mente y el espíritu de quien lo produce. Por el contrario, cierta tortuosidad en la obra se correspondía, muchas veces, con la personalidad de quien la engendraba. Estos principios que normaban los parámetros de la crítica provenían, en general, del pensamiento romántico. Ética y estética unidas. Para el romanticismo, la mayor virtud era la sinceridad, porque ésta representa un hecho moralmente noble. El producto artístico, entonces, no puede desligarse de la actitud e incluso de la fisonomía de quien la crea, ya que la nobleza del sujeto se veía reflejada en el producto; piénsese en El retrato de Dorian Gray, novela, por completo romántica, en la que la fealdad del retrato depende de manera directa del envilecimiento de su dueño. La corriente romántica es en extremo individualista y se sustenta sobre la base de la congruencia entre ente y expresión. Además, la obra es circunstancial, su conformación depende también del tiempo y las condiciones en las que se halla el artista. Para Schlegel, el mundo era una ola en constante movimiento, el autor, una víctima de su vaivén eterno. Por todo ello, la relación entre creador, creación y circunstancia es muy estrecha. En concordancia con lo anterior, se justifica a plenitud el interés que para la crítica decimonónica representaban los retratos literarios, pues fungían como aval de la obra misma. No es de extrañar, por tanto, que el número 7 de la Revista Azul del 16 de junio de 1895 recogiera un homenaje a Urbina, donde varias plumas importantes del momento reflexionaban sobre su persona y su producción. El hombre de la gardenia, el Duque Job, es el primero en hablar. El retrato que hizo de Urbina fue escrito originalmente para la Revista Ilustrada en 1890: "Tomo del brazo al más joven de mis poetas -dicen que la juventud porte bonheure! - a Luis G. Urbina", y agrega: "Urbina es muy joven. Dice que ya conoce el dolor; pero no es cierto: a la que conoce es a la primera novia del poeta: a la Melancolía". Tiene -dice el Duque- "apenas el presentimiento del dolor"; "Hay poetas así -reflexiona- que nacen enamorados de lo pálido y Urbina es uno de ellos". Luego, Gutiérrez Nájera lo pinta de cuerpo entero: Urbina es bajo de estatura: casi del tamaño de su libro. Boca grande, dientes blancos, promesa del bigote en el carnoso y encendido labio; la cabeza, que ha crecido más que el cuerpo, pesando demasiado sobre éste; el pelo ensortijado como si los versos lo despeinaran y revolvieran al salir; no pequeña la oreja, curiosa de oír todo; ojos brillantes, bruñidos, pavonados y de luto por alguien; ladeado el sombrero hongo y, bajo el ala, ancha la frente, limpia, abovedada, como las naves de los templos en que habita un dios.

Crónicas españolas. Estampas de viaje y luces de España

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