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Libros UNAM

Cobra

Cobra

 

ISBN: 9786073007269

Autor(es): Sarduy, Severo

Editor/Coeditor/Dependencia Participante: Dirección de Literatura / Vanilla paiflolia

Formato: Libro Impreso

Disponibilidad: En existencias

Special Price MXN$175

Precio Habitual: MXN$250

ISBN/ISSN 9786073007269
Entidad Académica Dirección de Literatura
Edición o Número de Reimpresión 1a edición, año de edición -2018-
Tema Literatura
Coedición Vanilla paiflolia
Número de páginas 240
Tamaño 20.5 x 13.5 x 1.5
Terminado o acabado rústico
Idioma Español
Contenido ÍNDICE

EL CANTO HABITADO DE SEVERO SARDUY 11
PHILIPPE OLLÉ-LAPRUNE
COBRA I 19
TEATRO LÍRICO DE MUÑECAS 21
I 23
MÚSICA SEVILLANA 33
II 37
ENANA BLANCA 45
I 47
PETIT ENSEMBLE CARAVAGESQUE 55
VUE PLONGEANTE 57
PORTRAIT DE PUP EN ENFANT 63
II 65
PUP SOBRE EL SOFÁ DE RAYAS MORADAS 73
A DIOS DEDICO ESTE MAMBO 85
(OIGAN A UMM KALSUM) 95
LA CONVERSIÓN 99
UN SUEÑO DE COBRA 107
DIAMANTE 109
¿QUÉ TAL? 115
COBRA II 123
LA INICIACIÓN 125
DRUGSTORE 129
EN EL BAR 131
LAS RUINAS 139
LOAS Y ALABANZAS A LOS VENCEDORES 141
EL PARQUE 143
EAT FLOWERS! 151
I 153
II 165
PARA LOS PÁJAROS 169
I 171
TRAYECTO DE LOS PÁJAROS 173
LECCIÓN DE ANATOMÍA 181
II 183
BLANCO 193
A COBRA 199
A TIGRE 201
A TUNDRA 203
A ESCORPIÓN 205
A TOTEM 207
DIARIO INDIO 209
I 211
II 213
LAS INDIAS 219
LAS INDIAS GALANTES 221

Detalles

Escribe Philippe Ollé-Laprune: "Cobra sería esa máscara cosmética, esa transformación que tiene lugar en un cuerpo, cuya pasión sería para mí la única equivalencia occidental de los teatros rituales del Oriente. Esos teatros en que el travestismo y la religión [el texto] forman una sola entidad. El título de uno de los capítulos […] es precisamente Teatro Lírico de Muñecas, que es la traducción al español de bunrakú, el teatro japonés de marionetas gigantes […] el libro contiene todo aquello que tiene que ver con el teatro, el travestismo, el simulacro y las marionetas"; utiliza estos elementos "para crear un escenario cargado de humor, atrapado entre la perplejidad afectiva hacia las situaciones que atañen a sus personajes y un sentido de lo grotesco que está ligado al carnaval, a la denuncia del horror que impone lo real".

Sarduy, Severo

(Camagüey, 1937 - París, 1993) Severo Sarduy cursó estudios de medicina, arte y literatura en Cuba. En 1956 se trasladó a La Habana, donde colaboró con la revista Ciclón. Tras el triunfo de la Revolución liderada por el Che Guevara y Fidel Castro, Sarduy escribió en el Diario libre, del que fue director de la página literaria, y en Lunes de la Revolución como crítico literario y de arte. En 1960, gracias a una beca del gobierno cubano, se trasladó a París, donde estudió historia del arte en la École du Louvre. En París se vinculó al grupo de escritores estructuralistas, colaboró en la revista Tel Quel y trabajó para Editions du Sueil y como guionista de la radiotelevisión francesa; nunca regresó a Cuba.

Cobra I Teatro lírico de muñecas I LOS ENCERRABA EN HORMAS DESDE QUE AMANECÍA, LES APLICABA compresas de alumbre, los castigaba con baños sucesivos de agua fría y caliente. Los forzó con mordazas; los sometió a mecánicas groseras. Fabricó, para meterlos, armaduras de alambre cuyos hilos acortaba, retorciéndolos con alicates; después de embadurnarlos de goma arábiga los rodeó con ligaduras: eran momias, niños de medallones florentinos. Intentó curetajes. Acudió a la magia. Cayó en el determinismo ortopédico. _Cobra_. Dios mío —en el tocadiscos, como es natural, Sonny Rollins— ¿por qué me hiciste nacer si no era para ser absolutamente divina? —gemía desnuda, sobre una piel de alpaca, entre ventiladores y móviles de Calder—. ¿De qué me sirve ser reina del Teatro Lírico de Muñecas, y tener la mejor colección de juguetes mecánicos, si a la vista de mis pies huyen los hombres y vienen a treparse los gatos? Tomaba un sorbo de la "piscina" —ese jarrón en que la Señora, para compensar los rigores del verano y la práctica reductora, le servía un sirope de frambuesa con hielo _frappé_—, se alisaba las enmarañadas fibras de vidrio, con un cartabón milimétrico, se medía los rebeldes y atacaba otra vez el "Dios mío, por qué...", etc. Empezaba a transformarse a las seis para el espectáculo de las doce; en ese ritual llorante había que merecer cada ornamento: las pestañas postizas y la corona, los pigmentos, que no podían tocar los profanos, los lentes de contacto amarillos —ojos de tigre—, los polvos de las grandes motas blancas. Aun fuera de la escena, una vez pintados y en posesión de sus trajes, la Reina era obedecida, y huían por los pasillos o se encerraban en las alacenas y salían embarrados de harina los criados a la bigotuda aparición de un Demonio. Rauda, desgreñada, reverso del fasto escénico, la Señora se deslizaba en pantuflas de Mono Sabio, disponiendo los paravanes que estructuraban aquel espacio _décroché_, aquella heterotopia —fonda, teatro ritual y/o fábrica de muñecas,1 quilombo lírico— cuyos elementos sólo ella salvaba de la dispersión o el hastío. Surgía en la cocina, en el humo anaranjado de una salsa de camarones, corría por los camerinos llevando un plato de ostras, preparaba una jeringuilla o mojaba en laca un peine para retorcer un bucle recalcitrante. Iba y venía pues la Buscona, como les decía hace un párrafo, por los corredores de aquel caracol de cocinas, cámaras de vapor y camerinos, atravesando en puntillas las celdas oscuras donde dormían todo el día, presas en aparatos y gasas, inmovilizadas por hilos, lascivas, emplastadas de cremas blancas, las mutantes. Las redes de su trayecto eran concéntricas, su paso era espiral por el decorado barroco de los mosquiteros. Vigilaba la eclosión de sus capullos, la ruptura de la seda, el despliegue alado. El Museo Guggenheim, con sus rampas centrífugas, era menos mareante que éste, turbio y reducido a un solo estrato, que con su diurno deambular animaba la Alcahueta: castillo circular aplastado, "laberinto de la oreja". 1 Sí, porque llegaban los garzones en un tal ambaje, que había que precipitarlos hacia donde todos los santos ayudan: eso hacía la Señora, Cosmética mediante. Salían del cubículo las muñecas en pleno esplendor del yin, crepitantes de joyas, coccinellicas todas; o al contrario, acuñadas según Bambi, con cerquillo castaño y en _prét-á-porter_, agresivas de tan discretas. A cada espectáculo aparecía una nueva ola de conversos, otro asopranado coro de transgresores: ¡Pronto caeremos en el estajanovismo! —protestaba la Señora—. Hay que corregir los errores del binarismo natural —añadía bembenistiana—, pero _per piacere_, señores, ¡esto no es soplar y hacer botellas!

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