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Libros UNAM

Arquitectura y urbanismo del Septentrión Novohispano V. El poblamiento ilustrado

Arquitectura y urbanismo del Septentrión Novohispano V. El poblamiento ilustrado

 

ISBN: 9786073001328

Autor(es): Arnal Simón, Luis (coordinador) / Ramiro Esteban, Diana (coordinadora)

Editor/Coeditor/Dependencia Participante: Facultad de Arquitectura

Formato: Libro Impreso

Disponibilidad: En existencias

Special Price MXN$322

Precio Habitual: MXN$460

ISBN/ISSN 9786073001328
Entidad Académica Facultad de Arquitectura
Edición o Número de Reimpresión 1a edición, año de edición -2018-
Tema Arquitectura virreinal
Número de páginas 248
Tamaño 28 x 21.5 x 1.5
Terminado o acabado rústico
Idioma Español

Detalles

Este V volumen de la colección está dedicado al análisis de los diferentes modos de fundar poblados y villas durante las reformas borbónicas, cuando lo importante era ocupar el territorio casi despoblado en las Provincias Internas y más allá, hasta el río Misisipi y La Florida.
Los distintos modelos urbanos aprovecharon toda la experiencia acumulada desde las Leyes de Indias, hasta los nuevos reglamentos militares y otras ordenanzas que se aplicaron en sitios lejanos; todas estas empresas de poblamiento tuvieron como interés principal fortalecer y arraigar al poblador y su familia, otorgándole tierras, aperos y semillas, además de animales para la crianza, gastos que la Corona asumió.

Arnal Simón, Luis (coordinador)

es doctor en arquitectura por la UNAM. Maestro en Restauración de Monumentos por la Salle y UNAM. Pertenece al Sistema Nacional de Investigadores. Ha sido tutor, asesor y director de tesis, sinodal, adscrito al Programa de Maestría y Doctorado en Arquitectura (en el campo de conocimiento de restauración de monumentos), y en el de Urbanismo. Sus líneas de investigación son en Historia, cultura y estética urbana. Historia urbana y del urbanismo.

Ramiro Esteban, Diana (coordinadora)

es doctora y maestra en arquitectura opción: restauración de monumentos Facultad de Arquitectura, UNAM. Es investigadora titular "B" de la Facultad de Arquitectura UNAM. Su línea de investigación es en el estudio de la arquitectura histórica como enfoque disciplinar para la conservación patrimonial. Recibió Mención Honorífica del Premio INAH Francisco de la Maza por su tesis doctoral en 2015.

Presentación Con gran gusto escribo este breve texto de presentación del quinto volumen de la colección Arquitectura y Urbanismo del Septentrión Novohispano, del Programa de Apoyo a Proyectos de Investigación e Innovación Tecnológica de la Dirección General de Asuntos del Personal Académico de la UNAM, que publica la Facultad de Arquitectura. Es así que se le da continuidad al importante proyecto de investigación en el que colaboran destacados profesores universitarios y, por lo que se ve, enamorados de los territorios norteños. Este volumen enriquece la bibliografía que sobre estos territorios ha publicado este grupo de investigadores, pues hay que recordar que los volúmenes anteriores fueron dedicados a estudiar: I. Fundaciones del Noreste en el siglo XVIII; II. Fundaciones en la Florida y el Seno Mexicano. Siglos XVI al XVIII; III. Arquitectura y Urbanismo en la Luisiana en los siglos XVII y XVIII; y IV. Las reformas borbónicas en el septentrión de la Nueva España. Este quinto volumen, El poblamiento ilustrado, contiene estudios sobre Texas, Arizona y Nuevo México, y Nuevo Santander, Coahuila y Chihuahua; así, lentamente, pero con logros muy firmes, los autores van cubriendo toda la geografía del septentrión novohispano. El poblamiento de los territorios septentrionales del virreinato novohispano fue un proceso complejo y lento. Si bien se intentó justificar su fundación con las Leyes de Indias, lo cierto es que fue necesario ajustar esta normativa a las condiciones especiales de los ambientes norteños y a las condiciones económicas y sociales de los pobladores que en ello intervinieron. Fue complejo porque no sólo intervinieron las autoridades reales, sino también, por diferentes razones participó directamente la Iglesia, a través de las órdenes religiosas, además del Ejército y, en ocasiones especiales, algunos particulares. Y fue lento porque, aun cuando las fundaciones españolas se iniciaron casi de inmediato a la derrota de los principales grupos originarios, al cabo de tres siglos de dominación hispana, los grandes territorios septentrionales estaban casi despoblados y muy mal comunicados. Aunque existían numerosos asentamientos, la mayoría de ellos contaba con apenas un puñado de habitantes. Pese a los esfuerzos de las autoridades virreinales, apenas se llegaron a consolidar unas cuantas ciudades. Sirva como ejemplo que hacia la tercera década del siglo XVI se fundan Guadalajara y Valladolid; a finales de la siguiente década Zacatecas; en los cincuenta Guanajuato, en los setenta Aguascalientes y, en la última década del siglo San Luis Potosí y Monterrey. Pero recordemos también que varias de estas fundaciones tuvieron más de un asentamiento, toda vez que debieron cambiar de lugar por seguridad o por mejorar las condiciones del sitio. Ello significa que los asentamientos septentrionales son, en su gran mayoría, fundaciones de los siglos posteriores. Lo anterior tiene importancia, pues numerosas ciudades del reino novohispano, como de otras regiones americanas, ya se habían fundado previo a las Ordenanzas de descubrimiento, nueva población y pacificación de las Indias, dadas por Felipe II en 1573. En el centro y sur del país existieron numerosos asentamientos indígenas, donde se posibilitó una ocupación y expansión sobre territorios articulados y jerarquizados en cuanto a su funcionalidad y utilización, de tal manera que en la gran mayoría de los casos no se trató de creación de nuevas ciudades, sino de "refundaciones" sobre asentamientos indígenas, aunque ello implicara su ocupación, destrucción y reconstrucción bajo un modelo europeo. A diferencia, los territorios norteños estaban ocupados en gran parte por grupos seminómadas -aunque es necesario recordar que en esa amplia región conocida como Aridoamérica, existieron asentamientos permanentes de grupos indígenas culturalmente avanzados, por lo que lo señalado en las Ordenanzas, quedaba sólo en buenas intenciones, pues fue muy difícil cumplir con ello. Valga como ejemplo lo señalado en la Ordenanza 34, referente a que las nuevas poblaciones debían fundarse en sitios de clima benigno, fértiles y abundantes en frutos, de buenas tierras y arboledas y buenas aguas (35), bien comunicadas (37). En otros puntos se establecía que el número mínimo de vecinos para una nueva fundación era de 30, pero debe entenderse como cabezas de familia y no como el total de habitantes (89), y no debía haber otra ciudad o villa de españoles a menos de cinco leguas (90). La planta del nuevo asentamiento también estaba normalizada: debía considerarse la plaza, las calles y los solares, iniciándose con la plaza mayor y desde ahí sacar las calles principales. De esta forma, aunque la población creciera, el asentamiento mantendría su trazo reticular (111). La plaza mayor debía ser de forma rectangular (112), aunque en realidad se presentan una gran variedad de formas. En la plaza debían darse solares para construir la iglesia, casas reales y propias de la ciudad (126). Los estudios que se presentan, en esta obra, muestran que aun cuando se tenían en mente estas Ordenanzas, las condiciones ambientales, sociales y económicas condicionaron el poblamiento en los territorios norteños. Toda vez que a las ciudades y villas de españoles se suman los pueblos de indios, que debían seguir las mismas normativas, pues no podemos olvidar que tlaxcaltecas, otomíes y otros grupos indígenas formaron parte importante de esta expansión. Y lo mismo debía suceder con los asentamientos que surgirán al paso de los años de reales de minas, presidios, misiones y conventos, que poco a poco irán ajustándose a la normativa, siempre adaptada a las condiciones especiales de los territorios septentrionales. Para el siglo XVIII, las reformas borbónicas se reflejaron en América en muy diversos ámbitos. Para el caso de los territorios septentrionales, se lanzaron expediciones que a la vez que buscaban un dominio territorial, fomentaban el poblamiento. Así, a la vez que se tenía un mejor y mayor conocimiento del territorio, se promovió la fundación de nuevos asentamientos, igualmente bajo una serie de condiciones que reflejaban el interés de la Corona por uniformar las plantas. La visión de proporcionar un mejor ambiente por parte de gobernantes ilustrados, ingenieros y arquitectos, buscaba aportar una serie de modificaciones al paisaje urbano: el caos sería sustituido por el orden, permitiendo que el espacio se abriera. El nuevo espacio generado por las ideas borbónicas ilustradas traería el confort a los pobladores, proporcionado por la disposición de los elementos arquitectónicos y los materiales de éstos. Así, puede establecerse que "lo ordenado, lo recto, lo simétrico, lo parco, lo uniforme, lo limpio, lo bien hecho y lo funcional, valores que estaban en boga..." se intentaron aplicar en todo el proceso de poblamiento de los territorios septentrionales. Ello se observa en los casos estudiados por el grupo de autores que participan en este volumen. Este quinto volumen de Arquitectura y Urbanismo del Septentrión Novohispano es una brillante colección de estudios representativos de la realidad que enfrentó esa pequeña comunidad que llevó los valores de la arquitectura y el urbanismo ilustrado al norte novohispano. Por supuesto que están lejos de explicar totalmente el poblamiento del septentrión, toda vez que nos referimos a más de dos millones de kilómetros cuadrados, con ambientes que van de los desiertos a tierras tropicales, de llanuras a altas cordilleras. De la mano de los estudios de Luis Arnal y Xavier Cortés Rocha, que dan las pautas que rigieron "El urbanismo en la Ilustración", y "La idea de ciudad", que guio a estos pobladores, se presentan otros cuatro estudios referente a los casos que muestran las similitudes y diferencias que caracterizaron a territorios como Coahuila y Texas, Nueva Vizcaya, Nuevo Santander, Chihuahua y Nuevo México, Sonora y Arizona. Es sin duda un esfuerzo importante, toda vez que son pocos los urbanistas y arquitectos que han enfrentado el reto de estudiar la historia urbana y arquitectónica del septentrión novohispano, incluyendo por supuesto a los territorios que el Estado mexicano perdió tras la injusta guerra con los Estados Unidos. Pero en mi opinión estos estudios trascienden el objetivo disciplinario, pues con ellos también se comprende cómo se construyó la identidad de los pobladores del norte de nuestro país. José Omar Moncada Maya

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