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Libros UNAM

Apuntes sobre el arte de escribir cuentos

Apuntes sobre el arte de escribir cuentos

 

ISBN: 9786070211690

Autor(es): BOSCH, JUAN / Sealtiel Alatriste (Presentación)

Editor/Coeditor/Dependencia Participante: Dirección General de Publicaciones y Fomento Editorial

Formato: Libro Impreso

Disponibilidad: En existencias

MXN$97
ISBN/ISSN 9786070211690
Entidad Académica Dirección General de Publicaciones y Fomento Editorial
Edición o Número de Reimpresión 2a reimpresión de la 1ª edición, año de reimpresión -2018-
Tema Literatura universal
Número de páginas 56
Tamaño 15 x 9.5 x 0.5
Terminado o acabado RÚSTICO
Idioma Español

Detalles

Texto clásico de las letras hispanoamericanas, escrito en 1958 por el precursor del cuento dominicano. En esencia, en sus apuntes Juan Bosch dice: escribir cuentos es una tarea seria y además hermosa. Arte difícil, tiene el premio en su propia realización. Hay mucho que decir sobre él. Pero lo más importante es esto: el que nace con la vocación de cuentista trae al mundo un don que está en la obligación de poner al servicio de la sociedad. La única manera de cumplir con esa obligación es desenvolviendo sus dotes naturales, y para lograrlo tiene que aprender todo lo relativo a su oficio: qué es un cuento y qué debe hacer para escribir buenos cuentos. Si encara su vocación con seriedad, estudiará a conciencia, trabajará, se afanará por dominar el género, que sin duda es muy rebelde, pero dominable. Otros lo han logrado. Él también pude lograrlo.

BOSCH, JUAN

En la vega el 30 de junio de 1909) escritor, historiador y político. Hijo del español José Bosch y de la puertorriqueña Ángela Gaviño. Inició su educación formal en río verde con la profesora paquita Sánchez.

Sealtiel Alatriste (Presentación)

JUAN BOSCH, EL OTRO SEMBRADOR Los dominicanos, que quizá tengamos muchos defectos, pero no somos ingratos..., escribirán la historia, ellos mejor que nadie, de la vida de aquel hombre ilustre, cuyo recuerdo no olvidaremos nunca. Máximo GÓMEZ Artista pleno y, ante todo, comprometido, Juan Bosch llegó a escribir en una ocasión, con motivo de la preparación de las obras de Eugenio María de Hostos, que si su vida llegara a ser tan importante que justificara algún día escribir sobre ella, habría que empezar diciendo: nació en La Vega, República Dominicana, el 30 de junio de 1909, y volvió a nacer en San Juan de Puerto Rico a principios de 1938, cuando la lectura de los originales de Hostos le permitió conocer qué fuerzas mueven, y cómo la mueven, el alma de un hombre consagrado al servicio de los demás. La historia personal y creativa de quien es considerado el precursor del cuento y de la narrativa social dominicana, constata que no sólo conoció a fondo esas fuerzas, sino que se convirtió en una de ellas, poniendo justamente al servicio de los demás tanto su sensibilidad como una singular vocación de solidaridad. A lo largo de su vida Juan Bosch brindó sin ambages el resultado de su voluntad creadora, logrando conformar una fructífera trayectoria en el oficio de narrar, pese a la vicisitud política en la que se vio inmerso, incluyendo el exilio. Es así que sus preocupaciones abarcaron un amplio espectro: fue educador, historiador, ensayista, biógrafo, político, presidente de la República Dominicana, pero sobre todo contador de historias. Juan Bosch comenzó su carrera literaria en la década de los treinta, poco tiempo después de un prolongado viaje en el que tuvo oportunidad de visitar Barcelona y Venezuela. En 1933, con la publicación del libro Camino Real (una breve colección de cuentos en los que plasmaba ya sus vivencias acontecidas en La Vega, su pueblo natal), se preparaba el terreno para el lanzamiento de su primera novela, La mañosa (1936), en la que abordaría el tema de las revoluciones. A partir de ese momento publicaría constantemente en periódicos y revistas locales y su nombre comenzaría a hacerse de un lugar en los medios literarios e intelectuales de su país. Es una etapa fecunda, en la cual surgieron textos destacados como "Dos pesos de agua", "El abuelo" y "La mujer", infaltable en las antologías de cuentos de latinoamericanos: La carretera está muerta. Nadie ni nada la resucitará. Larga, infinitamente larga, ni en la piel gris se le ve vida. El sol la mató; el sol de acero, de tan candente al rojo, un rojo que se hizo blanco. Tornose luego transparente el acero blanco, y sigue ahí, sobre el lomo de la carretera... La infancia y adolescencia de Bosch fueron determinantes para impulsar su aventura literaria. Juan Gaviño y José Bosch Subirats, abuelo y padre respectivamente, inculcaron en el pequeño Juan un amor especial por los libros y por otras manifestaciones artísticas como la escultura. Es sabido que inclusive lo llevaban a las reuniones del escritor cubano-dominicano Federico García-Godoy (que se realizaban en el parque de La Vega), y que también fue testigo de un hecho sin precedentes en su tierra cuando se le dio la bienvenida, en 1920, a Francisco Villaespesa, poeta, dramaturgo y narrador español que formaba parte de la corriente modernista. En 1938 Bosch parte rumbo a la ciudad de San Juan, Puerto Rico, y después se traslada a Cuba ante el incipiente pero incómodo asedio de Rafael Trujillo (que recién había tomado posesión como presidente de la República Dominicana). El exilio comenzaría a ampliarle la perspectiva y los horizontes: por espacio de aproximadamente un año dirige la edición de las obra completas de Eugenio María de Hostos y escribe para las revistas Alma Latina de Puerto Rico y Carteles de Cuba; publicaría también Mujeres en la vida de Hostos (1938) y Hostos, el sembrador (1939). La vida de Juan Bosch transcurre así entre el compromiso artístico y la tempestad social. En muy poco tiempo se convertiría en un personaje destacado en los medios políticos e intelectuales cubanos, siendo en 1944 cuando pronuncia en La Habana la conferencia sobre las características del cuento, un antecedente directo de lo que sería la renombrada cátedra que dictó en la Universidad de Caracas en 1958: Apuntes sobre el arte de escribir cuentos, que a la postre se convertiría en un texto clásico de las letras hispanoamericanas. A menos que se trate de un caso excepcional, un buen escritor de cuentos tarda años en dominar la técnica del género, y la técnica se adquiere con la práctica más que con estudio. Pero nunca debe olvidarse que el género tiene una técnica y que ésta debe conocerse a fondo. Cuento quiere decir llevar cuenta de un hecho. La palabra proviene del latín computus, y es inútil tratar de rehuir el significado esencial que late en el origen de los vocablos. Una persona puede llevar cuenta de algo con números romanos, con números árabes, con signos algebraicos; pero tiene que llevar esa cuenta. No puede olvidar ciertas cantidades o ignorar determinados valores. Llevar cuenta es ir ceñido al hecho que se computa. El que no sabe llevar con palabras la cuenta de un suceso, no es cuentista. Escribir cuentos es una tarea seria y además hermosa. Arte dócil, tiene el premio en su propia realización. Hay mucho que decir sobre él. Pero lo más importante es esto: el que nace con la vocación de cuentista trae al mundo un don que está en la obligación de poner al servicio de la sociedad. La única manera de cumplir con esa obligación es desenvolviendo sus dotes naturales, y para lograrlo tiene que aprender todo lo relativo a su oficio; qué es un cuento y qué debe hacer para escribir buenos cuentos. Si encara su vocación con seriedad, estudiará a conciencia, trabajará, se afanará por dominar el género, que es sin duda muy rebelde, pero dominable. Otros lo han logrado. Él también puede lograrlo. Tras más de veinte años de exilio, en los cuales Bosch realizó estancias prolongadas en Bolivia, Costa Rica, Chile (ahí publicaría en 1955 Judas Iscariole, el calumniado), Francia, Bélgica, Austria e Israel (en donde terminaría su libro David, biografía de un rey), retorna a su patria en 1961, siendo ya considerado una leyenda viviente de las letras dominicanas, pues su actividad artística no paró pese a los numerosos inconvenientes que se le presentaron. Es de esta forma como se reúnen en 1964 sus relatos breves en dos volúmenes: por un lado Cuentos escritos en el exilio, que incluye los textos "Manuel Sicurr y "Cuento de Navidad" (publicados en ediciones independientes fuera de República Dominicana), y por el otro Más cuentos escritos en el exilio, que incorporaba "La muchacha de la Güaira", uno de sus mejores textos, publicado también en Chile en la década de los cincuenta. En 1973, no obstante sus declaraciones sobre el hecho de que dejaba definitivamente la literatura, publica una colección de cuentos y una novela respectivamente: Cuentos escritos antes del exilio y El oro y la paz, esta última ganador del Premio Novela Nacional de Literatura en 1975, y aunque escrita en dos versiones, la primera en 1957 y la segunda en 1964, se convierte en una obra maestra de la literatura dominicana. A petición del poeta Manuel Rueda, en 1979 escribe "El culpable", cuento incluido en una antología para niños, que representa lo más parecido a una despedida y una justificación de por qué disminuyó en esas fechas, hasta casi abandonarlo, el quehacer literario: [... érase una vez la historia de un viejo que había ganado fama entre sus familiares como creador de historias que fascinaban a los niños, hasta el día en que contó a uno de sus sobrinos la última historia que había inventado, la de un brujo capaz de transformarse en lo que quisiera. Al notar que a su sobrino no le llamaba la atención la habilidad del personaje y que, además, le replicaba con insolencia que lo que hacía el brujo no tenía nada de extraordinario porque Superman lo hubiera hecho mejor... el viejo narrador se enfada Juan Bosch mantuvo en todo momento, pese a toda la actividad política que desarrolló dentro y fuera de su país, una estrecha relación con la literatura y las artes ya fuere presentando obras de escritores dominicanos y otras nacionalidades, participando en coloquios literarios o impartiendo conferencias. Mucho se ha especulado sobre cuál era el verdadero mensaje que quiso transmitir Juan Bosch con ese último texto. Se ha insistido en que quería hacernos comprender que la literatura había evolucionado tanto que ya no era posible hacerla como él la hacía antes de que cesara su obra de ficción. Ahora prevalecían otra visión, otra manera de percibir las cosas: y la realidad latinoamericana, otra literatura: la que hacían Julio Cortázar, Gabriel García Márquez, Alejo Carpentier, Carlos Fuentes, Mario Vargas Liosa, entre otros. Pero en los cuentos de Bosch predomina una prosa muy particular que, a decir del escritor nicaragüense Sergio Ramírez, es precisa y brillante, y su dominio de las reglas del relato corto lo revelan como un escritor de garra... un maestro del oficio. Es esa calidad indiscutible de su obra la que le otorga un lugar excepcional en nuestra historia literaria. Los tópicos en torno a la preocupación por el hombre y por la fuerza de los procesos sociales que se ejercen sobre el individuo, Bosch los aborda desde diferentes aristas, sin hacer, en la mayoría de los casos, alusión a sistemas o gobiernos determinados, reproduciéndose así intrincados problemas sociales y estético-existenciales. Es complicado hacer una síntesis de los temas predominantes en su narrativa; sin embargo, son esas dos preocupaciones las que aparecen en sus mejores escritos, como los formidables cuentos "La nochebuena de Encarnación Mendoza", "Los amos" o "Luis Pié", textos que, sin importar todos los cambios políticos, sociales y culturales que han ocurrido en las últimas décadas, seguirán siendo muestra de la mejor literatura. Sealtiel Alatriste

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