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Libros UNAM

Aproximaciones a la diversidad cultural

Aproximaciones a la diversidad cultural

 

ISBN: 9786070290084

Autor(es): Muñoz Oliveira, Luis

Editor/Coeditor/Dependencia Participante: Centro de Investigaciones sobre América Latina y el Caribe

Formato: Libro Impreso

Disponibilidad: En existencias

Special Price MXN$140

Precio Habitual: MXN$200

ISBN/ISSN 9786070290084
Entidad Académica Centro de Investigaciones sobre América Latina y el Caribe
Edición o Número de Reimpresión 1a edición, año de edición -2017-
Tema Filosofía
Número de páginas 272
Tamaño 20.8 x 14 x 1.5
Terminado o acabado rústico
Idioma Español

Detalles

La idea central de este volumen, producto de un seminario de investigación que lleva varios años reuniéndose, es abordar algunos de los conceptos fundamentales que se usan en el debate en torno a la diversidad cultural. Se revisan los conceptos de relativismo, la hermenéutica como método de investigación y como ética de un método de investigación, la diferencia entre los derechos de las minorías culturales y las poliétnicas, el concepto mismo de multiculturalismo como diagnóstico de una realidad social, como postura filosófica y como teoría política; el cine como recurso hermenéutico y la inconmensurabilidad como un indicador de las áreas donde se debe trabajar para mejorar la comunicación. La intención de los autores, filósofos, antropólogos y gestores multiculturales, es abrir una discusión sobre los elementos conceptuales indispensables para quienes se interesan en el estudio y la solución de los problemas emanados de la diversidad cultural.

Muñoz Oliveira, Luis

Profesor de historia por la Universidad de Buenos Aires, maestro en Estudios de Medio Oriente por El Colegio de México y doctor por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Ha sido editor de la revista Cuadernos Americanos (1997-2004) y actualmente es investigador del Centro de Investigaciones sobre América Latina y el Caribe (CIALC) de la Universidad Nacional Autónoma de México y profesor en la Facultad de Filosofía y Letras de la misma casa de estudios. Ha editado y coordinado varios libros en colaboración, escrito numerosos artículos periodísticos y académicos, dictado conferencias y participado en congresos con contribuciones sobre estudios clásicos, historia y cultura del Islam, relaciones entre el Islam y América Latina, eurocentrismo e historia.

Este es un libro que se aproxima a la diversidad cultural. Alguien dirá que sólo se aproxima quien está distante, pero ninguno de los que aquí escribe lo está. En realidad, el título alude a los acercamientos teóricos y a los prácticos. Así se iba a llamar: "aproximaciones teóricas y prácticas a la diversidad cultural". Pero nos inclinamos por la versión más corta del título. Además, lo de "teóricas" y "prácticas" resultó ser una división equivocada a partir del trabajo final que realizamos como grupo. En todo caso, lo que hay aquí son aproximaciones disciplinarias: en este libro el lector encontrará textos de filósofos, pero también de antropólogos y de gestores interculturales. La idea central de este volumen es abordar algunos de los conceptos fundamentales que se usan en el debate en torno a la diversidad cultural, pues muchas de nuestras polémicas dependen de la forma en la que entendemos estas ideas. En ese sentido, las aproximaciones al problema parecerán de corte más teórico. Quizá lo son en muchos momentos, pero como verán los lectores, no lo son en todos ni parece posible plantear aproximaciones teóricas sobre la diversidad cultural, sin preocuparse de las vidas de las personas de carne y hueso. Lo que sí hallará el lector son debates conceptuales sobre nociones como el relativismo cultural, la hermenéutica, la idea de "multiculturalismo", ya sea como una teoría liberal, como pregunta epistemológica o como un adjetivo. También sobre la supuesta inconmensurabilidad entre culturas o sobre el pluralismo de valores. La idea de fondo de esta obra es brindar elementos conceptuales para quienes se interesan en el estudio y la solución de los problemas emanados de la diversidad cultural. Este libro es producto de un seminario de investigación que lleva varios años reuniéndose. Lo anterior es importante de señalar para que el lector comprenda que los autores conocen el contenido de los demás capítulos y lo han discutido entre sí. Como se verá, los autores discrepan en muchos puntos, pero esto es de esperarse. Y claro, las discusiones no quedan zanjadas, al contrario, este libro sienta bases para que los autores continúen el debate, ya no sólo entre ellos, sino con todos aquellos a quienes interpelan y que; seguramente, tendrán algo que decir. En el primer capítulo de este libro, reviso tres formas de relativismo (el descriptivo, el normativo y el metaético) y abordo, críticamente, la idea que sostiene que no hay ni criterios ni principios universales con los cuales sea posible hacer juicios sobre las prácticas morales de grupos distintos al propio. Junto con T M. Scanlon, acepto el pluralismo, en el sentido de que es posible justificar una gran variedad de principios morales, pero todos desde un mismo criterio, en este caso: la rechazabilidad razonable. Para explicar lo anterior, acudo a la idea de las buenas razones y cómo se relacionan éstas con la fundamentación de valores y principios. Apelaré a esta forma de justificación en el capítulo siete. En el segundo capítulo, Ambrosio Velasco hace un breve repaso del papel de la hermenéutica tanto en las ciencias sociales como en las humanidades, para luego centrarse en su relación con la política y con la diversidad cultural. Para Velasco, uno de los resultados valiosos del diálogo intercultural que se puede dar a partir del proceso hermenéutico, más allá del consenso, es el reconocimiento de diferencias irreductibles. Pues es gracias a los desacuerdos que pueden mantenerse las confrontaciones dialécticas. En este sentido, apunta Velasco, si bien se podría pensar que la hermenéutica tiene entre sus funciones principales la de superar las diferencias entre concepciones distintas, ésta sólo tiene sentido mientras persistan tanto la pluralidad cultural y de visiones del mundo. Una de las propuestas del capítulo de Velasco es que desde la hermenéutica, en lugar de juzgar la conducta de los otros a partir de los valores propios, utilicemos tal encuentro con la diferencia para replantear nuestros presupuestos: "la función crítica de la hermenéutica" escribe "es ante todo una autocrítica, una crítica reflexiva". En el tercer capítulo, Enrique Camacho, entre otras cosas, sostiene que el debate sobre el relativismo y el etnocentrismo se simplifica muchísimo si lo pensamos como un problema de la ética del observador, es decir, si nos preguntamos, no sobre los límites del conocimiento humano, sino sobre los requisitos profesionales de quienes hacen investigación social. En este sentido, piensa que la hermenéutica, más que un método de investigación, es magnífica como ética de un método de investigación: "Esta teoría mucho más modesta tendría el propósito de aclarar qué tipo de prácticas y de conductas son moralmente requeridas para que un observador se desempeñe adecuadamente dentro de los requerimientos que señala el multiculturalismo". En su capítulo, Camacho también discute con cierto tipo de multiculuralismo que él llama trivial. Para ello, primero nos recuerda que el multiculturalismo (al menos al que él se refiere, porque como veremos más adelante Ruiz Tovar hace una amplia disección del término) es básicamente liberal. Es decir, que no intenta demostrar que el liberalismo está equivocado, sino más bien quiere ayudar a que éste alcance una coherencia más completa entre sus principios, valores, concepciones y prácticas. En cambio, los multiculturalistas triviales simplemente no se preocupan por tratar de solucionar el problema de "cómo conciliar las exigencias morales de órdenes normativos distintos y hasta opuestos". Por último, Camacho discute con la que llama súper hermeneútica, cuyo papel primordial, al menos en la lectura que hace el autor de Comstock y de Ambrosio Velasco, es emancipar al ser humano: "las obligaciones morales especiales asociadas a esta tarea de dimensiones épicas no pueden ser de ninguna manera cubiertas por la hermenéutica desinflada que propongo, sino más bien por una superhermenéutica que utilice la teoría moral interpretativa como un instrumento que guíe teorías interpretativas subsidiarias en los distintos campos de las ciencias sociales". No sé si Velasco esté de acuerdo con la lectura que hace Camacho de su posición, ojalá estos capítulos den como fruto un debate más amplio. En el cuarto capítulo, Andrés Moles revisa el multiculturalismo de Kymlicka, señala que es difícil sostener la diferencia entre los derechos de las minorías culturales y los poli-étnicos, gracias a que el argumento de la suerte que utiliza el propio Kymlicka es poco afortunado. Pese a lo anterior, Moles defiende que en lugar de rechazar el utilitarismo de la suerte, busquemos una versión más atractiva del mismo, que para él está representada en la igualdad de recursos, como la expone Dworkin con su ejemplo de la subasta: Desafortunadamente para los entusiastas del multiculturalismo" nos dice, bajo esta lupa descubrimos que las demandas multiculturales no son nada más que gustos caros, y como tales no deben ser compensados. Pero, afortunadamente, también descubrimos que existen razones de peso para corregir las distribuciones actuales que han sido producto de injusticias pasadas. En muchos casos, los derechos multiculturales pueden ser entendidos como compensación por aquéllas injusticias. Si bien la conclusión es modesta, no deja de ser significativa, nos dice. En el quinto capítulo, Ángel Ruiz Tovar hace un análisis de los distintos significados del concepto de multiculturalismo y los sitúa en tres niveles distintos: a) El multiculturalismo como diagnóstico de una realidad social. Aquí "multicultural" es un adjetivo producto del análisis sociológico o antropológico que toma nota de la diversidad cultural, presente en los procesos humanos: "este nivel de diagnóstico iría entonces asociado con la diversidad cultural como fenómeno". b) El multiculturalismo como postura filosófica; que podemos identificar más claramente como un debate que es más amplio en la filosofía iberoamericana y que incluye preocupaciones tanto epistemológicas como ontológicas, y se pregunta por un lado, ¿qué es la diversidad cultural? y por el otro, ¿cuáles son sus consecuencias? c) El multiculturalismo como teoría política. Aquí nos encontramos con las teorías multiculturales anglosajonas y, más en general, con una postura que es y cito, "una guía de acción para el trabajo con una realidad culturalmente diversa". Según el autor de este capítulo, estos tres niveles son un continuum denso de conceptos que no se pueden diseccionar, como hace Andrés Moles o como hago yo con la postura de Olivé y Gómez Salazar en el capítulo séptimo. Para Ruiz es un error centrarse sólo en la pluralidad axiológica y negar o despreocuparse de la epistemológica. En el capítulo sexto, Abeyamí Ortega hace la revisión de cómo el gobierno cardenista utilizó (entre otros) el documental Kherendi Tzitzika para hacer la construcción discursiva del sujeto indígena que era, al mismo tiempo, síntoma del atraso y signo del pasado glorioso del que mana la grandeza de la identidad mexicana. Ortega hace una revisión de cómo se utiliza el cine como un recurso hermenéutico con la pre-tetendida intención de mexicanizar al indio, mediante la gran metamorfosis del siglo xx: convertir al indio en mexicano moderno. Este capítulo es el colofón perfecto para el debate del multiculturalismo que se da en los capítulos anteriores, pues nos muestra nítidamente los abusos del Estado-nación en la construcción de la identidad nacional. Ésta es la homogenización y la universalización contra la que tanto se ha escrito desde ciertas posturas "multiculturalistas". Y claro, seamos justos, eso no es lo que defienden los liberales corno Rawls, pero sí es la política que se llevó (lleva) a cabo en el centro de muchos estados nación desde hace mucho tiempo. En el capítulo séptimo, discuto la postura de lo que llamo pluralismo inconmensurabilista, que sostiene que entre distintas culturas puede existir tanto inconmensurabilidad lingüística, como falta de criterios. A partir de esta supuesta inconmensurabilidad, esta postura sostiene cierto tipo de pluralismo de valores que a mí me parece más una forma de relativismo. En el capítulo explico por qué. Para defender su postura algunos filósofos acuden a la relatividad conceptual de Hilary Putnam. Así pues, retomo dicha postura y defiendo que a partir de ella y según el mismo Putnam, no se sostiene lo que los inconmensurabilistas pretenden defender. Con Putnam retomo la teoría de Scanlon de la que hablé en el primer capítulo para defender una ética sin ontología, que fundamente una pluralidad de valores a partir de buenas razones en un debate democrático y pragmático. Es gracias a esta ética, sin ontología, que me parece se puede romper el continuo que propone Ruiz en su capítulo sobre multiculturalismo. En el último capítulo, Ángel Ruiz hace una revisión de la idea de inconmensurabilidad, y nos dice que no es afortunado suponer que las culturas y las cosmovisiones se pueden distinguir entre sí, como se hace con las teorías científicas. Dice Ruiz que cuando sostenemos que dos teorías son inconmensurables es porque algunos de sus términos no son traducibles a otra teoría pero que, sin embargo, existen elementos de la teoría que sí pueden volcarse a la nueva. Y es y en este sentido que propone usemos la inconmensurabilidad, para señalar dónde hay comunicación y dónde están los puntos de conflicto entre culturas: la inconmensurabilidad como un indicador de las áreas donde debemos trabajar para mejorar la comunicación. Esto parece tender puentes con la propuesta de hermenéutica que hace Velasco que, como decíamos, funciona para señalar diferencias irreductibles.

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