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Libros UNAM

Apropiación cultural del paisaje en la época prehispánica: hierve el agua

Apropiación cultural del paisaje en la época prehispánica: hierve el agua

 

ISBN: 9786070276521

Autor(es): Flores Granados, Fabio

Editor/Coeditor/Dependencia Participante: Centro Peninsular en Humanidades y Ciencias Sociales

Formato: Libro Impreso

Disponibilidad: En existencias

Special Price MXN$126

Precio Habitual: MXN$180

ISBN/ISSN 9786070276521
Entidad Académica Centro Peninsular en Humanidades y Ciencias Sociales
Edición o Número de Reimpresión 1a edición, año de edición -2016-
Tema Antropología
Número de páginas 308
Tamaño 23 x 16.2 x 1.3
Terminado o acabado rústico
Idioma Español

Detalles

Utilizando medios arqueológicos, etnográficos y ambientales, en esta obra se documenta el caso peculiar del uso del agua y la apropiación del paisaje en épocas prehispánicas en Hierve el Agua, Oaxaca. A partir del complejo hidráulico, el cual es la principal manifestación cultural del sitio, se analizan los procesos de apropiación del espacio físico, de los manantiales y de las manifestaciones pétreas.
Tanto el sistema de terrazas y canales corno aquellos otros elementos arquitectónicos asociados al lugar, además de ser el objeto de estudio, constituyen el elemento discursivo primordial del paisaje social. Aunado a otras posibles transformaciones que pudieron ocurrir en el asentamiento a lo largo del tiempo, la edificación se concibió como una expresión del vínculo sociedad-naturaleza.
Mediante evidencias arqueológicas específicas y el reconocimiento de diversos indicadores vinculados con la organización y uso de los espacios, se intentaron identificar en los contextos aquellas formas cognitivas, ideológicas y religiosas que ilustran cómo pudo ser concebido y transformado el paraje de Hierve el Agua.

Flores Granados, Fabio

Doctorado en Antropología por el Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM, y Licenciado en Biología por la Universidad Autónoma Metropolitana, Xochimilco. Es Investigador Titular "A" de tiempo completo, definitivo, en el Centro Peninsular en Humanidades y en Ciencias Sociales de la UNAM, donde trabaja desde 2011.
Pertenece al Sistema Nacional de Investigadores (Nivel I), y dirige el estudio Etnoentomología Maya. Es responsable del proyecto PAPIIT 400818 "Conocimientos zoológicos tradicionales en el sur y sureste de México: una visión diacrónica" (2018-20), y asimismo ha dirigido los proyectos PAPIIT, "Etnoecología y Patrimonio Biocultural Maya" (2012-14), y Etnoecología Patrimonio Biocultural II (2015-17).
Sus líneas generales de investigación versan en Etnobiología y Zooarqueología. Es autor del libro "Apropiación cultural del paisaje natural en la época prehispánica: Hierve el Agua. (Serie Regiones, CEPHCIS, UNAM), y los resultados de sus investigaciones están publicados como capítulos de libro, así como en diversas revistas académicas nacionales e internacionales.

INTRODUCCIÓN A doce kilómetros al sureste de Mitla, tras las montañas que delimitan la cuenca suroriental del valle de Tlacolula se localiza el poblado de Roaguía y, junto a él, a unos 1650 a 1790 msnm, se ubican los manantiales y las caprichosas formaciones pétreas que distinguen al paraje conocido como Hierve el Agua. Originalmente conocido -y publicitado- como sitio arqueológico, hoy día el lugar es un popular balneario y paradero turístico, ya que al escurrir el agua de sus nacimientos, rica en sulfatos y carbonatos de calcio (CaSO4 y CaCO3), ha ido depositando capas de travertino sobre la superficie del terreno formando estructuras a manera de cascadas petrificadas que descienden por los acantilados. Así, desde mediados del siglo pasado y hasta 1987, tanto la peculiar fisonomía del paraje como la presencia de diversos elementos arquitectónicos y abundantes vestigios diseminados por el sitio atrajeron la atención de distintos especialistas interesados por el estudio arqueológico del lugar. Hoy prácticamente destruida, la manifestación cultural más sobresaliente del lugar era la existencia de un intrincado sistema de plataformas y acueductos edificado por los antiguos ocupantes del lugar que aprovecharon tanto las condiciones del terreno como las características hidrológicas de aquellos manantiales. Literalmente fosilizado por la permanente acumulación de los minerales disueltos en el agua, el complejo arquitectónico generó entre los arqueólogos dos interpretaciones distintas. La primera, formulada por Kent Flannery et al. (1967), sostendría que el conjunto de terrazas y canales representaba un antiguo sistema de cultivo por irrigación en Mesoamérica. Este modelo sería por mucho tiempo el más difundido y aceptado por los especialistas, incluso hoy día se perpetúa entre el público en general mediante guías turísticas, revistas de divulgación e incluso sitios de internet. Sin embargo, dado que tal concepto implica erróneamente que la producción agrícola fue la principal función de las terrazas, la generalización de esta imagen limitó por más de treinta años las discusiones académicas referentes al uso de tan impresionante complejo hidráulico. Aunque diversos estudiosos sostendrían por mucho tiempo que se trataba de una estructura implementada para la agricultura intensiva (Flannery et al. 1967; Neely 1967a, 1970; Neely, Caran y Winsborough 1990), una segunda interpretación planteó que las plataformas habrían sido construidas y utilizadas para la producción de sal por el método de evaporación solar (Hewitt 1968, 1969; Peterson 1976; Winter 1984; Hewitt et al. 1987). Sin embargo, aunque los estudios realizados por ambos grupos aportarían valiosa información sobre Hierve el Agua, nuevos conjuntos de datos muestran que sus explicaciones referentes a la función del sistema de terrazas distan mucho de ser congruentes r no solo a nuevas evidencias arqueológicas y registros etnográficos sino, de manera particular, respecto a ciertas limitantes hidrológicas intrínsecas, tanto para eventuales prácticas agrícolas como para la producción de sal en el lugar. Así, tanto la información precedente corno los resultados de distintos estudios realizados entre 2003 y 2007, sustentan la hipótesis de que la construcción y el uso del complejo hidráulico en Hierve el Agua fue una manifestación de apropiación del espacio, así corno de transformación del lugar, relacionada estrechamente con la cosmogonía y las creencias de sus antiguos habitantes en torno a las montañas de agua o montañas sagradas. AGRICULTURA INTENSIVA CON IRRIGACIÓN En 1966, luego de realizar una serie de estudios relacionados con el manejo del agua y la tecnología agrícola prehispánica en el Valle de Tehuacán (Woodbury y Neely 1972), James A. Neely fue notificado de la existencia de las terrazas y canales de Hierve el Agua. Desde aquel momento y como parte del proyecto Human Ecology of the Valley of Oaxaca, dirigido por Kent V. Flan-nery, el especialista inició su trabajo en el lugar preponderando su hipotética importancia como un temprano ejemplo de agricultura con irrigación. Designado como el sitio OS-66 (Oaxaca site 66), las primeras observaciones de los materiales cerámicos en superficie parecían respaldar las suposiciones tanto de Flannery (Flannery et al. 1967) como de Neely (1967a, 1970), referentes a una antigua y prolongada ocupación del asentamiento. Un año más tarde y a partir de la excavación de una serie de pozos, éste concluiría que Hierve el Agua había sido habitado continuamente desde 500 a.C. y hasta 1350 d.C. (1967a, 1967b). En el mismo tenor, sostendría además que las terrazas habían funcionado para la producción agrícola intensiva mediante la intrincada red de canales, antes presentes por todo el conjunto y hoy día prácticamente destruida. Esgrimiendo a Hierve el Agua como un caso particular de control hidráulico en los Valles Centrales en épocas prehispánicas, el equipo de la Universidad de Michigan (Neely 1967a, 1972 y Neely y O'Brien, 1973; Neely, Caran y Winsborough 1990; Flannery 1983, 323-29; Marcus y Flan-nery 1996, 139-154) esbozaría además algunos esquemas concernientes al hipotético contexto social y político del asentamiento y más tarde propondría que el sitio había funcionado para aprovechar un recurso escaso en la región, en este caso el agua de los manantiales, con el fin de producir alimentos destinados al abasto de otros lugares cercanos a ésta (Neely 1989, 102). Aunque por aquel entonces también sugiere que el sistema hidráulico podría haber sido utilizado para la producción de sal, en su trabajo Formative, Classic and Postclassic Water Control and Irrigation Systems in the Valley of Oaxaca Region: A Preliminary Report (Neely 1967a, 15) se decanta más bien por el modelo agrícola añadiendo incluso que este había sido implementado como tal desde el Formativo Tardío. Con esta premisa, las exploraciones llevadas a cabo en 1966, 1970 y 1971, estarían enfocadas principalmente a conocer tanto la tecnología constructiva y el manejo del sistema como la cronología de ocupación del sitio. Sorprendentemente y casi veinte años más tarde, realizaría otras dos visitas al sitio, una en 1988 y la otra en 1989, en las que el mismo investigador dirigiría estudios específicos para determinar la composición química de los acuíferos y con base en ello, su factibilidad de uso para el eventual cultivo de maíz. PRODUCCIÓN DE SAL POR EVAPORACIÓN SOLAR En desacuerdo con el modelo agrícola de Flannery y sus colaboradores, la hipótesis de que las terrazas y canales podrían haber sido utilizadas para producir sal comestible había sido ya esbozada en distintos momentos tanto por William P. Hewitt (1968, 1969) como por David A. Peterson (1976) y Marcus Winter (1984). Sin embargo, no fue sino hasta 1987 cuando en su trabajo Salt Production at Hierve el Agua, Oaxaca, estos investigadores darían a conocer los resultados de una serie de estudios basados en el análisis químico del agua y el arreglo de los elementos arqueológicos del lugar, así como en información histórica y ciertas analogías etnográficas. Por aquellas fechas y a partir de distintas observaciones, conjugarían asimismo sus ideas precedentes y propondrían que las terrazas habían sido más bien edificadas para la obtención de sal comestible por medio del método de evaporación solar. También, con base en una detallada descripción del paraje, darían cuenta de la disposición de los principales elementos arqueológicos identificando además algunos otros rasgos que, aunque poco evidentes, resultarían de gran relevancia para la posterior comprensión del asentamiento humano y su relación con los manantiales, del complejo hidráulico así como con las impresionantes formaciones pétreas del lugar (Hewitt et al. 1987, 801-808). UNA EXPLICACIÓN ALTERNATIVA Luego de una visita en el verano del 2000, las primeras observaciones del paraje así como de los pocos vestigios arqueológicos aún conservados motivarían muchas reservas respecto a la pertinencia y validez de las interpretaciones en torno al sitio y particularmente sobre la posible función del sistema de terrazas y canales en Hierve el Agua (Flores 2000, 2002). A partir de entonces, la revisión detallada de las hipótesis precedentes y sus correspondientes argumentos no solo reforzaron muchas dudas sino que también originarían nuevas preguntas que ninguno de ambos modelos respondían de forma convincente. A simple vista, ni las características químicas del acuífero ni el tipo de sustrato edafológico en las terrazas, respaldaban aquella hipotética imagen de que en estas hubiera podido ser implementada algún tipo de práctica agrícola intensiva. De igual forma, la ausencia de determinadas evidencias así como de algunos indicadores comúnmente asociados a las salinas prehispánicas mesoamericanas reforzaría la idea de que la construcción y uso del complejo debían haber sido motivados por otras razones más allá de la agricultura o la producción de sal comestible. A partir del razonamiento de que la apropiación del lugar se debía principalmente a la existencia de los manantiales junto con las formaciones rocosas y los acantilados en la ladera de la montaña, los primeros acercamientos involucraron la evaluación del potencial químico e hidrológico del acuífero junto con la reconstrucción ambiental del sitio. Previendo la posibilidad de realizar la exploración arqueológica, el paso previo fue la revisión de toda la información etnográfica y arqueológica referente a las evidencias e indicadores no solo sobre los aspectos tecnológicos inmersos en la construcción y función del sistema, sino también acerca de los motivos tras la utilización de los manantiales y la apropiación de los espacios en Hierve el Agua. Sin demérito de las investigaciones precedentes, el análisis de nuevos datos no solo redundó en la revocación de los modelos previos sino que además permitió documentar por medios arqueológicos, etnográficos y ambientales un peculiar caso referente al uso del agua y la apropiación del paisaje en épocas prehispánicas. De manera particular, se procuró que las formas de interpretación adoptadas permitieran documentar, al igual que en los casos de la subsistencia y la organización política y social, otras expresiones culturales como el uso de las fuentes de agua, aspecto que suele encontrarse fuertemente entrelazado con la cosmovisión prehispánica. Considerando el complejo hidráulico como la principal manifestación cultural del sitio, su estudio fue abordado tratando de comprender aquellos procesos y motivos tras la apropiación del espacio físico, los manantiales y las particulares formaciones pétreas del lugar. De esta forma, tanto el sistema de terrazas y canales como otros elementos arquitectónicos asociados al mismo no solo fueron considerados como el principal objeto de estudio sino que, más importante aún, fueron conceptuados como los principales elementos discursivos del paisaje social en el sitio. Aunado a otras posibles transformaciones que pudieron ocurrir en el asentamiento y a lo largo del tiempo, la edificación de tal empresa fue concebida, más que una expresión de determinado aparato económico o político vigente durante la ocupación del lugar, como una expresión de las relaciones sociedad naturaleza en la región sureste de los Valles Centrales en épocas prehispánicas. Mediante evidencias arqueológicas específicas y el reconocimiento de diversos indicadores vinculados con la organización y uso de los espacios, se intentó identificar en los contextos aquellas formas cognitivas, ideológicas y religiosas que, se asume, ilustran cómo pudo ser concebido y transformado el paraje de Hierve el Agua. El estudio del hipotético paisaje social -así como el análisis contextual de grupos de artefactos arqueológicos particulares- representaron las principales formas para validar la caracterización de los antiguos lugares sagrados en el sitio. Considerando que las creencias religiosas son construcciones que difícilmente pueden ser recuperadas de los contextos arqueológicos, el acercamiento a éstas y a la naturaleza de las ancestrales prácticas rituales también se intentó mediante ejemplos etnohistóricos y etnográficos e incluso con base en información arqueológica específica.

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