No tiene artículos en su carrito de compras.

Total: MXN$0
Libros UNAM

Antología teatro del 68

Antología teatro del 68

 

ISBN: 9786073008266

Autor(es): Galván, Felipe

Editor/Coeditor/Dependencia Participante: Centro Cultural Universitario Tlatelolco

Formato: Libro Impreso

Disponibilidad: En existencias

MXN$215
ISBN/ISSN 9786073008266
Entidad Académica Centro Cultural Universitario Tlatelolco
Edición o Número de Reimpresión 1a edición, año de edición -2018-
Tema Teatro
Número de páginas 416
Tamaño 22 x 14.5 x 2
Terminado o acabado rústico
Idioma Español
Contenido Felipe Galván
9 A MANERA DE INTRODUCCIÓN
Enrique Ballesté
19 VIDA Y OBRA DE DALOMISMO
Jesús González Dávila
75 LA FÁBRICA DE LOS JUGUETES
Ismael Colmenares
103 SÓLO SI, SÓLO MÍ, MEJOR HASTA MAÑANA
Pilar Campesino
109 OCTUBRE TERMINÓ HACE MUCHO TIEMPO
Emilio Carballido
145 CONMEMORANTES
Adam Guevara
153 ME ENSEÑASTE A QUERER
Gabriela Ynclán
209 NOMÁS QUE SALGAMOS
Xavier Robles
233 ROJO AMANECER (BENGALAS EN EL CIELO)
José J. Vásquez Torres
277 IDOS DE OCTUBRE ("68: HISTORIA DESHABITADA")
Enrique Mijares (SNCA)
303 EL CERRO ES NUESTRO
Arturo Amaro y Alexandro Celia
329 RASTRO DE RESTOS
Felipe Galván Rodríguez
345 TRIÁGONO HABITACIONAL (DE TLATELOLCO A TLATELOLCO)
Miguel Ángel Tenorio
371 68: LAS HERIDAS Y LOS RECUERDOS

Detalles

El libro reúne trece trabajos de creación dramatúrgica, conformándolo así, como un corpus basto, amplio y definidor del teatro mexicano del 68. Son textos de autores conocidos y con diferentes temáticas, no todos relacionados al movimiento estudiantil, sino más bien exaltando a la juventud y la realidad mexicana.
Esta antología es, como toda obra del tipo, perfectible. Abarca una temática amplia y la necesidad de cerrar espectro corre el riesgo de dejar fuera material que quizá otro antologador consideraría imprescindible. Sin embargo, el material elegido y al alcance de los editores es representativo de una temática rica y veta viva para la dramaturgia mexicana.

Galván, Felipe

Maestro en Literatura Mexicana (BUAP) y candidato a Doctor en Letras Modernas (UIA-Cd. Méx) Trabaja Teatro y Cultura con extensión a Narrativa apoyado, principalmente, en Patrice Pavis (Tesis para el análisis del texto dramático) y Umberto Eco (Lector in fabula). Es profesor-investigador en la UAP, ha sido visitante en la UV, UIA-CdMex y AUGro. Miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte. Dramaturgo y narrador. En 1983 se le otorgó el Premio Nacional de Literatura INBA-Dramaturgia para Teatro infantil. Y en 2005 se le concedió el Premio Nacional de Dramaturgia Wilberto Cantón.

"Un pueblo sin teatro es un pueblo sin conciencia" dijo Usigli, y en el caso del teatro del 68 la aseveración del maestro resulta claramente certera. Los hechos acontecidos entre los meses de julio a octubre del trascendente año marcaron a una generación en particular y a la historia nacional en general. El México antes del 68 y el posterior parecen ser dos. A partir del Movimiento Estudiantil, el autoritarismo unipersonal del presidente constitucional mexicano, ejercido como una reencarnación de "gran Tlatoani sexenal", comenzó a ser cuestionado. Es cierto que los cinco siguientes continuaron, en el ejecutar, mandatos sin que aparentemente nadie los juzgara, pero cada vez visualizando la posibilidad de evolucionar a una situación diferente, más cercana a la democracia. Este avance es propiciado por el Movimiento Estudiantil del 68 y, sin desearlo, sus secuelas represivas. El 2 de octubre es una fecha clave en el año, en el movimiento estudiantil y en la historia. Los cientos de muertos aún alcanzan en su vergüenza a los herederos políticos de quienes ordenaron y ejecutaron una de las mayores matanzas del siglo en nuestro país; los actuales gobernantes y sus mandos supremos militares esconden los archivos todavía, a treinta años de los hechos. Sin embargo, por arriba del silencio oficial la dramaturgia mexicana los ha tomado, con todo y consecuencias, como punto de partida para la creación literaria. Los finales de la década de los sesenta muestran una dramaturgia mexicana fuerte, madura, renovadamente juvenil. Las enseñanzas de don Rodolfo y los impulsos de don Salvador Novo no sólo habían rendido frutos, también sembraron para la multiplicación. Emilio Carballido y Luisa Josefina Hernández, juntos, desarrollaron cursos y talleres para la creación dramatúrgica; Celestino Gorostiza continuó con el impulso a jóvenes autores; "Poesía en voz alta" promovió nuevos o desconocidos textos; Bellas Artes, el Seguro Social, el DDF y la Unión de Autores organizaban muestras, publicaban o, simplemente, facilitaban sus teatros a una dramaturgia cada vez más grande en número de propuestas para el escenario. Entre las muestras surge, en 1967, el Festival de Primavera; el Premio "Celestino Gorostiza" para obra inédita de autor mexicano, curiosamente organizada por la Dirección de Teatro en el gobierno de Díaz Ordaz. Para 1969, el Premio Gorostiza tenía dos antecedentes de edición: en ambas, la pluma de Willebaldo López fue ponderada como ganadora. Sus textos tocaban problemáticas sociales fuertes, en la línea clásica que desde los alumnos de Usigli, casi dos décadas antes, se había marcado, caracterizando a la dramaturgia nacional; realismo con perspectiva social, cercano al género didáctico, una de las resultantes del planteamiento famoso de "es, pues, el teatro visto cotidianamente, a través del ojo de una cerradura, el que México necesita... la forma estilística... un teatro realista que corresponda a la realidad de México, que permita al mexicano verse en un espejo- (Usigli). La teoría y varios años de práctica estaban en la mesa, faltaba el elemento de la realidad mexicana que tuviera la trascendencia suficiente como para impactar y pegar a los creadores al ojo de la cerradura. Díaz Ordaz, Echeverría y ejecutores asociados, con las manos y sus conciencias sangrientas, proporcionaron aquel 2 de octubre un hecho de consecuencias impredecibles para el país; completando con ello el fermento para una constante teatral que se inicia casi inmediatamente, y que continúa hasta nuestros días: El teatro sobre y a partir del 68. Para realizar este trabajo se consultaron varias obras más que las trece incluidas. El teatro del 68 es un corpus basto e inacabado, amplio, definidor. En nuestros días se continúa escribiendo sobre el tema, pese a que la producción es enorme. En autores particulares se ha convertido en constante y en otros significa abrir un nuevo campo a su producción. Obras de autores como Rodolfo Usigli, ¡Buenos días!, señor presidente; Juan Miguel de Mora, Plaza de las Tres Culturas; Juan Tovar, Luz del norte; Jorge Eugenio Ortiz, Urías en Tlatelolco; Fernando del Paso, Palinuro en la escalera; Joel López Arriaga, Rosas azules; José Luis Morales, 2 de octubre bajo la tierra; Héctor Martínez Tamez, 1988: En las tinieblas húmedas; Alfonso Martínez Zúñiga, Los 68; Hugo Salcedo, Uno de Octubre; Eugenio Casto Cruz, El taller de Ciencias Sociales y Misaél Martínez con El siguiente, no fueron incluidas por diversas razones: falta de contacto con los autores o sus herederos, y conocimiento de la existencia de obra sin tener aún acceso al texto, por haberse estrenado apenas hace unos días. Un caso especial lo constituyó 68, La pesadilla, adaptación de Víctor Vigoro al texto de Emilio Carballido. Después de valorarlo como un texto interesante, tuvimos que dejarlo para otra ocasión al tratarse de una adaptación y no, como en todas las editadas y mencionadas anteriormente, ser original. Las obras enlistadas arriba pertenecen a autores conocidos, cercanos a nosotros. Hemos tenido conocimiento de textos de autores con tos que no encontramos ninguna forma de contacto. Localizados en ediciones perdidas hay textos que saltan en librerías de viejo y bibliotecas particulares. Esta antología es, como toda obra del tipo, perfectible. Abarca una temática amplia y la necesidad de cerrar espectro corre entre el riesgo de dejar fuera material que quizá otro antologador consideraría imprescindible. Sin embargo, el material elegido y al alcance de los editores es representativo de una temática rica y veta viva para la dramaturgia mexicana. Vida y obra de Dalomismo, de Enrique Ballesté, conforma un material fársico de inmediatez poética. La vida se desarrolla ante la imposibilidad de cambio; habrá pues que renacer, reencarnar en uno mismo y en el mismo vientre para posibilitar la transformación del mundo. Texto profundo en el que la reflexión es ineludible. Se ha jugado con la vida, con la libertad, con la educación; ¿qué hace o qué puede hacer un joven que posee la desgracia de tener la conciencia abierta? Para hacer bien las cosas, un objeto vivo caído del cielo puede ayudar, pero ¿esa ayuda es suficiente? La obra fue estrenada el mayo siguiente al 68. Nunca menciona movimiento estudiantil, tampoco represión en Tlatelolco, pero la cercanía en fechas y el contenido simbólico en esta obra de un autor con postura estética perfectamente definida en la constancia de las búsquedas por la vida de gente mexicana de aquí y de ahora, con todas sus problemáticas económicas, políticas y sociales presentes no deja lugar a dudas. El Dalomismo de Ballesté tiene un marco, el mundo que Ballesté miraba a su alrededor y pasaba por el cedazo de su sensibilidad. La Fábrica de los juguetes, de Jesús González Dávila, retorna también elementos de símbolos; sin embargo, aquí no hay una codificación metafórica. Lo que González Dávila muestra entra en los niveles mágicos. Post Garro y post Rulfo, Jesús toma elementos de las almas, espíritus o fantasmas. Personajes del ayer, un ayer que los dejó en la Fábrica que los facturó. Si son almas, espíritus o fantasmas que se quedaron jóvenes, tan jóvenes como el momento en que la fabricación los detuvo en la cronología de su desarrollo, es claro que no es una factoría en términos tradicionales, es un sistema que detiene a los jóvenes en la juventud para conservarlos así por la eternidad. La Fábrica, así, con mayúscula, como si fuera nombre propio. Algo que siempre reclama el autor. La letra grande de inicial no es un asunto de corrección, es una situación denotativa: si la escribe así, es que Jesús González Dávila nos está mostrando algo grande que la nomenclatura señala como nombre propio. ¿Es la sociedad? ¿Es el Estado? ¿Es el mundo? Yo mismo no me atrevo, en dos de los casos, a iniciar con mayúscula. El autor de esta obra nos Lleva al símbolo desde el título mismo. Una obra más de Jesús se tipifica como sesentaiochera clásica: Muchacha del alma. Octubre terminó hace mucho tiempo, de Pilar Campesino, es el título más directo de estas tres primeras propuestas dramatúrgicas y en efecto, su desarrollo, así como la problemática planteada, van directas a los sentidos. No hay metáfora ni símbolo, por lo menos no al nivel de elaboración general, como sucede en las anteriores. Pese a ello, en este realismo se muestra simbólicamente a dos representantes de una generación. Elena y Mario, los únicos personajes de Pilar en este texto son prototípicos del amanecer, un tiempo después del asesinato colectivo. A la pregunta del ¿qué hacer?, la juventud mexicana respondía de diversas formas. Las respuestas de Elena y Mario son dos, sólo dos, así sean características. Pilar Campesino logra un texto entrañable, catártico, en estructura típica de pieza. El mundo sigue igual, la represión ha pasado transformándolo todo, pero la realidad continuará igual. La crisis está en la conciencia y parece detenerlo todo. ¿Será capaz de superarse? La problemática es individual y señala las posibilidades personales en el entorno social. Tal vez por ello asustó tanto a los responsables de manejar el teatro nacional. Mientras Ballesté y González Dávila fueron premiados por Bellas Artes, Pilar y su elenco fueron impedidos de estrenar en el país (1970). La premiere mundial tuvo lugar en Nueva York. Sólo cuatro años después (1974) se estrenó en México. Sólo sí, sólo mí, mejor mañana, de Ismael Colmenares, es un texto de proposición adelantada. La ausencia de didascalias propone una provocación a la creatividad del director y, sobre todo, a la creatividad interpretativa. Esto es de mayor importancia al observar que es el mismo autor quien dirigió los cientos de representaciones de este texto escrito, producido y divulgado al margen de los circuitos tradicionales. Escrito en 1970, es una estructura que se antoja media entre la dramaturgia tradicional y una propuesta posmoderna de Rodrigo García, el joven argentino-español prototípico de estas novedosas propuestas. El autor director es fundador de "Los Nakos", grupo teatral musical nacido precisamente en 1968 y que continúa trabajando hasta nuestros días, más allá de la "contracultura" conocida por José Agustín y tan "underground", que hasta el mismo Óscar Chávez graba una parodia de ellos atribuyéndola al dominio popular (La balada del granadero). La actividad del grupo quizá ayude a caracterizar las orientaciones de Ismael y su obra. Girando nacional e internacionalmente, lo último en festivales chicanos, en el de Nueva York, el Internacional de Expresión Ibérica, el Mundial de la Juventud; participaciones en Cuba, así como Portugal, entre otros. Premio de Punto de Partida, con Olmos, Alcaraz y Castillo como jurados. Develación de placa por la función 3,999 de la obra Introducción a la Historia 1, a manos de Enrique Ballesté y Otto Minera en 1988. Actividad constante en diversas partes de la República. En todas ellas representando su variado repertorio, el cual en la década de los setenta, la obra aquí incluida fue divulgada ampliamente. Conmemorantes, es el texto del clásico mexicano vivo en la dramaturgia de la segunda mitad del siglo XX y que aquí se incluye. En su amplia producción, Emilio Carballido abordó la temática en, por lo menos, tres ocasiones: Únete pueblo y La pesadilla son los otros textos que conforman el corpus tlatelolca que conocemos del maestro. Escrita en 1981, probablemente en dos sentadas (reporta su factura los días 18 y 20 de junio), es una pequeña pieza melodramática en un acto, más a su cortedad en longitud antepone la profundidad en cala. Los tiempos se cruzan por el simple hecho de encender las veladoras en la plaza. Los jóvenes del ayer, desaparecidos, pueden ser los jóvenes del año "x-en el tiempo de la conmemoración, pero la conciencia de quien busca permanece fiel a la memoria, como todo y todos en la razón de ahora y seguramente del siempre. Una obra perfectamente lograda, a la que no le falta ni le sobra nada, lleva a la conmoción del espectador o del lector, el cual o los cuales abordan la catarsis para limpiar el espíritu, purificándose por el acto teatral. Discípulo de Aristóteles y Usigli, Carballido en esta obra continúa mostrando la vitalidad, verosimilitud y riqueza a que sus grandes obras nos han acostumbrado. Me enseñaste a querer, de Adam Guevara, es la primera obra teatral de un prolífico dramaturgo que antes realizó una larga carrera en la dirección escénica. A partir de este texto o por medio de él, Adam encontró un método, ¿o su método?, para sus propuestas escénicas. Habiendo dirigido obras de autores de la talla de Büchner, Carballido, Magaña, Wilson, Anohuil y Leñero, entre otros, se plantea con un grupo de actores en 1988 realizar una obra específica para conmemorar los veinte años del Movimiento Estudiantil. La respuesta es este texto, que amén de inaugurar a Guevara en la pluma escénica, nos señala el camino de un autor para quien el 68 es una constante a la que regresa con frecuencia. Hay textos donde la acción se sitúa en 1968: ¿Qué si me duele? 157, es un ejemplo; en otras lo onírico, en una acción presente, lleva al 68: ¿Quién mató a Seki Sano?, devela esa línea. La obra, genéricamente una pieza, utiliza lo mismo el juego pirandeliano del teatro en el teatro, que el distanciamiento brechtiano; las intervenciones del yo actoral parecen remitirnos a la metodología de creación colectiva colombiana y, en resumen, lo que muestran es una capacidad de recursos en gran amplitud de un dramaturgo que funciona como hombre de teatro total. Nomás que salgamos, de Gabriela Ynclán, es la primera obra de la autora. Escrita también en 1988, aborda concretamente la noche del 2 de octubre. Una situación perfectamente viable en la que por necesidad vital de sobrevivencia los personajes caen en la situación de la que están separados por la mágica y real puerta del encierro que parece distanciarlos de la posibilidad de muerte. Tres jóvenes que esperan del porvenir simplemente que se presente en su futuro y un maestro que se debate entre la responsabilidad de adulto y la conservación propia. Podemos definir el texto como un documento sobre la noche aciaga, una clarificación sobre los hechos ocultos en los archivos militares, de gobernación, así como judiciales, que se ocultan; una denuncia que rebasa la pálida versión oficial. La realidad fue más terrible, pero el ejemplo valientemente plasmado en la propuesta dramatúrgica de la Ynclán muestra, enseña, llama a la reflexión. Desarrollada en una línea claramente realista, Nomás que salgamos es un asunto de la realidad que no debiera ser repetido. Habrá que tenerlo presente para que el olvido no lo decante. Rojo amanecer, de Xavier Robles, con la coautoría de Guadalupe Ortega y Sergio Molina, es un texto de camino atípico en su factura. Aunque aquí se edita la versión 1997, el texto data de 1991. El autor debuta en el teatro con esta obra y hasta la fecha continúa siendo su único texto teatral. Sin embargo, no se trata de un recién llegado al mundo de las letras, Xavier Robles no es solamente uno de los guionistas cinematográficos más importantes del país, es además maestro de generaciones completas de guionistas nacionales. El texto recogido en esta antología proviene de una de las experiencias de mayor importancia en la cinematografía nacional de la última década. Rojo amanecer [Bengalas en el cielo) es la versión teatral de la película homónima cuya autoría guionística le pertenece al mismo Xavier. Este camino es original. La problemática técnica sin lugar a dudas es inédita. Trasladar un texto cinematográfico al lenguaje escénico es una vía que la dramaturgia nacional deberá referenciar, en lo futuro, a partir de Robles. Lo verosímil de la historia, en la realidad conocida, cierra el espectro al microcosmos tlatelolca de un departamento en la fecha de la masacre. La familia, el hogar, la existencia vital; todo es enfrentado a la situación límite de los ejecutores. Obra comprometida con la realidad que se debe conocer para que no se omita en la memoria. Idos de octubre, de José J. Vásquez, se escribió en 1993 a los veinticinco años del 68. En ella el autor, quien tiene una multipremiada carrera creativa, aborda la temática desde la actualidad; una actualidad llena de recuerdos nostálgicos por lo que se perdió aquella tarde en Tlatelolco. La presentación de un asimilado al partido del poder, el mismo partido y poder de hace veinticinco años, en el momento de espera para ser el bueno; lo lleva al mundo de los recuerdos en constantes viajes en flashbacks. Esta recurrencia resulta ser el enfoque original, en ello está el principal valor de la propuesta de Vásquez; ver desde ahora, en la perspectiva de un asimilado por el poder, la situación del ayer doloroso y mutilante. El pasado está presente en la conciencia que se intenta acallar. Y seguramente se habrá acallado toda la vida, pero en el momento preciso de la espera, ese recuerdo adquiere niveles superiores. Por desgracia, el desenlace sobreviene por lo que no llegó, no por lo que con fidelidad se repite y, aunque parece cuestionar, está totalmente asumido. En este autor, de más de trece obras escritas, se fortalece una visión diferente por original. El cerro es nuestro, de Enrique Mijares, viene a darle una geografía nacional a la presente antología. Escrita en 1993 por nuestro autor duranguense, uno de los únicos dos premiados con el -Tirso de Molina", la obra toca aspectos del movimiento social ligados al movimiento estudiantil. En el interior de la República la movilización estudiantil tuvo puntos álgidos: Michoacán, Tabasco, Chihuahua y Durango fueron antecedentes importantes; Puebla y el Estado de México participaron bastante durante el 68; después Nuevo León, Guerrero y la misma Puebla vivieron años de influencia. Durango ha dejado, gracias a la pluma de Enrique Mijares, una atractiva versión en el teatro. Con la clara intención de trasponer tiempos, jugar con espacios y ejercitar estructuralmente con planteamientos distintos a los del aristotelismo, en El cerro es nuestro, muestra su tendencia a la fragmentación y a la polisemia cultural, ambas acompañadas por una voz de radio que es un anuncio de la entrada plena del multimedia, lo que sucede en trabajos posteriores de este importante autor mexicano que desde el recuerdo de los fines de los sesenta es capaz de entregar una voz prepositiva escénica con la complejidad estructural de que dispone el teatro de los noventa. Rastro de restos, de Arturo Amaro y Alexandro Celia, parte de una perspectiva distinta a todas las anteriores; el mundo del represor. ¿Qué sucede en la conciencia de quien se encarga del trabajo sucio? Una cuestión interesante y llamativa que el Teatro del 68 no había abordado con anterioridad a Amaro y Celia. Visualizar la represión selectiva en los cuartos oscuros del sistema, implica a individuos particulares que, pese a lo deleznable de su ocupación, deben responder empáticamente a lo que hacen. Justificado o no, según el punto de vista ideológico del receptor, tiene un resultado. Los autores hipotetizan dramatúrgicamente en la vitalidad de un burocratizado torturador que, después de treinta años de ardua labor, se encuentra a un paso de la jubilación. Los individuos del ''orden- institucional también tienen su lugar en el escalafón del sistema. La estructura, genéricamente ubicada en melodrama didáctico, permite mostrar una realidad seguramente presente en los subterráneos de la política nacional. Se ha torturado a estudiantes, dirigentes sindicales, líderes populares, guerrilleros y, en general, a todo tipo de opositores al régimen. Con un largo camino en la creación teatral. Amaro y Celia desarrollan el presente texto en 1994 y a la fecha lo han representado, fundamentalmente para alumnos de educación media superior en más de trescientas ocasiones. Triágono habitacional o De Tlatelolco a Tlatelolco, de Felipe Galván Rodríguez, es un viaje alrededor de diferentes tlatelolcos. Partiendo del 2 de octubre del 68, va de los últimos momentos de resistencia a la caída de Tenochtitlan; de ahí a la colonia; posteriormente a la crisis Tenochca-Tlatelolca por la escisión y fundación del nuevo asentamiento, cercano y alternativo al original del águila y la serpiente; al siglo XX, en los cincuenta del movimiento ferrocarrilero; el temblor del 85; las olimpiadas y, cerrando el círculo, finalizando en el mismo 2 de octubre del 68 y otros posteriores. El planteamiento central puede ser el de la consigna clásica y su más allá: "2 DE OCTUBRE NO SE OLVIDA", pero Tlatelolco es más que eso. En una estructura de tragicomedia didáctica, él texto se escribió a fines de 1997 para montarse durante el año de la conmemoración del treinta aniversario. En la obra del autor el 68 ya estaba presente. El texto Tu voz, que data de 1991, toca al movimiento estudiantil. La historia desarrollada en cuatro jornadas, centra una de ellas en el 68 mexicano. 68: Las heridas y los recuerdos, de Miguel Ángel Tenorio, es la obra más reciente. Escrita en este mismo 1998, el texto es la propuesta madura de un autor que hace tiempo ya había abordado el tema; El paletero tenía la razón es una propuesta juvenil, no por la edad que entonces contaba Miguel Ángel, sino por el enfrentamiento sin toma de distancia. Ese alejamiento necesario para abordar un tema tan cercano, como obviamente lo es en este caso, permite ahora que el texto novedoso propuesto por Tenorio se presente con una madurez contundente. La vida ha transcurrido treinta años, en esos las posibilidades de caminos han sido abordados con naturalidad y firmeza; la vida es otra. Pero los fantasmas del ayer están presentes, y pueden hacerse de carne y hueso alternado, cuestionando, llamando a la transformación de la vida actual por la recurrencia de la vida pasada con tanta fuerza que conmueve; sin embargo, todo seguirá igual en el mundo y, con seguridad, en la vida individual. Caminando en una típica estructura de pieza, Miguel Ángel Tenorio demuestra su vitalidad, desarrollo dramatúrgico en perfecto estado de salud. Los trece trabajos aquí presentados conforman una antología temporal porque la temática no está cerrada. Nuevas plumas, con diferentes horizontes, vendrán seguramente a abordar esta temática recurrente y abierta; el teatro del 68 mexicano. ¡Tercera llamada! ¡Tercera llamada! Suplicamos a los lectores ponerse cómodos; aquí da principio la antología Teatro del 68. Felipe Galván Rodríguez ICET, UAP-SNCA)

Antología teatro del 68

MXN

MXN$215

0