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Libros UNAM

68: Gesta, fiesta y protesta

68: Gesta, fiesta y protesta

 

ISBN: 9786073007719

Autor(es): Musacchio, Humberto

Editor/Coeditor/Dependencia Participante: Centro Cultural Universitario Tlatelolco

Formato: Libro Impreso

Disponibilidad: En existencias

MXN$83
ISBN/ISSN 9786073007719
Entidad Académica Centro Cultural Universitario Tlatelolco
Edición o Número de Reimpresión 1a edición, año de edición -2018-
Tema Sociología
Número de páginas 96
Tamaño 22 x 14.5 x .6
Terminado o acabado rústico
Idioma Español
Contenido 9 ÉSOS FUERON LOS DÍAS...
11 UN PAÍS SIN OPCIONES
21 LA TRAMPA
37 LA PRENSA EN 1968: ENTRE EL ESCAMOTEO Y LA MENTIRA
45 DE IMÁGENES Y SÍMBOLOS
71 LA GESTA EN LOS LIBROS
79 ¿QUÉ SE OCULTA SOBRE EL 68?
85 CRONOLOGÍA

Detalles

68: Gesta, fiesta y protesta reúne algunas de las muchas páginas que ha publicado Humberto Musacchio a lo largo de casi medio siglo, crónicas, recuentos y ensayos sobre diversos aspectos del Movimiento estudiantil de 1968, tras tres décadas con la versión oficiosa de lo ocurrido, hasta su publicación en los medios de comunicación masiva. "Durante treinta largos años las víctimas fueron satanizadas y los estudiantes y sus maestros eran presentados como enemigos de México, gente indeseable que quería desquiciar al país, por lo que un hombre enérgico, Gustavo Díaz Ordaz, se vio obligado a emplear la fuerza. Nuestros compañeros en prisión eran presentados como los que inevitablemente habían tenido que purgar las culpas colectivas, los pecados de aquella juventud insurrecta".

Musacchio, Humberto

Ciudad Obregón, Sonora (1943). Estudió Economía en la UNAM. Ejerce el periodismo desde 1969 y ha escrito para las principales publicaciones de la Ciudad de México. Ha dirigido secciones y suplementos culturales de El Universal y unomásuno; subdirector fundador de La Jornada; director de las revistas Kiosco y Mira; y director de Comala, suplemento cultural del diario El Financiero. Ha escrito sobre política nacional para la revista Siempre! y el diario Reforma, en el que también ha publicado su columna cultural "La República de las Letras"; ha sido locutor en Radio Red de un programa cultural que lleva el mismo título. Es autor del Diccionario enciclopédico de México [Milenios de México), de libros de crónicas como Ciudad quebrada, Hojas del tiempo y Urbe fugitiva, de obras sobre la historia del periodismo mexicano y otros libros.

Este volumen reúne crónicas, recuentos y ensayos sobre diversos aspectos del Movimiento estudiantil de 1968. Son algunas de las muchas páginas que he publicado a lo largo de casi medio siglo para evitar que nos pasara lo mismo que a la generación del 29, la que dejó perder su gesta en el olvido. Nosotros no podíamos darnos ese lujo. Durante treinta largos años las víctimas fueron satanizadas y los estudiantes y sus maestros eran presentados como enemigos de México, gente indeseable que quería desquiciar al país, por lo que un hombre enérgico, Gustavo Díaz Ordaz, se vio obligado a emplear la fuerza. Nuestros compañeros en prisión eran presentados como los que inevitablemente habían tenido que purgar las culpas colectivas, los pecados de aquella juventud insurrecta. En esa lógica perversa, los muertos también se cargaban en nuestra cuenta. Durante tres décadas, aquella madeja de mentiras fue la versión oficiosa de lo ocurrido. Al haber pasado tanto tiempo, el viejo orden creyó que había ganado la pelea, pero ignoraba la fuerza de la memoria social, que persistió pese a la gran engañifa promovida por los sucesivos gobiernos y ocultada cuidadosamente por los medios informativos bajo control gubernamental. Con mayor o menor asistencia, pero cada 2 de octubre han marchado los que no olvidan el 2 de octubre. Son en su mayoría muchachos que no habían nacido en 1968, hijos y nietos de los participantes en el Movimiento, así, con mayúscula. En las cabezas de los veteranos permanecen los días en que llenamos las calles para oponernos al poder. Se mantiene viva la gesta de aquellos dos meses y un poco más en los que resistimos la cerrazón y la represión de un gobierno criminal. Quienes participamos en aquella gesta la guardamos amorosamente el recuerdo de nuestros muertos, de los torturados, de los presos políticos de aquellos días en los que el Estado hizo pagar la osadía de las conciencias libres. Salvo los que optaron por entregarse, los demás nos replegamos, pero nunca dejamos de resistir, de denunciar y de mantener viva la memoria de aquellos días maravillosos y tristes. En 1998, ¡treinta años después!, por fin pudimos contar lo sucedido en los medios de comunicación masiva. El partido hegemónico había entrado en una larga agonía y ya no tenía fuerzas para acallar nuestro grito de denuncia y rebeldía. Ganamos la batalla y hoy todos saben quiénes fueron los que golpearon, los que ordenaron el suplicio, los carceleros y asesinos de entonces. Lamentablemente, los culpables se han mantenido en la más absoluta impunidad, algunos han muerto de causas naturales y otros viven, si eso es vivir, acosados por los gritos de los torturados y por los espectros de aquellos a quienes privaron de la vida. En un país sin justicia, estamos obligados a atizar la hoguera de los recuerdos.

68: Gesta, fiesta y protesta

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