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Libros UNAM

1968-2018: historia colectiva de medio siglo

1968-2018: historia colectiva de medio siglo

 

ISBN: 9786073007627

Autor(es): Lomintz, Claudio

Editor/Coeditor/Dependencia Participante: Dirección General de Publicaciones

Formato: Libro Impreso

Disponibilidad: En existencias

MXN$490
ISBN/ISSN 9786073007627
Entidad Académica Dirección General de Publicaciones
Edición o Número de Reimpresión 1a edición, año de edición -2018-
Tema Sociología
Número de páginas 532
Tamaño 22 x 16.5 x 3.2
Terminado o acabado rústico
Idioma Español
Contenido Prólogo. El 68 como punto de fuga /Claudio Lomnitz (7)
1968. Revolú. Una memoria personal / Héctor Aguilar Camín (p. 14)
1969. La selva es prieta / Teresa Priego (p. 27)
1970. Comprar y pasear: Plaza del Sol, el primer centro comercial de México /Cristiana Gutiérrez Zúñiga (p. 37)
1971. Año del Halconazo y del Plural / Fernando Escalante Gonzalbo (p. 47 )
1972. Solidaridad y represión / Rafael Rojas (p. 55)
1973. Septiembre / Ana García Bergua (p. 62)
1974. En la noche en Chimalistac / Elena Poniatowska (p. 69)
1975. Lecturas / Adolfo Castañón (p. 79)
1976. El día del cambio: en busca del pacto y la reconciliación social / Estela Roselló Soberón (p. 92)
1977. Un solo voto, el total de los votos / Jesús Silva-Herzog Márquez (p. 102)
1978. Lo que un día fue no será / Rafael Perez Gay (p. 92)
1979. Proyecto de Ley sobre Maternidad Voluntaria / Marta Lamas (p. 113)
1980. El sueño lopezportillista se desportilla / Héctor Manjarrez (p. 123)
1981. [Mi tiempo perdido] / David Miklos (p. 139)
1982. Incendio en la Cineteca / Alberto Ruy Sánchez (p. 146)
1983. El año de las ilusiones morales / José Ramón Cossío Díaz (P. 159)
1984. Cuando el 68 quedó fija como el "año axial" Claudio Lomnitz (P. 168)
1985. Derrumbes simbólicos / Diego Flores Magón (p. 177)
1986. Seguir las huellas / Roger Bartra (p. 190)
1987. En el país de los dieciocho climas y los cuatrocientos volcanes / Claudia Canales (p. 200)
1988. La fe: las semillas de lo monstruoso / Ricardo Chávez Castañeda (p. 208)
1989. Fin de época / Mauricio Tenorio Trillo (p. 221)
1990. Laguna Verde: "A la luz la razón y el progreso" / Fernanda Melchor (p. 233)
1991. Elecciones intermedias / Javier Garciadiego (p. 248)
1992. Desde la embajada en París / Álvaro Uribe (p. 262)
1993. El año en que fuimos contemporáneo de América Latina. La incubación del cólera / Yuri Herrera (p. 270)
1994. Pues fíjate que siempre no… / Erika Pani (p. 281)
1995. Una galería / Rubén Gallo (p. 290)
1996. Jamás despejar las incógnitas / Rosa Beltrán (p. 298)
1997. Abrirle la jaula al canario / Bárbara Jacobs (p. 306)
1998. El año en vivimos al filo de la navaja / Pedro Ángel Palou (p. 317)
1999. El octubre mexicano / Cristina Rivera Garza (p. 326)
2000. Nuestro espejo: Soraya / Carmen Boullosa (p. 335)
2001. MMI / Jorge F. Hernández (p. 342)
2002. Cuando el gigante volvió a ser pigmeo / Adrián Curiel Rivera (p. 350)
2003. Lo cuatro eclipses / Ricardo Raphael (p. 364)
2004. Mucho dinero, muchas mentiras y algunos videos / Humberto Padgett (p. 371)
2005. El gol del patio de la escuela / Antonio Ortuño (p. 391)
2006. Año de indignación y de temores / Soledad Loaeza (p. 398)
2007. Oro negro / Daniela Tarazona (p. 409)
2008. Pasado arbitrario / Paco Ignacio Taibo II (p. 416)
2009. Ni vivos ni muertos, desaparecidos / Luciano Concheiro (p. 427)
2010. Año del Kraken / Liliana Blum (p. 436)
2011. El español y la política de la lengua / Luis Fernando Lara (p. 444)
2012. El clima anarquista / Gibrán Ramírez Reyes (p. 453)
2013. Encuentro con La Bestia en el País de las Ladies y los Mirreyes / Fabrizio Mejía Madrid (p. 466)
2014. Mancha naranja de trescientos kilómetros / Natalia Mendoza (p. 475)
2015. Charlie Hebdo. Una asonada / Eloy Urroz (p. 492)
2016. Veni, vidi, vici / David Martín del Campo (p. 501)
2017. "Mexicano, México te necesita" Rihan Yeh (p. 509)

Detalles

Este libro es un juego parecido al que inventaron los surrealistas, conocido como "cadáver exquisito". Se trata de un trabajo colectivo, compuesto, en este caso, por cincuenta autores o jugadores invitados. A cada uno le tocó un año, escogido en un sorteo. Junto con la notificación del año se distribuyeron las instrucciones del año asignado, cada autor debía escoger un evento significativo o paradigmático, y escribir sobre él un ensayo de siete cuartillas. No se compartió ni la lista de los autores, ni el año correspondiente, de modo que todos (menos yo) escribieron sus entradas sin una conciencia clara del tipo de texto que habría de preceder o seguir al suyo. El resultado, pienso, tiene la frescura aspirada por los surrealistas. Cada autor recayó en las convenciones que tiene para sí, en sus ideas y prejuicios, y en sus prioridades: su interpretación de la historia, condensada en un evento. Al leerlos juntos, nuestros relatos se interrogan en lugar de confirmarse el uno al otro. Este libro no cuenta una historia, se abre a la historia.

Lomintz, Claudio

Es antropólogo e historiador, profesor titular en la Universidad de Columbia, Nueva York. Ha sido director del Centro de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Chicago, del Centro de Estudios Históricos de The New School for Social Research de Nueva York y del Centro para el Estudio de la Etnicidad y la Raza de la Universidad de Columbia. También ha sido director de la revista Public Culture entre 2004 y 2010, y colabora como columnista en La Jornada. Su libro más reciente es Nuestra América: una versión de familia, editado por el Fondo de Cultura Económica.

El 68 como punto de fuga CLAUDIO LOMNITZ Como sociedad hoy seguimos aferrados al símbolo del 68 como si fuera la piedra de toque de la épica histórica de la democracia mexicana, pero si nos sinceramos y vemos las cosas desde el presente, el sentido de lo que aconteció entonces se difumina. Los emblemas del 68, aquello que "no se olvida", son el martirio de la juventud a manos del Estado y el silencio después de la masacre, aquella calma chicha, aquel duelo, que precedió al aguacero de la libre opinión y la democracia. Estas imágenes -la del martirio y la del silencio- guardan entre sí una relación metonímica; una (el silencio) sigue a la otra (el asesinato), para dar a luz, entonces, a una tercera idea: el nacimiento de la democracia. Para entender por qué se ha ido achicando el lugar simbólico del 68 importa, entonces, pensar en estos tres símbolos interconectados: martirio, silencio y democracia. El concepto del martirio refiere la agonía de un sujeto -el mártir- defensor de un principio aun de frente a la muerte misma. En sentido estricto, los estudiantes asesinados por el gobierno en 1968 no fueron mártires sino víctimas, pues no sabían que arriesgaban sus vidas por sus ideas cuando decidieron ir a aquella fatídica manifestación en la Plaza de las Tres Culturas. Aun así, sus muertes sí que fueron recibidas como un martirio. Para que eso pudiera suceder, aquellas muertes debieron entenderse como un sacrificio, es decir, como un asesinato fértil, un asesinato con potencia propiciatoria para toda la comunidad y no sólo para los dolientes que los conocieron personalmente. Los muertos de Tlatelolco son mártires porque la sociedad mexicana le dio un sentido colectivo a su asesinato: "2 de octubre no se olvida". A los estudiantes muertos se les recibió como víctimas sacrificiales por sus verdaderos deudos, que fuimos todos, y por eso su muerte propició un tránsito a la democracia, aunque fuera un paso arduo y lento. Sin embargo, ese rojo amanecer de la democracia no terminó siendo todo lo que hubieran querido los teleólogos de nuestra transición (principales custodios de nuestra memoria del 68), porque los muertos del Estado autoritario hoy empequeñecen -tanto en número como en el des-pliegue de violencia- junto a los muertos en tiempos de plena democracia. Me refiero a los más de 200 mil asesinatos que han asolado a México desde el inicio de la guerra de las drogas en 2006. En esta guerra hay masacres, como las de San Fernando, en Tamaulipas, que sin suficiente pena ni casi ninguna gloria arrojaron números de muertos comparables a los de aquel terrible 2 de octubre. Hay además un sinnúmero de fosas clandestinas, como la de Colinas de Santa Fe, en las afueras del Puerto de Veracruz, cuyo número de cadáveres se acerca al de los estudiantes asesinados en el 68. Estos nuevos muertos le presentan un reto difícil a la teleología de nuestra democracia, pues se suponía que el país transitaría de la violencia de la tiranía a la paz de la democracia. Ante esa idea, está el problema del exceso actual de violencia, no sólo en cuanto a número de muertos sino al uso de sus cuerpos mutilados como instrumentos de terror y de comunicación. Luego está la falta de lugar para esos muertos, entendido ya no únicamente como la falta de espacio para velarlos y enterrarlos (tampoco la hubo para muchos de los muertos de Tlatelolco), sino también como la dificultad para ubicar las muertes en el tiempo y el espacio. ¿Dónde fue asesinado cada uno de los muertos enterrados en la fosa clandestina de Colinas de Santa Fe? No lo sabemos. Ni siquiera podemos referirnos a ellos de manera que el lugar donde murieron aluda a una causa implícita de su sacrificio, como sí se puede del 68, "son los muertos de Tlatelolco". Ahora hay muertos y más muertos, y no sabemos ni siquiera dónde ni cuándo ni por quiénes fueron asesinados. Muchas víctimas no han sido asesinadas precisamente por el Estado sino por organizaciones clandestinas, de contornos nebulosos, que han privatizado la función pública de proveer seguridad a cambio de impuestos levantados a mano armada, de modo que mucha opresión de los recientes años corre por cuenta de la sociedad. Estos hechos opacan lo que podríamos llamar la herencia del sacrificio del 68 -es decir, la historia de los muertos mártires propiciatorios de la emancipación democrática, porque esa mitología parte de una visión sobre la sociedad como el espacio de todo lo bueno ante la tiranía de un Estado autoritario-. Hoy tenemos un Estado democrático pero débil, incapaz de garantizar algunos bienes públicos fundamentales, como la seguridad, por ejemplo, o el libre tránsito, o aun el libre acceso al mercado. Esos recursos públicos se han privatizado, total o parcialmente, con frecuencia por la fuerza o con amenazas creíbles, y de ese modo se han ido apropiando de ellos una serie de particulares, unas mafias. La consecuencia es que la narrativa de la transición democrática se ha vuelto cada vez menos potente en el plano sentimental, y con esa mengua también se ha ido alejando de nosotros su punto de origen mítico: el Sacrificio de la Plaza de las Tres Culturas. El resultado de esta desorientación respecto del origen de nuestro presente es, hoy por hoy, poder entender bien y a las claras "adónde estamos" (estamos en México), pero ya no hay aplomo alguno respecto de "cuándo estamos". No tenemos ya una noción clara de en qué tiempos vivimos, comparable a la de las décadas cuando privó el discurso de la transición democrática. Diseño y sentido de este libro No saber cuándo estamos... ¿Cómo se escribe la historia cuando estamos desorientados y no sabemos de cierto en qué tiempos vivimos? Este libro ha apostado por una estrategia inspirada por los surrealistas, quienes compartieron con nosotros una profunda crisis de sentido, generada, en su caso, por el Gran Sinsentido de la primera Guerra Mundial. Después de lo absurdo de esa hecatombe, ¿acaso podía la historia con aquella mesura y racionalidad característica del historiador, conocida como "sentido común"? ¿Cómo hacerlo, si el "sentido común" de los fran-ceses se contrapuso al sentido no menos común de los alemanes para atrincherarlos a ambos en el lodo hasta dejar sepultados a todos? Los surrealistas entendieron que un tiempo así no se podía contar como se cuenta la vida de los santos, una lucha agónica entre el bien y el mal, y por eso se abocaron a romper la falsa armonía del sentido común. Intentaron el pastiche y el collage, y experimentaron con técnicas de "escritura automática": le tenían más fe a las incoherencias del inconsciente que a la engañosa coherencia de la razón. Este libro se inspira en un juego que inventaron los surrealistas, conocido como "cadáver exquisito", en el que se doblaba una hoja en blanco a lo ancho, dividiéndola en cuatro, seis u ocho partes iguales según el número de artistas que jugarían. Sin enseñar sus trazos, el primero comenzaba dibujando la cabeza de alguna criatura humana, animal o fantástica dejando dos líneas desnudas que debía continuar el siguiente artista ya en el recuadro siguiente, manteniendo siempre oculto el anterior recuadro dibujado. Y así se seguían uno a otro hasta completar la figura, cada sin conocer lo dibujado por los demás. Al final, el papel se desdobla exhibiendo la figura completa. En principio, siempre se trataba de hacer figuras antropomórficas y el resultado terminaba inevitablemente en el registro de la literatura fantástica. La imaginación colectiva no afluía al océano de la convención. Este libro es un juego parecido. Al igual que en el del "cadáver exquisito", se trata de un trabajo colectivo compuesto, en este caso, por 50 autores o jugadores invitados. A cada uno le tocó un año, escogido en un sorteo por nuestro editor, Joaquín Díez-Canedo, y su asistente, Maricel Buiza. Junto con la notificación del año, yo, como convocarte, compuse y distribuí las instrucciones -las reglas del juego- a seguir: del año asignado, cada autor debía escoger un evento significativo o paradigmático, y escribir sobre él un ensayo de siete cuartillas. No se compartió ni la lista de los autores ni el año correspondiente, de modo que todos (menos yo) escribieron sus entradas sin una conciencia clara del tipo de texto que habría de preceder o seguir al suyo. El resultado, pienso, tiene la frescura aspirada por los surrealistas. Cada autor recayó en las convenciones que tiene para sí, en sus ideas y prejuicios, y en sus prioridades: su interpretación de la historia condensada en un evento. Sólo al leerlos juntos, nuestros relatos se interrogan en lugar de confirmarse el uno al otro. Este libro no cuenta una historia, se abre la historia.

1968-2018: historia colectiva de medio siglo

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